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miércoles, 21 de noviembre de 2018

EDADISMO ESTÚPIDO

La obsesión de muchos políticos españoles de todos los partidos, jaleados por una tanda de periodistas y tertulianos más o menos irresponsables o ignorantes, es la de dar toda clase de ventajas a la juventud en abstracto, voceando e inflando constantemente las altas cifras de paro juvenil y propugnado toda clase de medidas, incentivos y desgravaciones fiscales para que los jóvenes encuentren empleo, pero sin analizar las causas profundas de un paro estructural, siempre elevado, que se agudiza en tiempos de crisis y que tenderá a hacerse peor en el futuro super-técnico que se avecina.
Esta obsesión subraya un problema olvidando otro: el de las muchas personas mayores de 45 años que han perdido un empleo y que no son de fácil colocación, pero para las que no se dan facilidades ni incentivos de ninguna clase y que parecen no existir para los “preocupados” comentaristas y gurús que se rasgan las vestiduras. Es como si ya hubieran tenido su oportunidad y la hubieran perdido, sin que a nadie le importen las consecuencias.
Las causas del desempleo en España y concretamente del juvenil son complejas, pero uno de sus principales factores es la deficiente formación, con lo que no quiero decir hoy día analfabetismo absoluto, pero sí algo que se le aproxima en el casi 30% de alumnos que no terminan la ESO y que son los más castigados por el paro. Junto a ellos hay un número considerable de otros chicos que estudiaron más, pero cuyas habilidades no tienen simplemente demanda; muchos sociólogos, historiadores o licenciados en políticas han salido de las múltiples universidades creadas en todas las ciudades de alguna importancia, para encontrarse que su salida son unas reñidas oposiciones a escasos puestos administrativos o trabajar de cualquier otra cosa.
Hay que decir que estos licenciados tienen, sin embargo, la oportunidad de estudiar más y seguir formándose para adaptarse a otros puestos y que muchos lo hacen, mientras que los que se aproximan al analfabetismo no la tienen por falta de ambición y costumbre.
La emigración es otra posibilidad, pero la posibilidad de hacerlo es más reducida de lo que la gente piensa, despistado el público nuevamente por las grandes proclamas y los siniestros titulares de periódicos. Hoy día, la emigración tipo años 60 de trabajadores españoles a fábricas del extranjero es prácticamente nula, porque no hay demanda, excepto de personal para restaurantes en algunos países; hay alguna demanda de personal sanitario bien formado, y mucha demanda de ingenieros y técnicos, pero estas dos categorías tienen también mucha más posibilidad de encontrar trabajo en España y las anécdotas que se cuentan de desempleo entre sus filas suelen ser de casos individuales o están bastante exageradas en cuanto al número.
El paro juvenil resistente es sobre todo el de los chicos mal formados o con una formación desajustada a la demanda en un mundo cada vez más técnico, en el que los sectores que necesitan mucha mano de obra necesitan cada vez menos.
Las soluciones no son ni fáciles ni a corto plazo, pero tienen mucho que ver con tomarse en serio la educación y formación práctica de todos, incluyendo los más desfavorecidos, y no discutir sobre el sexo de los ángeles y la religión en la escuela, por ejemplo.
¿Y los mayores? porque en ellos no se piensa, cuando muchos tienen experiencia acumulada y también son capaces de aprender…¿o se cree que a partir de los 45 años se tienen obstáculos insalvables? La formación continua es una de las condiciones del mundo presente y muchos mayores pueden aprender, menos impedidos por hormonas y calores juveniles, lo que se les quiera enseñar.
En vez de esto se plantean estupideces como la “jubilación obligatoria” a toda costa y a una edad fija, como si la salida del trabajo de unos fuera a dejar la puerta abierta a otros, lo que no tiene porqué ser así en ningún caso, además de privar a la empresa u organismo de personas con conocimientos y experiencia y cargar aún más los gastos de pensiones que más pronto que tarde van a ser impagables, porque ¡ay! Resulta que cada vez hay más personas mayores y menos jóvenes, y la solución no es fomentar familias numerosas en un mundo superpoblado, sino plantearse seriamente nuevos equilibrios socioeconómicos.
Mientras tanto dar gritos, mesarse los cabellos y hacer juvenil-populismo ni arregla problemas ni posiblemente da votos, porque los mayores también votan más.

domingo, 17 de junio de 2018

FALSOS AMIGOS

Al aprender idiomas los profesores siempre avisan sobre la importancia de distinguir a los falsos amigos, es decir a palabras que pueden sonar igual o provenir de la misma raíz, pero que han adquirido significados diferentes y con las que hay que tener cuidado al hablar. Lo mismo sucede en la vida y la sociedad con personas a las que todo debería hacer afines a nosotros, pero que resultan ser lo contrario de lo que se supone en teoría: adversarios, indiferentes o claramente enemigos.
Ya me he referido en estas entregas al “síndrome Lagerfeld”, es decir a la actitud de ciertas personas LGTB a despreciar a otros congéneres por pobres, militantes o no de su gusto, además de aliarse con el bando contrario a los derechos LGTB, que ellos interpretan más bien como privilegio propio y no generalizable. Podríamos seguir definiendo muchos más síndromes patológicos identificables en una gran variedad de individuos egoistas, insolidarios, reprimidos o permanentemente asustados, pero haría falta un grueso volumen para semejante taxonomía.
Sin llamarlo síndrome, hay una tendencia en las personas de edad, es decir, las que nacieron hasta los años 60 aproximadamente, a reaccionar en contra de personas, situaciones o derechos que les parecen mal por un sinnúmero de confusas razones aparentes, pero en realidad por una única causa: la visibilidad y, peor aún, cuando a la visibilidad acompaña la normalización, es decir, una cierta asimilación a la mayoría.
Pudo comprobarse esto cuando se reclamaba el matrimonio igualitario y se atacaba este tanto desde ingenuas posiciones revolucionarias utópicas como retrógrado, burgués, “copia de los heterosexuales”, etc., como desde el más viejo conservadurismo que solo veía posible una familia modelo de papá, mamá, parejita de niños y perro. A estas posturas se sumaba una con apariencia de modernidad, pero realmente  muy antigua, la de los gais que separaban su vida claramente en dos mitades: la sexual y la otra.
Estos individuos no se distinguían de la mayoría durante el día, no hablaban de su “vida privada”, odiaban la pluma y criticaban los desfiles del orgullo, mientras que por la noche frecuentaban clubs de alterne gay, compraban sexo y hasta se permitían una cierta confraternización con otros gais. Puede que por genética, pero más probablemente por homofobia interiorizada, la sola idea del amor entre dos hombres (no tanto entre dos mujeres) les parecía ridícula a la luz de su machismo. De aquí la “risa” que le entraba al Sr. Alvaro Pombo, por ejemplo, al oír hablar de matrimonio igualitario.
Hay pioneros gais del pasado, como André Gide, que tenían una actitud similar, pero a ellos hay que comprenderlos en su época, mientras que a los actuales no se les debe excusar las bombas de profundidad que a veces lanzan contra los derechos LGTB, más peligrosas por ser ellos mismos parte de la minoría. Es mejor que permanezcan callados y recogidos en su particular doble vida, en su negación del amor y en su particular fantasía: que a ellos los respetan más por más afines a la gente “respetable”, ignorando voluntariamente que esto está solo en su imaginación porque, a pesar del odio, la valentía siempre impresiona más que la vergüenza.

