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miércoles, 21 de noviembre de 2018

EDADISMO ESTÚPIDO

La obsesión de muchos políticos españoles de todos los partidos, jaleados por una tanda de periodistas y tertulianos más o menos irresponsables o ignorantes, es la de dar toda clase de ventajas a la juventud en abstracto, voceando e inflando constantemente las altas cifras de paro juvenil y propugnado toda clase de medidas, incentivos y desgravaciones fiscales para que los jóvenes encuentren empleo, pero sin analizar las causas profundas de un paro estructural, siempre elevado, que se agudiza en tiempos de crisis y que tenderá a hacerse peor en el futuro super-técnico que se avecina.
Esta obsesión subraya un problema olvidando otro: el de las muchas personas mayores de 45 años que han perdido un empleo y que no son de fácil colocación, pero para las que no se dan facilidades ni incentivos de ninguna clase y que parecen no existir para los “preocupados” comentaristas y gurús que se rasgan las vestiduras. Es como si ya hubieran tenido su oportunidad y la hubieran perdido, sin que a nadie le importen las consecuencias.
Las causas del desempleo en España y concretamente del juvenil son complejas, pero uno de sus principales factores es la deficiente formación, con lo que no quiero decir hoy día analfabetismo absoluto, pero sí algo que se le aproxima en el casi 30% de alumnos que no terminan la ESO y que son los más castigados por el paro. Junto a ellos hay un número considerable de otros chicos que estudiaron más, pero cuyas habilidades no tienen simplemente demanda; muchos sociólogos, historiadores o licenciados en políticas han salido de las múltiples universidades creadas en todas las ciudades de alguna importancia, para encontrarse que su salida son unas reñidas oposiciones a escasos puestos administrativos o trabajar de cualquier otra cosa.
Hay que decir que estos licenciados tienen, sin embargo, la oportunidad de estudiar más y seguir formándose para adaptarse a otros puestos y que muchos lo hacen, mientras que los que se aproximan al analfabetismo no la tienen por falta de ambición y costumbre.
La emigración es otra posibilidad, pero la posibilidad de hacerlo es más reducida de lo que la gente piensa, despistado el público nuevamente por las grandes proclamas y los siniestros titulares de periódicos. Hoy día, la emigración tipo años 60 de trabajadores españoles a fábricas del extranjero es prácticamente nula, porque no hay demanda, excepto de personal para restaurantes en algunos países; hay alguna demanda de personal sanitario bien formado, y mucha demanda de ingenieros y técnicos, pero estas dos categorías tienen también mucha más posibilidad de encontrar trabajo en España y las anécdotas que se cuentan de desempleo entre sus filas suelen ser de casos individuales o están bastante exageradas en cuanto al número.
El paro juvenil resistente es sobre todo el de los chicos mal formados o con una formación desajustada a la demanda en un mundo cada vez más técnico, en el que los sectores que necesitan mucha mano de obra necesitan cada vez menos.
Las soluciones no son ni fáciles ni a corto plazo, pero tienen mucho que ver con tomarse en serio la educación y formación práctica de todos, incluyendo los más desfavorecidos, y no discutir sobre el sexo de los ángeles y la religión en la escuela, por ejemplo.
¿Y los mayores? porque en ellos no se piensa, cuando muchos tienen experiencia acumulada y también son capaces de aprender…¿o se cree que a partir de los 45 años se tienen obstáculos insalvables? La formación continua es una de las condiciones del mundo presente y muchos mayores pueden aprender, menos impedidos por hormonas y calores juveniles, lo que se les quiera enseñar.
En vez de esto se plantean estupideces como la “jubilación obligatoria” a toda costa y a una edad fija, como si la salida del trabajo de unos fuera a dejar la puerta abierta a otros, lo que no tiene porqué ser así en ningún caso, además de privar a la empresa u organismo de personas con conocimientos y experiencia y cargar aún más los gastos de pensiones que más pronto que tarde van a ser impagables, porque ¡ay! Resulta que cada vez hay más personas mayores y menos jóvenes, y la solución no es fomentar familias numerosas en un mundo superpoblado, sino plantearse seriamente nuevos equilibrios socioeconómicos.
Mientras tanto dar gritos, mesarse los cabellos y hacer juvenil-populismo ni arregla problemas ni posiblemente da votos, porque los mayores también votan más.

domingo, 2 de septiembre de 2018

PURITANISMOS INÚTILES

Hay temas que molestan mucho a una cierta progresía autoritaria con tendencias puritanas selectivas y que, por tanto, o no se discuten o se discuten mal porque se parte de bases viciadas. En estos momentos son especialmente dos: la prostitución y la gestación subrogada. Las dos tienen una fuerte carga emocional y las dos afectan a un cierto tipo de feminismo que prefiere la utopía a la realidad.
El que se haya formado un sindicato de trabajadoras y trabajadores del sexo en Barcelona, que haya sido aprobado por la administración y que esto haya hecho sonar las alarmas de la misma administración y de la ministra del ramo, cuando se dieron cuenta de lo que habían aprobado, ha traído a primer plano una discusión que generalmente se rehuye y ha dejado claras las posiciones de unos y de otros.
Se trata esencialmente de proteger a una profesión generalmente desprotegida y abandonada a su suerte en el limbo administrativo de algo que no está ni prohibido ni legalizado, pero eso ha despertado la furia de una especie de feministas que sólo ven la prostitución como explotación (e insulto) y que piden su completa erradicación.
Vayan por delante dos postulados: la prostitución se presta a la explotación y trata de mujeres, de eso no hay duda… Pero, la prostitución es imposible de erradicar, de eso tampoco hay duda. Una prohibición absoluta con persecución de profesionales, clientes e intermediarios tendría como resultado el mismo juego del raton y el gato que sigue pasando con las drogas ilegales, que se consumen a toneladas, llenan las cárceles de los desgraciados que tratan con ellas en el último escalón y suponen un pingüe negocio para mafias diversas y corruptos varios.
Los amigos de la prohibición o prohibiciones nunca aprenden la lección de la Ley Seca de los Estados Unidos, que duró de 1920 a 1933. y causó uno de los más grandes florecimientos del crimen organizado de la historia, sin resolver el problema del alcoholismo que había sido su pretexto. Los prohibicionistas prefieren ignorar siempre una realidad aplastante: si hay demanda habrá oferta.
Los prohibicionistas aducen que la regulación, allí donde se ha hecho, no acaba con la explotación, y seguramente tienen razón, pero si la regulación sirve para disminuirla y permite a muchas mujeres y algunos hombres ganarse la vida y tener una cierta seguridad es sin duda mejor que la prohibición.
Muchas personas no son conscientes que en estos temas, en los que se mezclan problemas morales, emocionales y sociales, hay más visceralismo y menos racionalidad de lo que parece. Algunos y algunas aplican un puritanismo selectivo a lo que les parece una humillación sin límites de los que prestan el servicio y un delito de los seres  que ellos y ellas consideran repugnantes que lo demandan, con lo que hacen lo que todos los puritanos, despreciar en el fondo a Tirios y Troyanos y sentirse superiores por estar radicalmente en contra de algo a lo que tildan de mal absoluto.
Que la regulación de algo como la prostitución es complicada no me cabe duda, como tampoco de que será siempre imperfecta, pero si es tan imposible de erradicar como el gusto por el alcohol, haremos bien en tratar el asunto sin prejuicios y con la idea clara de que si ayudamos al 50%, ya estaremos haciendo algo mejor que crear una nueva Ley Seca del sexo, que sin duda fracasará como todas las que han sido y serán.

