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sábado, 9 de abril de 2016

EL PLAN DE DIOS

El lenguaje y las formas pueden cambiar, pero el fondo no, y el fondo supone desprecio y etiquetas negativas, por mucho que se pretexte lo contrario. Las personas LGTB “no están en el plan de Dios”, como se dice en el último documento vaticano.
“Amoris Laetitia”, que así se llama el texto, está hecho con buenas intenciones, es decir, se aleja del tono inquisitorial normal de los decretos morales católicos, con el fin de acercarse, de no excluir totalmente a la gran mayoría post-católica a la que le es imposible cumplir las imposibles normas impregnadas de obsesión sexual que se hacen pasar como lógicas, racionales y “naturales”, cuando no son nada de esto.
La idea de que una persona, grupo o institución conoce perfectamente el “Plan de Dios” es ya de por sí bastante arrogante, por no decir completamente soberbia, pero también enteramente increíble, a la vista de los errores, conducta y delitos cometidos por las mismas personas que dicen conocer tan bien el famoso plan.
En realidad no hay mucho que objetar a que una iglesia publique escritos orientadores para sus fieles, siempre que no aspire, como la Católica hace, a detentar el monopolio moral de la sociedad, y que no mantenga, como también hace, posiciones anti-científicas, como la supuesta “antinaturalidad” de orientaciones e identidades inescapables para los individuos que las tienen y que, por lo mismo, están en el plan de algún dios, tal vez no el del Vaticano, pero sí en los de la naturaleza que les han dado origen.
No es fácil continuar como fiel en una iglesia que excluye a los que sienten que su cuerpo no corresponde a su mente, a los que aman de modo diverso y a los que pretenden gozar de los mismos derechos no estando incluidos en el “plan”. Es fácil alejarse y casi imposible volver, especialmente cuando se vive en sociedades libres en las que las diferencias han dejado de ser delito hace tiempo.
Aunque se exhorte al respeto y la comprensión, resultará bastante difícil que estos se practiquen por los que sienten y aman de modo ortodoxo, porque sabiéndose parte del “plan” tenderán a sentirse superiores y sentirán pena, desprecio o repugnancia por los desgraciados que excluidos por su naturaleza practican el amor de forma antinatural. De la repugnancia al odio sólo hay un paso y no todos son moderados y se contienen.
¿Pueden Dios y la naturaleza ser opuestos? Si se analizan los textos vaticanos, sí, aunque esto se niegue de formas más o menos sofisticadas, pero tampoco nos debe importar tanto a los no-fieles. Exhortemos a la comprensión de los creyentes en religiones varias, siempre que nos reservemos la facultad de criticar sus creencias y de negarnos a que se nos impongan directa o indirectamente.

martes, 9 de febrero de 2016

MUTILADOS

Se está desarrollando en todo el mundo y también en España una meritoria campaña para erradicar la mal llamada circuncisión femenina, una práctica que con diferentes grados de ensañamiento persiste en Egipto, donde se practicaba desde la antigüedad, y el África subsahariana, y para la que se dan pretextos religiosos, aunque su verdadero fin siempre ha sido la desexualización de la mujer y su sometimiento al patriarcalismo más absoluto.
No hay nada que decir y poco que explicar al respecto, puesto que el consenso general científico, médico y hasta religioso es que se trata de una costumbre bárbara, absurda y peligrosa, sin beneficio alguno para las mujeres que la sufren, pero ya que hablamos de mutilaciones ¿por qué no incluir la circuncisión masculina en una lista negra de prácticas a eliminar?… Más de uno se quedará sorprendido y pensará que es esta una posición extrema o que se trata de antisemitismo, islamofobia o fetichismo, pero ¿no se dice que se hace por razones médicas? ¿Que es más sano? ¿Que previene el VIH?
La verdad es que los varones que necesitan absolutamente una circuncisión por razones médicas son poquísimos y que los supuestos beneficios para la salud de la operación no se han demostrado en ningún caso, mientras que son cada vez más evidentes los daños causados por el brutal corte y subsiguiente cicatrización en una zona tan sensible: pérdida de sensibilidad, mal control del orgasmo, orgasmo con dolor y otros problemas no son inventos sino realidades.
Hay todavía personas a las que he oído decir que se trata de una práctica “higiénica”, porque el pene se puede mantener más limpio, pero esto no tiene sentido alguno si se mantienen buenas costumbres que pueden enseñarse a los chicos desde niños. Si hubiera que eliminar todas las comisuras, pliegues e irregularidades del cuerpo todo el mundo circularía sin varios trozos.
Hay que decir que en España y en el continente europeo en general la circuncisión nunca fue una práctica sistemática ni extendida a la mayoría, aunque yo creo que se practicó bastante durante los años 50 (me gustaría que alguien investigara este punto), pero especialmente en Estados Unidos y en Canadá la mayoría de los varones fueron sistemáticamente circuncidados a los pocos días de nacer y aún lo siguen siendo desde finales del siglo XIX, hasta el punto de que hay mujeres que se quedan tan sorprendidas cuando ven un pene completo que se creen que se trata de una malformación.
Las razones de semejante práctica son, no hay que decirlo, supersticioso-religiosas. Para judíos y musulmanes se trata de una obligación entendida como sacrificio que vincula a la divinidad, pero en su versión moderna anglosajona proviene de la obsesión antisexual y del horror a la masturbación, vista tras el prisma deformante de la moral victoriana como una práctica que llevaba a la degeneración, la ceguera, la locura y la muerte temprana.
No hay ni que decir que en una sociedad laica el mantenimeinto de estos absurdos va contra los derechos de la persona. La circuncisión de niños no es solo innecesaria y peligrosa, sino un atentado contra la integridad de un ser indefenso, una mutilación y, como tal, debe ser prohibida o desaconsejada, a no ser que haya razones médicas de peso para ella.
Si algún adulto quiere cortarse un trozo de su anatomía es otra cuestión, pero incluso a él debería hacérsele reflexionar informadamente sobre el asunto.

