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miércoles, 23 de agosto de 2017

LOS VALORES DE LA RESERVA

Todos sabemos que cuando sucede una tragedia inmediatamente saltan los que se quieren aprovechar de ella para darse la razón, jalearse mutuamente y aportar un granito de arena a su programa. Un ataque terrorista como el de Barcelona, que no es el primero ni será el último, merece sin duda ser analizado en sus causas y objetivos, pero hay que soportar que ex ministros, párrocos y otros seres indefinidos, pero no precisamente santos, salgan a la palestra a simplificar burdamente el problema y echar las culpas a quien no las tiene.
Coinciden sus toscos pronunciamientos con los de los obispos católicos australianos, en un momento en que se avanza mal que bien hacia el matrimonio igualitario en nuestros antípodas y resurgen los viejos y manidos tópicos utilizados en contra.
Se trata de descalificar el progreso social, la extensión de derechos  y la diversidad en general, siempre tabú para los inmovilistas, presentando una imagen negativa de las sociedades libres y adoptando una visión “moralista” de la historia, que simplifica hechos complejos y los sustituye con explicaciones facilonas del estilo “el Imperio Romano decayó por la degeneración de las costumbres”. Deducción que ataca lo que dice defender, puesto que en teoría la moral romana había mejorado mucho desde que el Imperio se hizo cristianísimo a partir del siglo IV.
Las dictaduras del siglo XX en Alemania, Italia y España hicieron mucho énfasis en una “regeneración moral” para defender valores supuestamente eternos, que no les impidió cometer crímenes horribles y excusar una considerable corrupción dentro de sí mismas. Diferentes traducciones de la “reserva espiritual de occidente”, versión española, se vendieron en la Francia de Vichy (Travail, Famille, Patrie) y en otros muchos lugares para amparar y fomentar el conservadurismo social más estrecho, que incluía sexismo, clasismo, racismo, antisemitismo y machismo, y no incluyo la homofobia en la lista porque se deriva de lo anterior y a aquellos señores ni les hubiera entrado en la cabeza el concepto.
Es relativamente fácil atacar una sociedad libre y al amparo de la libertad es también fácil criticarla y denostarla como débil, enferma o degenerada, pero el ideal que se esgrime es siempre tramposo, falso y estereotipado, porque la sociedad de hace cincuenta años era más injusta, más desigual, menos libre y muchísimo más hipócrita. Es sencillo y siempre interesado presentar una postal coloreada a gusto del que la blande, para concluir que el feminismo y los  derechos LGTBI, entre otras cosas, han “debilitado” Europa, y que ésta es una de las causas de los ataques de los yihadistas, sin citar la desunión política, los problemas económicos, los militares y un largo etcétera.
La libertad siempre molesta a los fanáticos, pero es paradójicamente una de las fortalezas de las sociedades avanzadas; basta observar el número de los que querrían vivir en Europa o en los Estados Unidos, incluso con Trump, y los contados individuos que desearían emigrar a Arabia Saudita o a Cuba, por poner dos ejemplos.
Las sociedades no son más débiles por dar mayores derechos a los que las componen, al revés de lo que les gustaría a los autoritarios se hacen infinitamente más humanas y mucho más atractivas.  