lunes, 27 de agosto de 2018

LLÉVENLOS AL PSIQUIATRA

Cuando uno está avergonzado, a veces no se sabe qué decir, de modo que se balbucean excusas mezcladas con lo primero que a uno se le ocurre distraer la atención de algún modo, pero a menudo se dicen tonterías no demasiado meditadas, llevado por el apuro de estar expuesto a la vergüenza.
Supongo que eso es lo que le ha pasado al Papa Francisco, después de la humillación sufrida en Irlanda, país antes tan católico y ahora tan crítico con el catolicismo romano, especialmente después del nuevo escándalo de Pennsylvania, porque no de otra forma se puede entender que haya recomendado a los padres que, si tienen hijos pequeños y detectan tendencias homosexuales, “harían bien en llevarlos al psiquiatra”.
Soy de los que cree que Francisco tiene sólo otra actitud más respetuosa con la diferencia, pero no un deseo auténtico de reformar teología y dogmas, que siguen siendo los mismos e impidiendo cualquier evolución positiva de su Iglesia, pero una tal recomendación no deja de ser un claro paso atrás incluso en la actitud, porque si considera que la homosexualidad es una enfermedad, va en contra de todo el consenso científico actual y, si lo que pretende es aconsejar alguna clase de “terapia de conversión”, esta proponiendo algo claramente inútil y nocivo.
Creo que es más lo primero que lo segundo, pero esto sólo demuestra la imposibilidad que tiene la Iglesia Romana de aceptar el sexo en general como algo positivo, con las consecuencias que se derivan para su esquizofrénico código moral, cada vez más separado de la sociedad, el conocimiento y el mero sentido común.
¿Quién debería ir al psiquiatra? No creo que los niños pequeños todavía inocentes, aunque tengan una orientación no concorde con el dogma oficial, pero sí muchos de los clérigos y jerarcas que siguen propalando doctrinas morales que sólo culpabilizan, excluyen y condenan por seguir los instintos más naturales, negando a sus víctimas la capacidad de amar y ser amados y condenando a sus ministros a la neurosis por privación, cuando no a la pedofilia por desesperación.
Entre moral imposible y machismo arraigado, la Iglesia Romana se queda hoy sin sacerdotes, sin fieles y sin prestigio en una decadencia imparable en sus antiguos territorios de base. Esto no siempre es bueno, como se ve por la conquista de América Latina por evángelicos fanáticos, pero podría revertirse en parte si se suprimiera el absurdo celibato y se abriera el camino a las mujeres en el sacerdocio.
También, y aunque suene a herejía, si se reconociera que el amor entre personas del mismo sexo no es “desordenado”, puede ser moral y va de acuerdo con la naturaleza, como demuestran la ciencia y el sentido común. Pero para esto lo primero es desmontar el castillo de prejuicios que convierten el placer físico en algo malo, menos cuando es reproductivo, negando la verdadera naturaleza humana, que no se hace mejor ni más elevada por la privación constante y absoluta, sino por la administración consecuente de lo que es un regalo más de la naturaleza (¿Dios?).

domingo, 1 de julio de 2018

A VUELTAS CON EL ORGULLO

Todos los años al llegar estas fechas se levantan los mismos fantasmas, en una celebración que se ha hecho tan grande que da lugar a facciones y divisiones, lo que no es indicio de debilidad sino de la importancia alcanzada.
Recuerdo haber desfilado hace cuarenta años en la primera manifestación en Madrid en pro de los derechos LGTB+ por la Avenida de Menéndez Pelayo, un lugar decidido entonces por las autoridades que ni se imaginaban que pudiera pasar por algún sitio más céntrico. Éramos muchos para la época, pero teníamos miedo, tanto de posibles ataques de la ultraderecha, como de ser fotografiados y demasiado visibles cuando aún podíamos recibir represalias en nuestros trabajos.
También, aunque a muchos les cueste reconocerlo, los partidos políticos de entonces no lo tenían tan claro. Por supuesto que AP, madre del PP, lo tenía clarísimo en contra, pero en la izquierda del PCE o del PSP o del PSOE tampoco había unanimidad a favor; Tierno Galván, por ejemplo, era bien homófobo, y los derechos LGTB+ no despertaban excesiva simpatía en una izquierda aún impregnada de la idea de que se podía hasta tratar de un “vicio burgués”, porque, por supuesto, en una sociedad justa y perfecta no debería haber “desvíos”. Pasarían todavía algunos años hasta que se estableciera un mayor respeto y se difundieran ideas más ilustradas.
Cuarenta años más tarde vivimos realmente en otro mundo: la batalla cultural está ganada, aunque siga habiendo resistencias eclesiásticas y ultraconservadoras, pero biología, psicología y sociología han dejado claro que las minorías sexuales son un hecho, que lo han sido siempre y que no tienen nada que ver con vicios, maldades o conspiraciones. Las leyes han evolucionado para adaptarse a las diferencias y el armario es una elección, no una necesidad. La igualdad real es otra cosa, sin embargo, pero se van consiguiendo triunfos paso a paso y hay que ser optimista al respecto.
Que el orgullo se haya convertido en una celebración masiva, sin duda la más importante de todo el año en Madrid, por ejemplo, es otro indicio de la aceptación de la sociedad, de la laicización de la misma y de la  creatividad y simpatía de nuestro colectivo, pero parece ser que esto es algo que molesta a algunos, en ciertos casos porque se quieren celebrar orgullos pequeños en los barrios y en otros porque desde una óptica estrecha se ve como “comercial” o “típico de la clase alta y media”.
Sinceramente no comprendo que la comercialización sea un problema si ayuda a la normalización y aceptación generales, y aún comprendo menos que se hable de clases sociales cuando nadie es discriminado ni como participante ni como espectador. Me parece más bien que estamos ante la típica reacción anti, en este caso anti-sistema, porque desde ciertos puntos de vista tirando a los extremos, hay que ser anticapitalista, anti-establisment, y un poco anti todo, como si el éxito en sí mismo fuera sospechoso.
En un país libre pueden coexistir orgullos críticos, de barrio y masivos, afortunadamente, pero que nadie piense que existe una ortodoxia a imponer, que hay que acabar con la celebración fiestera e imponer una bien austera, seria y procesional, el orgullo es también alegría y fiesta y eso debe seguir siendo.

