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miércoles, 23 de agosto de 2017

LOS VALORES DE LA RESERVA

Todos sabemos que cuando sucede una tragedia inmediatamente saltan los que se quieren aprovechar de ella para darse la razón, jalearse mutuamente y aportar un granito de arena a su programa. Un ataque terrorista como el de Barcelona, que no es el primero ni será el último, merece sin duda ser analizado en sus causas y objetivos, pero hay que soportar que ex ministros, párrocos y otros seres indefinidos, pero no precisamente santos, salgan a la palestra a simplificar burdamente el problema y echar las culpas a quien no las tiene.
Coinciden sus toscos pronunciamientos con los de los obispos católicos australianos, en un momento en que se avanza mal que bien hacia el matrimonio igualitario en nuestros antípodas y resurgen los viejos y manidos tópicos utilizados en contra.
Se trata de descalificar el progreso social, la extensión de derechos  y la diversidad en general, siempre tabú para los inmovilistas, presentando una imagen negativa de las sociedades libres y adoptando una visión “moralista” de la historia, que simplifica hechos complejos y los sustituye con explicaciones facilonas del estilo “el Imperio Romano decayó por la degeneración de las costumbres”. Deducción que ataca lo que dice defender, puesto que en teoría la moral romana había mejorado mucho desde que el Imperio se hizo cristianísimo a partir del siglo IV.
Las dictaduras del siglo XX en Alemania, Italia y España hicieron mucho énfasis en una “regeneración moral” para defender valores supuestamente eternos, que no les impidió cometer crímenes horribles y excusar una considerable corrupción dentro de sí mismas. Diferentes traducciones de la “reserva espiritual de occidente”, versión española, se vendieron en la Francia de Vichy (Travail, Famille, Patrie) y en otros muchos lugares para amparar y fomentar el conservadurismo social más estrecho, que incluía sexismo, clasismo, racismo, antisemitismo y machismo, y no incluyo la homofobia en la lista porque se deriva de lo anterior y a aquellos señores ni les hubiera entrado en la cabeza el concepto.
Es relativamente fácil atacar una sociedad libre y al amparo de la libertad es también fácil criticarla y denostarla como débil, enferma o degenerada, pero el ideal que se esgrime es siempre tramposo, falso y estereotipado, porque la sociedad de hace cincuenta años era más injusta, más desigual, menos libre y muchísimo más hipócrita. Es sencillo y siempre interesado presentar una postal coloreada a gusto del que la blande, para concluir que el feminismo y los  derechos LGTBI, entre otras cosas, han “debilitado” Europa, y que ésta es una de las causas de los ataques de los yihadistas, sin citar la desunión política, los problemas económicos, los militares y un largo etcétera.
La libertad siempre molesta a los fanáticos, pero es paradójicamente una de las fortalezas de las sociedades avanzadas; basta observar el número de los que querrían vivir en Europa o en los Estados Unidos, incluso con Trump, y los contados individuos que desearían emigrar a Arabia Saudita o a Cuba, por poner dos ejemplos.
Las sociedades no son más débiles por dar mayores derechos a los que las componen, al revés de lo que les gustaría a los autoritarios se hacen infinitamente más humanas y mucho más atractivas.  

martes, 18 de julio de 2017

LIBERTAD Y CORRECCIÓN

Según se han ido consiguiendo derechos para las personas LGTB+ y según estos derechos han encontrado progresivamente mayor apoyo, los eternos reaccionarios han cambiado de táctica para oponerse. Como saben que ya no es posible atacarlos directamente, intentan dejarlos sin contenido con un pretexto que suena muy bien: la libertad.
Precisamente en España en estos días, las iglesias evangélicas, a imitación de sus casas madres norteamericanas, intentan ganar aliados para su oposición a las leyes antidiscriminación existentes y a las que puedan venir, con el argumento de que las disposiciones legales afectan a su libertad religiosa y de expresión. Sus razones son, por supuesto, especiosas, ya que ninguna ley ataca creencias y comunidades religiosas ni les obliga a aceptar lo que no creen o consideran moral.
Su problema reside en que por definición estas iglesias se basan en doctrinas cerradas y no discutibles y que, por lo mismo, cualquier fisura informativa que pueda hacer dudar a sus fieles es rechazada con temor. Dado que las leyes reconocen la diversidad sexual y que animan u obligan a que se informe sobre la misma, desde un punto de vista científico y neutral, consideran un ataque a su “libertad” que niños y adultos aprendan que el mundo no es tan binario y que la sexualidad es multiforme, pero lo que en realidad hacen es suprimir la libertad de sus fieles, especialmente los menores, para que piensen por sí mismos.
Las leyes no atacan su libertad de seguir enseñando que la homosexualidad es inmoral o pecaminosa, pero sí la de describir a los diversos como seres demoníacos y malvados a los que odiar, perseguir o eliminar. Y aquí es donde entramos en una frontera algo turbia entre lo que es libertad de expresión e incitación al odio y, desde luego, no en todos los casos podremos distinguir exactamente. Las creencias dogmáticas no han sido nunca amigas de la libertad de expresión real para los que contrarían sus doctrinas, pero ahora la desean para seguir imponiéndolas.
El reverso de la medalla es el convertir la corrección política y del lenguaje también en dogma y entender como ataque cualquier afirmación que no guste, como consecuencia que es de la libertad de expresión.
Los que defendemos la libertad tenemos que ser muy conscientes de que también hay que respetar la disidencia, siempre que ésta sea pacífica y suponga sólo diferencia y no violencia o incitación a la misma. Desde este punto de vista, uno puede detestar que algún párroco se suba al púlpito a denunciar la diversidad sexual como inaceptable, o que algún médico siga afirmando que la homosexualidad es una desviación curable, pero depende de cómo y con qué lenguaje no es posible prohibir o perseguir judicialmente tales manifestaciones.
Por supuesto que si un padre quiere obligar a su hijo gay a sufrir una “terapia de conversión” y la ley se lo prohibe, no estamos atacando la libertad del padre, sino defendiendo la del hijo, pero no podemos impedir que alguien siga escribiendo que estas falsas terapias funcionan, para eso están los profesionales que se lo rebatirán con pruebas.
La libertad es una planta delicada y sufre tanto por interpretaciones que la pervierten como por un exceso de corrección que la ahoga. Cuidémosla.