miércoles, 28 de marzo de 2018

LA EDAD NO ES UNA ENFERMEDAD

A estas alturas, y cuando tanto se ha luchado por suprimir discriminaciones diversas, resulta sorprendente que aún permanezcan en disposiciones legales o meramente administrativas un sinnúmero de normas que plantan obstáculos impasables por motivos de edad. Puede ser un límite arbitrario para presentarse a oposiciones, la obligatoriedad de jubilarse (sin júbilo) en cuanto se cumplen unos años, la exclusión de determinados tratamientos por vejez, etc. Nunca se criticará bastante esta peculiar ceguera legal y administrativa que introduce una rigidez más en una sociedad no exenta de ellas, una dificultad más que contribuye no poco a la infelicidad colectiva.
Estas medidas pueden haber sido pensadas en su momento bien para proteger intereses corporativos, bien porque en tiempos de mucha menor expectativa de vida y peor salud general se vieran como favorables, pero hoy resultan simplemente discriminatorias sin grandes razones que las justifiquen.
Resulta que mientras la vida y la salud se alargan de forma espectacular, la edad parece ser tratada como una enfermedad indeseable e incurable. Esto no deja de ser una absurda contradicción, cuando se dice al mismo tiempo que la demografía pone en peligro los sistemas tradicionales de pensiones y que no es justo cargar sobre las espaldas de los jóvenes el mantenimiento de jubilados que pueden durar hasta cuatro décadas.
También se suele traer a colación el elevado paro juvenil como excusa para obligar a los mayores a dejar su trabajo, sin consideración por la pensión que puedan alcanzar, pero estamos, de nuevo, ante otra falacia. El paro juvenil es más elevado de lo que debiera, pero no se debe en absoluto a los puestos que ocupan los obligados a retirarse. En estos momentos obedece a una serie de causas concomitantes: escasa formación de una parte importante de la juventud en medio de un cambio total de paradigma que exige buena educación técnica, desempleo estructural en países como España, por falta de puestos de trabajo de baja cualificación e intermedios, sobreabundancia de titulados en ciertas carreras que nunca encontrarán trabajo en su especialidad etc. 
No se trata, como dicen algunos, de una ruptura del pacto social entre generaciones, sino de una considerable transformación de los medios de producción, anticuados sistemas educativos y la readaptación social a las aceleradas transformaciones de la economía. Cierto que nada de esto tiene una fácil solución, pero pretender arreglarlo creando más jubilados es como intentar tapar una vía de agua con una rejilla, es decir, de modo absurdo.
Podría empezarse por eliminar la jubilación obligatoria, por ejemplo, pero habría que continuar eliminando todos los obstáculos artificiales a oposiciones y en general haciendo que la edad no sea una condición oficial para nada, como no lo es el sexo, la raza o cualquier otra característica. Sabemos que habrá personas y entidades que intentarán seguir discriminando por estas causas, pero lo peor es cuando pueden hacerlo legalmente como ahora.
La edad no es enfermedad, es sólo una característica más y en la mayor parte de los casos positiva, no negativa. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

EDAD Y PREJUICIOS

En una ocasión reciente alguien me dijo: “no sé cómo se puede llegar a los 60, la sola idea me resulta incomprensible, porque ¿qué se puede hacer a esa edad?”… El individuo en cuestión andaba por los 40, no era ningún Adonis, se vestía más bien mal y no tenía otras características que lo hicieran particularmente simpático o interesante, pero expresaba con franqueza uno de los muchos prejuicios que rondan por el ambiente, que tiende a considerar que sólo los jóvenes de hasta 28, altos, apuestos y con músculos de gimnasio son los gais paradigmáticos y que los demás, especialmente los “viejos”, son figuras patéticas que deberían esconderse, desaparecer y no empañar, ni siquiera con su presencia, la brillante escena en la que viven los privilegiados que tienen la fortuna de la edad y la belleza estereotipada.
Creo que siempre habrá tontos que se se tomen la publicidad en serio y que se crean que los productos de photoshop son reales, alentados por la caterva de ejecutivos de marketing que venden ropa y cosméticos y estetas cursis que se erigen en Petronios de tres al cuarto, pero la vida real es otra y está llena de gente de todos los tipos y tallas y, más aún, de todas las edades. Los hoy jóvenes serán viejos… si tienen la suerte de vivir bastante, y más vale que piensen pronto lo que harán cuando se les pase la juventud, porque,si no tienen idea alguna de cómo vivir, su futuro es más bien triste, mucho más que el de los que ellos compadecen ahora.
Es posible que haya alguien de gustos tan limitados que sólo aprecie, por ejemplo, la música de Beethoven, pero que no soporte a Ravel, Wagner, Debussy, etc. Como sobre gustos no hay nada escrito, esto no en sí criticable, pero habrá que compadecer a alguien incapaz de disfrutar de una gran cantidad de melodías, y esto es igualmente aplicable a los limitados seres que sólo aprecian belleza o atractivo en un reducido rango de edad acompañado de concretas características físicas, porque en general van a perseguir fantasmas y estar condenados a la soledad obligada para el que busca una perfección que por ideal es inhumana.
El amor, la compañía y hasta el sexo requieren personas reales, y las personas reales envejecen y, como el vino, son a menudo más interesantes con la edad y la experiencia. Puede decirse que hasta el más tonto aprende algo con el paso de los años y, si se aprecia a sí mismo, hasta mejora su apariencia y sabe sacar lo mejor de sí mismo.
La edad es sólo un dato neutro, porque hay muchas personas de más de 60 muy al día, a la moda, atractivas y estimulantes, mientras que el tener menos de 30 no garantiza ninguna de estas características.