lunes, 11 de enero de 2016

GÉNERO E IDEOLOGÍA

Siguen lloviendo las prédicas del lado confesional más o menos integrista que afirman y reafirman el “desorden intrínseco” de cualquier comportamiento que se desvíe unos centímetros de la estrecha senda marcada por la tradición y los prejuicios. Los más comprensivos llegan a admitir que la diversidad sexual es o puede ser no elegida, los menos la siguen considerando  perversión voluntaria, pero todos se siguen negando a aceptarla de verdad y desearían que nadie hablara de ella, que retornara al armario del que nunca debió salir para subvertir de forma tan clara el supuesto monopolio moral que se arrogan gurús varios.
Los enemigos de la diversidad parten del postulado de que la puesta en cuestión del código moral por ellos considerado único se debe a una bien articulada “ideología de género”, sostenida por poderosos grupos de presión sociales y mediáticos que van desde Hollywood hasta la universidad, cuyo fin último no es otro que la destrucción de la familia y la difusión del ateísmo. La tal ideología es una creación contraria a la naturaleza humana que, como todo el mundo sabe se divide en dos sexos/géneros contrarios, invariables y destinados a la reproducción sin fin de la especie, único pretexto para la práctica de actos sexuales, por completo inmorales y contrarios a la naturaleza en cualquier otro contexto.
Las prédicas son variadas, pero todas giran en torno a la naturalidad o antinaturalidad del comportamiento denostado, calificativo que automáticamente convierte cualquier acción en lícita o ilícita, por ajustarse o no al plan divino, tan evidente y tan visible en la naturaleza perfecta que se cree percibir.
Estas prédicas se pueden denunciar como ataques, a veces bastante insultantes, contra individuos y minorías molestos para los que se erigen en ortodoxos, pero la discusión y el entendimiento con los que las profieren es imposible porque se parte de premisas diferentes y se hablan lenguajes mutuamente ininteligibles. Desde un punto de vista científico la naturaleza es contradictoria, llena de excepciones aparentes y muy lejos de ser benévola, pero no existe contradicción alguna en el hecho de que la función sexual sirva para la reproducción y también para muchas otras cosas. Desde un punto de vista dogmático la naturaleza es una máquina perfecta creada o inspirada por un ser aún más perfecto y los que no la vean así son intrínsecamente desordenados, desobedientes y pecadores al practicar acciones definidas a priori más que como malas, como prohibidas por el ser superior del que los gurús se erigen en intérpretes y representantes.
La identificación entre sexo biológico, orientación sexual, identidad sexual y rol de género es parte de ese dogma y, cuando se usan los términos anteriores, lentamente alumbrados por la investigación científica y sociológica se cae en la “ideología de género”, porque lo ortodoxo es hablar de hombre y mujer, masculino y femenino sin sombras ni dudas. Es decir, que informar y educar se iguala a pervertir a jóvenes y adultos que antes no distinguían y desconfiaban y ahora distinguen y comprenden.
Lo curiosos es que los predicadores se molestan cuando se los acusa de oscurantistas y difusores del odio… !Ellos que son todo amor!

lunes, 7 de septiembre de 2015

FLUIDEZ

Usar los términos correctos para cada cosa, persona y situación es una obligación de las personas cultas y educadas o de las que tienden a serlo. La corrección política al uso da un paso más y obliga más que sugiere a utilizar palabras, circunloquios y eufemismos que a veces son acertados y otras no. Se puede y se debe aceptar hasta cierto punto, pero su uso no debe ni puede convertirse en dogmático porque ni siquiera está fijado realmente y, sin mala intención ni ánimo de insulto, es tan cambiable y opinable como todo.
Hasta el siglo XIX los que no se conformaban a las simples y opresivas reglas de comportamiento sexual eran “sodomitas”, “brujas”, “herejes” y otras lindezas que suponían condenación moral, pero desde que la ciencia primero y la sociología después sustituyeron a la religión han ido apareciendo las palabras que conforman las siglas LGTBIQ…. y las que vengan; un conjunto cada vez más inmanejable por las divisiones y subdivisiones que implica y la compartimentación en la que parece encerrar a todo ser que no entre en una simplista dicotomía macho-hembra, positivo-negativo.
Casi todos los humanos acaban decantándose, unos antes y otros después por una o varias clases de comportamiento de acuerdo a sus pulsiones e inclinaciones y no siempre es posible clasificar a cada individuo en una taxonomía útil tal vez para especialistas, pero que es farragosa y no siempre clara en la vida y la conversación normales. En una sociedad más evolucionada, según la diversidad se convierta de verdad en la norma, lo lógico sería aceptar que la variedad individual es considerable y que, por tanto, también en los gustos y comportamientos afectivo-sexuales hay muchas personas de difícil clasificación, es decir, que existe una gradación y una fluidez considerables en este aspecto como en todo lo humano y que pretender etiquetar a cada individuo exactamente es más bien imposible.
Es significativo que homosexuales que han sido víctimas de rechazo social hayan tenido y aún tengan dificultades para comprender que hay bisexuales, transexuales, intersexuales, etc. y aún más dificulades para aceptarlos con naturalidad, repitiendo la historia de la desconfianza hacia lo diferente, algo muy humano, pero reforzado por los prejuicios sociales aprendidos desde la infancia y no siempre rechazados.

martes, 23 de junio de 2015

ECOLOGÍA VATICANA

La reciente encíclica papal que versa sobre la obligación moral hacia el planeta ha sido muy bien recibida en todas partes, menos entre fundamentalistas religiosos, especialmente norteamericanos, empeñados en negar lo evidente y en una tonta batalla anticientífica. El documento desautoriza plenamente a algunos candidatos católicos ultraconservadores a la presidencia que, como Rick Santorum, tienen que persistir en su negacionismo para no alienarse el apoyo reaccionario en las primarias.
El texto es interesante pero menos nuevo de lo que se ha dicho: hace mucho tiempo que la Iglesia Católica, escarmentada por anteriores posiciones anticientíficas, acepta calladamente lo que sale de los laboratorios e investigaciones, incluyendo la evolución de las especies, el cambio climático y otros temas que sólo son polémicos para los que pretenden que la Biblia debe ser creída literalmente.
Mucha gente se olvida de que la Sagrada Escritura es sólo parte del dogma católico, que suma también la Tradición, es decir, el magisterio y la interpretación que se ha hecho de la doctrina a lo largo de los siglos. El Catolicismo nunca ha interpretado la Biblia literalmente y tampoco ha visto con buenos ojos un excesivo conocimiento de este texto arcano, de traducción discutida y de origen antiguo y oscuro.
La aceptación de la ciencia en general, sin embargo, no quita que se nieguen o se discutan puntos concretos, detalles aparentemente sin importancia, pero muy importantes y significativos.
Un pasaje de la encíclica papal que parece de relleno es en realidad un ataque en regla contra la diversidad sexual. En él se dice que la diferencia original de los sexos forma parte de la ecología y, envuelto en un lenguaje bien medido, se dice que los cambios de sexo, las parejas del mismo sexo y las familias no convencionales vienen a ser ataques contra el planeta.
Esto tampoco es nuevo, se trata de interpretar la ciencia a conveniencia: en vez de reconocer las variantes de identidad y orientación como innatas y no electivas, se incide en el viejo concepto aristotélico de naturaleza con sus categorías incambiables, lo que parece dar marchamo científico a la moral básicamente antisexual siempre predicada.
Nada nuevo bajo el sol de Roma.

