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miércoles, 21 de noviembre de 2018

EDADISMO ESTÚPIDO

La obsesión de muchos políticos españoles de todos los partidos, jaleados por una tanda de periodistas y tertulianos más o menos irresponsables o ignorantes, es la de dar toda clase de ventajas a la juventud en abstracto, voceando e inflando constantemente las altas cifras de paro juvenil y propugnado toda clase de medidas, incentivos y desgravaciones fiscales para que los jóvenes encuentren empleo, pero sin analizar las causas profundas de un paro estructural, siempre elevado, que se agudiza en tiempos de crisis y que tenderá a hacerse peor en el futuro super-técnico que se avecina.
Esta obsesión subraya un problema olvidando otro: el de las muchas personas mayores de 45 años que han perdido un empleo y que no son de fácil colocación, pero para las que no se dan facilidades ni incentivos de ninguna clase y que parecen no existir para los “preocupados” comentaristas y gurús que se rasgan las vestiduras. Es como si ya hubieran tenido su oportunidad y la hubieran perdido, sin que a nadie le importen las consecuencias.
Las causas del desempleo en España y concretamente del juvenil son complejas, pero uno de sus principales factores es la deficiente formación, con lo que no quiero decir hoy día analfabetismo absoluto, pero sí algo que se le aproxima en el casi 30% de alumnos que no terminan la ESO y que son los más castigados por el paro. Junto a ellos hay un número considerable de otros chicos que estudiaron más, pero cuyas habilidades no tienen simplemente demanda; muchos sociólogos, historiadores o licenciados en políticas han salido de las múltiples universidades creadas en todas las ciudades de alguna importancia, para encontrarse que su salida son unas reñidas oposiciones a escasos puestos administrativos o trabajar de cualquier otra cosa.
Hay que decir que estos licenciados tienen, sin embargo, la oportunidad de estudiar más y seguir formándose para adaptarse a otros puestos y que muchos lo hacen, mientras que los que se aproximan al analfabetismo no la tienen por falta de ambición y costumbre.
La emigración es otra posibilidad, pero la posibilidad de hacerlo es más reducida de lo que la gente piensa, despistado el público nuevamente por las grandes proclamas y los siniestros titulares de periódicos. Hoy día, la emigración tipo años 60 de trabajadores españoles a fábricas del extranjero es prácticamente nula, porque no hay demanda, excepto de personal para restaurantes en algunos países; hay alguna demanda de personal sanitario bien formado, y mucha demanda de ingenieros y técnicos, pero estas dos categorías tienen también mucha más posibilidad de encontrar trabajo en España y las anécdotas que se cuentan de desempleo entre sus filas suelen ser de casos individuales o están bastante exageradas en cuanto al número.
El paro juvenil resistente es sobre todo el de los chicos mal formados o con una formación desajustada a la demanda en un mundo cada vez más técnico, en el que los sectores que necesitan mucha mano de obra necesitan cada vez menos.
Las soluciones no son ni fáciles ni a corto plazo, pero tienen mucho que ver con tomarse en serio la educación y formación práctica de todos, incluyendo los más desfavorecidos, y no discutir sobre el sexo de los ángeles y la religión en la escuela, por ejemplo.
¿Y los mayores? porque en ellos no se piensa, cuando muchos tienen experiencia acumulada y también son capaces de aprender…¿o se cree que a partir de los 45 años se tienen obstáculos insalvables? La formación continua es una de las condiciones del mundo presente y muchos mayores pueden aprender, menos impedidos por hormonas y calores juveniles, lo que se les quiera enseñar.
En vez de esto se plantean estupideces como la “jubilación obligatoria” a toda costa y a una edad fija, como si la salida del trabajo de unos fuera a dejar la puerta abierta a otros, lo que no tiene porqué ser así en ningún caso, además de privar a la empresa u organismo de personas con conocimientos y experiencia y cargar aún más los gastos de pensiones que más pronto que tarde van a ser impagables, porque ¡ay! Resulta que cada vez hay más personas mayores y menos jóvenes, y la solución no es fomentar familias numerosas en un mundo superpoblado, sino plantearse seriamente nuevos equilibrios socioeconómicos.
Mientras tanto dar gritos, mesarse los cabellos y hacer juvenil-populismo ni arregla problemas ni posiblemente da votos, porque los mayores también votan más.

lunes, 11 de enero de 2016

GÉNERO E IDEOLOGÍA

Siguen lloviendo las prédicas del lado confesional más o menos integrista que afirman y reafirman el “desorden intrínseco” de cualquier comportamiento que se desvíe unos centímetros de la estrecha senda marcada por la tradición y los prejuicios. Los más comprensivos llegan a admitir que la diversidad sexual es o puede ser no elegida, los menos la siguen considerando  perversión voluntaria, pero todos se siguen negando a aceptarla de verdad y desearían que nadie hablara de ella, que retornara al armario del que nunca debió salir para subvertir de forma tan clara el supuesto monopolio moral que se arrogan gurús varios.
Los enemigos de la diversidad parten del postulado de que la puesta en cuestión del código moral por ellos considerado único se debe a una bien articulada “ideología de género”, sostenida por poderosos grupos de presión sociales y mediáticos que van desde Hollywood hasta la universidad, cuyo fin último no es otro que la destrucción de la familia y la difusión del ateísmo. La tal ideología es una creación contraria a la naturaleza humana que, como todo el mundo sabe se divide en dos sexos/géneros contrarios, invariables y destinados a la reproducción sin fin de la especie, único pretexto para la práctica de actos sexuales, por completo inmorales y contrarios a la naturaleza en cualquier otro contexto.
Las prédicas son variadas, pero todas giran en torno a la naturalidad o antinaturalidad del comportamiento denostado, calificativo que automáticamente convierte cualquier acción en lícita o ilícita, por ajustarse o no al plan divino, tan evidente y tan visible en la naturaleza perfecta que se cree percibir.
Estas prédicas se pueden denunciar como ataques, a veces bastante insultantes, contra individuos y minorías molestos para los que se erigen en ortodoxos, pero la discusión y el entendimiento con los que las profieren es imposible porque se parte de premisas diferentes y se hablan lenguajes mutuamente ininteligibles. Desde un punto de vista científico la naturaleza es contradictoria, llena de excepciones aparentes y muy lejos de ser benévola, pero no existe contradicción alguna en el hecho de que la función sexual sirva para la reproducción y también para muchas otras cosas. Desde un punto de vista dogmático la naturaleza es una máquina perfecta creada o inspirada por un ser aún más perfecto y los que no la vean así son intrínsecamente desordenados, desobedientes y pecadores al practicar acciones definidas a priori más que como malas, como prohibidas por el ser superior del que los gurús se erigen en intérpretes y representantes.
La identificación entre sexo biológico, orientación sexual, identidad sexual y rol de género es parte de ese dogma y, cuando se usan los términos anteriores, lentamente alumbrados por la investigación científica y sociológica se cae en la “ideología de género”, porque lo ortodoxo es hablar de hombre y mujer, masculino y femenino sin sombras ni dudas. Es decir, que informar y educar se iguala a pervertir a jóvenes y adultos que antes no distinguían y desconfiaban y ahora distinguen y comprenden.
Lo curiosos es que los predicadores se molestan cuando se los acusa de oscurantistas y difusores del odio… !Ellos que son todo amor!