sábado, 11 de febrero de 2017

LA VERDAD SE DEFIENDE

Las mal llamadas “Terapias Reparativas” son una aberración. Soy el primero en denunciarlas como una impostura: no tienen más resultado que reprimir, a menudo con graves efectos secundarios y la literatura al respecto es ya abrumadora… Para el que la quiera leer, puesto que hay personas que por fanatismo, pusilanimidad o falta de autonomía siguen cayendo en ellas, pero hay que tener mucho cuidado en las reacciones contra las mismas, ya que queriendo hacer un bien puede acabarse cayendo en un mal que se vuelva contra los derechos en general.
Me refiero al deseo de imponer pensamiento único y prohibir manifestaciones o charlas contrarias al mismo, por muy convencidos que estemos de ciertas verdades y por mucho que queramos salvaguardar al público en general de las mentiras contrarias.
Viene esto al caso por el revuelo que se ha armado por una conferencia a dar en Barcelona por un “agente del enemigo” patrocinado por el obispo de esa ciudad. El Sr. Philippe Ariño es un convencido creyente que cree que la “homosexualidad es dolorosa”, una especie de error de la naturaleza que se cura con abstinencia sexual, oraciones y mucho sufrimiento, es decir, que también cree en las virtudes taumatúrgicas de ciertas “curas”.
Que lo que dice el Sr. Ariño es falso está fuera de duda, que sin duda es antipático también, pero ¿por qué prohibirle que hable? Hay diferentes ignorantes o crédulos que hablan sin base alguna en contra de las vacunas, que creen que los rastros que dejan los aviones son lluvias químicas esterilizadoras o que la homeopatía cura el cáncer, pero no levantan generalmente esta polémica, aunque sean desautorizados una y otra vez.
Es muy importante que los menores de edad, por ejemplo, no sean sometidos obligatoriamente a estas falsas terapias, pero de ello ya se encargan actualmente las leyes en buena parte de España. Sin embargo no es importante es que vayan a oírle los convencidos mayores de edad, que son sin duda el único público interesado en escuchar esta iniciación al masoquismo.
La campaña lanzada contra el obispado y el Sr. Ariño para que suprima la charla es una equivocación bienintencionada, pero una equivocación. La Iglesia Católica tiene una doctrina muy clara al respecto, este señor la difunde y…. desgraciadamente tiene todo el derecho a hacerlo en los locales propios de la iglesia. Algunos militantes no son conscientes de que caen en el más absoluto sectarismo queriendo curar de él, porque en este caso la libertad de expresión es un hecho y prohibir la conferencia sería coartarla.
Sería más discutible si el Sr. Ariño hablara en locales públicos (como ha sucedido con otra conferencia similar en la Universidad de Cádiz), si se le subvencionara públicamente o se difundiera su fanatismo por la TV pública, pero no si lo hace en locales propios y patrocinado por una autoridad que repite lo mismo una y otra vez.
La libertad de expresión supone que tengamos que oír una considerable cantidad de dislates religiosos, políticos y sociales, pero también nos permite difundir y defender la verdad, la ciencia y la libertad. A los dogmas del Sr. Ariño se responde, porque no hay nada mejor que analizar sus “verdades” para saber como rebatir lo que no es razón sino convicción que deriva de una creencia. Silenciar nunca es bueno porque también nos pueden silenciar a nosotros y hasta puede hacer atractivo al silenciado.

viernes, 20 de enero de 2017

ESQUIZOFRENIA

Hay personas, especialmente personas públicas, que no deberían abrir la boca para no hacer el ridículo, pero callarse es muy difícil y, por otra parte, sirve para que finalmente no nos den gato por liebre y sepamos cómo piensan realmente, o cómo no piensan, ya que muchas opiniones de figuras mediáticas demuestran vacío mental, ignorancia supina o neurosis en diferentes grados.
No quiero hablar aquí del ya presidente Trump, ejemplo insigne de todo lo anterior, sino de Stefano Gabbana, mitad de la famosa marca con su ex-amante Dolce, diseñadores ambos de prendas carísimas para profesionales del lucimiento de etiquetas y aficionados también ambos a los jóvenes y bellos modelos que lucen las masculinas.
Parece ser que ante las espantadas de modistos varios, enfrentados a la horrible perspectiva de vestir a la señora presidenta, esposa del hortera Trump, el señor Gabbana dijo que él la vestiría con mucho gusto, lo que levantó ciertas susceptibilidades en algún individuo con conciencia política que se apresuró a afear al diseñador exquisito su falta de compañerismo y empatía con sus congéneres homosexuales al fraternizar con una pareja tan claramente homófoba, y es aquí donde el señor Gabbana dijo lo que pensaba:
-¡No me gusta que me llamen gay!… ¡Yo soy un hombre!
Si hubiera dicho que lo hacía por dinero, fama o simplemente porque es su negocio, nadie se hubiera fijado mucho en algo tan normal, aunque algunos hubiéramos torcido un poco el gesto, pero la brillante frase pronunciada nos indica hasta qué punto el señor Gabbana está necesitado de tratamiento y reeducación.
Efectivamente es un hombre, nadie lo duda, y justo por eso es gay, porque le gustan otros hombres (o chicos) como él. Si fuera mujer o heterosexual nadie lo llamaría gay, pero este sujeto pertenece a esa clase de mariquitas esquizofrénicas que se indignan cuando las etiquetan tan correctamente como él hace con sus prendas: ¡gay yo! ¡De ninguna manera, a mi sólo me gustan los hombres!
Tal vez quiera decir, como el también exquisito Lagerfeld, que a él no se le puede comparar con los gais del montón, porque él habita en el Olimpo de los millonarios, pero ¡ay! la etiqueta de gay, como la de ser humano, es aplicable a toda la especie y, además, llueve sobre mojado, puesto que conjuntamente con su socio estuvo de acuerdo no hace mucho en que los gais no deben adoptar niños, ya que crecer sin los espaguetis de una mamma como es debido y un padre bien macho es seguro de infelicidad.
El señor Gabbana es escasamente original por arcaico, al repetir el viejo esquema hipócrita aún tan vigente en Italia y tan del gusto de los conservadores en todas partes: "la homosexualidad existe ¡ay qué desgracia!… pero hagamos como si no existiera, no hablemos de ella, no la nombremos…. porque en realidad nadie es homosexual, sólo hay personas con gustos peculiares que se practican en secreto ¿que esto causa infelicidad y problemas?… Sí, pero sólo a los pobres, los ricos y famosos tienen valedores y dinero y, más importante aún, no pueden ser etiquetados."

domingo, 25 de septiembre de 2016

MASCULINISMOS

Estamos tan acostumbrados a un mundo binario, dividido en géneros nítidamente separados por límites precisos, que a veces nos parece natural lo que no es sino convención, costumbre, herencia cultural o prejuicio. Ni siquiera el sexo biológico es tan claro como algunos creen y, si se dan intermedios en él, más aún en algo que es un constructo social, variable entre épocas y culturas.