sábado, 6 de junio de 2015

LA CLAVE DE UNA MORAL

Salvatore Cordileone, arzobispo de San Francisco de California y muy norteamericano, a pesar de su claro origen italiano, ha lanzado un nuevo ataque contra las personas transgénero y contra lo que desde filas reaccionarias se considera “ideología de género”. Sus argumentos son los de siempre: “la creación divina”, “el plan de Dios”, la “complementariedad hombre-mujer” etc., a lo que se añade que “hoy día cualquiera puede inventarse un género”. El sr. Cordileone nunca ha ocultado su agresividad contra la diversidad sexual, porque como bien dice: “si se acepta, la moral católica pierde su fundamento.
La moral católica como él la entiende desde luego. Ésta y otras iglesias, desarrolladas en sociedades antiguas lejos de la ciencia y de la libertad, adoptaron códigos morales que reflejaban con fidelidad el patriarcalismo, el machismo, el sometimiento de la mujer y la obsesión con la reproducción y la estirpe. En semejante contexto no era posible percibir otras realidades, del mismo modo que se percibía a un hereje como perverso o a un africano como susceptible de esclavitud. También entonces se interpretaba la enfermedad como castigo y la anorexia como signo de santidad.
El sr. Cordileone pretende convertir en problema moral la pérdida de control de su iglesia como administradora de premios, castigos y aceptación social y utiliza para ello argumentos precientíficos de aspecto lógico, pero la lógica de Aristóteles y de Tomás de Aquino no puede aplicarse a la naturaleza con lo que sabemos hoy.
Mal que les pese a los dogmáticos, la diversidad sexual ha existido siempre aunque no se percibiera claramente y, si hoy hay libertad individual y mayor o menor tolerancia y aceptación sociales para actuar de acuerdo a la misma, eso no la convierte en problema ético ni tampoco en “invento”.
Nadie inventó el infarto cuando se le dio nombre, ni la homosexualidad cuando se acuñó este término. Lo que sí es una invención es la “ideología de género”, puesto que califica como simple teoría la pura observación de la realidad, mientras que la falta de ética está en la condenación permanente de personas a las que se tilda de inmorales sólo por ser lo que son.

viernes, 20 de febrero de 2015

FOBIAS

En la misma semana nos llega la noticia de que un memo (de memo y memorandum) interno del Metro de Madrid aconsejaba "vigilar especialmente a los gais" junto a borrachos, vagabundos, mendigos, músicos callejeros y demas ralea (para el Metro), mientras en Roma el Papa Francisco se larga diciendo que la transexualidad y la "falsa teoría de género" es como una bomba nuclear lanzada contra la sociedad y, por supuesto, "la familia". Son cosas distintas, pero básicamente iguales, porque la estupidez del que redactó la nota interna del Metro es sólo consecuencia de la negación a aceptar la revolución de conceptos de que este papa, como todos los anteriores hace gala.

En el cambio de época que vivimos resulta muy difícil o imposible para mucha gente aceptar que lo que siempre habían creído no es como lo creían, y que lo que veían ocultaba realidades distintas y menos claras de lo que imaginaban. Para un señor que viviera en un pequeño pueblo en 1890, por ejemplo, sólo había una religión verdadera y posible, hombres muy hombres, mujeres muy mujeres, animales a los que se podía usar y maltratar, un tipo de comida, un tipo de vestido, un tipo de clima incambiable y otras innumerables certezas acuñadas en refranes, dichos y "sabiduría" popular, es decir, una serie de lugares comunes elaborados a lo largo de milenios desde el neolítico.

No es raro, pues, que la gente desconfíe de la ciencia y hasta se rebele contra ella, porque adelantos técnicos e investigación biológica aclaran gran cantidad de problemas, proporcionan infinitos objetos y ventajas materiales y, al mismo tiempo, desenfocan el mundo binario dividido claramente en masculino y femenino, positivo y negativo, yin y yang. Resulta que ahora sabemos que hay un montón de religiones verdaderas, que los hombres tienen hormonas femeninas y las mujeres masculinas, que hay diversas orientaciones sexuales, que hay individuos que nacen en el cuerpo equivocado y que... mucha gente no quiere saber estas cosas porque les sume en la confusión, les quita las viejas certezas o  les recuerda que en la trastienda de su mente les tientan cosas que no les deberían tentar.

Hay fobias a la oscuridad, a los lugares cerrados, a las multitudes y a los microbios, pero también hay fobias a la luz que descorre velos y deja ver la propia ignorancia, la suciedad que se deriva de no haber abierto ventanas durante mucho tiempo y la fealdad de seres muy limitados que se niegan a ver su pequeñez en un universo demasiado complejo  para su gusto.

miércoles, 22 de octubre de 2014

BATALLAS GANADAS, GUERRAS PERDIDAS

En toda evolución social hay un momento en el que se pasa un punto de no retorno tras el cual toda vuelta atrás es imposible. Nadie habla hoy día de los privilegios de los nobles, perdidos entre los siglos XVIII y XIX, y poca gente sabe incluso en qué consistían. Nadie tampoco se atrevería a defender públicamente la esclavitud o la privación de derechos políticos de las mujeres, asuntos que apenas hace 150 años (un suspiro en la historia) eran discutidos con vehemencia y tenían muchos partidarios hasta entre individuos ilustrados. Ahora es el momento de los derechos LGTB y los pasos positivos dados en esta dirección han ido tan lejos que han llegado hasta el Vaticano.

El Papa Francisco está demostrando que su actitud no es meramente diplomática, sino que quiere introducir algunos cambios más que cosméticos en un código moral impracticable por alejado de la realidad. Todas las iglesias cristianas en las sociedades avanzadas se encuentran hoy día en una encrucijada, tanto más dramática cuanto más rígida y autoritaria sea su organización, por dos causas principales: en primer lugar la ciencia y la libertad de pensamiento amenazan directamente la base de creencias elaboradas y desarrolladas hace milenios por y para sociedades de campesinos, esclavos y siervos; en segundo lugar la emancipación femenina, la biología y la medicina han derribado barreras y transformado conceptos de tal modo que hoy día ya no es posible oponerse a la realidad del divorcio o la posibilidad de abortar, mientras que las antiguas certezas sobre género, rol y hasta sexo biológico se han hecho más difusas y llenado de matices.