martes, 18 de agosto de 2015

IMPACIENCIAS

Un error que se comete fácil y frecuentemente en todas las sociedades es el de legislar “en caliente”, es decir, con precipitación ante señales de alarma social. Da igual que se trate de democracias o dictaduras, porque en las primeras los dirigentes del momento temen perder elecciones, mientras que en las segundas cuesta poco establecer medidas populares y populistas.
Pero las leyes son sólo una parte del cambio social y no producen efectos inmediatos, aunque sí pueden producir rápidamente efectos secundarios que no se ven en el momento de establecerlas. Las dura legislación anti-droga en los Estados Unidos, por ejemplo, ha llenado las prisiones hasta un punto imposible, con gente que en su mayor parte no sería considerada delincuente en otros lugares, pero no ha impedido que se sigan consumiendo estupefacientes y euforizantes sin tasa.
Es también muy irreal pretender que una legislación positiva, como la que existe sobre la violencia doméstica y de género, suprima radicalmente estas lacras. Ni el más optimista puede imaginar una prevención y una vigilancia tales que eviten siempre los brutales actos de los energúmenos que cometen uxoricidios, infanticidios y otros crímenes.
Aunque hemos progresado mucho, la desigualdad de género sigue siendo una realidad, y todas las sociedades, incluso las más avanzadas, están aún impregnadas de un machismo patente o sutil que sólo con mucha educación,  mucha constancia y mucha militancia se puede ir limando hasta que desaparezca…. y no olvidemos que los sentimientos agresivos de algunos machos (a menudo porque se sienten inferiores en otros ámbitos), tienen su correspondencia en los sentimientos de inferioridad de muchas mujeres, educadas desde niñas para someterse.
Está bien indignarse cuando se leen noticias de esta clase, pero no basta con echarse las manos a la cabeza, sino que hay que seguir insistiendo para que la sociedad entera vea estos hechos como reprobables siempre, y expulse de su seno a los que así actúan.
Desgraciadamente esto no sucederá de la noche a la mañana y aunque seamos muy intolerantes con el delito, tenemos que ser muy pacientes en nuestra lenta labor día a día, porque impaciencias y gritos sólo dan sensación de impotencia. Paso a paso, gota a gota, las sociedades cambian… si todos nos empeñamos en ello. 

lunes, 8 de junio de 2015

EL QUE HABLA MAL SE EXPRESA PEOR

“Los españoles no saben idiomas” o su reducción a “no saben inglés”, es un postulado que sólo con mucha lentitud se va desmintiendo, según más jóvenes aprenden imperfectamente la lengua franca universal. Si la balbucean y entienden algo ya es mucho, porque la gran mayoría de individuos de las generaciones anteriores mantienen una ignorancia tan sólida y tan autosatisfecha, que poca gente se da cuenta de que es una de las causas del desconocimiento extranjero, del mantenimiento de clichés y del desairado papel que nuestros dirigentes se ven obligados a asumir en conferencias internacionales en las que permaneces sordos y mudos.
El inglés es la segunda lengua de la mayor parte de la humanidad, no la primera, y eso hace que se hable imperfectamente, con muchos acentos y con substratos varios, pero su influencia es profunda y general y afecta incluso a aquellos que ni lo leen ni lo hablan, pero que acaban usando términos, calcos lingüísticos y expresiones de las que no saben el origen, pero que, dada su incultura lingüística, les parecen “modernos” y apropiados.
Los españoles que no saben idiomas no siempre saben tampoco el que se supone propio, es decir, el español, enfermedad que afecta de forma grave a un tipo de universitario, estudiante de psicología, economía u otras especialidades desarrolladas casi enteramente en el ámbito de habla inglesa e inventoras de numerosos neologismos.
Entre malas o pobres traducciones y lecturas poco meditadas y digeridas en el original estos “especialistas” difunden, con muy pobre redacción, un sinnúmero de barbarismos que suenan mal, sustituyen términos existentes y contribuyen al acusado empobrecimiento del lenguaje del que somos testigos. Si el término se deja en el inglés original puede ser pesado, pero no hace tanto daño como cuando se españoliza de cualquier modo.
“Outsourcing” es inglés, pero es entendido por los economistas y se ve como algo claramente importado. A los cursis les suena mejor que “subcontratar”, pero su efecto no es tan perverso como “empoderar” (empower), por “dar poder, dar autoridad”, “reluctancia” (reluctance), por reticencia, “resiliencia” (resilience) por resistencia, aguante, palabras que acaban colándose hasta en el discurso más inculto y que pueden terminar enraizándose en una lengua cada vez más fea, bastarda, poco exacta y sin matices.
Ejemplo:
“Si nosotros y nosotras tenemos la suficiente resiliencia para sin reluctancia empoderarnos como hombres y mujeres, niños y niñas, alumnos y alumnas, arribaremos al suceso académico y no seremos perdedores.”
¿Verdad que “mola”?

domingo, 1 de marzo de 2015

RELIGIÓN Y EDUCACIÓN

Para prueba del mundo irreal en el que vive la Iglesia Católica Española basta su disgusto con el tratamiento dado a la clase de religión en las leyes educativas. Resulta que para la jerarquía episcopal el gobierno trata mal, pero que muy mal la "educación" religiosa en currículos y programas(¡?), pero dado que el actual partido gobernante es el más propenso a obedecer a la jerarquía y el más inclinado a someterse a sus dictados, resulta bastante chusco que se proteste una reglamentación que va a durar lo mismo que la ley Wert, es decir bastante poco o que, en el caso de que el PP vuelva a gobernar con alianzas indefinidas y la antedicha ley se mantenga mal que bien, se piense que tendrá apoyos para reformar la ley en el sentido integrista que demandan los mitrados.

En una sociedad cada vez más alejada de creencias y obediencias, con un clero decrépito y niveles de credibilidad y confianza bajo mínimos, estas pretensiones son absurdas, pero muestran la considerable ceguera que aqueja a una organización y una jerarquía que han vivido mayoritariamente de espaldas cuando no en contra de la mayoría social. Las afirmaciones que se hacen en el currículo publicado en el BOE y su redacción misma son prueba fehaciente de prepotencia, orgullo y falta de realismo, con una voluntaria confusión entre religión y educación, como si ésta fuera imposible sin aquella, y entre moral católica y ética, como si la segunda fuera dependiente de la primera.