jueves, 3 de diciembre de 2015

HOMOFOBIA, MACHISMO Y CORRUPCIÓN

El homófobo, retrógrado, machista y desagradable cardenal Nicolás de Jesús, de la República Dominicana, ha tenido la ocurrencia de “recomendar” al embajador de los Estados Unidos James Brewster, que “se dedique a labores caseras, ya que está casado con un hombre”. El embajador, abiertamente gay y efectivamente casado, había tenido el atrevimiento de criticar la generalizada corrupción de los altos cargos en este país del Caribe, corrupción que recae con frecuencia en los inversores y hombres de negocios norteamericanos que allí invierten, obligados a pagar sobornos, expropiados sin razón de ley y otras indignidades.
Este señor ya se había hecho notar antes por sus ataques al embajador, objeto particular de sus odios, ya que ataca sus creencias dogmáticas sobre género y sexo y, aún más, sus prejuicios machistas sobre roles de género, lo que demuestra una vez más que moral religiosa y ética son dos cosas distintas y frecuentemente opuestas. Para este espécimen de macho rancio la corrupción que cuesta millones, que impide el progreso y que castiga a los más débiles no es nada importante, especialmente si la denuncia un “maricón”, calificativo lanzado por él mismo contra el embajado con anterioridad. Ya se sabe que los maricones no tienen derecho a nada, y mucho menos a criticar a machos de verdad (o de mentira) que tienen poder, mandan y se aprovechan, pero que son (o fingen ser) heterosexuales y se inclinan ante el cardenal. A fin de cuentas, si uno se arrepiente y no discute los dogmas siempre puede ser perdonado… pero si se es “maricón” y además orgulloso de ello…¡al infierno con él! Em pezando por el insulto.
Este sujeto ni siquiera entiende que las mujeres pueden ser profesionales de todas clases y que no están obligadas a limitarse a labores caseras o a ser simple excrecencia de sus maridos, para él las mujeres son evidentemente seres inferiores condenados a trabajos secundarios y el embajador como “maricón” es, en su perturbada percepción, igual a una de esas mujeres que él ve con indisimulado desprecio.
El Cardenal Nicolás de Jesús es un mal cardenal, un mal cristiano y un individuo sectario, peligroso, maleducado y obsceno. Cualquier clase de contemporización con semejante comportamiento está fuera de lugar, pero hay que ir más lejos: una igesia que permite semejantes afirmaciones no es digna de respeto y no puede sorprenderse de que se la ataque como organización que fomenta el odio, la persecución y la discriminación. No basta con pretextar que se ama, también hay que demostrarlo; muchos maltratadores dicen querer a las víctimas que torturan, pero quien los cree acaba por morir a sus manos.

sábado, 6 de junio de 2015

LA CLAVE DE UNA MORAL

Salvatore Cordileone, arzobispo de San Francisco de California y muy norteamericano, a pesar de su claro origen italiano, ha lanzado un nuevo ataque contra las personas transgénero y contra lo que desde filas reaccionarias se considera “ideología de género”. Sus argumentos son los de siempre: “la creación divina”, “el plan de Dios”, la “complementariedad hombre-mujer” etc., a lo que se añade que “hoy día cualquiera puede inventarse un género”. El sr. Cordileone nunca ha ocultado su agresividad contra la diversidad sexual, porque como bien dice: “si se acepta, la moral católica pierde su fundamento.
La moral católica como él la entiende desde luego. Ésta y otras iglesias, desarrolladas en sociedades antiguas lejos de la ciencia y de la libertad, adoptaron códigos morales que reflejaban con fidelidad el patriarcalismo, el machismo, el sometimiento de la mujer y la obsesión con la reproducción y la estirpe. En semejante contexto no era posible percibir otras realidades, del mismo modo que se percibía a un hereje como perverso o a un africano como susceptible de esclavitud. También entonces se interpretaba la enfermedad como castigo y la anorexia como signo de santidad.
El sr. Cordileone pretende convertir en problema moral la pérdida de control de su iglesia como administradora de premios, castigos y aceptación social y utiliza para ello argumentos precientíficos de aspecto lógico, pero la lógica de Aristóteles y de Tomás de Aquino no puede aplicarse a la naturaleza con lo que sabemos hoy.
Mal que les pese a los dogmáticos, la diversidad sexual ha existido siempre aunque no se percibiera claramente y, si hoy hay libertad individual y mayor o menor tolerancia y aceptación sociales para actuar de acuerdo a la misma, eso no la convierte en problema ético ni tampoco en “invento”.
Nadie inventó el infarto cuando se le dio nombre, ni la homosexualidad cuando se acuñó este término. Lo que sí es una invención es la “ideología de género”, puesto que califica como simple teoría la pura observación de la realidad, mientras que la falta de ética está en la condenación permanente de personas a las que se tilda de inmorales sólo por ser lo que son.

domingo, 1 de marzo de 2015

RELIGIÓN Y EDUCACIÓN

Para prueba del mundo irreal en el que vive la Iglesia Católica Española basta su disgusto con el tratamiento dado a la clase de religión en las leyes educativas. Resulta que para la jerarquía episcopal el gobierno trata mal, pero que muy mal la "educación" religiosa en currículos y programas(¡?), pero dado que el actual partido gobernante es el más propenso a obedecer a la jerarquía y el más inclinado a someterse a sus dictados, resulta bastante chusco que se proteste una reglamentación que va a durar lo mismo que la ley Wert, es decir bastante poco o que, en el caso de que el PP vuelva a gobernar con alianzas indefinidas y la antedicha ley se mantenga mal que bien, se piense que tendrá apoyos para reformar la ley en el sentido integrista que demandan los mitrados.