domingo, 17 de junio de 2018

FALSOS AMIGOS

Al aprender idiomas los profesores siempre avisan sobre la importancia de distinguir a los falsos amigos, es decir a palabras que pueden sonar igual o provenir de la misma raíz, pero que han adquirido significados diferentes y con las que hay que tener cuidado al hablar. Lo mismo sucede en la vida y la sociedad con personas a las que todo debería hacer afines a nosotros, pero que resultan ser lo contrario de lo que se supone en teoría: adversarios, indiferentes o claramente enemigos.
Ya me he referido en estas entregas al “síndrome Lagerfeld”, es decir a la actitud de ciertas personas LGTB a despreciar a otros congéneres por pobres, militantes o no de su gusto, además de aliarse con el bando contrario a los derechos LGTB, que ellos interpretan más bien como privilegio propio y no generalizable. Podríamos seguir definiendo muchos más síndromes patológicos identificables en una gran variedad de individuos egoistas, insolidarios, reprimidos o permanentemente asustados, pero haría falta un grueso volumen para semejante taxonomía.
Sin llamarlo síndrome, hay una tendencia en las personas de edad, es decir, las que nacieron hasta los años 60 aproximadamente, a reaccionar en contra de personas, situaciones o derechos que les parecen mal por un sinnúmero de confusas razones aparentes, pero en realidad por una única causa: la visibilidad y, peor aún, cuando a la visibilidad acompaña la normalización, es decir, una cierta asimilación a la mayoría.
Pudo comprobarse esto cuando se reclamaba el matrimonio igualitario y se atacaba este tanto desde ingenuas posiciones revolucionarias utópicas como retrógrado, burgués, “copia de los heterosexuales”, etc., como desde el más viejo conservadurismo que solo veía posible una familia modelo de papá, mamá, parejita de niños y perro. A estas posturas se sumaba una con apariencia de modernidad, pero realmente  muy antigua, la de los gais que separaban su vida claramente en dos mitades: la sexual y la otra.
Estos individuos no se distinguían de la mayoría durante el día, no hablaban de su “vida privada”, odiaban la pluma y criticaban los desfiles del orgullo, mientras que por la noche frecuentaban clubs de alterne gay, compraban sexo y hasta se permitían una cierta confraternización con otros gais. Puede que por genética, pero más probablemente por homofobia interiorizada, la sola idea del amor entre dos hombres (no tanto entre dos mujeres) les parecía ridícula a la luz de su machismo. De aquí la “risa” que le entraba al Sr. Alvaro Pombo, por ejemplo, al oír hablar de matrimonio igualitario.
Hay pioneros gais del pasado, como André Gide, que tenían una actitud similar, pero a ellos hay que comprenderlos en su época, mientras que a los actuales no se les debe excusar las bombas de profundidad que a veces lanzan contra los derechos LGTB, más peligrosas por ser ellos mismos parte de la minoría. Es mejor que permanezcan callados y recogidos en su particular doble vida, en su negación del amor y en su particular fantasía: que a ellos los respetan más por más afines a la gente “respetable”, ignorando voluntariamente que esto está solo en su imaginación porque, a pesar del odio, la valentía siempre impresiona más que la vergüenza.

miércoles, 28 de marzo de 2018

LA EDAD NO ES UNA ENFERMEDAD

A estas alturas, y cuando tanto se ha luchado por suprimir discriminaciones diversas, resulta sorprendente que aún permanezcan en disposiciones legales o meramente administrativas un sinnúmero de normas que plantan obstáculos impasables por motivos de edad. Puede ser un límite arbitrario para presentarse a oposiciones, la obligatoriedad de jubilarse (sin júbilo) en cuanto se cumplen unos años, la exclusión de determinados tratamientos por vejez, etc. Nunca se criticará bastante esta peculiar ceguera legal y administrativa que introduce una rigidez más en una sociedad no exenta de ellas, una dificultad más que contribuye no poco a la infelicidad colectiva.
Estas medidas pueden haber sido pensadas en su momento bien para proteger intereses corporativos, bien porque en tiempos de mucha menor expectativa de vida y peor salud general se vieran como favorables, pero hoy resultan simplemente discriminatorias sin grandes razones que las justifiquen.
Resulta que mientras la vida y la salud se alargan de forma espectacular, la edad parece ser tratada como una enfermedad indeseable e incurable. Esto no deja de ser una absurda contradicción, cuando se dice al mismo tiempo que la demografía pone en peligro los sistemas tradicionales de pensiones y que no es justo cargar sobre las espaldas de los jóvenes el mantenimiento de jubilados que pueden durar hasta cuatro décadas.
También se suele traer a colación el elevado paro juvenil como excusa para obligar a los mayores a dejar su trabajo, sin consideración por la pensión que puedan alcanzar, pero estamos, de nuevo, ante otra falacia. El paro juvenil es más elevado de lo que debiera, pero no se debe en absoluto a los puestos que ocupan los obligados a retirarse. En estos momentos obedece a una serie de causas concomitantes: escasa formación de una parte importante de la juventud en medio de un cambio total de paradigma que exige buena educación técnica, desempleo estructural en países como España, por falta de puestos de trabajo de baja cualificación e intermedios, sobreabundancia de titulados en ciertas carreras que nunca encontrarán trabajo en su especialidad etc. 
No se trata, como dicen algunos, de una ruptura del pacto social entre generaciones, sino de una considerable transformación de los medios de producción, anticuados sistemas educativos y la readaptación social a las aceleradas transformaciones de la economía. Cierto que nada de esto tiene una fácil solución, pero pretender arreglarlo creando más jubilados es como intentar tapar una vía de agua con una rejilla, es decir, de modo absurdo.
Podría empezarse por eliminar la jubilación obligatoria, por ejemplo, pero habría que continuar eliminando todos los obstáculos artificiales a oposiciones y en general haciendo que la edad no sea una condición oficial para nada, como no lo es el sexo, la raza o cualquier otra característica. Sabemos que habrá personas y entidades que intentarán seguir discriminando por estas causas, pero lo peor es cuando pueden hacerlo legalmente como ahora.
La edad no es enfermedad, es sólo una característica más y en la mayor parte de los casos positiva, no negativa. 