domingo, 16 de octubre de 2016

ACABAR BIEN

Se discute en Holanda en estos momentos un perfeccionamiento de la ley que permite acabar con la propia vida. Se reservaba esto para las personas afectadas por una enfermedad dolorosa y sin solución, como una forma de ahorrarse sufrimientos innecesarios, pero ahora se quiere extender también a los mayores que por una razón o por otra están cansados de vivir: soledad, achaques, limitaciones físicas, falta de interés … Hay un sinnúmero de causas por las que algunas personas de edad pueden desear poner fin a sus días de una manera indolora, profesional y a su elección.
Los que se rasguen las vestiduras por algo así serán los de siempre, es decir, los que no pueden entender la vida más que como pesada obligación dictada por una deidad vengativa que se complace en el sufrimiento de sus criaturas,  a las que ofrece un improbable paraíso tras la muerte, aunque amenace mucho más con tormentos infinitos para los desobedientes-
Para los que consideran la tal deidad como pura creación humana de mentes sádicas no creo que el proyecto levante demasiada oposición. Siempre puede surgir el temor de que alguien abuse de la ley para convencer a la tía rica de que está mejor muerta que viva, pero para eso están las mismas salvaguardias que ya existen para asegurarse de que efectivamente es la persona en cuestión la que desea acabar bien y que no se trata de la manipulación de sus herederos.
Las personas mayores se suicidan mucho, a veces sólo para adelantar una muerte inminente y ahorrarse días o meses de creciente dolor, pero otras porque simplemente no quieren vivir sin el compañero adorado o en un aislamiento creciente en medio de un mundo que entienden cada vez menos y disfrutan poco o nada. Pero decretar el propio fin sin los medios adecuados para ponerlo en práctica es difícil, accidentado y lleno de peligros, sin las ventajas que tiene que un profesional se haga cargo un día fijo, después de haber dejado todos los asuntos en orden.
El fin es inevitable para todos, pero poderlo elegir sabiendo cómo y cuando es un premio, una ventaja más de las sociedades avanzadas donde lo que más importa es la buena vida de sus componentes… de principio a fin.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

SOLEDAD

Muchos estudios grandes y pequeños demuestran algo que se ve sin necesidad de estadísticas: las personas solas y aisladas enferman más y mueren antes. Tampoco hace mucha falta explicar el porqué. Una persona sola, sin parientes cercanos o solícitos, sin amigos, vida social y objetivos vitales no tiene alicientes para vivir y es mucho más proclive a la depresión y al desarrollo de malos hábitos: falta de ejercicio, mala alimentación, tabaquismo, alcoholismo, etc.
Las personas mayores son las más amenazadas por la soledad y el aislamiento y las razones para esto son claras: viudedad, fallecimiento o alejamiento de parientes y amigos, fin de la vida laboral, limitaciones físicas, precariedad económica, etc. Pero amenaza no significa inevitabilidad; vemos mayores muy solos y abandonados y otros que se las arreglan para mantener intereses, amistades y actividades. El carácter individual es importante y también las condiciones de cada uno; no es los mismo vivir en una casa aislada en una urbanización que en el centro de la ciudad, por ejemplo, pero todos tenemos que ser conscientes de que muchos problemas empiezan de una manera sutil, casi imperceptible y que, cuando el que los padece se da cuenta, están ya enconados y son de difícil solución.
Los mayores LGTB+ pueden estar incluso más amenazados porque la mayoría no ha tenido hijos y en muchos casos las relaciones con la familia son frías o lejanas, aunque esto es también cada vez más corriente en toda la población.
¿Qué hacer, entonces?… ¡No rendirse! Ser consciente del peligro, atajar los síntomas desde el principio y hacer el máximo de lo que las condiciones físicas y económicas de cada uno permitan. Los amigos de una época pueden haber desaparecido, pero se buscan otros en gimnasios, asociaciones, grupos y programas para mayores. El retiro puede ser un aburrimiento, pero también la ocasión para hacer algunos viajes, dedicarse a hobbies antes imposibles y hasta a estudiar lo que gusta o no se pudo en su momento. También se puede visitar a personas que uno sabe que están solas y a veces aisladas por enfermedades. En todas las actividades se conoce gente, se habla, se ríe y se participa en la vida, que es lo contrario de recluirse en la soledad sin esperar nada.
Con una salud mediana o razonable no hay motivo alguno para no vivir como siempre, incluso mejor que antes, si se es consciente de que la soledad mata tanto o más que el tabaco.

miércoles, 27 de enero de 2016

VIEJO Y ANTIGUO

Todos sabemos que hay significados que se parecen sin ser iguales y las palabras que encabezan este artículo son un ejemplo perfecto. Viejo suele tener connotaciones negativas: lo viejo se tira, se reemplaza, se renueva etc., mientras que lo Antiguo está rodeado de un aura de clasicismo, respetabilidad, belleza y otros conceptos positivos. Esto no quita que ambas palabras, como todas, cambien y se maticen con la percepción subjetiva y su uso en determinados contextos: “mi viejo”, puede ser un término cariñoso para algunos, mientras que “es demasiado antiguo” generalmente indica que la antigüedad puede no ser una cualidad recomendable.
El lenguaje es multiforme y el coloquial está lejos de la exactitud seca de los textos legales, de la simpleza de lo políticamente correcto o de la calculada ambigüedad de algunas declaraciones políticas, pero, sin embargo, casi siempre transmite lo que se quiere con amor, odio, indiferencia, desprecio, etc. De aquí que sea tan inútil insistir en ciertas fórmulas lingüísticas que estropean la gramática en intentos inclusivos, para uso de convencidos que no las necesitan.
Cuando “viejo” se aplica a personas puede hacerse de forma insultante o despectiva, pero la realidad es que los seres humanos envejecen y que sólo en sentido figurado se les puede aplicar el adjetivo “antiguo". Reconocerse en la edad y sus limitaciones es una virtud, un sano ejercicio de realismo contra la depresión que puede causar la huida sistemática del inevitable paso del tiempo. Los eufemismos que embellecen como “tercera edad”, “mayores” no ocultan lo que hay detrás, pero ayudan a no verlo como inevitablemente negativo.
En realidad sólo los simples o los neuróticos ven siempre connotaciones negativas en lo viejo, tanto en cosas como en personas. Paciencia, experiencia, comprensión y ecuanimidad son virtudes pocas veces presentes en los jóvenes, cuya capacidad de disfrutar plenamente de cada momento, de cada cosa y de cada persona es también mucho más reducida.
A veces sorprende aún más la afirmación de que lo viejo y gastado puede ser bello, pero es un hecho que hay muebles, ropa y personas que adquieren flexibilidad, pátina, estilo y una gracia que no tenían cuando estaban nuevos y rígidos. No ver la belleza propia de cualquier edad es una grave limitación de sujetos sin imaginación, posiblemente obsesionados con su propia decadencia. El que no se deja encerrar en angostos límites estéticos tendrá una capacidad casi infinita para apreciarse a sí mismo y a otros, para percibir la belleza no inmediatamente aparente y para ver a los mayores, a los viejos, con la misma aura que si fueran “antiguos”.