Después de muchos siglos de comportarse como ahora lo hacen los islamistas más bárbaros y desaforados, y tras la debacle que supuso la lenta separación de iglesia y estado a lo largo de los últimos 200 años, el Vaticano y otras organizaciones afines quieren aparecer como lo que no han sido, es decir, tolerantes, dedicados a la caridad y origen de la democracia y los derechos humanos. El marketing en este sentido es intenso, repetitivo y a veces inteligente, pero mentiroso y deformador de la historia, sin que quepan demasiados subjetivismos. Las iglesias nunca condenaron la esclavitud, la pena de muerte o la guerra hasta el siglo XIX y las siguieron excusando hasta más tarde, persiguieron a herejes, no creyentes y minorías varias con ferocidad, mantuvieron a la mujer como ser inferior y destruyeron incontables obras de arte por "idolátricas", igual que los salvajes que aparecen en el vídeo de Mosul. Es una suerte relativa que el vídeo sea una invención moderna, pero hay abundantes pruebas de la barbarie sin necesidad de imágenes.

Claro que siempre hubo cristianos más humanos y comprensivos y que las barbaridades no son exclusivas de las iglesias, pero esto no es una excusa y no explica nada. La sociedad civil puede entenderse perfectamente sin religión, la educación ética y científica no tiene nada que ver con ella y los intentos de imponer currículos confesionales directa o indirectamente a toda la población deben denunciarse como intromisiones injustificadas, cuando no como claros atropellos. Claro que, según los obispos España es un estado confesional, pero no laico, extraña diferencia que se traduce como: La Iglesia Católica tiene privilegios adquiridos y las demás deben ser solamente toleradas.... igual que los no creyentes, a los que hay que ignorar y silenciar en lo posible

La instrucción religiosa no tiene lugar alguno en la escuela; ya es bastante grave que haya padres que fuercen dogmas en las mentes infantiles sin reparar en las consecuencias.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

MASCULINO, FEMENINO Y NEUTRO

Una cosa son los géneros gramaticales, aparecidos a lo largo de la evolución como puros mecanismos del lenguaje, y otra las características supuestas por culturas y sociedades en lo que antes eran rígidas clasificaciones de las que era muy difícil o imposible zafarse. Muchos individuos, criados en este ambiente han absorbido estas categorías culturales como si se tratara de hechos biológicos y todavía hoy tienen serios problemas para darse cuenta de que confunden cultura con biología y que dividen el continuo natural en una dicotomía antinatural en la que se oponen crudamente yin y yang, masculino y femenino, como si se tratara de algo que debe ser siempre opuesto y al mismo tiempo lo único complementario.

Las desfasadas creencias del cristianismo mayoritario, así como las de otras religiones aún menos evolucionadas, mantienen contra viento y marea esta visión falsamente natural, tan en contra hoy de los conocimientos científicos como el creacionismo bíblico, conservado aún contra toda evidencia por los literalistas. Tienen que hacerlo para sostener dogmas y reglas morales en los que basan su decreciente influencia, porque el reconocimiento de que sus tradicionales tabúes sexuales no tenían demasiado sentido les quitaría la poca autoridad moral que aún les queda.

Esta visión se impone hasta a los que deberían reconocerse distintos, pero que no lo hacen por el respeto supersticioso a su jerarquía, por condicionamiento educativo y la deformación del miedo. Es posible por esto ver a "Ex-Gais" que afirman imposibles curaciones o que confiesan su atracción prohibida y predican la castidad como si fuera una virtud y no una negación a menudo  perversa de la verdadera naturaleza.

Paralelamente se hacen disquisiciones sobre la radical diferencia de los sexos, se confunden con el género y se afirma que la orientación sexual es "una creación cultural", cuando son ellos los que intentan condicionar la naturaleza para que obedezca a su artificio. ¿Dónde sucede esto? En el Vaticano,por supuesto, donde ahora hay una conferencia sobre estos temas y donde habrá muchas más para incidir en lo mismo, favorecer movimientos como los de la regresiva Francia del presente e intentar sabotear en lo posible la tendencia a la igualdad.

domingo, 2 de noviembre de 2014

LA FAMILIA COMO ENTELEQUIA

En el continuo juego de afirmaciones y negaciones a que se dedica el Vaticano, el Papa Francisco hizo hace pocos días una encendida "defensa de la familia", en la que aprovechó para descalificar las uniones entre personas del mismo sexo como "no-matrimonios". Está en su derecho y sólo repite lo ya oído innumerables veces, pero ¿qué tiene que ver esto con la familia y su defensa?

Familia es un concepto impreciso y cambiante, puede referirse a un grupo de cosas y a agrupaciones de individuos animales o humanos unidos por vínculos biológicos o simplemente legales, pero cuando se habla de "defensa de la familia" se está afirmando una ideología concreta que pretende definir la palabra de modo reduccionista y ceñida a una visión social muy concreta: un matrimonio legal (mejor, religioso) entre hombre y mujer, indisoluble en lo posible y dedicado a la reproducción.

Esta imagen simplista no se ha correspondido nunca exactamente con una realidad compleja y matizada en diferentes culturas, épocas y clases sociales, pero la emancipación femenina, la liberación de las costumbres sexuales y la autonomía reproductiva de las mujeres la han reducido a una imagen sepia, desenfocada y abstracta. Cuando se "defiende la familia" desde estas perspectivas ultraconservadoras se está en realidad tomando síntomas por causas y las medidas que se proponen no van en beneficio de las madres, los padres, las parejas, los hijos  o las paternidades responsables, sino en pro de una cierta apariencia que halaga o tranquiliza a hipócritas, integristas y personas con medios y que pretende imponer un código moral concreto aunque sea contra razón y a sabiendas de que no se cumplirá.

El divorcio, por ejemplo, no deshace familias sólo constata su disolución, igual que el matrimonio legal no forma familia real alguna si sólo se trata de un contrato huero celebrado por razones espúreas.

Una mujer india, casada con un hombre fuertemente presionado por su familia a contraer matrimonio, sospechaba que podía ser homosexual, de modo que llenó la casa de cámaras ocultas, fingió un viaje y comprobó más tarde con sus propios ojos que sus sospechas eran ciertas. Despechada y furiosa lo denunció a la policía y, como en la India sigue vigente la ley británica anti-sodomía, el hombre (y el compañero filmado en el proceso) se arriesga a una larga pena de prisión.

Este caso real es el ejemplo perfecto de que leyes como ésta, siempre propugnadas por "defensores familiares" varios, sólo reprimen y castigan, pero ¿qué defienden?... La mujer se ha quedado sin un marido que la engañaba, víctima resentida de él y de sus suegros, cuya insistencia en casar al hijo tenía más que ver con sus prejuicios y preocupaciones sociales que con ninguna otra cosa, el hombre pasará por un infierno judicial y posiblemente carcelario por no haber resistido a las presiones familiares y por haber querido mantener las apariencias, es decir por el miedo que lo dominaba. Todo el mundo será muy infeliz y ninguna familia se beneficiará por ello, pero algunos todavía insistirán en que esto es lo justo, lo decente y lo "familiar", mientras que si se reconoce que existen orientaciones sexuales variadas y ¡oh tabú! se legisla concordemente, todas las familias quedan amenazadas. ¡Alabemos la ilógica!

viernes, 17 de octubre de 2014

HISTERIA

Las sociedades modernas son tan propensas a la histeria como a buscar inmediatamente culpables para las causas de la misma, desde un ciclón a una inundación pasando por una pandemia. Gobernantes y otros responsables demuestran su fuste cuando responden con coherencia, sin escurrir el bulto y sin dejarse ganar también ellos por la histeria.