lunes, 3 de julio de 2017

INTOLERANCIAS

Siempre me sorprende la estrechez de miras de muchos que se consideran luchadores por la libertad o víctimas de la opresión, pero que sólo desean que ellos o “los suyos” impongan su dominio sobre “los otros”, los que se consideran “enemigos” con razón o sin ella, es decir, más bien sin razón, porque en los países con niveles razonables de libertad y seguridad no hay, no puede haber verdaderos “enemigos” a los que destruir, sino adversarios a los que vencer con razones o en las urnas, no con insultos, descalificaciones y prohibiciones.
Viene esto a cuento porque me he enterado con retraso que hubo gente, gentecilla, que estaba en contra de que la cantante Alaska, icono gay desde hace mucho, participara en la lectura del pregón del Orgullo Mundial porque “es amiga de gente del PP” y había partcipado en programas de la emisora de radio de un destacado derechista.
Esta clase de boicot puritano-fundamentalista es propio de fanáticos seguidores de la “línea del partido”, de esos que se autodenominan de izquierdas, cuando son simplemente autoritarios con deseos de imponer su ideario sin tener en cuenta el de los demás. ¿Es imposible tener amigos del PP? Uno puede no coincidir con las ideas, actitudes o conductas de ese partido, pero no excluir a los que votan o militan en él como si fueran apestados, porque también son seres humanos y hasta nos aprecian como amigos. Disentir y criticar no es odiar ni excluir, que de eso los diversos sabemos mucho.
Igualmente me llega la noticia de que durante el desfile del Orgullo al paso por el Paseo de Recoletos hubo gente que silbó y gritó contra la carroza de Ciudadanos, para a continuación jalear y dar vivas a la carroza de Podemos… ¿Es eso lógico? Ciudadanos ha dado muestras de defender los derechos LGTB+ en numerosas ocasiones y, de acuerdo con eso, da igual que estemos de acuerdo o no con su programa político, porque si están en la manifestación por los derechos de todos tenemos que agradecérselo; no tenemos porqué aplaudirlos, pero tampoco silbarlos ¿o es que sólo hay un partido posible para diversos?
Esto, como la tonta polémica sobre si se invitaba o no al PP, aunque este partido hubiera dejado claro que ya no se opondría a la ley nacional anti-discriminación o que su presidenta regional suscribía todas las condiciones de las asociaciones LGTB+, demuestra que en muchas personas todavía hay una intolerancia básica contra todas las opiniones contrarias, como si pertenecer a una tendencia o partido fuera como ser miembro de una iglesia con artículos de fe y los demás fueran herejes. Peor aún, no se reconoce que personas y partidos pueden rectificar y reconocer que se han equivocado, que sea de grado o por fuerza da igual porque, queridos míos, el 100% de la población nunca jamás va a estar de nuestra parte, es decir, del partido o tendencia al que nos afiliamos o con el que nos identificamos, siempre va a haber mucha gente que no piense como nosotros, y la democracia supone el acatamiento de las decisiones de la mayoría, pero también el respeto de las minorías.
Lo contrario es imposición, dictadura (aunque se llame del proletariado) y finalmente y sobre todo mala educación. Ninguna de estas cosas hará un mundo más feliz o más justo.

jueves, 26 de enero de 2017

CRUELDAD

A estas alturas no debería asombrarme, pero por muchos años que cumpla siempre me quedo de piedra ante la crueldad gratuita que derrochan ciertos seres. Puede ser contra animales indefensos (todos los son ante el hombre) contra adolescentes en la escuela, contra discapacitados que no tienen culpa de serlo, contra el propio cónyuge, a quien luego se dice querer, y hasta contra los muertos y sus seres queridos, porque a veces las palabras son mucho más dañinas que los golpes y se lanzan con saña para entristecer aún más al que ya sufre.
La crueldad ha encontrado un nuevo hueco en las redes sociales, en las que se pueden dar gritos, insultar y maldecir sin dar la cara, escondiéndose tras seudónimos en una dirección de internet. Aquí encuentran ahora su lugar los que también están dispuestos a tirar piedras y formar parte de multitudes linchadoras de toros o de personas, que al linchador le da igual, sólo precisa de una percha de golpes para su ciega rabia.
La ola de burradas cuyo objeto ha sido la familia Bosé, tras la muerte de la espléndida Bimba, es el último ejemplo de esta mezquindad malvada que a veces ¡oh Dios! se escuda en una supuesta “moral” que va contra la ética más elemental. El cruel disfruta haciendo daño, se complace en su sadismo, pero tiene la necesidad de encontrarle justificaciones religiosas, políticas o sociales, cuando la crueldad nunca es ni justa ni justificable.
Los que lanzan denuestos en las redes suelen ser personas frustradas, envidiosas y resentidas, no sabemos porqué en cada caso, ni tampoco nos debe importar, porque sus problemas, si los tienen, no se solucionan con insultos ni con el daño que hacen a otros y, si han sufrido injusticias las están cometiendo ellos al comportarse cruelmente.
El cruel muestra con su comportamiento su auténtica fealdad, la supuración interior que le corroe y no le deja vivir feliz, porque no puede ser feliz el que pierde su energía en el daño ajeno. El odio que sienten está fundado en la conciencia de su propia miseria ante la belleza, la inteligencia, la bondad o la luz que emiten otros y, cuando la crueldad se ejerce contra personas corrientes, irrelevantes o incluso no muy recomendables, estamos ante cobardes que se crecen por una vez en su triste falta de autoestima.
Los tuits crueles califican al que los envía, con independencia de a quien van dirigidos.

viernes, 20 de enero de 2017

ESQUIZOFRENIA

Hay personas, especialmente personas públicas, que no deberían abrir la boca para no hacer el ridículo, pero callarse es muy difícil y, por otra parte, sirve para que finalmente no nos den gato por liebre y sepamos cómo piensan realmente, o cómo no piensan, ya que muchas opiniones de figuras mediáticas demuestran vacío mental, ignorancia supina o neurosis en diferentes grados.
No quiero hablar aquí del ya presidente Trump, ejemplo insigne de todo lo anterior, sino de Stefano Gabbana, mitad de la famosa marca con su ex-amante Dolce, diseñadores ambos de prendas carísimas para profesionales del lucimiento de etiquetas y aficionados también ambos a los jóvenes y bellos modelos que lucen las masculinas.
Parece ser que ante las espantadas de modistos varios, enfrentados a la horrible perspectiva de vestir a la señora presidenta, esposa del hortera Trump, el señor Gabbana dijo que él la vestiría con mucho gusto, lo que levantó ciertas susceptibilidades en algún individuo con conciencia política que se apresuró a afear al diseñador exquisito su falta de compañerismo y empatía con sus congéneres homosexuales al fraternizar con una pareja tan claramente homófoba, y es aquí donde el señor Gabbana dijo lo que pensaba:
-¡No me gusta que me llamen gay!… ¡Yo soy un hombre!
Si hubiera dicho que lo hacía por dinero, fama o simplemente porque es su negocio, nadie se hubiera fijado mucho en algo tan normal, aunque algunos hubiéramos torcido un poco el gesto, pero la brillante frase pronunciada nos indica hasta qué punto el señor Gabbana está necesitado de tratamiento y reeducación.
Efectivamente es un hombre, nadie lo duda, y justo por eso es gay, porque le gustan otros hombres (o chicos) como él. Si fuera mujer o heterosexual nadie lo llamaría gay, pero este sujeto pertenece a esa clase de mariquitas esquizofrénicas que se indignan cuando las etiquetan tan correctamente como él hace con sus prendas: ¡gay yo! ¡De ninguna manera, a mi sólo me gustan los hombres!
Tal vez quiera decir, como el también exquisito Lagerfeld, que a él no se le puede comparar con los gais del montón, porque él habita en el Olimpo de los millonarios, pero ¡ay! la etiqueta de gay, como la de ser humano, es aplicable a toda la especie y, además, llueve sobre mojado, puesto que conjuntamente con su socio estuvo de acuerdo no hace mucho en que los gais no deben adoptar niños, ya que crecer sin los espaguetis de una mamma como es debido y un padre bien macho es seguro de infelicidad.
El señor Gabbana es escasamente original por arcaico, al repetir el viejo esquema hipócrita aún tan vigente en Italia y tan del gusto de los conservadores en todas partes: "la homosexualidad existe ¡ay qué desgracia!… pero hagamos como si no existiera, no hablemos de ella, no la nombremos…. porque en realidad nadie es homosexual, sólo hay personas con gustos peculiares que se practican en secreto ¿que esto causa infelicidad y problemas?… Sí, pero sólo a los pobres, los ricos y famosos tienen valedores y dinero y, más importante aún, no pueden ser etiquetados."