Radicales cristianos, musulmanes y laicos homófobos se han empeñado en una guerra contra los derechos LGTB en general, no sólo contra el matrimonio igualitario, y han ganado algunas batallas como en Rusia o Uganda, o siguen intentando congelar la evolución como en Italia, pero la realidad se impone y, si el consenso científico y social mayoritario afirma que las personas LGTB no son ni enfermos ni delincuentes, no quedan razones lógicas para no considerarlos ciudadanos de pleno derecho que es de lo que se trata, no de amor o aprecio, que es con lo que algunos lo confunden.

En los Estados Unidos, por ejemplo, nadie que aspire a ser respetado hace gala de racismo en público, pero eso no evita que haya racistas con fuertes y arraigados prejuicios. Lo importante es hacer el racismo inaceptable socialmente y objeto de persecución civil o penal en los tribunales cuando se manifiesta.

El Vaticano parece estar llegando a la conclusión de que, en tiempos de grave crisis para la Iglesia Católica, la oposición frontal a los nuevos datos biológicos y a los cambios sociales es tan inútil como negarse a aceptar la marginalidad del sistema solar en el universo o la evolución de las especies. Esto tampoco significa amor, sólo cambio de táctica, pero siempre hay que alegrarse de que un frente de guerra entre en relativa calma. 

viernes, 17 de octubre de 2014

HISTERIA

Las sociedades modernas son tan propensas a la histeria como a buscar inmediatamente culpables para las causas de la misma, desde un ciclón a una inundación pasando por una pandemia. Gobernantes y otros responsables demuestran su fuste cuando responden con coherencia, sin escurrir el bulto y sin dejarse ganar también ellos por la histeria.

La "Crisis del Ébola", originada por esta enfermedad, pero muy lejos de ser una verdadera crisis, ha sido el ejemplo perfecto de cómo NO tratar un tema delicado, pero mucho menos amenazante en Europa o Norteamérica que en los pobres países africanos a los que realmente castiga. Un país con buenos hospitales modernos, higiene y alcantarillado no es muy propenso a desarrollar miles, ni siquiera cientos de casos de una enfermedad que no se contagia por el aire y cuyos brotes se pueden controlar.

La histeria atizada por medios de comunicación irresponsables, verdades a medias y comparaciones estúpidas ha hecho presa fácil en una población inclinada a la exageración por el enfrentamiento político, los impopulares recortes y la ausencia de tratamientos y vacunas eficaces, pero también en unas autoridades siempre dispuestas a escurrir el bulto y acusar a las víctimas, con lo que podríamos llamar pésima psicología social.

¿Se debió repatriar a los dos misioneros enfermos? Hay tantas razones a favor como en contra, pero de eso a decir que "el gobierno ha traído intencionadamente el Ébola" hay un abismo de mala fe. Si se hubiera decidido no repatriarlos las críticas hubieran sido igual de malas.

¿Son los recortes culpables del contagio de la auxiliar? Toda la lógica dice que no. Los casos en los Estados Unidos han sido similares y utilizar este argumento quita credibilidad a las legítimas protestas por la reducción de medios de la sanidad pública. No se puede utilizar cualquier argumento contra el adversario.

¿Se han comportado bien los responsables? Sólo a medias y muy mal al apresurarse a culpar a la víctima. Casos similares pueden reproducirse en el futuro y el consejero que la acusó de tonta es simplemente un estúpido arrogante.

En cuanto al resto de la estupidez histérica fomentada por curanderos y monjas catalanistas mejor no hablar: plantas mágicas, ozono por vía anal y otras ignorancias se propalan estos días por los cauces habituales para consumo de crédulos yorigen de más histeria.

sábado, 4 de octubre de 2014

SOCIEDAD, PROGRESO Y LEYES

Los progresos experimentados en la última década en cuanto a derechos civiles individuales en occidente son significativos y todos juntos constituyen una verdadera revolución social, aunque mejor cabría decir que reflejan los cambios de las sociedades postindustriales maduras. En post anteriores he incidido en el hecho de que no es posible imponer leyes que una sociedad no acepta mayoritariamente (como se ha podido comprobar en España con el intento de revertir la ley del aborto) porque si se desobedecen masivamente son contraproducentes, pero no pensemos que esto se aplica sólo a ideologías retrógradas; introducir legislación avanzada en sociedades no receptivas suele ser igualmente inútil y peligroso socialmente.

Aparecen como una contradicción los retrocesos experimentados en derechos sociales en las mismas sociedades: escasez e inestabilidad de puestos de trabajo, desigualdad creciente de ingresos, carestía de la vivienda, solidaridad decreciente, etc, pero en realidad son un resultado de los mismos factores. Globalización, incidencia de ciencia y tecnología, nuevas potencias económicas, crisis demográfica etc hacen insostenible un modelo socialdemócrata occidental que entró en crisis hace mucho tiempo. Un desafío para el futuro es estudiar como se puede dar origen a otro modelo solidario más sostenible en el difícil entorno presente y futuro, pero la contradicción en cuanto a derechos es sólo aparente, porque en cierto modo la mayor libertad individual es también una consecuencia de la individuación y el aflojamiento de vínculos sociales y de la aparición de identidades personales múltiples y fluctuantes, imposibles en las rígidas categorías anteriores.

Estado, familia, matrimonio y filiación han cambiado: en algunos casos se han debilitado y en otros han transformado su sentido, lo que es interpretado desde posiciones conservadoras y fijistas como decadencia o desastre, pero esto supone no apreciar que estos conceptos son cambiantes como todo en la historia y que se han transformado ya muchas veces.

También en cierto modo la frustración en cuanto a derechos sociales se compensa parcialmente con la expansión de los individuales, aunque esto suponga inseguridad y una variabilidad aún mayores, pero la vida es así de complicada, contradictoria, confusa y finalmente creativa.... si podemos ser lo que queremos, también lo tenemos que inventar, crear y hacer posible, y en esto consiste la maravilla del espíritu humano cuando puede ser libre.