La "Crisis del Ébola", originada por esta enfermedad, pero muy lejos de ser una verdadera crisis, ha sido el ejemplo perfecto de cómo NO tratar un tema delicado, pero mucho menos amenazante en Europa o Norteamérica que en los pobres países africanos a los que realmente castiga. Un país con buenos hospitales modernos, higiene y alcantarillado no es muy propenso a desarrollar miles, ni siquiera cientos de casos de una enfermedad que no se contagia por el aire y cuyos brotes se pueden controlar.

La histeria atizada por medios de comunicación irresponsables, verdades a medias y comparaciones estúpidas ha hecho presa fácil en una población inclinada a la exageración por el enfrentamiento político, los impopulares recortes y la ausencia de tratamientos y vacunas eficaces, pero también en unas autoridades siempre dispuestas a escurrir el bulto y acusar a las víctimas, con lo que podríamos llamar pésima psicología social.

¿Se debió repatriar a los dos misioneros enfermos? Hay tantas razones a favor como en contra, pero de eso a decir que "el gobierno ha traído intencionadamente el Ébola" hay un abismo de mala fe. Si se hubiera decidido no repatriarlos las críticas hubieran sido igual de malas.

¿Son los recortes culpables del contagio de la auxiliar? Toda la lógica dice que no. Los casos en los Estados Unidos han sido similares y utilizar este argumento quita credibilidad a las legítimas protestas por la reducción de medios de la sanidad pública. No se puede utilizar cualquier argumento contra el adversario.

¿Se han comportado bien los responsables? Sólo a medias y muy mal al apresurarse a culpar a la víctima. Casos similares pueden reproducirse en el futuro y el consejero que la acusó de tonta es simplemente un estúpido arrogante.

En cuanto al resto de la estupidez histérica fomentada por curanderos y monjas catalanistas mejor no hablar: plantas mágicas, ozono por vía anal y otras ignorancias se propalan estos días por los cauces habituales para consumo de crédulos yorigen de más histeria.

martes, 15 de julio de 2014

EDUCACIÓN Y PREJUICIOS

Hay una cierta ingenuidad al suponer que la educación destruye automáticamente los prejuicios antifeministas, homófobos, racistas, nacionalistas o de cualquier otra clase. Es la misma ingenuidad que cree que alguien sabe mucho por haber estado sentado en una escuela durante varios años o incluso haber conseguido un título académico. La palabra "educación" es ambigua, porque puede referirse a una instrucción que crea o consolida prejuicios, o simplemente ser escasa, mala y con lagunas.

Cierto que quien lee muchos libros de historia, filosofía o buena literatura tiene bastantes más posibilidades de que se le abra la mente y de ser más tolerante con sus semejantes y el mundo en general, pero hay quien lee y busca datos para confirmar sus paranoias, fundamentar sus prejuicios y encontrar razones con las que rebatir a sus "enemigos" ideológicos... y no pensemos que esto sólo es patrimonio de los conservadores de derechas. Siempre ha habido y hay doctrinarios de todos los colores que parecen circular por la vía única de sus obsesiones, sean éstas religiosas, ecologistas, feministas o folclóricas.

A veces hay hasta que desconfiar de determinados aprendizajes, porque un poco de conocimiento no genera sabiduría, sino que puede dar lugar a todo lo contrario; no hay más que ver cómo se pueden manipular datos, estadísticas y gráficas para presentar la misma realidad de formas tan diferentes que den lugar a visiones enteramente contrapuestas. Es aún más fácil cocinar pasados históricos, datos de países lejanos y divulgación científica para ajustarse a prejuicios mayoritarios, ideas de moda o lo que más convenga al que pretende manipular.

Una de las cosas que debería fomentar una "buena" educación es el espíritu crítico, la duda razonable ante el chorro de información que se recibe. Las personas mejor educadas poseen una serie de filtros que les ayudan a seleccionar, clasificar y relacionar datos, pero si están de verdad muy bien educadas también tienen que tomar en cuenta sus propios prejuicios, saber que están ahí y que colorean lo que aprenden, porque nadie es nunca completamente objetivo y en ocasiones es muy sano ponerse en el lugar de la persona que más parece ir en contra de lo que uno cree para darse o quitarse la razón, al menos en algún grado.

No se recibe la misma educación en todos los países, regiones, clases sociales o comunidades religiosas, eso es hoy por hoy prácticamente imposible. Cuando se dice que la educación acaba con ciertos prejuicios se está pensando en una instrucción determinada, porque la contraria los fomentaría y, sin embargo, ambas son formas de educar.

Se olvida con demasiada facilidad que una educación humanística y/o científica muy profunda es patrimonio de pequeñas minorías y que, desgraciadamente, no hay muchas posibilidades por medios, afición y tiempo, de que estos conocimientos sean mayoritarios. Se educa a mucha gente, pero más bien poco, entre otras cosas porque también hay importantes minorías que se resisten a ser educadas.

En el siglo XIX y la primera mitad del XX, cuando aún había muchos analfabetos, se podía idolatrar la educación en abstracto, hoy tenemos que ser bastante más escépticos y no generalizar, porque hay educaciones que producen fanáticos.

sábado, 21 de junio de 2014

EL GUADARRAMA NO ES EL HIMALAYA

No soy de los que denuesta las redes sociales como un mal. Esto es patrimonio de todos los que se hacen cruces por la técnica en general e internet en particular, gente a la que gustaría continuar con el periódico de papel, las noticias de la radio y el noticiario en el cine, que se asustan de Facebook y se preguntan qué hacen los que miran sus teléfonos sin parar. No soy de esos, pero como todas las cosas tienen luces y sombras, tengo que decir que el chorro informativo continuo que surge de internet por varios cauces informa, pero no ilustra y a más de uno le puede producir una intoxicación cuyos efectos secundarios incluyen ceguera parcial, sordera selectiva y trastorno de la perspectiva.

El chorro informativo suele estar ya viciado de antemano por la elección de nuestros amigos en Facebook, la gente a la que seguimos en Twitter y las secciones de periódicos electrónicos o agencias de noticias que automáticamente nos mandan mensajes con lo último de lo último. Dado que cada uno tiene sus preferencias, lo normal es que la "información" acabe tan escorada del lado que nos interesa que solo acabemos recibiendo no ya noticias sobre temas determinados, sino interpretadas, exageradas, deformadas o falseadas por personas e instituciones afines, la mayor parte de las veces de buena fe, pero en ocasiones con muy mala idea.

Si ya en el lento y congelado periódico de papel hay que tener espíritu crítico y ser consciente de que hay muchas noticias y opiniones mal escritas, fuera de contexto o que se publican como parte de una campaña a favor o en contra de algo o de alguien ¿qué no será en las redes, en las que cualquiera puede poner lo que desee sin control alguno y sin preocuparse del origen, oportunidad o verdad de lo que se publica?... Si me gusta lo lanzo y si tiene éxito mejor.