En una sociedad cada vez más alejada de creencias y obediencias, con un clero decrépito y niveles de credibilidad y confianza bajo mínimos, estas pretensiones son absurdas, pero muestran la considerable ceguera que aqueja a una organización y una jerarquía que han vivido mayoritariamente de espaldas cuando no en contra de la mayoría social. Las afirmaciones que se hacen en el currículo publicado en el BOE y su redacción misma son prueba fehaciente de prepotencia, orgullo y falta de realismo, con una voluntaria confusión entre religión y educación, como si ésta fuera imposible sin aquella, y entre moral católica y ética, como si la segunda fuera dependiente de la primera.

Después de muchos siglos de comportarse como ahora lo hacen los islamistas más bárbaros y desaforados, y tras la debacle que supuso la lenta separación de iglesia y estado a lo largo de los últimos 200 años, el Vaticano y otras organizaciones afines quieren aparecer como lo que no han sido, es decir, tolerantes, dedicados a la caridad y origen de la democracia y los derechos humanos. El marketing en este sentido es intenso, repetitivo y a veces inteligente, pero mentiroso y deformador de la historia, sin que quepan demasiados subjetivismos. Las iglesias nunca condenaron la esclavitud, la pena de muerte o la guerra hasta el siglo XIX y las siguieron excusando hasta más tarde, persiguieron a herejes, no creyentes y minorías varias con ferocidad, mantuvieron a la mujer como ser inferior y destruyeron incontables obras de arte por "idolátricas", igual que los salvajes que aparecen en el vídeo de Mosul. Es una suerte relativa que el vídeo sea una invención moderna, pero hay abundantes pruebas de la barbarie sin necesidad de imágenes.

Claro que siempre hubo cristianos más humanos y comprensivos y que las barbaridades no son exclusivas de las iglesias, pero esto no es una excusa y no explica nada. La sociedad civil puede entenderse perfectamente sin religión, la educación ética y científica no tiene nada que ver con ella y los intentos de imponer currículos confesionales directa o indirectamente a toda la población deben denunciarse como intromisiones injustificadas, cuando no como claros atropellos. Claro que, según los obispos España es un estado confesional, pero no laico, extraña diferencia que se traduce como: La Iglesia Católica tiene privilegios adquiridos y las demás deben ser solamente toleradas.... igual que los no creyentes, a los que hay que ignorar y silenciar en lo posible

La instrucción religiosa no tiene lugar alguno en la escuela; ya es bastante grave que haya padres que fuercen dogmas en las mentes infantiles sin reparar en las consecuencias.

viernes, 21 de noviembre de 2014

LEVANTANDO LA ALFOMBRA

Todo el mundo sabe que una mala costumbre de las personas que limpian mal es empujar polvo y pelusa debajo de la alfombra para que no se vean, aunque la limpieza sea así más aparente que real, pero todo se descubre cuando alguien levanta un día una esquina y ve lo sucio que está todo debajo. Hay muchas alfombras que se levantan estos días en España, pero siempre me sorprendió que el gran tapiz eclesiástico permaneciera más o menos fijo y sin que nadie se atreviera a levantarlo hasta el estallido del escándalo pederástico de Granada.

Me sorprendía porque yo sabía de muchos casos que me habían contado víctimas de mi generación y era bastante raro que España fuera una excepción, con todo lo que se había documentado en Irlanda, Estados Unidos, Escocia, etc. Podemos alegrarnos de que ya no lo sea, no porque creamos que también debe haber víctimas aquí, sino porque por fin se ha roto la conspiración de silencio que protegía un modo de ser, de actuar y de ignorar muy típico de países católicos y sociedades mediterráneas, proclives a mirar más a la apariencia que a la realidad y a avergonzar a las víctimas en vez de a los verdugos.