Las personas de más de 60 crecimos en una sociedad en la que el género ni siquiera se discutía, sino que se daba por supuesto con una carga determinada: la mujeres eran o debían ser todas delicadas, sensibles, maternales, caseras, sumisas, castas, perfumadas, bien vestidas, interesadas en el matrimonio y esforzadas en hacerse atractivas para un hombre que se quisiera casar con ellas, mantenerlas y darles hijos a los que dedicarse plenamente. Claro que había algunas que se salían de la regla y que, por tanto, eran “malas”, aunque fueran muy frecuentadas por varones que se sentían más atraídos hacia ellas que hacia las buenas.
El hombre ideal, en cambio, y sin caer en las imágenes fascistoides del “medio monje, medio soldado”, que nadie se creía, debía ser más bien hirsuto, agresivo, austero, de pocas palabras, no demasiado cuidado, amante de los deportes, poco interesado en la ropa o la estética en general, pero sí en su carrera u oficio y en las mujeres como objetos o como futuras madres de sus hijos. Había muy poco más y, en consecuencia, los que se ajustaban plenamente al modelo eran unos seres bastante aburridos y nada interesantes.
Lo curioso es que podía haber malas mujeres, fatales vampiresas que hacían perder la cabeza a los impreparados machos que caían en sus redes, malas, pero muy mujeres, y nada similar en los varones, porque un chico atildado, perfumado, cuidado, de buena conversación, interesado en las artes y poco o nada en los deportes… ¡no era un hombre! Era sólo un remedo, una perversión, con independencia de que se sintiera atraído o no hacia las mujeres, la mayoría de las cuales lo despreciarían por no ser bastante hombre, sin contar con la burla de los verdaderos machos, cuando no la agresión por atentado a los valores masculinos.
No es de extrañar, pues, que casi todos los hombres intentaran adaptarse al máximo al modelo y que los que se salían de la norma fingieran cumplir con ella a vistas, y que incluso interiorizaran un cierto desdén por los “poco masculinos”, en flagrante traición a sus compañeros de sufrimiento.
La desaparición o reblandecimiento de estos rígicos códigos conformadores del género debe verse como liberación, no como confusión, porque los que de verdad tienen “ideología de género” son los que lo defienden como categoría fija e inmutable, no los que intentan disolverlo en el cúmulo de convencionalismos que lo constituyen, es decir, que lo que se ha dado en atacar como ideología es más bien invento de los atacantes, no de los que consideran el género norma social fluida y variable.

miércoles, 10 de agosto de 2016

ECOS MEDIEVALES

Resulta cansino oír al plomizo obispo de Alcalá de Henares y a sus adláteres tronar obsesivamente contra la post-modernidad, es decir contra la sociedad como es, en un extraño intento de retrotraerla a un pasado irreal por ideal, en el que familias y costumbres se adapten a su dogma y a una visión del mundo encerrada en un concepto de naturaleza arcaico y apriorístico, es decir, lo contrario de científico. El pretexto ahora es la ley madrileña contra la LGTB-fobia, contra la que arremeten con la misma mentalidad que parece tener el alcalde de Alcorcón, seguramente discípulo suyo.
Los argumentos son los manidos de siempre, aducidos una y mil veces por individuos y grupos semejantes allí donde se intenta legislar para todos, pero el central es... ¡el ataque a la libertad religiosa! Es decir, que si se defiende a las personas LGTB se ataca su religión.
Si se les pone la frase así, reaccionarán con indignación y dirán que no, que ellos no quieren que se ataque a nadie, que lo que ellos quieren decir es que están en desacuerdo con esa opción sexual que va contra la moral natural y que como la ley supone enseñar la diversidad sexual en las escuelas y ellos quieren que los niños sigan pensando que eso está muy mal o que no sepan ni de qué se trata, la ley ataca el sacrosanto derecho de los padres a educar a sus hijos como les dé la gana, la libertad de expresión y la libertad de cátedra, es decir que se trata de un ataque a todas las libertades imaginables.
La contradictoria hipocresía de esta postura se corona con protestas de respeto hacia los “confusos" individuos que se creen LGTB, personas que aún no se han dado cuenta de su verdadera identidad como hombres y mujeres heterosexuales, no se sabe exactamente por qué razón, aunque se sospecha que por las campañas de prensa, la televisión, los malos ejemplos y la conspiración del lobby (también llamado imperio) gay, poderosa estructura mundial dedicada a dinamitar las buenas costumbres y la religión. Estas personas deberían someterse a una sanación o cura de su enfermedad para ser felices y hacer felices a los obispos.
Lo interesante de este documento es que se puede tomar como resumen total del sinsentido con el que se ataca la diversidad, desde posturas dogmáticas que hacen total abstracción de los progresos científicos, de la realidad social y de los derechos individuales, para desenmascarar el autoritarismo con el que se quiere imponer una moral dogmática a toda la sociedad, justamente en contra de la libertad que se dice defender.
La idea de que existe una moral natural (coincidente al 100% con la del catecismo) es un postulado que se demuestra absurdo en cuanto se estudia un poco de antropología e historia, y se ve la variedad de códigos morales que han regido a las sociedades. Una moral natural sería practicada por chimpancés, bonobos y gorilas, especies que tienen prácticas sociales bastante distintas. La moral codificada es un invento humano práctico para vivir en sociedad, no leyes eternas e inmutables.
Nadie les va a impedir a estos señores seguir tronando desde púlpitos y cátedras, pero lo que no pueden impedir ellos en una sociedad libre de verdad es que se informe a niños y adultos de otras  posturas éticas y de que se les obligue a respetar de verdad a los diferentes, minoritarios o disidentes. No puede decirse que se respeta a alguien cuando en las aulas se imparte el prejuicio, la desconfianza o la aversión. Los padres no tienen un derecho absoluto sobre sus hijos, porque éstos no son de su propiedad, tienen a su vez derechos y deben ser informados y formados en el respeto a los derechos de los demás.
Lo más chusco a estas alturas es la idea de “sanación”, porque es tan contradictoria como todo lo demás. No sólo porque las llamadas terapias de conversión están completamente desprestigiadas por inútiles y peligrosas, sino porque si se trata de una enfermedad el individuo no es libre para decidir y no se le puede calificar de inmoral, pero si no es una enfermedad sino algo congénito en realidad tampoco.
Tal vez el siglo próximo se enteren finalmente de que las personas LGTB no escogen realmente serlo, que son tán morales o inmorales como los demás, que merecen respeto real y no postizo y, sobre todo que no han sido confundidas por ninguna conspiración imperial del lado oscuro de la fuerza.