sábado, 26 de noviembre de 2016

EDAD Y PREJUICIOS

En una ocasión reciente alguien me dijo: “no sé cómo se puede llegar a los 60, la sola idea me resulta incomprensible, porque ¿qué se puede hacer a esa edad?”… El individuo en cuestión andaba por los 40, no era ningún Adonis, se vestía más bien mal y no tenía otras características que lo hicieran particularmente simpático o interesante, pero expresaba con franqueza uno de los muchos prejuicios que rondan por el ambiente, que tiende a considerar que sólo los jóvenes de hasta 28, altos, apuestos y con músculos de gimnasio son los gais paradigmáticos y que los demás, especialmente los “viejos”, son figuras patéticas que deberían esconderse, desaparecer y no empañar, ni siquiera con su presencia, la brillante escena en la que viven los privilegiados que tienen la fortuna de la edad y la belleza estereotipada.
Creo que siempre habrá tontos que se se tomen la publicidad en serio y que se crean que los productos de photoshop son reales, alentados por la caterva de ejecutivos de marketing que venden ropa y cosméticos y estetas cursis que se erigen en Petronios de tres al cuarto, pero la vida real es otra y está llena de gente de todos los tipos y tallas y, más aún, de todas las edades. Los hoy jóvenes serán viejos… si tienen la suerte de vivir bastante, y más vale que piensen pronto lo que harán cuando se les pase la juventud, porque,si no tienen idea alguna de cómo vivir, su futuro es más bien triste, mucho más que el de los que ellos compadecen ahora.
Es posible que haya alguien de gustos tan limitados que sólo aprecie, por ejemplo, la música de Beethoven, pero que no soporte a Ravel, Wagner, Debussy, etc. Como sobre gustos no hay nada escrito, esto no en sí criticable, pero habrá que compadecer a alguien incapaz de disfrutar de una gran cantidad de melodías, y esto es igualmente aplicable a los limitados seres que sólo aprecian belleza o atractivo en un reducido rango de edad acompañado de concretas características físicas, porque en general van a perseguir fantasmas y estar condenados a la soledad obligada para el que busca una perfección que por ideal es inhumana.
El amor, la compañía y hasta el sexo requieren personas reales, y las personas reales envejecen y, como el vino, son a menudo más interesantes con la edad y la experiencia. Puede decirse que hasta el más tonto aprende algo con el paso de los años y, si se aprecia a sí mismo, hasta mejora su apariencia y sabe sacar lo mejor de sí mismo.
La edad es sólo un dato neutro, porque hay muchas personas de más de 60 muy al día, a la moda, atractivas y estimulantes, mientras que el tener menos de 30 no garantiza ninguna de estas características.

domingo, 25 de septiembre de 2016

MASCULINISMOS

Estamos tan acostumbrados a un mundo binario, dividido en géneros nítidamente separados por límites precisos, que a veces nos parece natural lo que no es sino convención, costumbre, herencia cultural o prejuicio. Ni siquiera el sexo biológico es tan claro como algunos creen y, si se dan intermedios en él, más aún en algo que es un constructo social, variable entre épocas y culturas.

Las personas de más de 60 crecimos en una sociedad en la que el género ni siquiera se discutía, sino que se daba por supuesto con una carga determinada: la mujeres eran o debían ser todas delicadas, sensibles, maternales, caseras, sumisas, castas, perfumadas, bien vestidas, interesadas en el matrimonio y esforzadas en hacerse atractivas para un hombre que se quisiera casar con ellas, mantenerlas y darles hijos a los que dedicarse plenamente. Claro que había algunas que se salían de la regla y que, por tanto, eran “malas”, aunque fueran muy frecuentadas por varones que se sentían más atraídos hacia ellas que hacia las buenas.
El hombre ideal, en cambio, y sin caer en las imágenes fascistoides del “medio monje, medio soldado”, que nadie se creía, debía ser más bien hirsuto, agresivo, austero, de pocas palabras, no demasiado cuidado, amante de los deportes, poco interesado en la ropa o la estética en general, pero sí en su carrera u oficio y en las mujeres como objetos o como futuras madres de sus hijos. Había muy poco más y, en consecuencia, los que se ajustaban plenamente al modelo eran unos seres bastante aburridos y nada interesantes.
Lo curioso es que podía haber malas mujeres, fatales vampiresas que hacían perder la cabeza a los impreparados machos que caían en sus redes, malas, pero muy mujeres, y nada similar en los varones, porque un chico atildado, perfumado, cuidado, de buena conversación, interesado en las artes y poco o nada en los deportes… ¡no era un hombre! Era sólo un remedo, una perversión, con independencia de que se sintiera atraído o no hacia las mujeres, la mayoría de las cuales lo despreciarían por no ser bastante hombre, sin contar con la burla de los verdaderos machos, cuando no la agresión por atentado a los valores masculinos.
No es de extrañar, pues, que casi todos los hombres intentaran adaptarse al máximo al modelo y que los que se salían de la norma fingieran cumplir con ella a vistas, y que incluso interiorizaran un cierto desdén por los “poco masculinos”, en flagrante traición a sus compañeros de sufrimiento.
La desaparición o reblandecimiento de estos rígicos códigos conformadores del género debe verse como liberación, no como confusión, porque los que de verdad tienen “ideología de género” son los que lo defienden como categoría fija e inmutable, no los que intentan disolverlo en el cúmulo de convencionalismos que lo constituyen, es decir, que lo que se ha dado en atacar como ideología es más bien invento de los atacantes, no de los que consideran el género norma social fluida y variable.