Que un grupo de curas forme una especie de secta de abusadores es ya bastante grave, que el mismo grupo esté formado por fundamentalistas y reaccionarios muestra hasta qué punto la Iglesia Católica ha perdido el norte moral, o más bien la tradicional confusión clerical entre sentirse poseedor de la verdad absoluta, detentar privilegios indebidos y creerse por encima de la moral que se impone a los demás.

Hay que agradecer al Papa Francisco que practique lo que predica, que haya pedido perdón a la víctima y que haya obligado al reticente arzobispo de Granada a tomar medidas más serias de lo que pretendía. El resultado no va a ser bueno para una iglesia como la española, en una situación mucho más crítica de lo que quiere ver, muy desprestigiada, con decreciente influencia social y con mal pronóstico a medio plazo.

Es animador que las víctimas se atrevan a denunciar y triste que no haya sucedido antes, pero los individuos de mi generación, muy traumatizados por educación, política y familia, no estaban seguramente en condiciones de enfrentarse a un tigre ahora de papel, pero antes todavía con dientes. Lo siento por ellos, porque nunca se olvida lo que no se supera y muchos seguirán sufriendo secretamente lo que nunca se atrevieron a declarar, incluso ante sí mismos. Tal vez algunos se sientan reivindicados por persona interpuesta.

martes, 5 de agosto de 2014

ALIVIO PERO NO CURA

Parece que alguien tan soberbio como el Cardenal Rouco tendrá que aprender algo de humildad, ahora que el Papa Francisco, de talante bien diferente, ha decidido aceptarle una dimisión que él creía meramente formularia. Desaparece así a regañadientes una figura siniestra y negativa, que tanto ha contribuido a la perduración de actitudes ultramontanas entre una buena parte del conservadurismo hispano.

La sociedad actual, especialmente los jóvenes, está muy lejos hoy día no ya de compartir, sino siquiera de entender en qué consisten los extraños dogmas y los absurdos mandamientos de una secta como la católica, que tan indebidamente sigue ocupando una posición de privilegio en España, Italia y algunos otros países, pero caeríamos en un grave error si pensáramos que la huida de fieles y la falta de prestigio de la institución bastan para terminar con su nefasta influencia: véase si no el proyecto que pretende privar a las mujeres de toda capacidad decisoria respecto a su cuerpo, la genuflexión ante Putin al firmar el pacto de adopción con Rusia, la negativa a admitir a trámite una ley integral de transexualidad en Madrid y la reclamación ante el constitucional por una ley similar en Cataluña.

La Iglesia Católica española, casi siempre protegida o confundida con el estado, ha tenido que hacer muy pocos esfuerzos para justificar su poder y sus acciones, ha practicado siempre la prepotencia e invadido todas las esferas que ha podido, además de sembrar el odio y justificar la violencia contra todo lo que le pareciera desafiar sus privilegios y la base de su irracionalidad. El Concilio Vaticano II la sorprendió todavía en plena Edad Media y aún en el disfrute de sus prebendas durante el Nacional-Catolicismo, consiguió asustar a Tirios y Troyanos para mantener una posición preeminente después de 1975, a pesar del abandono masivo de fieles y de su impopularidad, y vuelve a resaltar como de las más retrógradas frente a los nuevos vientos algo más liberales que soplan desde Roma. No es extraño en una organización que confunde espiritualidad con ritos, creencia con obediencia y orgullo con dignidad.

Rouco se va, pero la Iglesia se queda y no es contra él sino contra ella contra lo que hay que luchar: como creencia es tan respetable como todas, como poder fáctico no. Hay que exigir a los gobernantes la definitiva separación total de iglesias y estado y el fin de su indebida influencia y presencia en legislaturas, ceremonias cívicas y el espacio público en general. Mientras no se denuncien los infames Tratados entre España y el Vaticano y mientras no se autofinancie lo que no es más que una creencia hoy día minoritaria, no se podrá hablar del fin de sus privilegios y de la imposición práctica a todos los españoles, católicos o no, de dogmas propios de una institución que se representa cada vez más sólo a sí misma y que no tiene ningún mandato democrático para representar a nadie más.

viernes, 6 de junio de 2014

CONVENTOS Y FOSAS SÉPTICAS

En España se solía rebatir la idea de la hipocresía religiosa en los casos en que se encontraban fetos enterrados en conventos, tanto durante los ataques anticlericales de la Semana Trágica en Barcelona, como durante la guerra civil. "Se trataba de abortos espontáneos", "se confundían con los esqueletos de los muchos niños víctimas de mortalidad infantil"... etc. ¿Pero qué decir cuando en Irlanda se descubren más de 800 fetos en la fosa séptica de un convento donde se encerraba a pobres chicas?