El problema de todo esto no es sólo el daño que a veces se hace consciente o inconscientemente, la alarma que se puede crear y la frustración que surge cuando no sucede lo que se espera, sino que se acaba por perder la perspectiva y ver el Guadarrama como el Himalaya y el Océano Pacífico como el Lago de la Casa de Campo, lo que hace que no trepemos al primero por creerlo demasiado alto y nos ahoguemos en el segundo al no darnos cuenta de la profundidad.

Creer que todos los conectados están bien informados es tan inocente como afirmar que alguien es muy culto o muy listo por haber estudiado un número de años sin saber qué, dónde y cómo. Hay muchos supuestos inteligentes lectores de libros que nunca hicieron una síntesis de lo que leyeron y se convierten en tontos pedantes, pero es aún más difícil manejarse en el proceloso mundo de la información-desinformación que nos ha tocado vivir, porque el chorro es tan potente que atraganta.

Estar en contra de las Redes Sociales es inútil, porque están aquí para quedarse, pero démonos cuenta de que apenas enseñan, no forman, confunden y con frecuencia difunden noticias falsas o que lo son porque están sacadas de su contexto o se les da una importancia indebida. No confundamos al sabio, al artista, al filósofo o al historiador con el que simplemente se traga el chorro indiscriminadamente y actúa de repetidor del mismo.

miércoles, 30 de abril de 2014

GAYS, HUMOR Y GROSERÍA

Hay mucha gente que disfruta con un tipo de humor grosero, insultante, lleno de tópicos: el mariquita afeminado, la maruja cretina, el niño maleducado, etc. No sé cómo alguien se puede reír con bromas evidentes y burlas muchas veces crueles, pero hay gente que también se regodea torturando animales y lo llaman arte. Asumir que uno se tiene que reír forzosamente con ciertas cosas, que no hace tantos años incluían racismo, machismo y cosas peores, me hace sentir como marciano entre personas que lanzan grandes carcajadas mientras yo me pregunto dónde está la gracia.

Lo mismo me sucede con un tipo de gay, bastante abundante entre los mayores de 50 años, que da por supuesto que la orientación sexual implica estar obsesionado con jóvenes generosamente dotados a los que mirar, conquistar o describir con todos sus atributos. Algunos añaden el insulto a la ofensa con una narración pormenorizada de lo que vieron, sintieron o ligaron, ayer o hace veinte años, como tristes remedos de Don Juan Tenorio leyendo la lista de sus conquistas.

Nada más aburrido que oír hazañas ajenas, casi siempre inventadas o muy exageradas, que se reducen siempre a lo mismo, es decir, a la descripción de la fantasía obsesiva del narrador, que se da importancia ante sí mismo y los demás con el cuento de su potencia real o imaginada.

Estos tipos no se diferencian nada de los machistas tradicionales que lanzaban piropos groseros, en realidad insultos, a las mujeres que les pasaban por delante, que describían a las hembras como cosas y consideraban un triunfo el haber engañado a alguna para algún placer furtivo. Recuerdo que me disgustaban cuando los oía y consideraba que eran en realidad unos frustrados, porque o estaban casados con alguna que no correspondía a sus fantasías húmedas o no tenían acceso a las super-féminas de los cuentos. En cualquier caso, el convertir a personas en cosas me producía un profundo rechazo.

El mismo rechazo siento cuando veo que algunos gays llenan paredes con fotos sugerentes como decoración esencial, dan por supuesto que todas las parejas son infieles y que el máximo deseo de cada uno es fornicar con todo lo que se pone por delante. Si ellos son así no los juzgo, pero me molesta que piensen que somos todos iguales. Afortunadamente la diversidad es múltiple y se aplica a todo, también dentro de las minorías, y algunos damos mucha más importancia al afecto, las buenas formas y, desde luego, al buen gusto.

miércoles, 16 de abril de 2014

HEDONISMO

Uno de los problemas de los LGTB hasta hace unos años era la falta de modelos. No es que los modelos para los demás fueran siempre positivos, pero había unos estándares más o menos fijos de lo que hacían los padres, las madres, los militares, los ingenieros o los gángsteres, ninguno de los cuales estaba jamás afectado de "desviación" alguna: a todos los varones les gustaban las hembras, éstas se pirraban por los machos y ¿para qué seguir contando?

Los chicos "especiales" crecíamos en un limbo extraño que, si se era un poco consciente, aparecía inmediatamente como una vía muerta, un lugar del que sólo se podía salir fingiendo, ajustándose al comportamiento de la mayoría, aunque éste fuera enteramente contrario a los propios instintos. Por supuesto que de puertas afuera, porque en la adolescencia o la juventud rápidamente se descubría otro mundo secreto, subterráneo, de encuentro furtivos y de placeres que podían ser frecuentes e intensos. Un mundo al que uno podía acostumbrarse, ver como propio y hasta hacerse adicto.

Los que tanto critican ahora la visibilidad LGTB son los mismos que antes reducían la diversidad al sexo y obligaban a este hedonismo oculto, vía de escape y al mismo tiempo obstáculo de envergadura para una vida emocional y afectiva más plena o simplemente elegida. Hacía falta valor y tener una situación determinada para poder vivir en pareja sin ser excluido por sociedad y familia, mientras que nadie se daba por aludido si el "desviado" practicaba sus vicios sin publicidad en un mundo invisible para los "normales".

El problema resultante es que, del mismo modo que muchos LGTB interiorizaban los prejuicios ambientes y se minusvaloraban, también llegaban a aceptar una conducta impuesta como si fuera propia, y acababan creyendo que la homosexualidad era sinónimo de hedonismo, entendido éste como una sucesión de ligues, "clubbing", saunas y otras cosas menos sanas.

No todo el mundo vale para llevar una vida tan intensa y autodestructiva, aún en el caso de que se disponga del cuerpo y dinero adecuados, y hasta el más dotado debe retirarse o disminuir el ritmo con la edad y los achaques, pero convertir esta caricatura en algo deseable y envidiable, cuando para la mayoría es una conducta excepcional y forzada, ha sido y sigue siendo un error común nunca bastante criticado por miedo a ser considerado conservador, aguafiestas y "reproductor de modelos heterosexuales".

Hay que darse cuenta de que la normalización de la diversidad sexual tiene entre otros efectos positivos el de permitir llevar la vida que uno quiere y ni para mí ni para muchos otros, en realidad para la mayoría, tiene nada de envidiable ese tipo de hedonismo pobre de sauna, bar y discoteca, porque el que disfrutan los millonarios es otra cosa, aunque yo tampoco lo envidie.

lunes, 10 de febrero de 2014

UNA GENERACIÓN DE ARMARIO

El grupo de edad de los que ahora tienen entre 60 y 70 es el primero que tuvo en España y el resto de occidente la posibilidad de salir del armario total o parcialmente. Era aún muy arriesgado a fines de los 70, pero las circunstancias cambiaron durante los 80 y los 90 y para fin de siglo no suponía ninguna hazaña particular. Los avances en la normalización de la diversidad sexual en las dos últimas décadas dejan todavía una igualación incompleta, pero más en detalles y para minorías dentro de las minorías que en general. Mal que les pese a los ultras, resulta que la sociedad española está entre las más tolerantes del mundo en cuestiones de vida privada y de las que más se aleja de dogmas religiosos, incluso entre los que se confiesan católicos.