lunes, 8 de agosto de 2016

NO BASTA CON ESO

Todavía hay personas que se creen o se fingen muy morales y ecuánimes porque no se califican a sí mismos de homófobos o racistas o misóginos, o de cualquier otra cosa hoy repudiada socialmente. “Yo nunca he perseguido… nunca he odiado… esas personas son como todas… pero…” Siempre hay un pero, y ahí está el problema.
El problema que estos señores se niegan a entender que esas personas no son como todas exactamente porque pertenecen a minorías que han sido y aún son objeto de desprecio, segregación, discriminación y otras cosas poco agradables que tal vez el sujeto que protesta no haga, pero que muchos otros sí hacen y que, por lo mismo, necesitan ayudas, estímulos y reconocimientos que los demás no necesitan, simplemente para llegar a una igualdad real, porque la legal puede estar en la letra de la ley, pero no siempre se cumple en la práctica.
Lo de negarse a entender es, por supuesto, un eufemismo, porque las personas que así hablan y que acusan a las minorías que sean, en este caso a las LGTB de exigir “derechos especiales”, se mueven por ideologías muy concretas.
Viene esto a cuento del enfado del alcalde de Alcorcón, que le ha llevado a demandar a Arcópoli, por haber esta asociación promovido la reprobación del alcalde por el consistorio, en el que el alcalde (PP) no tiene la mayoría, por su postura anti-LGTB. El alcalde se ha revuelto “indignado” porque él nunca ha estado en contra de los homosexuales, es decir, que ni los persigue ni los odia… y yo le creo... hasta cierto punto, porque su lenguaje en el artículo de respuesta al presidente de la FELGTB delata otra cosa.
Según él las personas LGTB no necesitan de leyes especiales porque todos los ciudadanos españoles están igualmente protegidos por la Constitución. Esta es una verdad de perogrullo, pero también las mujeres tienen en teoría los mismos derechos que los varones y, sin embargo, ni han alcanzado la igualdad real ni nadie se opone demasiado a leyes y reglamentos que tienden a limar las evidentes discriminaciones y diferencias que sufren. Los “ciudadanos” están aquejados por diferencias, prejuicios, desventajas y privilegios y una ley tan general como la Constitución no puede entrar en esto, que se deja para leyes especiales.
Las leyes especiales, como la adoptada recientemente en Madrid contra la LGTB-fobia, no suponen derechos especiales, sólo intentan que las personas en desventaja o minoría tengan los mismos derechos que los demás y… esto es muy significativo: el sr. alcalde de Alcorcón se ausentó de la votación de esta ley, aprobada también por su partido. Una forma muy clara de decir que no estaba de acuerdo.
Pero donde el plumero se le ve de forma inequívoca en al decir que se le ataca en base a la “ideología de género”, concepto desarrollado en cenáculos vaticanistas para encuadrar todo lo que no se ajusta al dogma católico ortodoxo en lo referente al sexo. Ni biólogos ni sociólogos ni filósofos han desarrollado nunca tal ideología, expresada simplemente en la negativa dogmática a aceptar los avances científicos y los cambios sociales, de modo que quienes usann el concepto lo hacen desde posiciones ideológicas (éstas sí) muy claras.
El sr. alcalde fue también de los pocos que se negó a poner la bandera arcoiris en el balcón municipal durante los días del orgullo (seguro que tampoco estará de acuerdo con esta denominación), porque pretextó que hay muchas banderas e intereses distintos y no se pueden poner todas. La mayor parte de los ayuntamientos ponen lazos de diferente color, carteles y otras cosas en los días de la mujer, de la madre o del lucero del alba y también cada vez más la bandera arcoiris, de modo que, si no la pone, por algo será, pero ese algo no es la neutralidad.
Estar en contra de los derechos LGTB es una opción como otra cualquiera, incluso defendible en un país libre, aunque sea con argumentos especiosos, pero se nota bastante cuando se pretende disfrazar la propia postura con indignaciones postizas.

jueves, 7 de julio de 2016

DESNUDAS SÍ. DESNUDOS NO

Una concejala del Ayuntamiento de Badajoz encuentra que la foto de dos hombres semidesnudos tipo oso es repugnante, asquerosa, de mal gusto, etc., etc. Un señor de Texas, en compañía de otros machos como él se aprestan a jugar al golf, pero previamente desayunan juntos y se les ocurre abrir el periódico local, en el que se publica un reportaje sobre el matrimonio igualitario con…¡horror! una foto de dos chicos besándose. A los golfistas se les revuelve el estómago, el desayuno y el día se les estropean, y el señor de marras escribe una furiosa carta de protesta al periódico, porque…. ¡Hasta dónde vamos a llegar!… Por eso el articulista del Diario del Ferrol, afirmaba que estaba “hasta el culo”, del día del orgullo gay, pretexto para estos desmanes que atacan la sensibilidad de la concejala, estropean el desayuno de texanos y hartan a columnistas muy dignos.
Estos aspavientos escritos son muestra de que la igualdad real todavía está lejos y que una considerable minoría sigue anclada en una visión del mundo sexista, en blanco y negro y bien heteronormativa, porque a ninguno de ellos se le atraganta la comida cuando ven un día sí y otro también a las innumerables mujeres ligeras de ropa que anuncian automóviles, bolígrafos o directamente lencería. ¡Es que ellas son jóvenes, guapas, atractivas… de buen gusto!… Mientras que ellos…. Mayores, peludos, feos…
Hace muchos años que una señora conocida mía veía con agrado las películas de Brigitte Bardot, todas inocentísimas vistas hoy, y no le molestaba nada verla en paños menores, la encontraba “muy mona”, pero se escandalizó un día que vio a Emma Penella, ya madura, en los mismos paños menores en una película realista de Berlinga. ¡Qué ordinariez! ¡Mostrar los michelines! ¡Qué inmoralidad! Ni BB ni Emma Penella eran inmorales, pero el gusto estetico de la mujer resultaba afectado, tal vez porque se veía a sí misma caricaturizada en la pantalla.
Es seguro que los golfistas ni hubieran siquiera reparado en una foto de dos chicas jóvenes besándose y, si estaban semidesnudas, les hubiera parecido una foto tan estimulante que les hubiera favorecido la digestión, pero que les recuerden que dos hombres se pueden querer ¡eso nunca! Su machismo queda directamente afectado.
Dos osos de alguna edad y semidesnudos no sólo son la prueba de que hay hombres que se aman, sino que son activos sexualmente sin necesidad de ser jóvenes modelos, es decir, que además de pervertidos (para la señora y los golfistas) se lo pasan bien y les da igual no ajustarse a cánones de belleza sádicos. Que las chicas sean objetos está bien para la diversión masculina, pero un macho no puede aguantar ver a otro en ese papel, porque su orgullo también queda humillado.
El desnudo o semidesnudo, pues, no es el problema, sino los complejos que despierta en tantas personas que, además de reprimidas por una educación deformante, no se sientan a pensar y a digerir los cambios culturales y sociales.

sábado, 2 de julio de 2016

ORGULLOSOS SIN DESPRECIO

En este día, 2 de julio de 2016, en que las calles de Madrid se llenan de alegría, color y solidaridad, apoyados plenamente este año por las instituciones, hay que volver, como siempre antes, sobre el significado que tiene esta gran fiesta de la igualdad: las personas LGTB+ no somos mejores, ni más guapos, ni más listos que otros, somos simplemente miembros del género humano, iguales a los demás, lo que quiere decir que tampoco somos peores, más feos o más tontos. Somos LGTB+, eso sí, lo que quiere decir que somos diferentes de la mayoría, pero también diferentes entre nosotros mismos, tan diferentes como son todos los individuos que componen la humanidad y, por lo mismo, tan respetables como cualquier otro sujeto con su defectos y cualidades. No despreciamos a nadie por nuestra diferencia, pero tampoco queremos ni aceptamos que nos desprecien.
Tenemos conciencia de nuestra humanidad y de nuestra diferencia y las aceptamos, entre otras cosas porque no tenemos otra opción más que ser lo que somos y, si lo aceptamos todo: humanidad y diferencia, también nos vemos obligados a lucirlas, a no esconderlas, a no sentir vergüenza alguna por una condición tan humana como cualquier otra y, si no sentimos ni culpa ni vergüenza significa que estamos orgullosos de ser lo que somos, igual que lo están los otros, pero nos vemos forzados a recordarles a muchos, que no lo entienden del todo y que por tantos años y siglos nos han oprimido, marginado o despreciado, que estamos aquí, que reivindicamos nuestra dignidad, nuestra diferencia y nuestra básica humanidad… y que en eso consiste nuestro orgullo, no en desprecio, altanería o marginación de otros que no son como nosotros.
Mientras haya homofobia, aunque sea en forma de rescoldo, la gran fiesta del orgullo tendrá un sentido, y aún más allá, igual que se recuerdan otros hechos históricos largamente pasados, y los ataques a la misma no tendrán más sentido que el odio, porque el mayoritario, el “normal”, el que se supone inevitable no tiene nada que reivindicar, ya que costumbres, leyes, tradiciones y leyendas le dan la absoluta preeminencia y es el diferente, el minoritario el que tiene que recordar a los demás que existe, que es una persona tan respetable como las otras.
Ya son minoría los que arremeten contra nuestra gran fiesta directa o indirectamente pero, cuando lo hacen, etiquetémoslos como lo que son: dogmáticos que quieren devolvernos al silencio, a la invisibilidad y a la vergüenza, y no hay nada de que avergonzarse y si no hay nada de que avergonzarse nos sentimos orgullosos de ser lo que somos.
¡Feliz Orgullo 2016!