Nunca hay un fin porque el camino es un fin en sí mismo.

domingo, 23 de febrero de 2014

IGNORANCIA NATURAL

Es posible que tanto el cardenal Sebastián como la concejala del PP de algún sitio, como los muchos tertulianos de las emisoras de derecha o de ultraderecha que aún repiten ideas trilladas y descartadas, como que la homosexualidad es "defecto", "enfermedad", "susceptible de tratamiento", etc., sean a veces sinceros y se lo crean al menos en parte. Por supuesto que también les gusta creérselo porque eso va de acuerdo con sus ideas político-religiosas y es más frecuente adaptar principios morales a los prejuicios propios que tender a eliminar prejuicios por influencias éticas, pero hay que darles el beneficio de la duda y pensar que son sinceros; ignorantes, pero sinceros.

Ninguno de ellos es un científico serio, eso desde luego. Ni siquiera los curanderos con títulos de psicología o psiquiatría que se anuncian como curadores. Estos son más bien aprovechados que quieren hacer dinero a costa de fanáticos, o fanáticos con deseo de dominio y condicionamiento de víctimas, porque ningún científico serio tiene hoy día la primitiva idea de "naturaleza" que suele aducirse cuando se habla de la "anormalidad".

Todavía hace unos 100 años podía parecer racional que, si había básicamente dos sexos biológicos, se sintieran forzosamente atraídos con el fin de reproducir la especie y que, todo lo que no fuera así debía tomarse como desvío, carencia, vicio o maldad, porque se consideraba que la naturaleza era una máquina perfecta o tendente a la perfección, cuando no creada directamente por un dios que había hecho las cosas exactamente como debían ser.

Sin embargo, no hay que llegar a la física cuántica para darse cuenta de que lo que parece evidente no siempre lo es. Cualquier observador mediano se da cuenta de que en el mundo visible hay tantas excepciones que en realidad hay que aceptar su existencia como "normal". Muchas culturas antiguas precientíficas aceptaban la diferencia y la justificaban con leyendas o como parte de la costumbre, mientras que el progreso de la investigación moderna ha demostrado que la supuesta racionalidad y tendencia a objetivos claros de la naturaleza en general solo está en la cabeza de los que intentan forzarla dentro de sus parámetros ideológicos.

Tomar la mayoría por norma obligatoria ha sido enfermedad común en la vida social. Me acuerdo muy bien de cuando se castigaba o incluso se ataba a los niños zurdos para obligarlos a usar la mano derecha, porque usar la izquierda era "vicio", mala costumbre, mala educación y otras justificaciones que ocultaban los prejuicios prehistóricos unidos a la preferencia manual.

La religión, como refuerzo normativo que es de lo ya aceptado en una sociedad, suele sumarse en las condenas con una agravante: una vez esclerotizada en dogma tiende a quedarse desfasada de la sociedad que le dio origen y a convertirse en un obstáculo, pero muchos de sus miembros y jerarcas repetirán hasta morir los principios que aprendieron y que han sido condicionados para tener como evidentes, aunque la evidencia científica vaya ya por otra parte. Galileo es un ejemplo, pero la homosexualidad es otro: según el cardenal Sebastián debe ser tratada como su hipertensión, pero esto no es más que la falsa analogía acientífica de alguien que tiene que mantener un principio moral abstracto y, como tantas otras veces, ni siquiera debe considerarse como una opinión ética respetable porque no viene de reflexión racional respaldada por investigación, sino del prejuicio dogmático puro y simple. En el caso de la joven concejala que espera "que algún día se encuentre la cura" solo proviene de la ignorancia.

viernes, 23 de agosto de 2013

HUIR DE LA CIENCIA

Un artículo en el New York Times de Adam Frank, profesor de física y astronomía en la Universidad de Rochester, subraya una peligrosa tendencia moderna: la voluntaria ignorancia de la ciencia y su sustitución por creencias, opiniones o simples supersticiones sin fundamento alguno. Resulta que hoy hay más norteamericanos convencidos de la "ciencia creacionista" que hace veinte años, más gente que no vacuna a sus hijos porque creen que la vacunación debilita y produce autismo y una mayoría que opina que el cambio climático es pura propaganda.

Quien piense que esta tendencia es solo propia de americanos se equivoca por completo, también en Europa hay una corriente de escepticismo, desconfianza y hasta aversión por la ciencia y los científicos. El creacionismo no tiene mucho curso en nuestro continente, pero los anti-vacunas, los que creen en las virtudes curativas de la homeopatía y los que se llenan la boca con el adjetivo "natural" abundan en nuestros países al amparo de un posmodernismo de pacotilla que encubre ignorancia real y prejuicios varios.

En los años 50 o 60 del siglo pasado había muchas personas crédulas o desesperadas que acudían a curanderos que prometían sanar enfermedades con oraciones, aguas milagrosas o emanaciones mágicas, pero esto se consideraba un atraso que la educación haría desaparecer. No es tan sorprendente, sin embargo, que no haya desaparecido, porque el elemento irracional de los humanos es considerable y una cierta cantidad de educación puede paradójicamente reforzar en vez de limar prejuicios.

Hace dos generaciones las personas analfabetas o muy ignorantes sabían que lo eran y, aunque creyeran a pie juntillas en las virtudes del curanderismo, no se atrevían a discutir con alguien que "tuviera estudios" y hasta se avergonzaban de acudir a sanadores. Hoy día, en cambio, lecturas superficiales, información defectuosa y una verdadera "industria de la sanación" difundida por la red y mediante publicaciones varias, les dan a algunos la ilusión de saber algo: "yo lo he leído", "lo he visto en internet", "lo dice Madonna" o frases similares se oyen todos los días refiriéndose a cosas tan serias como la curación de tumores o el tratamiento del SIDA. "Yo creo que...", "no tengo  la misma opinión sobre...." son afirmaciones que se prodigan sobre temas sobre los que el opinador no tiene formación alguna y sobre los que en puridad no puede "opinar", pero la antigua modestia del ignorante ha desaparecido con la equivocada idea de que si se sabe leer y se puede votar también se puede tener una opinión sobre, por ejemplo, los agujeros negros de la galaxia. El absurdo se convierte en drama cuando además se politiza, como sucede en los Estados Unidos con el cambio climático, negado sistemáticamente por los ultras o con la evolución, todavía no digerida por los integristas religiosos.

Si la estupidez perjudicara solo a los cretinos no estaría del todo mal, pero los anti-vacuna, homeopato-naturistas, crudívoro-macrobióticos difunden la ignorancia junto con los gérmenes que no se erradican, como el de la poliomielitis, reaparecido en Pakistán y Somalia, donde los fanáticos caciques locales impiden la vacunación, o los del sarampión y la tos ferina, reaparecidos... en los Estados Unidos, donde hay memos que no vacunan a sus hijos.