La iglesia católica irlandesa, aún más unida al estado que la española hasta la época presente, es tristemente famosa por el maltrato infligido a innumerables chicos y sobre todo chicas pobres, a las que se encerraba en lo que eran realmente cárceles clericales, por el hecho de quedar embarazadas, en una sociedad en la que educación sexual y anticonceptivos brillaban por su ausencia- Se criminalizaba la preñez, inevitable sin educación y medios, se torturaba y explotaba a las desgraciadas que la padecían y se favorecía la muerte del feto o del bebé fruto del pecado. En el caso de que aún así viviera, también se podía hacer negocio vendiéndolo a familias burguesas con deseo o necesidad de adoptar como se hacía en España. Se castigaba a la pecadora y se ganaba dinero. ¡Qué exquisita moral!

Que una institución tan tiránica y poco ética se quiera erigir en paradigma de moralidad es simplemente insultante. La Iglesia Católica no sólo es una secta más, sino que no tiene ninguna autoridad moral para dar lecciones a nadie... ateos incluidos.

sábado, 1 de febrero de 2014

CONTRAOFENSIVA

Cuando se estudia la historia de la II Guerra Mundial se ve que, aunque no era tan evidente para los contemporáneos, una vez que la Unión Soviética no se hundió en 1942, después del fracaso de la invasión de Inglaterra en 1940, la Alemania nazi estaba definitivamente derrotada. Stalingrado y el Alamein fueron simplemente clavos en un ataúd que ya estaba hecho. Era una simple cuestión de tiempo y de desgaste. Alemania lanzaría aún "contraofensivas", a veces de gran eficacia para detener la apisonadora soviética. Incluso en 1945 se sorprendió a norteamericanos e ingleses con la ofensiva de Las Ardenas, pero la derrota era inevitable por medios, por masa y porque nadie, ni siquiera muchos alemanes, querían vivir bajo un régimen opresivo y criminal que se había lanzado a la agresión con desmedido orgullo y absoluto desprecio por las más elementales reglas de humanidad.

Me gusta recordar esto cuando en la eterna lucha por el progreso, los derechos y los avances sociales hay aparentes detenciones o regresiones promovidas por instancias que, como las iglesias, tienen intereses creados en el conservadurismo para mantener su control social, y es de actualidad ahora por los esfuerzos y las campañas renovadas que se ven organizadas en Europa contra los tres supuestos que más amenazan el castillo de naipes de una supuesta "moralidad" obediente a dogmas: homosexualidad, aborto y eutanasia.

Hay en estos momentos una auténtica contraofensiva que trata de hacer retroceder el marco legal para mantener a la sociedad encerrada en los prejuicios y las leyes del pasado, con nuevas armas intelectuales manejadas por los equivalentes de las SS y otras tropas de élite del nazismo, léase asociaciones integristas, partidos reaccionarios y grupúsculos neonazis. Los que a sí mismos se denominan "Pro-vida", los que afirman la existencia de una "ideología de género", los que atacan el feminismo sin paliativos y otros que hacen de las religiones ajenas instrumentos de Satán, sin ver el mal de las propias, parecen haber aprendido el uso de los medios modernos para hacer mucho ruido, proponer derogaciones de leyes existentes y asustar a los que puedan con males innombrables derivados de la que ellos pintan como "degeneración", viejo concepto que iguala el cambio al mal.