jueves, 7 de julio de 2016

DESNUDAS SÍ. DESNUDOS NO

Una concejala del Ayuntamiento de Badajoz encuentra que la foto de dos hombres semidesnudos tipo oso es repugnante, asquerosa, de mal gusto, etc., etc. Un señor de Texas, en compañía de otros machos como él se aprestan a jugar al golf, pero previamente desayunan juntos y se les ocurre abrir el periódico local, en el que se publica un reportaje sobre el matrimonio igualitario con…¡horror! una foto de dos chicos besándose. A los golfistas se les revuelve el estómago, el desayuno y el día se les estropean, y el señor de marras escribe una furiosa carta de protesta al periódico, porque…. ¡Hasta dónde vamos a llegar!… Por eso el articulista del Diario del Ferrol, afirmaba que estaba “hasta el culo”, del día del orgullo gay, pretexto para estos desmanes que atacan la sensibilidad de la concejala, estropean el desayuno de texanos y hartan a columnistas muy dignos.
Estos aspavientos escritos son muestra de que la igualdad real todavía está lejos y que una considerable minoría sigue anclada en una visión del mundo sexista, en blanco y negro y bien heteronormativa, porque a ninguno de ellos se le atraganta la comida cuando ven un día sí y otro también a las innumerables mujeres ligeras de ropa que anuncian automóviles, bolígrafos o directamente lencería. ¡Es que ellas son jóvenes, guapas, atractivas… de buen gusto!… Mientras que ellos…. Mayores, peludos, feos…
Hace muchos años que una señora conocida mía veía con agrado las películas de Brigitte Bardot, todas inocentísimas vistas hoy, y no le molestaba nada verla en paños menores, la encontraba “muy mona”, pero se escandalizó un día que vio a Emma Penella, ya madura, en los mismos paños menores en una película realista de Berlinga. ¡Qué ordinariez! ¡Mostrar los michelines! ¡Qué inmoralidad! Ni BB ni Emma Penella eran inmorales, pero el gusto estetico de la mujer resultaba afectado, tal vez porque se veía a sí misma caricaturizada en la pantalla.
Es seguro que los golfistas ni hubieran siquiera reparado en una foto de dos chicas jóvenes besándose y, si estaban semidesnudas, les hubiera parecido una foto tan estimulante que les hubiera favorecido la digestión, pero que les recuerden que dos hombres se pueden querer ¡eso nunca! Su machismo queda directamente afectado.
Dos osos de alguna edad y semidesnudos no sólo son la prueba de que hay hombres que se aman, sino que son activos sexualmente sin necesidad de ser jóvenes modelos, es decir, que además de pervertidos (para la señora y los golfistas) se lo pasan bien y les da igual no ajustarse a cánones de belleza sádicos. Que las chicas sean objetos está bien para la diversión masculina, pero un macho no puede aguantar ver a otro en ese papel, porque su orgullo también queda humillado.
El desnudo o semidesnudo, pues, no es el problema, sino los complejos que despierta en tantas personas que, además de reprimidas por una educación deformante, no se sientan a pensar y a digerir los cambios culturales y sociales.

domingo, 26 de junio de 2016

EUROIGNORANTES, EURORREACCIONARIOS Y EUROTONTOS

Tras el Brexit y el aluvión de opiniones desatado, conviene calmarse un poco, mirar con cierta lejanía y no dejarse llevar por excesivos pesimismos. Lo que han votado los ingleses (especialmente ellos y no tanto los escoceses, por ejemplo) está muy mal, pero son los más desaventajados de entre ellos, justamente los que más han creído las mentiras populistas del UKIP, los que lo pagarán caro, pero tal vez esto sirva para que los líderes y los votantes europeos se den cuenta de que las alternativas a la EU simplemente no existen y que sus más feroces críticos lo son justamente porque pretenden medrar en río revuelto y encerrar a Europa en fronteras, alambradas, orgullos nacionales y ensoñaciones soviéticas. Muy útil para determinados partidos, muy peligroso y empobrecedor para los ciudadanos.
Los enemigos de la unidad europea (FN, FPÖ, AfD, 5 STELLE,  IU) cultivan la ignorancia de los más, achacando a una imaginaria Bruselas los problemas  cotidianos de cada país, sin distinguir entre lo común y lo local, pero no hay que disculpar a los que “no saben”, porque la información está en todas partes y los que no saben es porque no se quieren enterar. Que los reaccionarios típicos: fascistas, neofascistas, racistas, ultranacionalistas, etc. odien a la UE y lo que significa no es novedad, pero con frecuencia se pasa por alto que hay también reaccionarios que se apuntan a la “izquierda”, con el ambiguo significado que esta palabra adquiere más cada día, porque sabemos perfectamente lo que es “derecha”, pero lo contrario está desdibujado y hay más de un ingenuo que apenas se da cuenta de que la manipulación del lenguaje no le deja ver más allá. Comunistas, neocomunistas y nuevos populistas de otras siglas, repiten viejos eslóganes de la época soviética, como si se pudieran aplicar ahora, critican la “falta de democracia” de la UE, su base en el capitalismo y otras generalidades sin mucho análisis, para atacar al euro, a la comisión europea, al BCE ya lo que se tercie, aunque no ofrecen alternativa viable alguna, ni explican que podrían ellos ofrecer: ¿la economía soviética? un régimen dictatorial, tiránico, de escasez y racionamiento, fracasado y enterrado. ¿Los populismo latinoamericanos? ensayos aún más primitivos de algo muy parecido a la economía franquista. En realidad no ofrecen nada porque se trata de reaccion contra algo que molesta y que se odia, igual que muchos ingleses han votado contra Londres y la élite financiera internacional de la capital. 
La UE es imperfecta, burocrática, lenta y a veces desesperante, pero su alternativa es la de economías más pobres, más cerradas, menos competitivas, con más paro, pobreza y escasez y, peor aún, con renovados peligros de militarismos, imperialismos y guerras… ¿Queremos realmente esto? ¿o preferimos quedarnos como estamos y luchar por una reforma de las instituciones europeas, mayor unidad y mayor solidaridad?
En Europa, como en todas partes, hay muchos tontos y no hay nada peor que un tonto leído y resentido,es decir alguien que odia algo que le supera, que no entiende o a lo que se siente inferior, y que lee lo que le interesa para demostrar lo que cree sin pruebas. No dejemos a los eurotontos aprovecharse de la situación.

lunes, 13 de junio de 2016

TODO POR UN BESO

El padre del asesino de Orlando siente mucho que su hijo haya cometido el grave error de asesinar a 50 personas, entre otras cosas porque, en sus propias palabras, hubiera sido mejor dejar a Dios el castigo de esos pecadores, pero en la historia de su hijo también está él y las excusas que ofrece son más un intento de salvaguardar su futuro que muestras de pesar verdadero por las víctimas.
Decir, como ha dicho que “esto no tiene nada que ver con la religión” es un torpe intento de negar la evidencia: no hace falta ser muy religioso para infectarse con prejuicios de raíz dogmática. Son más bien las personas que conocen mal su propia religión las que suelen quedarse con una versión casi caricaturesca de la misma y los que a veces compensan sus frustraciones con alguna barbaridad asesina como atajo al paraíso prometido.
La culpa la tuvo un beso, una demostración de afecto entre dos hombres que puso de los nervios a su hijo porque lo veían su ex-mujer (maltratada) y su hijo. A la primera seguramente le gustaría ver cualquier clase de afecto en la práctica y el segundo es un niño tan pequeño que ni vería ni comprendería.
La idea de que un simple beso puede ser el origen de la muerte de 50 personas, la simple idea de que esto se pueda presentar como excusa, es una prueba del odio, la irracionalidad y la criminal estulticia que subyace tras la repetición machacona de catecismos cuyo único fin es el de controlar la mente de individuos y sociedades mediante miedos, amenazas, prohibiciones y exclusiones.
Las razones inmediatas del crimen tienen más que ver seguramente con el descontento, la baja autoestima y el sentimiento de fracaso de un individuo mal adaptado que cree convertirse en héroe cuando es sólo un delincuente, pero ¿cuántas veces oiría hablar de la impureza, el pecado, el supuesto plan divino y los infieles? ¿Cuántas muestras de afecto ajeno pondrían de relieve la privación del propio?…. La religión y los prejuicios están detrás de sus actos, aunque no aparezcan inmediatamente vinculados.
Las armas de fuego matan, especialmente cuando se venden sin control como en los Estados Unidos, pero las palabras también lo hacen y más duraderamente, porque su efecto puede durar toda una vida, una vez que se han instilado cuidadosamente en las cabezas adecuadas. Lo que se propala desde campanarios y alminares puede oler a incienso, pero la mayor parte de los humos son tóxicos. 