Sin embargo, una buena proporción de LGTB mayores nunca ha salido del armario, aunque se ha ido aprovechando del ambiente favorable social y legal para vivir mejor. Pertenecen a este grupo individuos visceralmente conservadores, incluso fascistas, que viven contradictoriamente su orientación o identidad, personas que vivieron o siguen viviendo situaciones particularmente difíciles de opresión familiar y cobardes esenciales que desconfían de la realidad y tienen miedo de su propia sombra.

No hay que buscar a ninguno de estos sujetos en manifestaciones reivindicativas, asociaciones (a las que a veces asisten sin nunca ser miembros) o listas de firmas en pro de los derechos de todos: ellos se suben al barco, pero no reman, y se bajan a la menor dificultad. A veces los compadezco, pero en general me indignan, especialmente cuando no son demasiado tontos. Algunos aún viven en la fantasía del "nadie lo sabe", aunque a estas alturas nadie tenga la menor duda, no pocos se siguen escandalizando de la "desvergüenza" de los que se manifiestan y reivindican, y los hay que están en contra del matrimonio igualitario por razones que van desde la beatería a la estupidez.

Hablar con ellos no es fácil, convencerlos de que colaboren o cambien de actitud imposible. Tampoco hay que buscar aliados entre ellos, porque bastantes prefieren aliarse con el enemigo por sectarismo o porque el miedo les hace creer que así se defienden mejor.

Son la parte oculta del colectivo que solo solo es visible en los lugares de sombra, de ligues anónimos, profesionales o de vidas transcurridas entre la penumbra y el fingimiento. Es de esperar que las próximas generaciones no sean así, porque los aún armarizados de ésta ya no tienen remedio.

viernes, 17 de enero de 2014

A LA DELINCUENCIA POR LA MORAL

Hay gente que confunde el concepto de moralidad con la obediencia a normas atrabiliarias, pero obedecer no es siempre una virtud, sino que puede ser un grave defecto, como se les recordó en Nuremberg a los obedientes nazis que siguieron órdenes criminales.

Las religiones en general suelen imponer doctrinas basadas en textos oscuros, tabúes y colecciones de prejuicios acumulados a lo largo del tiempo, sin que quepa muchas veces el menor atisbo de racionalidad, o la posibilidad de excusar al que no las cumple, que es tildado de inmoral y mala persona por el simple hecho de no acatar los absurdos que se imponen.

De todos es sabido el horror al sexo en general de que hacen gala las diversas versiones de Cristianismo, pero este miedo tan irracional, apoyado antiguamente en los prejuicios, el machismo y el sexismo de una sociedad absolutamente patriarcal, lleva a los seguidores de estos dogmas a patentes contradicciones que traicionan el mismo absurdo objetivo principal: evitar todo sexo no reproductivo y fomentar la castidad.

El proceso es el siguiente: puesto que el sexo es malo no debe darse ninguna educación sexual a niños y adolescentes, que deben ser mantenidos en la ignorancia el mayor tiempo posible, aunque bien asustados con las terribles penas propuestas para la más mínima transgresión. Como, además, el sexo debe tener consecuencias se impide el acceso a los anticonceptivos o se hace muy difícil.

Dado que las hormonas son más poderosas que el terror, lo más seguro es que un buen número o la mayor parte acaben cayendo en falta antes que después. Un chico puede masturbarse y sentirse condenado por ello, pero una adolescente puede quedarse embarazada, prácticamente sin saber cómo y, en consecuencia, ser obligada a ser madre, puesto que, según los dogmas, el feto, un conjunto de células sin conciencia ni posibilidad de sobrevivir fuera de la madre durante bastante tiempo, es un ser humano con todos los derechos al encerrar un alma inmortal creada por la divinidad misma.

La obsesión antiabortista, derivada de la convicción de que todo sexo debe conducir forzosamente a la reproducción y de la extraña idea de que la divinidad crea almas, para las que necesita el concurso humano, lleva a la creencia de que todo aborto es un asesinato premeditado.

Cuando los administradores del dogma tienen una influencia indebida en la sociedad civil, sus prejuicios y supersticiones los llevan a forzar a las autoridades a convertir en delito lo que no es más que creencia, de modo que si la mujer decide abortar se convierte en criminal.... aunque no se crea una palabra de lo que cuentan los archimandritas.

Algunos también confunden la moral con la simple  opresión


martes, 22 de octubre de 2013

MEZQUINAS CRUELDADES

No sé si la Iglesia Católica cambiará alguna vez, pero de momento no es el caso, a pesar de las palabras menos agresivas que vienen de Roma. Basta seguir un poco las reacciones de prelados y jerarcas varios para darse cuenta de que todo sigue igual, es decir, la idea de que se posee una superioridad moral que de alguna manera les empuja a imponer a todos, creyentes o no, sus particulares normas, a menudo bien alejadas de  una ética racional y humanista y productoras de enorme sufrimiento.

En un colegio concertado de Málaga se obliga a una niña transexual a ser "niño" contra su voluntad, con los correspondientes problemas y traumas. Hay que preguntarse el porqué sus padres se empeñan en llevarla a un colegio de esta clase, pero la mezquindad de los administradores del centro supone abuso infantil.

La jerarquía católica de Chile presiona al gobierno de ese país para que NO firme la convención iberoamericana de derechos humanos, puesto que entre ellos se cuenta el de no ser discriminado por orientación sexual. Una prueba más de que los derechos humanos se posponen a un dogmatismo particular que no ve mal discriminar y perseguir "sodomitas".

La asociación "Hazte Oír", de clara adscripción católico-integrista-fascista, recoge firmas para que se impida a los adolescentes procurarse preservativos. El pretexto es que "se hurta a los padres la autoridad y la educación de sus hijos", es decir, que es mejor que los jóvenes que no sigan las rígidas normas morales de estos fanáticos se contagien, enfermen y contagien a otros.... ¡Así aprenderán!

Sorprende la innegable maldad de estas iniciativas tan "morales", así como la extraordinaria mezquindad y el odio que destilan.

martes, 15 de octubre de 2013

FANATISMO A LA INVERSA

"Se crían pequeños terroristas, cuando desde la primera infancia se adoctrina (a los niños) se los asusta, se los degrada, se los intimida, se los premia, se los tienta, se les miente, se los castiga, se los amenaza y se los alaba (para reforzar lo que se enseña), hasta que sus inmaduras mentes y emociones ya no les pertenecen, sino que se les implanta una nueva identidad muy diferente de aquella con la que nacieron."