lunes, 13 de junio de 2016

TODO POR UN BESO

El padre del asesino de Orlando siente mucho que su hijo haya cometido el grave error de asesinar a 50 personas, entre otras cosas porque, en sus propias palabras, hubiera sido mejor dejar a Dios el castigo de esos pecadores, pero en la historia de su hijo también está él y las excusas que ofrece son más un intento de salvaguardar su futuro que muestras de pesar verdadero por las víctimas.
Decir, como ha dicho que “esto no tiene nada que ver con la religión” es un torpe intento de negar la evidencia: no hace falta ser muy religioso para infectarse con prejuicios de raíz dogmática. Son más bien las personas que conocen mal su propia religión las que suelen quedarse con una versión casi caricaturesca de la misma y los que a veces compensan sus frustraciones con alguna barbaridad asesina como atajo al paraíso prometido.
La culpa la tuvo un beso, una demostración de afecto entre dos hombres que puso de los nervios a su hijo porque lo veían su ex-mujer (maltratada) y su hijo. A la primera seguramente le gustaría ver cualquier clase de afecto en la práctica y el segundo es un niño tan pequeño que ni vería ni comprendería.
La idea de que un simple beso puede ser el origen de la muerte de 50 personas, la simple idea de que esto se pueda presentar como excusa, es una prueba del odio, la irracionalidad y la criminal estulticia que subyace tras la repetición machacona de catecismos cuyo único fin es el de controlar la mente de individuos y sociedades mediante miedos, amenazas, prohibiciones y exclusiones.
Las razones inmediatas del crimen tienen más que ver seguramente con el descontento, la baja autoestima y el sentimiento de fracaso de un individuo mal adaptado que cree convertirse en héroe cuando es sólo un delincuente, pero ¿cuántas veces oiría hablar de la impureza, el pecado, el supuesto plan divino y los infieles? ¿Cuántas muestras de afecto ajeno pondrían de relieve la privación del propio?…. La religión y los prejuicios están detrás de sus actos, aunque no aparezcan inmediatamente vinculados.
Las armas de fuego matan, especialmente cuando se venden sin control como en los Estados Unidos, pero las palabras también lo hacen y más duraderamente, porque su efecto puede durar toda una vida, una vez que se han instilado cuidadosamente en las cabezas adecuadas. Lo que se propala desde campanarios y alminares puede oler a incienso, pero la mayor parte de los humos son tóxicos. 

lunes, 11 de enero de 2016

GÉNERO E IDEOLOGÍA

Siguen lloviendo las prédicas del lado confesional más o menos integrista que afirman y reafirman el “desorden intrínseco” de cualquier comportamiento que se desvíe unos centímetros de la estrecha senda marcada por la tradición y los prejuicios. Los más comprensivos llegan a admitir que la diversidad sexual es o puede ser no elegida, los menos la siguen considerando  perversión voluntaria, pero todos se siguen negando a aceptarla de verdad y desearían que nadie hablara de ella, que retornara al armario del que nunca debió salir para subvertir de forma tan clara el supuesto monopolio moral que se arrogan gurús varios.
Los enemigos de la diversidad parten del postulado de que la puesta en cuestión del código moral por ellos considerado único se debe a una bien articulada “ideología de género”, sostenida por poderosos grupos de presión sociales y mediáticos que van desde Hollywood hasta la universidad, cuyo fin último no es otro que la destrucción de la familia y la difusión del ateísmo. La tal ideología es una creación contraria a la naturaleza humana que, como todo el mundo sabe se divide en dos sexos/géneros contrarios, invariables y destinados a la reproducción sin fin de la especie, único pretexto para la práctica de actos sexuales, por completo inmorales y contrarios a la naturaleza en cualquier otro contexto.
Las prédicas son variadas, pero todas giran en torno a la naturalidad o antinaturalidad del comportamiento denostado, calificativo que automáticamente convierte cualquier acción en lícita o ilícita, por ajustarse o no al plan divino, tan evidente y tan visible en la naturaleza perfecta que se cree percibir.
Estas prédicas se pueden denunciar como ataques, a veces bastante insultantes, contra individuos y minorías molestos para los que se erigen en ortodoxos, pero la discusión y el entendimiento con los que las profieren es imposible porque se parte de premisas diferentes y se hablan lenguajes mutuamente ininteligibles. Desde un punto de vista científico la naturaleza es contradictoria, llena de excepciones aparentes y muy lejos de ser benévola, pero no existe contradicción alguna en el hecho de que la función sexual sirva para la reproducción y también para muchas otras cosas. Desde un punto de vista dogmático la naturaleza es una máquina perfecta creada o inspirada por un ser aún más perfecto y los que no la vean así son intrínsecamente desordenados, desobedientes y pecadores al practicar acciones definidas a priori más que como malas, como prohibidas por el ser superior del que los gurús se erigen en intérpretes y representantes.
La identificación entre sexo biológico, orientación sexual, identidad sexual y rol de género es parte de ese dogma y, cuando se usan los términos anteriores, lentamente alumbrados por la investigación científica y sociológica se cae en la “ideología de género”, porque lo ortodoxo es hablar de hombre y mujer, masculino y femenino sin sombras ni dudas. Es decir, que informar y educar se iguala a pervertir a jóvenes y adultos que antes no distinguían y desconfiaban y ahora distinguen y comprenden.
Lo curiosos es que los predicadores se molestan cuando se los acusa de oscurantistas y difusores del odio… !Ellos que son todo amor!