No hay tanta diferencia entre posmodernos escépticos de la ciencia y talibanes, ambos son dogmáticos e inabordables mediante el razonamiento.

miércoles, 3 de abril de 2013

HOMOFOBIA Y MALA CIENCIA

Que la homofobia es producto de la ignorancia y/o los prejuicios es un postulado válido, pero también puede provenir o ser explicada mediante teorías absurdas que achacan la orientación sexual a alguna otra fobia de la persona en concreto. En este caso hablamos de un tal Gian Paolo Vanoli, uno de esos propagandistas de terapias alternativas que la tienen tomada con la vacunación sin más base científica que su desconocimiento real de la ciencia  y la voluntaria ignorancia de los estudios que no encuentran vínculo alguno entre vacunación y autismo.


Según el Sr. Vanoli, las vacunas "producen" la homosexualidad al impedir al sujeto "encontrar su personalidad", intento que queda frustrado por el mercurio y otras sustancias presentes en las vacunas que penetran en su cerebro y... lo hacen gay. Más aún, la vacuna altera el ADN de la víctima, lo que garantiza que sus hijos hereden la "enfermedad" de homosexualidad, y eso quiere decir que las próximas generaciones estarán compuestas de gays.


El Sr. Vanoli está convencido de que la homosexualidad es una enfermedad, por mucho que la OMS diga lo contrario, es una "forma leve de autismo"... pero como los gays no tienen la culpa de lo que les pasa no se los debe atacar y hasta se debe dejar que se casen si quieren. Es de suponer que entre ellos, aunque este gran científico los supone teniendo muchos hijos biológicos y transmitiendo sus malos genes, algo no muy lógico, aunque buscar racionalidad en estos flujos mentales puede inducir formas leves de esquizofrenia.

Ya lo saben los padres preocupados con que sus hijos puedan resultar autistas leves con pareja del mismo sexo, ¡NO LOS VACUNEN!

miércoles, 23 de enero de 2013

LA SUPERSTICIÓN DE LO NATURAL

¿Saben Vds. que hay necios que dan a sus gatos comida vegana? Se trata de alimentos vegetales especialmente hechos para felinos, carnívoros por evolución e incapaces de digerir bien plantas y similares. Seguramente piensan que así son muy compasivos, pero desgraciadamente no con los gatos, que enferman con frecuencia o mueren de lenta desnutrición. Es frecuente que los mismos sujetos sean partidarios de "terapias naturales", desconfíen de la vacunación y crean en poderes y energías mentales de imposible demostración.

Supersticiones ha habido siempre y supongo que siempre habrá un rincón para ellas dada la estulticia humana, pero en esta época folletinesca de transición de un mundo aún primitivo y fragmentado a otro más científico y globalizado, tenemos que sufrir la confusión a todo volumen de los que, sin verdadera educación y conocimiento científicos, se lanzan a opinar sobre cualquier cosa sin base alguna, guiados por filias y fobias, teorías conspiratorias y prejuicios viejos envueltos en ropajes nuevos. Ninguno de ellos sabe del método científico de prueba y ensayo y les basta cualquier artículo de revista popular trufado de palabras arcanas, con algún término que suene sabio, para "fundamentar" su fe absoluta en la maldad de lo que odian, tomar síntomas por causas o inventarse éstas sin ningún reparo.

La invocación a lo "natural" es frecuente, y tan vacía y falsa como la que las iglesias hacen para apoyar sus ukases morales (léase mi post anterior). Estos crédulos suelen partir de la base de que la naturaleza es "benévola" y que todos los problemas, desde el cáncer al autismo, provienen de las manipulaciones de la civilización y la perversión de la ciencia, cuando no de un siniestro plan ideado por algún oscuro suprapoder en la sombra, que puede ser el de los míticos Sabios de Sión, para los antisemitas, los USA, la UE, la mafia farmacéutica, la Spectra de James Bond o los aliénigenas que viven secretamente entre los humanos.

La naturaleza no es ni una máquina perfecta ni una institución de beneficencia, el cáncer, por ejemplo, es de lo más natural y mata con la misma falta de culpa que el tigre que se come al ciervo, pero los que desconfían o "no creen" en la medicina moderna "occidental", desean que se les cure. Lo verdaderamente natural sería dejarse morir de él, pero este razonamiento es demasiado lógico para personas que viven en la ordenada confusión de las "terapias naturales" y creen en los efectos de aguas milagrosas, píldoras homeopáticas y remedios de la abuela, utilizan el teléfono móvil, pero no quieren una antena para el mismo cerca de casa por si las ondas, buscan en internet curas y emplastos, pero consideran que la wifi puede producir lesiones irreparables... y así.

Contra toda esta ignorancia voluntaria valen de poco los estudios serios, publicados en revistas científicas serias, porque no los leen y, si los leyeran, dirían que están patrocinados por las grandes empresas, de las que siempre hay que desconfiar, o por la mafia de los intelectuales de élite, peligrosa minoría que suele despreciar la ciencia infusa de los embaucadores de bobos.

domingo, 6 de enero de 2013

LA FALTA DE NATURALIDAD DE LO NATURAL

Uno de los argumentos contra el matrimonio igualitario y la homosexualidad en general que las iglesias utilizan de forma recurrente, especialmente la Iglesia Católica, es el muy manido y acientífico de "Ley Natural", una idea que deriva de la filosofía aristotélica (siglo V A.C.), pero que fue elaborada en la forma final en que la conocemos por Tomás de Aquino en el siglo XIII, de acuerdo a los dogmas eclesiásticos y los prejuicios de la época. Si lo analizamos hoy, cuando incluso muchos teólogos católicos consideran el Tomismo estrambótico y sobrepasado, es fácil ver cuan poco natural e irracional es esta supuesta ley. De acuerdo con el padre Tomás, la ley natural es innata en el género humano y se resume casi nada más que a un examen de las cosas con sentido común y razonamientos simples. Una estimación cuidadosa de los hechos muestra inmediatamente lo que está bien y lo que está mal, si se razona bien. Por ejemplo, el sexo tiene como fin la procreación, luego todo sexo que no vaya dirigido a este fin está mal, ¿fácil o no?