miércoles, 27 de enero de 2016

VIEJO Y ANTIGUO

Todos sabemos que hay significados que se parecen sin ser iguales y las palabras que encabezan este artículo son un ejemplo perfecto. Viejo suele tener connotaciones negativas: lo viejo se tira, se reemplaza, se renueva etc., mientras que lo Antiguo está rodeado de un aura de clasicismo, respetabilidad, belleza y otros conceptos positivos. Esto no quita que ambas palabras, como todas, cambien y se maticen con la percepción subjetiva y su uso en determinados contextos: “mi viejo”, puede ser un término cariñoso para algunos, mientras que “es demasiado antiguo” generalmente indica que la antigüedad puede no ser una cualidad recomendable.
El lenguaje es multiforme y el coloquial está lejos de la exactitud seca de los textos legales, de la simpleza de lo políticamente correcto o de la calculada ambigüedad de algunas declaraciones políticas, pero, sin embargo, casi siempre transmite lo que se quiere con amor, odio, indiferencia, desprecio, etc. De aquí que sea tan inútil insistir en ciertas fórmulas lingüísticas que estropean la gramática en intentos inclusivos, para uso de convencidos que no las necesitan.
Cuando “viejo” se aplica a personas puede hacerse de forma insultante o despectiva, pero la realidad es que los seres humanos envejecen y que sólo en sentido figurado se les puede aplicar el adjetivo “antiguo". Reconocerse en la edad y sus limitaciones es una virtud, un sano ejercicio de realismo contra la depresión que puede causar la huida sistemática del inevitable paso del tiempo. Los eufemismos que embellecen como “tercera edad”, “mayores” no ocultan lo que hay detrás, pero ayudan a no verlo como inevitablemente negativo.
En realidad sólo los simples o los neuróticos ven siempre connotaciones negativas en lo viejo, tanto en cosas como en personas. Paciencia, experiencia, comprensión y ecuanimidad son virtudes pocas veces presentes en los jóvenes, cuya capacidad de disfrutar plenamente de cada momento, de cada cosa y de cada persona es también mucho más reducida.
A veces sorprende aún más la afirmación de que lo viejo y gastado puede ser bello, pero es un hecho que hay muebles, ropa y personas que adquieren flexibilidad, pátina, estilo y una gracia que no tenían cuando estaban nuevos y rígidos. No ver la belleza propia de cualquier edad es una grave limitación de sujetos sin imaginación, posiblemente obsesionados con su propia decadencia. El que no se deja encerrar en angostos límites estéticos tendrá una capacidad casi infinita para apreciarse a sí mismo y a otros, para percibir la belleza no inmediatamente aparente y para ver a los mayores, a los viejos, con la misma aura que si fueran “antiguos”.

jueves, 5 de noviembre de 2015

LA "LEY NATURAL" NO ES NATURAL

¿Es natural la castidad? Es decir, la completa abstención de todo sexo. Algunas personas educadas en la represión de los instintos podrían decir que sí, pero estarían diciendo algo que no saben, porque hay personas asexuales que pueden prescindir de toda manifestación sexual, pero son tan minoritarias que hasta se duda de su existencia, mientras que la mayoría de la población tiene más bien dificultades para controlar sus impulsos sexuales.
Cuando se habla de castidad en el sentido religioso de la palabra, de lo que se habla realmente es de hipocresía; castidad significa no estar casado, amancebado o tener relaciones sexuales que se vean, pero nadie sabe si el sujeto se masturba, se obsesiona, se calienta o imagina todo lo que está prohibido.
Las sectas cristianas han deificado una “ley natural” teórica, aristotélica y tomista que no es más que una abstracción racionalizadora de una visión del mundo precientífica, idealizada y, finalmente, profundamente inhumana, porque juzga a priori que todo deseo es malo, que hay inclinaciones imperfectas y que la moral consiste en reprimirse, en negarse y en culpabilizarse.
La “ley natural” no es más que un constructo escasamente racional por precientífico, uno de los elementos que sostienen el dogma vaticanista o evangélico, pero que no tiene nada que ver con la ciencia y la investigación biológica modernas. La “ley natural” no es natural, no tiene nada que ver con los instintos y pulsiones de los humanos.
¿Por qué es mejor ser casto? Eso significaría que amar a otra persona, con las correspondientes relaciones físicas es malo, pero ¿por qué es malo? ¿por qué no se puede amar a alguien del propio sexo, por ejemplo? Las razones en contra ni son racionales ni resisten el mínimo análisis científico o ético no dogmático.
Más aún, ¿es posible ser casto? de la forma total que dicen algunas creencias que aborrecen cualquier manifestación física. Me permito dudarlo. A ciertas edades las hormonas son poderosas y a todas las edades la imaginación todo lo puede. Que se vea o no puede engañar a los legos, pero no se puede pedir a la mayoría de hombres y mujeres normalmente constituidos que renieguen de un instinto que, como el comer o el dormir, forma parte integral de la naturaleza humana y que, como tal, ni es vergonzoso, ni inferior, ni negativo, porque es el instrumento principal para relacionarse de forma profunda con otros seres.
Los recientes escándalos sexuales que afectan al Vaticano demuestran una vez más que la demonización del sexo conlleva pesadas cargas en forma de represión, hipocresía y desobediencia, porque ¿qué humano normalmente constituido puede renunciar a todo placer físico, amor, afecto y amistad? Sólo personalidades patológicas pueden renunciar a contactos y cercanías necesarios para todo ser sensible.
La idea de que la castidad es algo superior está unida a la magia y a teorías precientíficas que pretendían separar alma y cuerpo, espíritu y materia, pesado de ligero, limitado e ilimitado…. es decir, a una visión del mundo que se remonta a la edad del bronce.
La irrealidad y la hipocresía de las prohibiciones que aún permanecen son los pretextos ideales para depredadores sexuales que, como el cura Maciel o el cura Andreo, se aprovechan de menores simples y fanatizados para hacer esclavos sexuales de chicos a los que, paradójicamente, se ha prohibido todo sexo.
Mientras estas creencias dogmáticas no reconozcan que el sexo es natural, bueno y multiforme sólo servirán para entontecer, culpabilizar y confundir…. ¿Pero qué se puede esperar de fes irracionales transformadas en estructuras de poder?