¿A qué se refieren estas palabras?... Cuando las he leído por primera vez me parecía revivir la educación (si así puede llamarse) que recibí en el colegio religioso al que me tocó asistir durante doce largos años, y del que salí con un trauma que me costó bastante tiempo superar. Ni yo ni mis compañeros nos hicimos terroristas, pero algunos sí acabaron de fanáticos intolerantes y así han seguido toda la vida. Yo y bastantes más, afortunadamente, desarrollamos espíritu crítico y rechazamos dogmas, supersticiones y condicionamientos, pero no fue fácil.

Lo sorprendente es que esto lo dice David Kupelian, director del World Net Daily (Diario Mundial en la Red) un bien conocido órgano de la ultraderecha religiosa norteamericana que no dirá mucho a los lectores en español, pero que influye bastante en las opiniones de los convencidos, y que no se refieren a la habitual educación cristiana sino ¡cómo no! a la que se propugna desde posiciones progresistas, que él identifica como inspirada por el "lobby LGTB", al que supone un poder, una organización y una influencia que está muy lejos de tener.

Defenderse atacando, presentarse como víctima cuando se es perseguidor y pintar al oponente como un lobo feroz, aunque se trate de un perro faldero es una técnica propagandística conocida, pero me sigue sorprendiendo la magnitud del odio y la enorme capacidad de exageración y de mentira de estos individuos a los que tanto se les llena la boca de "principios" y "moralidad", pero este es un ejemplo más de que con fanáticos no hay razonamiento posible y de que una educación laica, racional y lejos de todo fanatismo sigue siendo una prioridad absoluta... que no defienden ni la ley Wert ni tendencias similares.

domingo, 6 de octubre de 2013

MACHISMO IRREFLEXIVO

El señor Guido Barilla seguramente no es homófobo, al menos no completamente, es decir, que no piensa en atacar a las personas LGTB directamente, aunque con toda seguridad ni le gustan, ni entiende lo que significan. Tampoco es tonto, al menos tal y como se define la tontería absoluta, puesto que ha estudiado bastante, sabe idiomas y dirige una empresa con solvencia económica. Sin embargo, el señor Guido Barilla demuestra dos cosas: que hay diversas clases de inteligencia y que todas ellas pueden verse afectadas por prejuicios irracionales derivados de un ambiente pacato, pazguato y estrecho.

No se entiende como este señor, directivo de una de las empresas alimentarias más poderosas de Italia, va a la radio a decir que "no piensa hacer anuncios con homosexuales, porque el cree en la familia tradicional y ..." toda una serie de tópicos relativos a la mujer, el ama de casa maruja, la "mamma" italiana y otra serie de estereotipos similares. La mayor parte de la industria NO hace anuncios con homosexuales, simplemente no presumen de ello, porque a fin de cuentas las personas LGTB son una minoría, pero tampoco alardean de no hacerlos, porque aunque no tiene el poder que se dice, la verdad es que hoy día sí hay una minoría articulada, organizada, con conciencia de serlo y que defiende derechos duramente ganados. Hacerse notar y ofender despreciando es torpe y mala política para un individuo o para una empresa, especialmente si mercados muy importantes, como el de Estados Unidos, por ejemplo, pueden verse afectados, y el Sr. Barilla simplemente metió la pata hasta el fondo al decir lo que realmente pensaba.

Que el Sr. Barilla sea italiano no es una casualidad, puesto que Italia va a la zaga en cuanto a derechos LGTB se refiere y, entre los estados de Europa Occidental, es el único que aún no tiene legislación respetuosa al respecto, catolicismo tradicional, Vaticano y machismo mediterráneo se unen para mantener un ambiente particularmente poco propicio a cualquier clase de desvío de la heteronormatividad.

El Sr. Barilla ha recogido velas rápidamente al darse cuenta de la borrasca levantada por sus palabras, y puede que hasta haya pensado que ha hecho algo mal, pero él, y muchos como él, son una prueba del egocentrismo, la falta de imaginación y la cerrazón de tantas personas que ni siquiera imaginan que otra realidad o realidades son posibles, porque viven inmersas en una "normalidad" de la que participan plenamente, sin querer ver o comprender más allá. A Don Guido le gustan las mujeres, no le entra en la cabeza que a un varón le suceda lo contrario y, además, piensa que todas las mujeres son como era su bendita, santa y casera madre, de modo que cuando habla sus palabras traducen exactamente sus pensamientos.

El Sr. Barilla es un ejemplo vivo del porqué hace falta una educación de y en la diversidad, del porqué los reaccionarios no la quieren y de la importancia de las leyes progresistas para normalizar lo que se ve como extraño.

domingo, 8 de septiembre de 2013

ENGLISH, PLEASE

La prensa española siempre me sorprende con su extraordinaria exageración, especialmente cuando se trata de ser pesimista y descalificador. El no haber sido elegida Madrid para los juegos del 2020 parece ser una tragedia nacional, cuando no es más que un contratiempo menor. Cualquiera que viaje lo bastante sabe que las posibilidades eran muy escasas, especialmente con Tokio como contrincante. También son de todos conocidas las extrañas veleidades del COI, capaz de dar unos juegos a Pekín o a Sochi, sin tener en cuenta a los desgraciados habitantes de ambas ciudades. Era inocente pensar que se tenían posibilidades por baratura y ecología, cuando lo que se busca desde las alturas olímpicas es justamente lo contrario, espectáculo y ostentación. De todos modos, pensar que los juegos iban a solucionar problemas básicos era más bien sueño que realidad. Soy de los que piensa que se saca más con un trabajo constante y con objetivos claros que con metas artificiosas como la olimpiada, Eurovegas y otros fantasmas.

También me llama la atención la poca que se presta al hecho de que una ciudad como Madrid, objetivamente superior a muchas, tenga habitualmente tan pobre marketing para cantar bondades que sobrepasan las de otros lugares, y la buena publicidad empieza en nuestros tiempos por hacerla en inglés, idioma universal, pero aún arcano para la gran mayoría de personajes y personajillos de la política local y nacional, como demostró en público la absurda alcaldesa de la capital, que en este caso no fue iluminada por los santos de los que es devota.

Todos los señores que son algo en la política europea hablan inglés, cada uno con su acento y hasta con faltas gramaticales, pero con fluidez y sin problemas, y hablar significa comunicarse, darse a entender y comprender lo que los demás quieren, buscan y no entienden. Una buena imagen no se hace en un día, pero se deshace en una hora, construirla es una labor lenta que requiere paciencia, persistencia, simpatía y saber presentarse ante la posible clientela y sin hablar inglés esto es una labor imposible. ¿Cuándo se darán cuenta algunos políticos y también los que los critican que hablar idiomas, especialmente inglés, no es un lujo sino una necesidad absoluta en un mundo globalizado?