El pobre de Aquino, como tantos otros sabios del pasado, consideraba que la naturaleza era una máquina perfecta, pensada y diseñada por un Dios perfecto, en la que todo y todos tenían un objetivo y función definidos: el hombre era el centro de la creación para quien todo había sido creado, la Tierra era el centro del universo y el sol y la luna luminarias que colgaban de la bóveda celeste, en la que las estrellas eran lámparas menores clavadas al firmamento. Todo eso era claro y fácil de ver, igual que el hecho de que los varones eran infinitamente superiores a las hembras, puesto que eran el elemento activo que depositaba su semilla en los inferiores cuerpos femeninos, simples receptáculos para que crecieran los bebés. Los varones, claro está, tampoco eran iguales: algunos eran de noble estirpe, mejores por tanto, otros eran esclavos que debían obedecer a su amo, otros malvados herejes que debían ser quemados en la hoguera para que no infectaran a los demás con su veneno.... y todo esto era comprendido mediante la "ley natural", que también graduaba lo que era contra natura en el sexo.

Esta ley tiene de natural lo que los prejuicios y las ideas de cada época consideran y, como tal, no puede distinguirse de los mandamientos de la Iglesia, ¿veis lo adecuada que resulta? Sirve para confundir almas cándidas y también conceptos sencillos, como cuando se dice que el matrimonio solo puede ser la unión sagrada de un hombre y una mujer, pasando por alto que hasta en la Biblia la poligamia era la regla... en el caso de que hubiera matrimonio, puesto que otra confusión es la de describir el matrimonio como una institución "natural", cuando se trata realmente de un contrato cambiable, como todos los contratos, y que debería ser distinguido claramente de la simple relación sexual.

La "Ley Natural" es solo una abstracción lejos de la naturaleza, la historia, la ciencia y el sentido común moderno, de modo que cuando es utilizada por individuos como el Cardenal de Chicago, por ejemplo, debemos verla como lo que es de verdad, una no-razón.

martes, 11 de septiembre de 2012

IGNORANCIA CIENTÍFICA

Se está repitiendo mucho, no solo en España, que es necesario cambiar el sistema productivo y que hay que tender hacia uno más tecnificado y capaz de producir más tecnología y mayor sofisticación de servicios. Esto no es de dudar, dada la competencia de los países emergentes, pero en vez de fomentarlo con más y mejor educación se sabotea con recortes indebidos o con espejismos del estilo de "Eurovegas", que prometen manás para traer a cambio unos pocos dólares, bastante posible corrupción y otros males que pueden costar más de lo que aportan.

Pero muchos políticos y otros responsables, no solo los españoles, hacen gala de ignorancia y desprecio por la ciencia en general, como si se tratase de algo propio de empollones o sabios distraídos y algo cómicos o, también en algunos casos, se niegan a enfrentarse a prejuicios y actitudes anticientíficas (o absolutamente anticulturales) difundidas entre sus votantes sin más razones que la superstición.

Los medios de comunicación tienen también su parte de culpa por la superficialidad, la exageración y la deformación con la que a menudo se tratan temas serios y por el eco que se da a rumores sin fundamento, como el que ligaba vacunas y autismo sin más autoridad que la de un orate que había afirmado tal cosa sin prueba alguna.

Hay una parte de la población que se siente amenazada por la tecnología porque tiene la impresión de que se aparta o va en contra de la naturaleza. Es una actitud con larguísima tradición: Horacio ya cantaba las loas de una vida campesina idealizada para contrastarla con la vida urbana de la Roma clásica y no fue el primero, pero el rechazo acrítico de la ciencia y sus consecuencias suele llevar a la creencia en los supuestos beneficios de terapias "naturales", energías indemostradas, poderes mentales y otras pamemas que en el mejor de los casos son inocuas y en el peor francamente peligrosas.

Los estudios serios suelen demostrar la falsedad de creencias basadas en suposiciones, como se ha hecho últimamente con la idealizada mejor nutrición de los alimentos llamados "biológicos" (como si todos los demás no lo fueran). La producción de estos alimentos puede ser aconsejable por razones ecológicas, pero no hay que verlos como la panacea y solución para la humanidad con la exclusión de toda otra cosa, pero esto es lo que a veces se predica en este y otros temas.

Las sinrazones anticientíficas tendrían menos peso si la educación en la ciencia fuera mejor y más general, pero creo que seguiremos con la contradicción de una población que maneja teléfonos más inteligentes que ella y que utiliza una sofisticada tecnología de la información para difundir estupideces y mantener viejas supersticiones.

En lo que a mí y a este blog nos importa ¿saben muchos clérigos y bastantes beatos que la homosexualidad no está considerada enfermedad mental por los profesionales, que no es contagiosa y que se ha demostrado que la orientación sexual no es cambiable? Tal vez lo sepan, pero no lo creen porque prefieren ignorar la evidencia para encastillarse en sus prejuicios. Hay que seguir dando gritos para que se enteren. 

sábado, 11 de agosto de 2012

COSAS DE NIÑOS

Una de las objeciones más aducidas contra el matrimonio igualitario es la de que dos personas del mismo sexo no pueden procrear, que se trata de una unión estéril. Sensu contrario, allí donde el matrimonio igualitario es un hecho, las parejas del mismo sexo sienten una cierta presión para tener familia, bien sea por medios naturales bien mediante la adopción, como si en ambos casos se diera por sentado que un contrato matrimonial lleva consigo la compulsión ineludible de tener descendencia, la "obligación" social de criar hijos.

Esto les parece muy lógico tanto a los homófobos como a los bienpensantes, pero no tiene en realidad lógica alguna y menos aún en nuestros tiempos: dos personas del mismo o diferente sexo se unen porque se quieren o se necesitan y porque al ser humano no le suele gustar la soledad, pero no en todos los casos ha existido la posibilidad o la voluntad de tener hijos, ni en el pasado ni en el presente. Los hijos en las sociedades agrícolas eran una "inversión" que permitía a los campesinos cultivar más tierra y daba la seguridad de que los padres serían cuidados en su vejez, a los nobles de la sociedad preindustrial les permitía tener un heredero y colocar los sobrantes en puestos de la corte o el ejército que les garantizaran prebendas e influencia. No era fácil sobrevivir solo y sin familia antes del siglo XIX, a no ser que se ingresara en un convento o algo similar. Pero los hijos, y especialmente las hijas, se representan a menudo como una carga insoportable y no deseada en muchos casos más allá de un cierto número, pero la posibilidad de planificar la natalidad en el pasado era muy limitada.

Como los conceptos culturales evolucionan muy lentamente, aún hay muchas personas en todo el mundo que tienen ideas poco realistas sobre la población humana, fanáticamente suscritas por ciertas religiones que parecen creer que sus dioses necesitan billones de almas a su servicio y que la obligación de los humanos es proporcionárselas, sin importar demasiado la calidad de vida de los cuerpos, así como la insoportable carga que se hace sufrir a un planeta cuyos recursos se agotan rápidamente.

