domingo, 30 de marzo de 2014

CONFUSIÓN HIPERCRÍTICA

Soy de los que cree que hay que escoger campo casi siempre, bien porque la neutralidad esconde una indiferencia muy egoísta, bien porque en realidad oculta una toma de partido que no se quiere manifestar. El problema es que estar en un bando determinado tampoco supone o debería suponer estar ciego y suspender la razón, es decir, aceptar en bloque una fe determinada con exclusión de todo argumento diferente o, sensu contrario, criticar en bloque al bando o bandos contrarios, sin aceptar nunca que pueden estar en lo correcto a veces.

Hay una diferencia entre la toma de partido y el sectarismo tan evidente hoy día en las redes sociales, en las que los afines se comunican y se calientan mutuamente alabándose, "gustándose" y "compartiendo" afirmaciones e "informaciones" que son con frecuencia insultos, exageraciones o meros bulos sin garantía ni fundamento algunos. En ocasiones puede resultar animador y motivar, pero la reiteración de la hipercrítica acaba siendo negativa por destructiva y porque se disparan dardos sin diana.

La Gran Recesión ha sido y sigue siendo un período en el que muchas certezas se ponen en cuestión y en el que un cierto conformismo ha desaparecido, lo que puede beneficiar a la evolución social si la crítica es certera y se apunta a los verdaderos problemas buscando la solución, pero la agitación y el ruido por si mismos no aclaran nada e inducen más bien a la confusión. La idea de que toda protesta de cualquier manera está bien es infantil y se olvida de que los planes a largo plazo deben ser meditados y utilizar estrategia, táctica y marketing, porque en caso contrario los únicos que se engañan son los participantes en los cenáculos de la protesta, que se convencen unos a otros sin darse cuenta de que nadie más está convencido.

A estas alturas de la larga crisis muchos deberían darse cuenta de que las manifestaciones multitudinarias demasiado genéricas y excesivamente repetidas producen cansancio y frustración, de que una "revolución" es imposible por falta de armazón ideológica, organización, objetivos claros y apoyos concretos y de que el apuntarse a toda protesta acríticamente puede suponer y de hecho supone apoyar cosas enteramente contradictorias.

Hay muchas personas capaces de desfilar tras una pancarta, pero incapaces de afiliarse o colaborar en partidos y organizaciones con programas concretos, encantadas de dar gritos, pero reacias a votar porque ningún candidato es lo bastante puro para sus altos ideales, críticas de los privilegios ajenos que defienden los propios y un largo etcétera de gentes tan malhumoradas como confusas que están en contra de todo sin saber qué quieren realmente o que consecuencias tendría lo que quieren.

Hay que saber porqué se lucha y hay que diseñar planes para conseguirlo, sabiendo que se avanza paso a paso, escalón a escalón, en caso contrario lo posible se hace simplemente imposible.

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