sábado, 2 de mayo de 2015

MÁS DE 70

Cuando a mis 30 años pensaba en los 70 los veía como una cifra teórica, algo adaptado a viejos de barba blanca y viejas encorvadas con bastón, pero no para mí… que siempre tendría más o menos 30 años o pocos más. Ya entonces me sorprendía y me enfurecía el hecho de que en los sitios de encuentros gais los treintañeros fueran considerados “maduros” o “daddies”, puesto que los únicos gais deseables y posibles eran los chicos de 18 a 25 con más de 1,75 de estatura, 65 kgs. de peso, depilados y de belleza convencional.
Ni yo entraba en esas medidas ni los que entraban me gustaban lo más mínimo, pero en épocas menos críticas no había bastantes voces que desmontaran lo que no era más que marketing de profesionales u opiniones de petronios a la Lagerfeld, es decir, de tiranos que imponen su gusto a cretinos que se lo creen. Ni el aspecto, ni el tamaño ni la edad tienen límite alguno no sólo para amar sino también para la estética, porque igual que no puede decirse que el arte barroco sea el único aceptable, por ejemplo, tampoco es de recibo afirmar que haya un tipo de belleza humana que eclipse a las demás. La gordas celulíticas de Rubens pueden no estar de moda, pero son bellísimas si se las sabe mirar, igual que los anoréxicos aparentes de Modigliani.
Ahora, cuando me miro al espejo, con la experiencia de la edad y la sabiduría adquirida, me río de mis complejos anteriores y me entristezco por los sufrimientos a los que aún se exponen jóvenes muy bellos que se creen feos sólo por no entrar en los parámetros vulgares que deciden los cursis de turno.
Si de algo vale la edad es para darse cuenta de que lo que de verdad importa: el amor, la amistad, la salud y el bienestar, no dependen para nada de las superficialidades difundidas por escritores de tres al cuarto, revistas horteras y modistos momificados, sino de lo que uno lleva dentro. Quererse a uno mismo y hacerse cada día mejor como persona es una receta que nunca falla. Si, además, intentamos ser generosos y escuchar a los demás, la receta será todavía mejor.
Puedo decir que nunca he sido más feliz que ahora con siete décadas tras de mí… Lo que venga después no importa, porque todo tiene que tener un fin y, más aún, está bien que así sea.

domingo, 17 de agosto de 2014

EL SÍNDROME DE PETER PAN

Envejecer no es tan malo como algunos piensan. Si no se padecen graves males o un deterioro imparable, algo de lo que no se está libre a ninguna edad, pero que es más probable cuanto más se avanza en años, la tercera edad también tiene sus ventajas: mayor tranquilidad de espíritu, mejor conocimiento del mundo y de su fauna, humanos incluidos, poca o ninguna necesidad de competir o demostrar nada, etc. De todos modos, más vale acostumbrarse porque se trata de un proceso inevitable.... aunque algunos se empeñen en negarlo infantilmente hasta que el tiempo los pilla y los convierte en viejos resentidos y amargados que cuentan batallitas de juventud sin ningún interés para sus escasos oyentes.

Los negacionistas abundan especialmente entre una cierta clase de varones gais que en algún momento se acostumbraron a brillar, ligar, ir de bares y discotecas o por lugares mucho más sórdidos y hacer de esto el centro de su vida, con menor atención a profesión, pensión y futuro.

El negacionismo puede ejercerse de formas variadas: grandes esfuerzos en el gimnasio, dispendios en ropa de moda, uso de cosméticos japoneses a €300 el bote, una combinación de todo esto y, en los casos más extremos, carísimos estiramientos de quirófano. Lo más normal es que el negacionista no se mire al espejo y aborde a los "chulazos" con los que ligaba una vez y que ahora parecen ciegos y sordos, a pesar de que el maduro de turno sale de noche y hasta ha aprendido a manejar el smartphone para encontrar planes en Grindr. Ceguera y sordera son parcialmente curables con una buena aportación económica, pero la mayor parte no dispone de finanzas lo suficientemente saneadas para cimentar relaciones interesadas con los que a él le interesan.

Es una pena, porque negarse a crecer, como Peter Pan o el protagonista del Tambor de Hojalata, es receta segura de ridículo, frustración e infelicidad y seguramente también de problemas económicos en la edad en que estos son más peligrosos y menos solucionables, lo que quiere decir también de resentimiento y amargura.

El ambiente gay, que tan útil puede ser para salir del armario, encontrar congéneres y divertirse a veces, también tiene algunos efectos secundarios, entre los que se cuenta el de fomentar este tipo de "peterpanismo" para los que no disponen de vacunas, y hay que decir que es una enfermedad insidiosa y mala porque en cualquier medio y en todas las circunstancias madurar es bueno y defiende de muchos males. Ni se gana nada permaneciendo en una juventud imposible, ni por supuesto se encuentra amor alguno.

miércoles, 16 de abril de 2014

HEDONISMO

Uno de los problemas de los LGTB hasta hace unos años era la falta de modelos. No es que los modelos para los demás fueran siempre positivos, pero había unos estándares más o menos fijos de lo que hacían los padres, las madres, los militares, los ingenieros o los gángsteres, ninguno de los cuales estaba jamás afectado de "desviación" alguna: a todos los varones les gustaban las hembras, éstas se pirraban por los machos y ¿para qué seguir contando?