En las complejas sociedades urbanas del presente criar y educar hijos es de hecho un trabajo que excede en mucho las capacidades económicas e incluso mentales de muchas parejas, condenando a un buen porcentaje a la inadaptación, la marginalidad o una vida muy precaria. Por otra parte, la idea de que la población debe aumentar constantemente para garantizar pensiones y cuidados a los viejos, mantener el consumo y garantizar el crecimiento económico es todavía casi un artículo de fe, pero con una longevidad creciente, una mayoría en buena salud y densidades ya muy elevadas es simplemente insostenible a medio plazo. Pocos se paran a pensar que la primera y principal causa del calentamiento global es el enorme número de humanos; la racionalización de muchas cosas puede disminuir la generación de gases, pero nada mejorará radicalmente si la población sigue aumentando.

El mundo no necesita más gente, pero sí que la que hay viva mejor en general, lo que no será el caso de continuar como hasta ahora. Hay gays y héteros con profundo sentido paternal y me parece muy bien que críen hijos, pero hay muchas parejas de todas clases que no sienten inclinación o deseos a las que no se debe criticar por ello... más aún, hay muchas personas que no deberían nunca ser padres y que sin embargo lo son con catastróficas consecuencias.

jueves, 28 de junio de 2012

MACHISMO CONTRA DERECHOS

Hay bastantes estados en el mundo, especialmente en países atrasados de África y del Medio Oriente, en el que los derechos de las mujeres, los niños y las personas LGTB son ignorados, violados y ridiculizados con pretextos varios, generalmente religiosos. Sin perder de vista que las religiones son también ciertamente culpables de estos abusos, hay que reconocer que las creencias se suman y se adaptan a culturas patriarcales en las que los derechos de los machos predominan sobre cualquier otra cosa, de modo que las hembras y los varones que por orientación sexual "se comportan como hembras", son despreciados y se convierten en objetos de aversión y odio.

Es difícil que en estas sociedades cambien los conceptos mientras las mujeres y los jóvenes en general sigan sometidos y sin posibilidad de independizarse económica y socialmente, lo que no sucederá sin desarrollo económico, aunque este no es suficiente por sí mismo, como puede verse en lugares como Arabia Saudita.

Esta es una realidad incómoda en el mundo en el que vivimos, en el que unos países están en el siglo XXI y otros aún en el XV, pero el respeto cultural por la diferencia no debe confundirse con la aquiescencia a la barbarie. Nadie en Europa, América o incluso entre la élites educadas de África considera que la mutilación genital femenina sea una práctica aceptable, aunque tenga una larga tradición cultural y, del mismo modo, hay que repetir siempre que haya ocasión que el tratamiento legal y práctico de los derechos de las mujeres, niños y personas LGTB en estos países es simplemente incivilizado y brutal, que deben avergonzarse de él y "aprender" de la evolución de los estados de Europa y América.

Es cierto que muchas de las absurdas leyes contra personas LGTB vigentes en África, por ejemplo, fueron inspiradas por legislaciones coloniales victorianas en sociedades que hasta entonces habían sido menos represivas, pero hay que reconocer que el fuerte machismo predominante antes y ahora no garantizaba en ningún caso una verdadera tolerancia, una vez desaparecidas las condiciones precoloniales.

El machismo implica siempre sexismo y con frecuencia racismo, puesto que se rechaza o desprecia lo "débil", lo diferente, lo que no se conforma a las arbitrarias normas del machismo de cada lugar. Los "valores tradicionales" que a veces se predican son con frecuencia pantallas tras las que se oculta la más cruda barbarie que obliga a las mujeres a someterse y a muchos varones al disimulo permanente, lo que no quiere decir, claro está, que desaparezcan comportamientos homosexuales que tienen lugar en la clandestinidad, sin nombre ni calificación; son los países donde no hay gays, solo hombres que se acuestan con otros hombres, mientras que se ignora a las mujeres, que por pasivas pueden ser violadas, usadas o repudiadas.

Denunciémoslo siempre y sin paliativos.

viernes, 15 de junio de 2012

ORIENTACIÓN Y GENÉTICA

Un nuevo estudio aporta un importante dato sobre el origen genético de la homosexualidad, el Huffington Post en su edición norteamericana se hace eco de la publicación de Andrea Camperio, de la universidad de Padua, que ha estado trabajando sobre datos que demuestran que las madres y las tías maternas de los hombres homosexuales (no de las lesbianas) tienden a tener más hijos que las de los héterosexuales. Parece haber al menos un gen en el cromosoma X, que es el que las madres transmiten a los hijos, que al tiempo que favorece la homosexualidad masculina hace a las mujeres más fértiles y atractivas, además de tener embarazos más libres de problemas, ser más extravertidas, tener mejor vida familiar y menos ansiedad.

Esto se denomina: "Hipótesis de selección equilibrada", y demuestra prácticamente que la homosexualidad masculina en la especie humana y en muchas otras no contradice su origen evolutivo, puesto que al mismo tiempo que se favorece la homosexualidad de algunos individuos se favorece la reproducción de la especie, ya que si (al menos en teoría) los homosexuales tienden a reproducirse menos, sus madres y tías son más atractivas para otros hombres y se reproducen más.

Cierto que esto no elimina otros factores, como el que se viene estudiando de la exposición del feto a una mayor o menor cantidad de hormonas durante el embarazo, pero es un dato más que demuestra que la atracción predominante por el mismo sexo no es perversión o elección, sino que viene determinada por un conjunto de causas prenatales, lo que invalida las valoraciones morales de un hecho inevitable, al tiempo que demuestra también que no se puede simplificar diciendo que hay un "gen gay", puesto que la genética es algo más complicada de lo que a veces se populariza.

La naturaleza no es como les gustaría a muchos que hablan de "ley natural" para imponer la que ellos inventan, sino bastante más variada y contradictoria.


viernes, 4 de noviembre de 2011

¡Destituido!

Parece que el infame artículo del señor Daniel Ávila comentado en el anterior post, en el que venía a decir que los homosexuales son creados por el mismísimo demonio, ha resultado excesivo incluso para la jerarquía católica. La diócesis de Boston ha dado marcha atrás, retirado el artículo y pedido excusas por el desatino, mientras que el Sr. Ávila ha dejado de ser "consejero" de asuntos relacionados para la Conferencia Episcopal, no es claro si por dimisión o destitución.

No creo que la jerarquía lo haga por convicción alguna, sino porque la indigesta mezcla de ciencia y teología reflejada en este artículo era causa de ridículo y de más sonrojo que el habitual.