No para organizar otros juegos, ilusión sin mucha sustancia, sino para proyectar una imagen sólida, cosmopolita y duradera, hay que exigir a estos señores y señoras que aprendan inglés, que fomenten su enseñanza y que le den tanta importancia al menos como a las matemáticas, pero que antes empiecen por examinarse a sí mismos.

viernes, 30 de agosto de 2013

DESPRECIAR AL QUE SABE

Algunos piensan que las tonterías malvadas del Sr. Hernando, portavoz del PP, igualando la bandera republicana con la franquista o echando la culpa de la Guerra Civil sobre las víctimas, son meteduras de pata irreflexivas o que denotan falta de información. Yo pienso que más bien delatan lo que de verdad piensa una gran parte de la derecha española, muy incómoda cuando se trae el impresentable franquismo a colación, pero siempre dispuesta a excusarlo y a ver la Guerra Civil con "equidistancia", es decir, como algo de lo que hay que intentar culpar también a la izquierda del pasado para aplicarlo a la del presente, aunque sea tan genérica y poco revolucionaria como la de ahora. Después de todo la España eterna y abstracta solo les pertenece a ellos, aunque los españoles del montón les importen poco.

Son también interesantes las extrañas justificaciones sobre las excesivas y sospechosas ganancias del Sr. Rajoy... con mucho más derecho a ellas por ser un excelso Registrador de la Propiedad, en vez de un mísero profesor de universidad como el Sr. Rubalcaba. Un indicador de lo mucho que les importa el status y los ingresos económicos y la poca consideración que les despierta la ciencia y el conocimiento en general.

En mi post anterior hablaba de cómo la ciencia puede salir malparada cuando se mide con las supersticiones difundidas con habilidad, porque la emoción puede siempre con la razón cuando se dan las condiciones oportunas, y la historia como ciencia no es una excepción. Hay muchos acontecimientos y personajes del pasado sobre los que nunca sabremos toda la verdad, pero sí podemos aproximarnos lo bastante como para averiguar al menos una parte. Los historiadores serios, es decir, los de verdad que no hacen propaganda fascista, hace mucho que llegaron a conclusiones muy distintas de las del Sr. Hernando sobre la Guerra Civil española, pero políticos, periodista o tertulianos malvados y/o tontos siempre se empeñan en recurrir a la historia para justificar sus prejuicios, aunque a veces consigan exactamente lo contrario.

El Sr. William Sharer, senador republicano de Nuevo México, es uno de estos insignes imbéciles que un día, seguramente tras leer una novela o un libro de divulgación, se le ocurrió la gran justificación para demostrar a todos que el matrimonio de personas del mismo sexo está mal: Alejandro Magno era homosexual y, sin embargo, se casó con Roxana... y no solo eso, animó a sus soldados a que dejaran sus vidas disolutas y se casaran también, porque el sentido del matrimonio es la procreación y la mezcla de sangres traería la paz y....

El Sr. Sharer parece ignorar que Alejandro se casó con tres mujeres distintas, exclusivamente por razones políticas, que sus soldados se mezclaron efectivamente con mujeres asiáticas, como ha pasado siempre con los ejércitos conquistadores, pero que esto no quiere decir que se "casaran" y formaran familias como las de la televisión, que eso estuvo muy lejos de traer paz alguna y que, por si fuera poco, los griegos y asiáticos de esa época, incluyendo a los hebreos que redactaban la Biblia, tenían una moral sexual y familiar tan diferente de la de los americanos de su clase que tomarlos como ejemplo es más bien peligroso.

El Sr. Sharer, como los obispos católicos, pretende hacernos creer que la familia nuclear estereotípica de mediados del siglo XX es la única posible y se va a la historia a buscar ejemplos, pero lo único que consigue es demostrar profunda ignorancia y una cierta estupidez. Alejandro el Grande era bastante culto para su época, como buen discípulo de Aristóteles, y desde luego estaba muy lejos de ser estúpido, pero nunca tuvo una "familia ejemplar", más bien lo contrario.

viernes, 23 de agosto de 2013

HUIR DE LA CIENCIA

Un artículo en el New York Times de Adam Frank, profesor de física y astronomía en la Universidad de Rochester, subraya una peligrosa tendencia moderna: la voluntaria ignorancia de la ciencia y su sustitución por creencias, opiniones o simples supersticiones sin fundamento alguno. Resulta que hoy hay más norteamericanos convencidos de la "ciencia creacionista" que hace veinte años, más gente que no vacuna a sus hijos porque creen que la vacunación debilita y produce autismo y una mayoría que opina que el cambio climático es pura propaganda.

Quien piense que esta tendencia es solo propia de americanos se equivoca por completo, también en Europa hay una corriente de escepticismo, desconfianza y hasta aversión por la ciencia y los científicos. El creacionismo no tiene mucho curso en nuestro continente, pero los anti-vacunas, los que creen en las virtudes curativas de la homeopatía y los que se llenan la boca con el adjetivo "natural" abundan en nuestros países al amparo de un posmodernismo de pacotilla que encubre ignorancia real y prejuicios varios.

En los años 50 o 60 del siglo pasado había muchas personas crédulas o desesperadas que acudían a curanderos que prometían sanar enfermedades con oraciones, aguas milagrosas o emanaciones mágicas, pero esto se consideraba un atraso que la educación haría desaparecer. No es tan sorprendente, sin embargo, que no haya desaparecido, porque el elemento irracional de los humanos es considerable y una cierta cantidad de educación puede paradójicamente reforzar en vez de limar prejuicios.

Hace dos generaciones las personas analfabetas o muy ignorantes sabían que lo eran y, aunque creyeran a pie juntillas en las virtudes del curanderismo, no se atrevían a discutir con alguien que "tuviera estudios" y hasta se avergonzaban de acudir a sanadores. Hoy día, en cambio, lecturas superficiales, información defectuosa y una verdadera "industria de la sanación" difundida por la red y mediante publicaciones varias, les dan a algunos la ilusión de saber algo: "yo lo he leído", "lo he visto en internet", "lo dice Madonna" o frases similares se oyen todos los días refiriéndose a cosas tan serias como la curación de tumores o el tratamiento del SIDA. "Yo creo que...", "no tengo  la misma opinión sobre...." son afirmaciones que se prodigan sobre temas sobre los que el opinador no tiene formación alguna y sobre los que en puridad no puede "opinar", pero la antigua modestia del ignorante ha desaparecido con la equivocada idea de que si se sabe leer y se puede votar también se puede tener una opinión sobre, por ejemplo, los agujeros negros de la galaxia. El absurdo se convierte en drama cuando además se politiza, como sucede en los Estados Unidos con el cambio climático, negado sistemáticamente por los ultras o con la evolución, todavía no digerida por los integristas religiosos.

Si la estupidez perjudicara solo a los cretinos no estaría del todo mal, pero los anti-vacuna, homeopato-naturistas, crudívoro-macrobióticos difunden la ignorancia junto con los gérmenes que no se erradican, como el de la poliomielitis, reaparecido en Pakistán y Somalia, donde los fanáticos caciques locales impiden la vacunación, o los del sarampión y la tos ferina, reaparecidos... en los Estados Unidos, donde hay memos que no vacunan a sus hijos.

No hay tanta diferencia entre posmodernos escépticos de la ciencia y talibanes, ambos son dogmáticos e inabordables mediante el razonamiento.