Los chicos "especiales" crecíamos en un limbo extraño que, si se era un poco consciente, aparecía inmediatamente como una vía muerta, un lugar del que sólo se podía salir fingiendo, ajustándose al comportamiento de la mayoría, aunque éste fuera enteramente contrario a los propios instintos. Por supuesto que de puertas afuera, porque en la adolescencia o la juventud rápidamente se descubría otro mundo secreto, subterráneo, de encuentro furtivos y de placeres que podían ser frecuentes e intensos. Un mundo al que uno podía acostumbrarse, ver como propio y hasta hacerse adicto.

Los que tanto critican ahora la visibilidad LGTB son los mismos que antes reducían la diversidad al sexo y obligaban a este hedonismo oculto, vía de escape y al mismo tiempo obstáculo de envergadura para una vida emocional y afectiva más plena o simplemente elegida. Hacía falta valor y tener una situación determinada para poder vivir en pareja sin ser excluido por sociedad y familia, mientras que nadie se daba por aludido si el "desviado" practicaba sus vicios sin publicidad en un mundo invisible para los "normales".

El problema resultante es que, del mismo modo que muchos LGTB interiorizaban los prejuicios ambientes y se minusvaloraban, también llegaban a aceptar una conducta impuesta como si fuera propia, y acababan creyendo que la homosexualidad era sinónimo de hedonismo, entendido éste como una sucesión de ligues, "clubbing", saunas y otras cosas menos sanas.

No todo el mundo vale para llevar una vida tan intensa y autodestructiva, aún en el caso de que se disponga del cuerpo y dinero adecuados, y hasta el más dotado debe retirarse o disminuir el ritmo con la edad y los achaques, pero convertir esta caricatura en algo deseable y envidiable, cuando para la mayoría es una conducta excepcional y forzada, ha sido y sigue siendo un error común nunca bastante criticado por miedo a ser considerado conservador, aguafiestas y "reproductor de modelos heterosexuales".

Hay que darse cuenta de que la normalización de la diversidad sexual tiene entre otros efectos positivos el de permitir llevar la vida que uno quiere y ni para mí ni para muchos otros, en realidad para la mayoría, tiene nada de envidiable ese tipo de hedonismo pobre de sauna, bar y discoteca, porque el que disfrutan los millonarios es otra cosa, aunque yo tampoco lo envidie.

martes, 15 de octubre de 2013

FANATISMO A LA INVERSA

"Se crían pequeños terroristas, cuando desde la primera infancia se adoctrina (a los niños) se los asusta, se los degrada, se los intimida, se los premia, se los tienta, se les miente, se los castiga, se los amenaza y se los alaba (para reforzar lo que se enseña), hasta que sus inmaduras mentes y emociones ya no les pertenecen, sino que se les implanta una nueva identidad muy diferente de aquella con la que nacieron."

¿A qué se refieren estas palabras?... Cuando las he leído por primera vez me parecía revivir la educación (si así puede llamarse) que recibí en el colegio religioso al que me tocó asistir durante doce largos años, y del que salí con un trauma que me costó bastante tiempo superar. Ni yo ni mis compañeros nos hicimos terroristas, pero algunos sí acabaron de fanáticos intolerantes y así han seguido toda la vida. Yo y bastantes más, afortunadamente, desarrollamos espíritu crítico y rechazamos dogmas, supersticiones y condicionamientos, pero no fue fácil.

Lo sorprendente es que esto lo dice David Kupelian, director del World Net Daily (Diario Mundial en la Red) un bien conocido órgano de la ultraderecha religiosa norteamericana que no dirá mucho a los lectores en español, pero que influye bastante en las opiniones de los convencidos, y que no se refieren a la habitual educación cristiana sino ¡cómo no! a la que se propugna desde posiciones progresistas, que él identifica como inspirada por el "lobby LGTB", al que supone un poder, una organización y una influencia que está muy lejos de tener.

Defenderse atacando, presentarse como víctima cuando se es perseguidor y pintar al oponente como un lobo feroz, aunque se trate de un perro faldero es una técnica propagandística conocida, pero me sigue sorprendiendo la magnitud del odio y la enorme capacidad de exageración y de mentira de estos individuos a los que tanto se les llena la boca de "principios" y "moralidad", pero este es un ejemplo más de que con fanáticos no hay razonamiento posible y de que una educación laica, racional y lejos de todo fanatismo sigue siendo una prioridad absoluta... que no defienden ni la ley Wert ni tendencias similares.

jueves, 8 de julio de 2010

Envejecer


Los años no perdonan a nadie; cualquier bello o bella joven se convertirá fatalmente en persona de edad antes de lo que piensa y mucho antes de lo que querría. Sin embargo, hay diferencias en el proceso: mientras que algunos parecen hacerlo con gracia y distinción otros se convierten en burlas de sí mismos, caricaturas afeadas de lo que una vez fueron. A esto se puede llegar por pura genética, pero se consigue más frecuentemente por simple mal gusto. El adolescente que se mira y remira en el espejo hasta corregir el más pequeño defecto, parece perder por completo su sentido crítico con el paso de los años y convertirse en el anciano que se abandona o que pierde la capacidad de ver lo que realmente se refleja en el cristal.

Un modo seguro de conseguir esta miopía es el de apegarse a una cierta imagen exitosa de sí mismo obtenida en algún momento de la vida, sin darse cuenta de que en las diferentes fases de la misma todo debe adaptarse a la edad y los cambios del cuerpo. Basta ver la apariencia patética de algunas viejas figuras del rock cuya vestimenta y cortes de pelo antes revolucionarios y ahora invariables se superponen a pellejos arrugados y ojos sin vida.

Por el barrio de Salamanca de Madrid suele pasearse una mujer que debe andar por los 70 cuya delgadez original se ha transmutado en apariencia esquelética, percha sobre la que cuelga modas atrevidísimas que incluyen breves minifaldas. Debió ser una joven similar a Audrey Hepburn en el tipo y seguramente aún presume de conservar el mismo peso que tenía a los veinte años, pero el resultado a la hora presente es el miedo que sienten los que la observan a que se quiebren los palillos sobre los que camina.

Cuando yo era joven los viejos lo parecían más a base de ropas negras y poco cuidado, ahora hay algunos que por huir de la vejez se refugian en el espanto.


viernes, 16 de abril de 2010

Una Historia de Miedo


Para los que aún no se convencen de la necesidad de luchar por derechos iguales y de garantizarse protección jurídica antes de que sea demasiado tarde, he aquí una historia que pone los pelos de punta.