jueves, 3 de diciembre de 2015

HOMOFOBIA, MACHISMO Y CORRUPCIÓN

El homófobo, retrógrado, machista y desagradable cardenal Nicolás de Jesús, de la República Dominicana, ha tenido la ocurrencia de “recomendar” al embajador de los Estados Unidos James Brewster, que “se dedique a labores caseras, ya que está casado con un hombre”. El embajador, abiertamente gay y efectivamente casado, había tenido el atrevimiento de criticar la generalizada corrupción de los altos cargos en este país del Caribe, corrupción que recae con frecuencia en los inversores y hombres de negocios norteamericanos que allí invierten, obligados a pagar sobornos, expropiados sin razón de ley y otras indignidades.
Este señor ya se había hecho notar antes por sus ataques al embajador, objeto particular de sus odios, ya que ataca sus creencias dogmáticas sobre género y sexo y, aún más, sus prejuicios machistas sobre roles de género, lo que demuestra una vez más que moral religiosa y ética son dos cosas distintas y frecuentemente opuestas. Para este espécimen de macho rancio la corrupción que cuesta millones, que impide el progreso y que castiga a los más débiles no es nada importante, especialmente si la denuncia un “maricón”, calificativo lanzado por él mismo contra el embajado con anterioridad. Ya se sabe que los maricones no tienen derecho a nada, y mucho menos a criticar a machos de verdad (o de mentira) que tienen poder, mandan y se aprovechan, pero que son (o fingen ser) heterosexuales y se inclinan ante el cardenal. A fin de cuentas, si uno se arrepiente y no discute los dogmas siempre puede ser perdonado… pero si se es “maricón” y además orgulloso de ello…¡al infierno con él! Em pezando por el insulto.
Este sujeto ni siquiera entiende que las mujeres pueden ser profesionales de todas clases y que no están obligadas a limitarse a labores caseras o a ser simple excrecencia de sus maridos, para él las mujeres son evidentemente seres inferiores condenados a trabajos secundarios y el embajador como “maricón” es, en su perturbada percepción, igual a una de esas mujeres que él ve con indisimulado desprecio.
El Cardenal Nicolás de Jesús es un mal cardenal, un mal cristiano y un individuo sectario, peligroso, maleducado y obsceno. Cualquier clase de contemporización con semejante comportamiento está fuera de lugar, pero hay que ir más lejos: una igesia que permite semejantes afirmaciones no es digna de respeto y no puede sorprenderse de que se la ataque como organización que fomenta el odio, la persecución y la discriminación. No basta con pretextar que se ama, también hay que demostrarlo; muchos maltratadores dicen querer a las víctimas que torturan, pero quien los cree acaba por morir a sus manos.

jueves, 1 de octubre de 2015

MÁS DE LO MISMO... PERO IGNÓRALO

En la reciente visita papal a los Estados Unidos Francisco Bergoglio ha hecho alarde de sus dotes diplomáticas al evitar hablar directamente de los temas más polémicos: matrimonio igualitario, aborto, divorcio, etc. Le honra bastante el haber incidido en temas muy del disgusto del establishment norteamericano, como inmigración, racismo, desigualdad económica y cambio climático, pero estos son puntos en los que la jerarquía católica (no siempre la estadounidense) está de acuerdo hace mucho y que no tocan problemas de doctrina o del supuesto monopolio moral que la Iglesia Católica se arroga, especialmente donde es mayoritaria o puede influir suficientemente.
Todo se desmonta, sin embargo, con la entrevista privada que tuvo el Papa de Roma con Kim Davis, protestante fundamentalista, de las que piensan que los católicos no son ni siquiera cristianos, pero rabiosamente opuesta al matrimonio igualitario, lo que la lleva a violar la ley de forma tan militante como ridícula, puesto que dar una licencia de matrimonio no supone falta alguna se mire por donde se mire, pero negarla es un acto ilegal y gratuito, cuyo único objetivo es hace campaña anti-gay.
El hecho de que Francisco haya hablado con ella y la haya alabado su “valentía”, es signo claro de que las formas externas de la jerarquía católica pueden haber mejorado, pero el mensaje de fondo sigue siendo el mismo: una condena sin paliativos de cualquier clase de diversidad, la no aceptación de la evolución social, de la ciencia y de la simple humanidad, en pro del mantenimiento de unos principios morales abstractos, basados en ideas medievales y en la negación de la realidad, especialmente cuando esta choca con la visión de la sociedad y de la familia ideales acuñada para apoyar una moral determinada.
No hay que sorprenderse de que la Iglesia Católica repita lo que siempre ha dicho, pero, si no se es un fanático, tampoco hay que darle demasiada importancia. No es cierto que la moral deba ser la católica, porque hay muchas formas de comportarse éticamente, sin necesidad de recurrir a dogmas y autorizaciones eclesiásticas: los dogmas son base para creyentes, pero la ética puede fundamentarse en la razón y no es obligatorio que sea teísta, es decir, basada en las escrituras supuestamente dictadas por una divinidad o, más dudoso aún, en la interpretación que de estos oscuros textos hacen sus sacerdotes.
Hacer el bien y amar al prójimo, ni son inventos cristianos, ni necesitan de la apoyatura de religión alguna, más bien al contrario, en nombre de bastantes creencias se persigue, se mata, se tortura o simplemente se hostiga a los que no comulgan con ellas. Respetar a los que creen ciertas cosas no significa respetar sus creencias, que pueden y deben ser objeto de crítica desde la razón y por lo que suponen de desprecio de los derechos de los demás.
Francisco es más simpático, pero no va a volver a su iglesia del revés. Sus palabras solo son importantes en tanto en cuanto afecten a la conducta de políticos y sociedades que crean en ellas, por eso es un progreso que sea diplomático y que no propugne tanto el odio, pero no hay que exagerar en cuanto a sus supuestos beneficios.

domingo, 16 de agosto de 2015

EL DONUT EN LA OREJA

John Riccardo, sacerdote norteamericano que predicaba en unas sesiones para “ex-gais”, se ha lucido con el razonamiento más absurdo que he oído hasta ahora para demostrar que las relaciones entre personas del mismo sexo son “antinaturales”
¨¿Os meteríais un donut por la oreja?" dijo a sus sorprendidos oyentes, para concluir: "Pues eso es lo que hacen las personas que tienen relaciones con otra del mismo sexo… porque emplean sus órganos de forma no natural.”
Queriendo demostrar una cosa, el bueno del Sr. Riccardo demuestra exactamente la contraria: meterse un donut por la oreja produce dolor y sordera, es lo contrario de placentero, mientras que si dos personas del mismo sexo disfrutan juntas sus órganos responden maravillosamente.
Es aburrido el empeño de los orates religiosos en reducir el sexo a reproducción y cría, culpabilizando y condenando todo lo que no entre en límites ridículos. El Sr. Riccardo y otros como él, a lo mejor piensan que las relaciones en parejas casadas de distinto sexo se reducen a las puras reproductivas, en postura de misionero y con uso “correcto” de los órganos en cuestión, pero si pudieran saber lo que la mayoría hace no dirían las tonterías que predican.
Es interesante que se haya filtrado la estupidez a través de un grupo de “ex gais”, es decir, de seres acomplejados y asustados que pretenden “curarse” de lo que no es enfermedad o vivir vidas célibes rechazando la tentación. Hasta entre ellos alguno debió pensar que aquello era demasiado tonto y lo sacó a relucir para irrisión general.
¿Cuándo se darán cuenta los dogmáticos de que la naturaleza no se corresponde en absoluto con “la ley natural” de Tomás de Aquino, un gran sabio….. del siglo XIII?