domingo, 9 de agosto de 2015

LIBERTAD, BOICOT Y CRÍTICA

Una de las libertades más preciadas de la democracia es la de expresión. Sin libertad de palabra, obra, creación artística etc., no hay posibilidad de ejercer una libertad real. Pero esto quiere decir que la tienen todos, tanto los de nuestra tendencia como los de la contraria.
Yo creo que esos desagradables obispos que hablan contra derechos y personas deben tener la libertad de expresar sus reaccionarias ideas, y los que las defienden de atacar sus sinrazones. Prohibir una idea, por mala que sea, es peligroso, porque se sabe donde se empieza, pero no donde se termina, de aquí que las exageraciones de la corrección política puedan suponer a veces autenticas camisas de fuerza que reprimen expresiones que no por reaccionarias dejan de ser legítimas.
La creación artística debe ser también libre, incluso cuando se hace una película o se escribe un libro que interpreta hechos históricos. Se puede discutir la obra y su interpretación del pasado, pero lanzar un boicot contra ella sólo porque no nos gusta o porque pensamos que es una interpretación errónea supone en la práctica contraponer un dogmatismo a otro.
Viene esto a cuento de la reciente tormenta desatada por el trailer de la película “Stonewall”, que narra los hechos de la famosa rebelión de 1969 en Nueva York. Parece que ha producido mucho enfado en algunos sectores que no se ponga como exclusivos protagonistas a varios transexuales de piel oscura, y que la figura central parezca ser un chico blanco, personaje más o menos de ficción.
La película no es un relato totalmente histórico porque falta documentación detallada sobre hechos y personas de aquellos días, es absolutamente favorable a la causa LGTB y pretende hacer entender cómo y porqué la comunidad LGTB se concienció y comenzó a actuar políticamente. Seguramente no es exacta, seguramente es una interpretación de su autor…. ¿pero eso quiere decir que hay que boicotearla porque no ensalza suficientemente a varias drag queens de piel oscura?
Estamos nuevamente ante reacciones excesivas y enfados que conducen a muy poco. Es meritorio que un autor haya hecho algo así y, desde luego, podemos discutir lo que ha hecho, pero entre discutir y derribar hay una gran diferencia.

jueves, 23 de julio de 2015

EL COSTE

Equivocarse es de sabios, incidir en el error es de tontos, y el PP lo ha vuelto a hacer al votar en contra del cambio de nombre de la Plaza de Vázquez de Mella para dedicársela, muy merecidamente, a Pedro Zerolo.
No soy de los que se apasiona con la idea de dedicar espacios públicos a personajes famosos por una razón o por otra, pero ya que es una costumbre arraigada me parece que se puede entrar a discutir quién se lo merece, quién no, quién lo desea y cómo se decide y, si entramos en esto ¿quién mejor que Pedro Zerolo para tener un espacio dedicado en Chueca? Un hombre dedicado a la defensa de los derechos LGTB, popular, querido, concejal del ayuntamiento por un tiempo, muerto antes de tiempo habiendo conseguido medidas de progreso que hace sólo veinte años parecían imposibles…. ¿Cómo no darle un espacio en medio del barrio insignia para las personas LGTB? Cuando, además, miles de personas lo habían solicitado expresamente.
El anterior ayuntamiento dedicó una plaza a Margaret Thatcher, gesto único en Europa, donde no se la recuerda más que por sus recortes, su homofobia y su antieuropeísmo. Incluso en el Reino Unido los conservadores hablan de ella con la boca pequeña, pero los destronados regidores debían considerarla su santa protectora de los recortes y pusieron el nombre sin que nadie se lo pidiera.
Que el anterior ayuntamiento era homófobo tampoco se discute, pues de ello hay innumerables pruebas, y en esa homofobia, incluida en una actitud más amplia de clasismo y falta de consideración hacia lo débil y lo diverso, está una de las causas de su derrota electoral.
¿Les hubiera costado mucho un detalle, un gesto sin gravamen para empezar a congraciarse con uno de los varios colectivos distanciados?… Evidentemente sí, porque sus reflejos siguen condicionando, pero no lo han hecho por homofobia, ¡no!… la verdadera razón es que cambiar unas cuantas placas ¡cuesta dinero! Es decir que no es contra los gais sino por el ahorro.
Tener gais sale muy caro, entre la basura que hay que limpiar después del orgullo y los cambios de placas… Lo mejor es no tener gais o que sigan en el armario.
¿Cuándo aprenderán nuestros conservadores que estas actitudes no son sólo retrógradas sino autodestructivas?

miércoles, 22 de julio de 2015

SÓLO SE CUECE CON AGUA

Los economistas se equivocan muy a menudo, a veces porque juzgan mal las situaciones, a veces porque no tienen datos correctos y otras veces o al tiempo porque la economía sólo es ciencia en el sentido lato de la palabra y, desde luego, está muy lejos de ser exacta. Por eso hay que desconfiar cuando alguien profesa una “doctrina” económica como si se tratara de un dogma religioso y aprovecha cualquier ocasión para recitar su “credo”, sea éste el de los recortes a mansalva o el del gasto público ilimitado, aunque el recitado vaya lleno de citas de los supuestos sabios de una u otra tendencia
A todos nos gustarían dos cosas: que el estado, cualquier estado, nos solucionara todos los problemas, y que, por lo mismo, tuviera una cantidad ilimitada de recursos a su disposición, pero lo malo es que el sentido común nos dice que esto pertenece a la vieja fábula de “Jauja”, la Tierra Feliz.
La crisis que penosamente se termina ha fortalecido otro elemento más que tiende a despistar a afectados, airados y desinformados: la evidencia de que ha habido políticos, administradores y banqueros poco escrupulosos, que se han malgastado recursos y que se ha actuado con injusticia ocupa todo el horizonte y a muchos les parece que este es el único problema, que recuperando lo malgastado o administrándolo mejor todos seríamos prósperos y felices, pero este es un espejismo bien manejado por grupos políticos y mediáticos, que así llevan el agua a su molino y apartan de pesadas discusiones técnicas, muy poco atractivas para los amantes de lo fácil.
Que duda cabe que es mejor administrar bien que mal y emplear los recursos racionalmente y con una justicia básica, pero el único principio irrebatible de la imperfecta ciencia económica es que los recursos son escasos, limitados y finitos, es decir, que no hay todo para todos siempre, que hay prioridades, que lo que se gasta en consumir no se invierte para producir más y mejor, etc…. además de un principio que suena escandaloso para muchos de mis amigos super-progres: el que no se prepara para esto estudiando, ahorrando y aprovechando oportunidades lo tendrá mucho más crudo que el que sí las aprovecha. Peor aún, hay grupos e individuos que nacen desfavorecidos por muchas razones y que tampoco podrán llegar al nivel de otros.
En un sistema justo se deben intentar paliar estas diferencias sin despreciar a nadie, pero reducir no significa eliminar y mucho menos vengarse. Una sociedad creativa y dinámica y, por lo tanto, productora de riqueza, no puede desincentivar los premios a la inteligencia y la energía de sus elementos más creativos, forzar una igualación por abajo y desmochar todo lo que destaca, porque rápidamente se estancará, se empobrecerá y acabará cayendo en injusticias mayores… más en mi próximo post.