Clay y Harold eran una pareja gay que vivía en el Condado de Sonoma en California. Llevaban juntos más de veinte años y todo fue bien hasta que Harold tuvo una mala caída y tuvo que ser hospitalizado. Las autoridades del condado ignoraron completamente a Clay y comenzaron a tratar a Harold como si no tuviera familia. Sin autoridad alguna se incautaron de todos los bienes de la pareja, sin determinar lo que era de cada uno, se quedaron con las cuentas bancarias y subastaron todos los objetos "para pagar las cuentas de hospital de Harold". No contentos con esto, rescindieron el contrato de alquiler de la casa en que vivían y trasladaron a Clay a una residencia de ancianos contra su voluntad.

Harold murió, sin haber podido ver a Clay, tres meses después de su hospitalización, y éste se ha quedado sin nada y con la sola posibilidad de entablar un pleito contra estas terroríficas autoridades para recibir alguna compensación.

Supongo que esto es lo que desean nuestros amigos eclesiásticos y de la ultraderecha que siempre están hablando de los mucho que nos quieren, pero de lo malos que somos y de lo injustamente que pedimos "derechos especiales".

Podéis ver el artículo original en inglés en el vínculo de "Joe my God" a la derecha.



viernes, 5 de febrero de 2010

Viejos y residencias II


En contra de los estereotipos y de las creencias de la mayoría, gays incluidos, es casi inevitable que una buena parte de los individuos LGTB que ahora tienen alrededor de los sesenta termine en alguna clase de dependencia. Las personas que sobrepasan los ochenta, aunque estén en buena salud, son más frágiles y están menos dispuestas a vivir solas y aisladas. Pero dependencia no quiere decir automáticamente RESIDENCIA, siempre que haya otras posibilidades y que la persona se haya preocupado de buscarse las mismas.

Lo primero que se debe pensar es que forzosamente se van a perder muchos de los contactos anteriores: cónyuges y amigos desaparecen, la movilidad disminuye, la curiosidad tiende a embotarse y la paciencia a agotarse. Muchos mayores acaban totalmente solos y, cuando se quieren dar cuenta, es muy difícil salir de esta soledad.
Se debe asumir igualmente que las facultades físicas van a disminuir, por mucho que nos empeñemos en comer bien, hacer ejercicio y no dejar pasar las revisiones médicas de rigor. Habrá cosas que no podremos hacer o que no haremos igual de bien, puede que tengamos que dejar de conducir el coche, de cocinar, de veranear donde solíamos, etc. La mayor longitud de la vida no siempre es gratis y puede venir acompañada de enfermedades crónicas, molestias y discapacidades.

Muchos héteros de nuestra generación aún se creen que sus hijos son la solución y que les echarán una mano y hasta los acogerán si hace falta, pero nosotros no podemos llamarnos a engaño, porque salvo algunas honrosas excepciones sabemos que no podemos esperar nada de nuestras familias, aun en los casos en que nos tratan civilizadamente. Somos nosotros los que tenemos que prepararnos el futuro y eso significa poner ya en práctica un sistema que nos garantice una vida decente en circunstancias menos favorables y durante el mayor tiempo posible.
¿Qué tenemos que planificar entonces? Lo que podríamos llamar la trilogía mágica:

  • Finanzas
  • Vivienda
  • Círculo social y de ayuda

El dinero es fundamental para que todo lo demás funcione. No quiero decir que haya que tener mucho, sino que debemos saber con qué cantidad contamos y donde podemos obtener ayudas externas que suplan lo que nuestros medios no nos permiten. Los mayores de 65 suelen disfrutar de muchos beneficios, pero hay que informarse bien de todos ellos y, a riesgo de resultar pesado, hay que ser insistente y no rendirse ante un primer no a una demanda. Las ayudas a domicilio permiten una gran independencia y una mayor calidad de vida, sin tener que abandonar el domicilio propio.

Puede que si se quiere tener más dinero haya que introducir otros cambios: una vivienda más pequeña puede ser también más barata y la venta de muebles, colecciones y objetos atesorados puede ser un medio de obtener líquido y de librarnos de un capital muerto. La revisión de sistemas de aislamiento, calefacción, refrigeración, etc., es un gasto, pero hay que pensar en el dinero que puede ahorrar a medio y largo plazo. Las cosas no son forzosamente buenas “porque siempre se hayan hecho así”.

Continuaremos en posts sucesivos.

lunes, 18 de enero de 2010

Viejos y residencias I


Varios artículos periodísticos, entrevistas en la radio y algún que otro apunte en televisión han sacado a la palestra la posibilidad de que se hagan residencias especiales para mayores gays. No hay ni que decir que el tratamiento del tema ha sido más que superficial, con el aditamento populista de preguntas a transeuntes sin información alguna que responden lo primero que se les ocurre, a veces en términos irremediablemente homófobos.

En España hay una grave carencia de residencias públicas para mayores, igual que falta una adecuada red de guarderías similares para niños, un hecho mucho más influyente en la bajísima natalidad que otros de índole moral muy publicitados por la iglesia y los medios conservadores.

Los problemas de los mayores y los pequeños están íntimamente relacionados: la sociedad y el estado que la representa apenas han advertido los grandes cambios económicos y sociales que han alterado los viejos esquemas familiares; no hace tantos años que niños y ancianos podían convivir y ser atendidos sin problemas por las mujeres de la familia, que generalmente se quedaban en casa. En las clases medias (que son las que los bienpensantes toman siempre como referencia) se disponía además de servicio doméstico abundante y barato, proporcionado por las mujeres de las clases más humildes, verdaderas esclavas que si tenían familia propia no sabían lo que era el descanso. Hoy la mayor parte de las mujeres trabaja, el servicio doméstico es un lujo y, por si fuera poco, los ancianos viven casi veinte años más que antes, aunque no siempre en buena salud.

Los mayores actuales, es decir los que se encuentran en torno a los sesenta, aún activos y sin grandes problemas, sólo excepcionalmente pueden contar con un futuro de atención familiar. Las expectativas y la paciencia de los jóvenes son muy diferentes de las del pasado, pero también las suyas: están más acostumbrados a la independencia y no siempre están dispuestos a hacer de niñeros o a vivir en el mínimo espacio disponible. Lo normal es que prefieran quedarse en su casa hasta que la salud les obliga a buscar otro lugar, que es cada vez menos el domicilio de un familiar.