jueves, 6 de agosto de 2015

HUMANIDAD

“Con la Iglesia hemos topado” es la famosa frase de Cervantes por boca de Don Quijote, y se repite cada vez que alguien se encuentra con algún obstáculo levantado por la institución contra lo que le disgusta como tal o lo que enfada a sus jerarcas.
Viene esto a cuento del joven transexual gaditano a quien se impide ser padrino de bautizo de su sobrino por ser, en boca del obispo local, algo así como casi no humano, además de “estar impedido para las leyes del amor”, por definición del obseso obispo de Alcalá.
Todos sabemos que el bautizo es hoy día sobre todo una ocasión festiva tradicional, que ser padrino del mismo apenas tiene obligaciones, y que el joven en cuestión las tiene de todos modos por ser tío carnal del bebé….Es decir, que no importaría mucho, además de pasar desapercibido, que el padrino nació con el sexo biológico equivocado.
¡Pero qué magnífica ocasión para entrar al trapo y recordar a todos que la institución cree absolutamente en la “ideología de género” inventada por ella misma! Biología, ciencia y evolución social son cosas que se pueden ignorar cuando se ha erigido un castillo dogmático basado más en prejuicios medievales y machistas que en escrituras supuestamente divinas, puesto que en éstas no se preveían cosas como la transexualidad.
Una prueba más de que, a pesar del amor que se pretexta, el sufrimiento individual no es importante cuando se trata de defender altos principios, aunque éstos sean crueles y absolutamente inhumanos.

jueves, 23 de julio de 2015

EL COSTE

Equivocarse es de sabios, incidir en el error es de tontos, y el PP lo ha vuelto a hacer al votar en contra del cambio de nombre de la Plaza de Vázquez de Mella para dedicársela, muy merecidamente, a Pedro Zerolo.
No soy de los que se apasiona con la idea de dedicar espacios públicos a personajes famosos por una razón o por otra, pero ya que es una costumbre arraigada me parece que se puede entrar a discutir quién se lo merece, quién no, quién lo desea y cómo se decide y, si entramos en esto ¿quién mejor que Pedro Zerolo para tener un espacio dedicado en Chueca? Un hombre dedicado a la defensa de los derechos LGTB, popular, querido, concejal del ayuntamiento por un tiempo, muerto antes de tiempo habiendo conseguido medidas de progreso que hace sólo veinte años parecían imposibles…. ¿Cómo no darle un espacio en medio del barrio insignia para las personas LGTB? Cuando, además, miles de personas lo habían solicitado expresamente.
El anterior ayuntamiento dedicó una plaza a Margaret Thatcher, gesto único en Europa, donde no se la recuerda más que por sus recortes, su homofobia y su antieuropeísmo. Incluso en el Reino Unido los conservadores hablan de ella con la boca pequeña, pero los destronados regidores debían considerarla su santa protectora de los recortes y pusieron el nombre sin que nadie se lo pidiera.
Que el anterior ayuntamiento era homófobo tampoco se discute, pues de ello hay innumerables pruebas, y en esa homofobia, incluida en una actitud más amplia de clasismo y falta de consideración hacia lo débil y lo diverso, está una de las causas de su derrota electoral.
¿Les hubiera costado mucho un detalle, un gesto sin gravamen para empezar a congraciarse con uno de los varios colectivos distanciados?… Evidentemente sí, porque sus reflejos siguen condicionando, pero no lo han hecho por homofobia, ¡no!… la verdadera razón es que cambiar unas cuantas placas ¡cuesta dinero! Es decir que no es contra los gais sino por el ahorro.
Tener gais sale muy caro, entre la basura que hay que limpiar después del orgullo y los cambios de placas… Lo mejor es no tener gais o que sigan en el armario.
¿Cuándo aprenderán nuestros conservadores que estas actitudes no son sólo retrógradas sino autodestructivas?

viernes, 17 de julio de 2015

PROVOCACIONES

En la triste y despoblada manifestación anti-LGTB que tuvo lugar en Madrid la mañana del 4 de julio, horas antes de la gigantesca marcha del orgullo que vistió la capital de fiesta, uno de los oradores dijo algo que ha servido y sirve de pretexto a los homófobos para su odio verbal y su violencia física: la visibilidad desvergonzada de “homosexuales, depilados, tatuados y llenos de esteroides”, para citar las palabras que usó el caballero, es un insulto, una provocación intolerable a las personas decentes y, por tanto, nadie se puede asombrar de que los así provocados reaccionen dando mamporros y enviando al hospital o al cementerio a los provocadores.
Un ministro marroquí acaba de repetir este argumento al “recomendar” a los gais “que no provoquen”, si no quieren exponerse a la ira popular y la persecución judicial que puede condenar a meses o años de prisión a los que son o parecen ser LGTB, porque ya se sabe que más que “ser” algo, lo que importa es parecerlo y hacer que se vea, puesto que, si no se ve, en realidad no existe.
El orador de la Plaza de Chamberí lo dejó claro: él no tiene nada contra los homosexuales siempre que sean “castos” como lo manda su Iglesia, y siempre que no se los vea por ninguna parte, que sean invisibles en lo profundo del armario…. ¡pero atreverse a salir de él y pasearlo por la calle!
La “moral” tradicional y convencional ha hecho siempre mucho énfasis en estas cuestiones de la visibilidad pretextando el efecto contagio, es decir, que si algo desaconsejable se ve mucho se tiende a copiarlo: si un joven ve un desfile del orgullo puede sentirse tentado a hacerse gay.
No hace falta recurrir a gran ciencia para darse cuenta de que se trata de un pretexto huero y malintencionado: las ventajas de NO SER gay han sido siempre muchas y los ejemplos constantes, sin que eso haya hecho cambiar la orientación sexual de nadie. Lo que sí puede pasar es que un chico reprimido, asustado y despreciado por ser gay se dé cuenta de que no es especial, que hay muchos como él y que puede llevar una vida feliz sin dejar de ser él mismo.
La hipocresía social es muy útil para mantener a cada uno en su sitio y dar ventajas a los que la controlan, de aquí que todos los reaccionarios la cultiven porque les da más poder que muchas leyes y prohibiciones. Roy Cohn, estrecho colaborador del senador McCarthy, tristemente famoso por su “caza de brujas” en los años 50 en los EE.UU., era homosexual, pero persiguió a miles de homosexuales… para morir del SIDA muchos años más tarde. Todavía hoy hay personas que no entienden como alguien puede actuar con esta aparente incoherencia, pero en realidad no hay contradicción: para el Sr Cohn lo más importante era adquirir fama y poder, y en lo que se equivocó fue en elegir como patrón al senador McCarthy, cuya importancia se esfumó tras la caza de brujas, pero en una sociedad hipócrita él podía medrar y, además, llevar una doble vida.
Lo mismo piensan lo que al tratar del desfile del orgullo en Madrid dicen estar muy preocupados exclusivamente por la basura que produce. Parecen referirse sólo a los detritus materiales, pero en realidad están haciendo un gesto de asco a la pérdida del miedo, a la evidencia de que su censura ya ni controla ni dirige ni asusta.