Los mayores gays tienen los mismos problemas de los otros, pero a menudo agravados, especialmente porque no suelen tener hijos y el alejamiento de los demás miembros de su familia suele haber sido mayor y más temprano. A eso se añade el pequeño gran detalle de que su orientación sexual suele verse con considerable prejuicio por sus coetáneos, crecidos todavía en el más absoluto oscurantismo, por una parte del personal profesional, nada educado para tratar con ellos, y por instituciones confesionales de las que dependen muchos centros. No es extraño, pues, que no pocos de ellos se vean obligados al entrar en una residencia a hacerlo simultáneamente en el armario.

Los gobiernos central y autonómicos, que aún no se han dado por enterados de las dificultades de los mayores en general, es muy difícil que se preocupen de una minoría gay, privada completamente de glamour y eco mediático por su edad.

jueves, 15 de enero de 2009

El ambiente puede ser peligroso para su salud I

Recuerdo que cuando yo era niño las señoras decentes no entraban en los bares con cortinas al exterior, como era entonces el celebérrimo "Chicote" de Madrid, porque en ellos se trapicheaba y había mujeres de mala fama que podían contagiar a todas las que entraban.

Por razones obvias, los primeros bares gays, medio clandestinos y sujetos a redadas antes de 1978, y los que vinieron después, fueron y son en su mayoría invisibles desde el exterior, lo que no dejaba de tener su morbo cuando eran casi la única institución en la que encontrar y encontrarse en relativa seguridad. Ninguno de los que entraba podía aducir creiblemente que "se había equivocado", mientras que todos los que allí se exhibían con seguridad buscaban algo y eran buscados. Los bares eran, junto a las saunas, "el ambiente" y la peregrinación por los favoritos se convirtió en un ritual, diario para algunos, que ayudaba y fortalecía la identidad, permitía encontrar amigos y parejas, sentirse entre iguales y hasta relajarse.

También desde el principio los bares y sus hermanas las discotecas tuvieron, unos más que otros, muchos problemas: mal alcohol, precios abusivos, aire tóxico, musica mala y/o ensordecedora, horarios absurdos, decoraciones cutres, deficiente seguridad etc.... Pero al final había que aguantarse porque eran lo único que había y por ellos desfilaban todos, altos y bajos, jovenes y viejos, guapos y feos.

El "ambiente" actual es hostil para los gays de cierta edadEn los últimos veinte años, sin embargo, las cosas han cambiado mucho: internet, asociaciones, mayor tolerancia social, el envejeciemiento de toda una generación de gays total o parcialmente fuera del armario y su relevo por nuevas generaciones de jóvenes mucho más desinhibidos han transformado el ambiente hasta hacerlo mucho más grande y variado, pero también menos acogedor y bastante menos recomendable, especialmente para los viejos.

Hoy hay decenas de bares, discotecas, pubs y tiendas, todos altamente especializados en una determinada clientela, generalmente joven o muy joven, pero apenas cumplen la antigua función identitaria en una sociedad más abierta y aún menos la de búsqueda de pareja, actividad arrebatada casi en su totalidad por internet (o por las saunas) y no limitada al ambiente. Son ciertamente lugares de encuentro, pero de determinados grupos que acuden a ellos más como tribu urbana (los "osos" por ejemplo) que porque les haga realmente falta acudir allí. Los bares y discotecas son hoy día pasarelas de modelos profesionales, semiprofesionales y aficionados; los primeros se venden, los segundos se alquilan y los terceros desfilan para colocarse con las miradas de admiración. La impersonalidad se ha impuesto sobre la antigua familiaridad y las personas de edad son en la gran mayoría de ellos objetos invisibles, cuando no claramente molestos e indeseados.

¿Por qué ir a un lugar generalmente feo, caro, impregnado de humo, ruidoso, sin lugar donde sentarse y en el que la única actividad es sostener un vaso apoyado en una esquina?

De eso hablaremos en el próximo post

miércoles, 24 de octubre de 2007

Edadismo y Realismo


Ageism" es una palabra inglesa que significa discriminar por causa de edad. Supongo que en español se podría adaptar como "edadismo", de modo similar a "sexismo". No suena muy bien, pero a todo se acostumbra uno y es un concepto importante.

En nuestra sociedad hay cada vez más gente mayor y menos jóvenes, pero paradójicamente nunca se ha hecho tanto énfasis en la juventud y en sus características reales o supuestas. Parece que una persona mayor de 45 es inempleable, indeseable, una carga social, a pesar de que la vida media se alarga con una mejor salud.

El "ambiente" discrimina a los mayores. Lo mejor es huir de donde se discriminaEn el entorno gay la discriminación se recrudece aún más porque el "ambiente" está orientado casi exclusivamente al sexo, los ligues y la apariencia externa. Si se hace caso de lo que se oye y se ve, parecería que uno sólo puede ser gay de los 17 a los 27, porque a partir de ese momento, a no ser que se pertenezca a la tribu de los osos, donde se puede llegar a los 37, uno debería retirarse, desaparecer o convertirse en heterosexual.

Esto es evidentemente una de las muchas aberraciones del "ambiente", que aumenta y exagera los prejuicios que tienen algunas personas y que la publicidad y los medios elevan al paroxismo.

Es simplemente falso que a todos les gusten los jovencitos lampiños e imberbes; es una idiotez que lleva a la frustración la idea de que todos los que lo deseen pueden obtener cuerpos perfectos, por mucho gimnasio que se frecuente, y es irresponsable presentar el "estilo de vida" homosexual como una sucesión de fiestas hasta altas horas de la noche, consumo de marcas, consumo de sexo y cultivo de una belleza convencional y forzosamente efímera.

La represión y la falta de modelos han llevado a muchos gays a confundir publicidad con realidad, les ha alejado del afecto y les ha hecho creer en un sueño de juventud eterna, del que despiertan para adentrarse en la pesadilla.

Los gays "viejos" harán bien en cortar su dependencia del "ambiente" si la tienen, reflexionar sobre lo que verdaderamente constituye su felicidad y darse cuenta de que el afecto, el amor, la amistad y la salud son mucho más importantes a la larga y ciertamente menos conducentes a la frustración y la depresión.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Adelanto y atraso


España tiene sin duda una de las legislaciones más avanzadas del mundo en cuanto al reconocimiento e igualación legal de todas las personas LGTB. La reforma del código civil para permitir el matrimonio de personas del mismo sexo con todos los derechos y la ley de identidad de género que permite a los transexuales el cambio de todos los documentos legales, sin que haya sido necesaria la cirugía, son los dos instrumentos más importantes que permiten a todos los ciudadanos, sin distinción de orientación sexual, el ejercicio de sus derechos. Esto es, desde luego, motivo de satisfacción para nuestro colectivo y de legítimo orgullo como españoles.