domingo, 5 de julio de 2015

FAMILIA, PROFAMILIA, ANTIFAMILIA

Es patético ver las fotos de la veintena escasa de personas que se manifestaron el día 4 de julio por la mañana en la Plaza de Chamberí de Madrid en pro de la “familia tradicional”, en contra del “matrimonio gay” y a favor de una vuelta al pasado adornada con banderas franquistas.
Soy de los que cree que las multitudes no suplantan las votaciones serias… pero la comparación entre esta exigua, triste y acomplejada  representación y la enorme, alegre y desenfadada fiesta que tuvo lugar por la tarde del mismo día en favor de la igualdad confirma que volver a meter el dentífrico en el tubo sigue siendo imposible.
Se sigue abusando de la palabra “familia”, siempre con tintes reaccionarios, como si los que no comparten un modelo determinado fuesen por lo mismo “antifamilia”, pero antifamilia en puridad no hay nadie… ¿Quién quiere que los individuos permanezcan solos y que los niños se críen en orfanatos? Extrañas utopías como éstas han sido propuestas a veces por filósofos no muy en sus cabales o como parábolas, pero nadie en su sano juicio se las ha tomado nunca en serio o han sido breves y fracasados experimentos.
Hay ideologías que se apropian de conceptos, símbolos y banderas como si les pertenecieran en propiedad y el de “familia” es uno de los más sufridos, pero ¿qué familia? porque los que más acusan a los demás de “redefinir” conceptos encierran el suyo en unos límites tan estrechos que en él solo cabe una estructura patriarcal, obligatoria, básicamente desigual y autoritaria que supone la inferioridad de la mujer, el sometimiento de la prole y la falta de autonomía de todos los miembros del grupo.
En momentos de crisis demográfica evidente ser “antifamilia” no está bien visto, aunque es de pura lógica que la población no puede crecer indefinidamente, pero ¿qué consideran los reaccionarios “profamilia”?
  • Ausencia de educación sexual.
  • Represión sexual.
  • Elevación de la virginidad (femenina) a ídolo
  • Criminalización de la diversidad sexual.
  • Criminalización del aborto.
  • Criminalización del control de natalidad.
  • Matrimonio compulsivo
  • Divorcio imposible o muy caro y difícil.

Todo lo que se salga de esta catálogo de prohibiciones y obligaciones es acusado de ir contra la familia, es decir, contra el concepto que estos señores tienen de la misma y del que otros como libertad, amor, diversidad y autonomía están completamente ausentes.
¿No les parece más bien una caricatura cruel?

lunes, 29 de junio de 2015

HUBIERA COSTADO POCO, PERO...

España es el país más tolerante con la diversidad sexual, de acuerdo al Pew Research Center, organización norteamericana dedicada a hacer encuestas sociológicas. Hay homófobos porque es inevitable, pero la mayoría de la población o simpatiza o es indiferente con identidades, orientaciones y conductas sexuales, mientras no le afecten personalmente, lo que no es el caso, salvo que se trate de fanáticos u obsesos.
En un país tan tolerante y en una capital como Madrid, más tolerante todavía, resultaba anómalo que su gobierno municipal se comportara de forma esquizofrénica: deseando que el turismo foráneo fuera atraído por la tolerancia hacia la diversidad entre otras cosas, mientras ponía toda clase de trabas, multas y cambios de ubicación a organizaciones y celebraciones LGTB, con el deseo de que éstas fueran invisibles.
En un país tan tolerante y que también es mayoritariamente de centro-izquierda, la mayoría obtenida en las pasadas elecciones no debía haber hecho creer al Sr. Ruiz Gallardón y a la Sra. Botella que tenían patente de corso para imponer aún mayores restricciones, pero es evidente que en su limitada visión los principios ultramontanos de una jerarquía religiosa aún más cegata les empujaban al hostigamiento y la mezquindad.
Hubiera costado muy poco poner una bandera arcoiris en el balcón durante menos de una semana; hubiera costado muy poco poner buena cara y dar facilidades para un desfile que es cuestión de un día y enormemente popular; hubiera costado muy poco aparecer como modernos y tolerantes para seguir la imparable ola del mundo occidental, pero prefirieron el dogmatismo y ahora tienen los resultados.
El ondear de las banderas arcoiris en muchos ayuntamientos este año es otro paso adelante en la normalización y el respeto y no se debe en grado alguno al partido de la Sra. Botella, en el que también hay individuos diversos que, como la Sra. Cifuentes, se han aprendido la lección y ha puesto la bandera en el balcón de la sede de la Comunidad. Un poco tarde, pero le ha costado poco y corregir es de sabios… no de tontos.

martes, 23 de junio de 2015

ECOLOGÍA VATICANA

La reciente encíclica papal que versa sobre la obligación moral hacia el planeta ha sido muy bien recibida en todas partes, menos entre fundamentalistas religiosos, especialmente norteamericanos, empeñados en negar lo evidente y en una tonta batalla anticientífica. El documento desautoriza plenamente a algunos candidatos católicos ultraconservadores a la presidencia que, como Rick Santorum, tienen que persistir en su negacionismo para no alienarse el apoyo reaccionario en las primarias.
El texto es interesante pero menos nuevo de lo que se ha dicho: hace mucho tiempo que la Iglesia Católica, escarmentada por anteriores posiciones anticientíficas, acepta calladamente lo que sale de los laboratorios e investigaciones, incluyendo la evolución de las especies, el cambio climático y otros temas que sólo son polémicos para los que pretenden que la Biblia debe ser creída literalmente.
Mucha gente se olvida de que la Sagrada Escritura es sólo parte del dogma católico, que suma también la Tradición, es decir, el magisterio y la interpretación que se ha hecho de la doctrina a lo largo de los siglos. El Catolicismo nunca ha interpretado la Biblia literalmente y tampoco ha visto con buenos ojos un excesivo conocimiento de este texto arcano, de traducción discutida y de origen antiguo y oscuro.
La aceptación de la ciencia en general, sin embargo, no quita que se nieguen o se discutan puntos concretos, detalles aparentemente sin importancia, pero muy importantes y significativos.
Un pasaje de la encíclica papal que parece de relleno es en realidad un ataque en regla contra la diversidad sexual. En él se dice que la diferencia original de los sexos forma parte de la ecología y, envuelto en un lenguaje bien medido, se dice que los cambios de sexo, las parejas del mismo sexo y las familias no convencionales vienen a ser ataques contra el planeta.
Esto tampoco es nuevo, se trata de interpretar la ciencia a conveniencia: en vez de reconocer las variantes de identidad y orientación como innatas y no electivas, se incide en el viejo concepto aristotélico de naturaleza con sus categorías incambiables, lo que parece dar marchamo científico a la moral básicamente antisexual siempre predicada.
Nada nuevo bajo el sol de Roma.