El peor atraso es el de las personas LGTB que van contra sí mismasSin embargo, no debemos engañarnos respecto a la pervivencia en el seno de nuestra sociedad de mucha desinformación, arraigados prejuicios y minorías homófobas a veces muy influyentes. La jerarquía católica y otros grupos religiosos se siguen tomando estas leyes como insulto personal, como si con ellos se los persiguiera directamente. Hay muchos indicios que muestran que en las fuerzas armadas en general hay aún muchos individuos que siguen practicando el más rancio machismo, pero no sólo en ellas, sino en clubs de fútbol, oficinas, talleres, fábricas y un sinfín de otros lugares. Todo esto es de esperar, puesto que la ley no puede cambiar actitudes muy enraizadas que han gozado del beneplácito social durante mucho tiempo. La situación actual es en parte un regalo que ha hecho el gobierno y sólo en parte también una conquista de la sociedad civil y las organizaciones LGTB.

El atraso peor, sin embargo, es el de muchos gays y lesbianas, especialmente de cierta edad, que aún tienen problemas de aceptación y hasta se pronuncian públicamente en contra de algo que les favorece. También resulta comprensible porque hasta hace muy poco tenían el hábito del secreto y la vergüenza y su práctica sexual no estaba reñida con la hipocresía. Algunos, asustados, todavía creen que se les tolera mejor si son discretos, otros que su identidad reposa sobre un tipo determinado de hedonismo, reñido con el "aburguesamiento" que supone la pareja o el matrimonio. Unos puede que se eduquen con el tiempo, otros no tienen remedio y lo mejor es ignorarlos.

sábado, 26 de mayo de 2007

Amor y Apariencia


Nadie puede vivir siempre sin amor o, al menos, la ilusión de tenerlo, pero no siempre es clara la diferencia entre amor y deseo; yo diría que en la juventud, entre las hormonas y la falta de experiencia, se cometen muchos errores de idealización de este género. El amor de verdad no puede surgir del flechazo, de unas cuantas entrevistas o de unas pocas relaciones sexuales, sino de la frecuentación y la compenetración física y mental.

No se puede decir que se busca amor cuando sólo se quiere satisfacer un morboEs normal que la primera atracción hacia alguien se produzca por la apariencia externa y, como sobre gustos no hay nada escrito, pueden atraer personas muy diferentes en aspecto, edad y actitud. Sin embargo, condicionar la aparición del amor al hallazgo del tipo humano cuasi perfectamente coincidente con algún morbo particular supone ponerse de antemano grandes dificultades, especialmente si lo que gusta es el tipo joven, atlético y de belleza de modelo de Armani.

Hay bastantes gays incapaces de tener pareja duradera a lo largo de su vida porque los efebos que les hacen caso tienen la mala costumbre de envejecer, o porque la perfección externa oculta un interior insatisfactorio. Con la edad, la dificultad se convierte en práctica imposibilidad.

Si estas personas no pueden verdaderamente renunciar a su morbo en estado puro, es mejor que se resignen al sexo ocasional y/o mercenario, pero que no esperen milagros de amor, aunque en realidad yo no creo que estas personas tan extremadamente condicionadas por sus gustos verdaderamente lo esperen. Hay muchos héteros de todas las edades, solteros, casados, divorciados y viudos que sólo salen y que hasta se casan con jovencitas que podrían ser sus hijas y nietas, con resultados generalmente catastróficos en lo económico y en lo sentimental, en los casos en que el maduro espera sinceridad afectiva.

El amor debe tener un objeto, pero hay muchos que buscan sólo objetos.

jueves, 24 de mayo de 2007

Hombres solos


Muchos hombres maduros españoles han tenido y tienen ciertos problemas para darse cuenta de si la vida que hacen es la que les conviene o la que les han dictado las circunstancias.

Los que crecieron y vivieron en una sociedad como la española de hace 30 años se enfrentaron a un machismo y una homofobia no muy diferentes de los que tenían que padecerse en otros países, pero en España se daban dos agravantes: un ambiente autoritario que sólo gradualmente se fue relajando y una familia de tipo mediterráneo, es decir, protectora, amante y cálida, pero también absorbente, autoritaria y pronta al chantaje emocional. Por razones económicas y culturales no era tan fácil independizarse de la familia para un gay en la España de 1980 como en Francia o los Estados Unidos.

Hay solterías impuestas por la sociedad y los prejuiciosLa consecuencia era que, mientras la familia y la sociedad en general podían ser muy tolerantes con un "soltero" que salía a "divertirse" y podían hacer como que no veían (aunque generalmente lo veían muy bien), eran muy intolerantes con un homosexual que se enamoraba de otro y con el que pretendía poner casa. Parientes y vecinos podían ejercer una presión psicológica insoportable para muchos.

No es tan raro, pues, que para muchos gays de edad haya sido normal el ligue o relaciónes más o menos duraderas, pero siempre a distancia, sin convivencia y sin estímulos para hacerlas durar. Más bien lo contrario. Por eso hay también no pocos que están convencidos de que el estilo de vida gay excluye las relaciones de pareja, por no hablar del matrimonio y adornan su actitud con un perfume bohemio y transgresor, alejado de los "convencionalismos del matrimonio burgués".

Dado que en todo el resto de sus vidas estas personas son tan convencionales o más que los demás, es lícito dudar de semejante convicción, especialmente cuando más allá de los 50 se encuentran solos, no siempre felices y con muchas dificultades para encontrar parejas ocasionales que no sean de pago. Todos hemos visto figuras patéticas que buscan lo imposible en los lugares de ambiente y conocemos amigos deprimidos que no saben en qué punto se les acabó la cuerda.

La soltería permanente es una opción tan buena como todas las demás, siempre que sea de verdad libremente elegida y que se sea consciente de sus posibles problemas, pero esto no ha sido siempre así para los gays de cierta edad y.... Aunque les resulte increíble, hay soluciones para ello, siempre que reconozcan que están solos por obligación y autoengaño y no por gusto.

De las posibles soluciones hablaremos en otros posts.