No prevalecerán; cuando individuos y sociedades pierden el miedo a lo que antes se les ha presentado con tintes malignos no hay vuelta atrás. El rechazo de la homosexualidad, de los derechos de los homosexuales o la demonización del aborto son consecuencias del rechazo al sexo, de los prejuicios de una sociedad machista y patriarcal y de la cerrazón ante la ciencia; la negación de la eutanasia se reviste de "protección de la vida", cuando no es más que entronización del sufrimiento o, peor aún, voluntad supuesta de una deidad extraña que se complace en torturar a las criaturas "a las que ama".

Si se deja de creer en estos principios y en los que se erigen en autoridad para proclamarlos no hay posibilidad de mantenerlos. Miles de mujeres y de hombres han desfilado hoy en Madrid para oponerse a la prohibición práctica del aborto, una medida inspirada por la SS moral para sus propios fines, que no tienen nada que ver con la ética y sí mucho con un control que ven escapárseles por momentos. ¿Será su Ofensiva de las Ardenas?... de todos depende,

martes, 22 de octubre de 2013

MEZQUINAS CRUELDADES

No sé si la Iglesia Católica cambiará alguna vez, pero de momento no es el caso, a pesar de las palabras menos agresivas que vienen de Roma. Basta seguir un poco las reacciones de prelados y jerarcas varios para darse cuenta de que todo sigue igual, es decir, la idea de que se posee una superioridad moral que de alguna manera les empuja a imponer a todos, creyentes o no, sus particulares normas, a menudo bien alejadas de  una ética racional y humanista y productoras de enorme sufrimiento.

En un colegio concertado de Málaga se obliga a una niña transexual a ser "niño" contra su voluntad, con los correspondientes problemas y traumas. Hay que preguntarse el porqué sus padres se empeñan en llevarla a un colegio de esta clase, pero la mezquindad de los administradores del centro supone abuso infantil.

La jerarquía católica de Chile presiona al gobierno de ese país para que NO firme la convención iberoamericana de derechos humanos, puesto que entre ellos se cuenta el de no ser discriminado por orientación sexual. Una prueba más de que los derechos humanos se posponen a un dogmatismo particular que no ve mal discriminar y perseguir "sodomitas".

La asociación "Hazte Oír", de clara adscripción católico-integrista-fascista, recoge firmas para que se impida a los adolescentes procurarse preservativos. El pretexto es que "se hurta a los padres la autoridad y la educación de sus hijos", es decir, que es mejor que los jóvenes que no sigan las rígidas normas morales de estos fanáticos se contagien, enfermen y contagien a otros.... ¡Así aprenderán!

Sorprende la innegable maldad de estas iniciativas tan "morales", así como la extraordinaria mezquindad y el odio que destilan.

domingo, 8 de septiembre de 2013

COMPASIÓN

El obispo de Segovia, un tal Ángel Rubio, ha publicado una carta pastoral en la que repite los manidos argumentos católicos sobre las supuestas virtudes de la castidad, opción forzada y artificiosa de la secta que más abusa del concepto de "ley natural". Esto no es ninguna novedad y no daría lugar a comentarios, si no fuera porque de paso vuelve a condenar la homosexualidad, junto con casi todo sexo, para decir que hay que tener "compasión" con los "afectados" por el problema, con lo que quiere decir enfermedad, tal vez física, tal vez mental, pero patología (desorden como dijo Ratzinger) a fin de cuentas.

Este señor piensa seguramente que escribir esto es una prueba de caridad cristiana, de comprensión y hasta de magnanimidad, pero siento decepcionarle, porque resulta más bien insultante. El Sr. Rubio parte de la base de que él y los que le siguen son completamente "normales", que practican la moralidad más fina y que no están enfermos, es decir, no "afectados" por ningún desorden. Tanta arrogancia autosatisfecha no solo es chocante, maleducada e ignorante, sino que no ve su propio mal, puesto que el señor Rubio y sus cofrades están afectados por una patología muy particular, la de la fe dogmática y acrítica, grave desorden mental que lleva a decir muchas tonterías, acosar al prójimo y a una vida neurótica.

Los enfermos de esta peculiar patología creen todo lo que les dicen unos maestros rancios vestidos con ropas raras y que dicen saber interpretar las misteriosas doctrinas encerradas en unos textos escritos en lenguas muertas de hace miles de años; consideran que la vida es solo una prueba en la que hay que renunciar a muchas cosas, especialmente al sexo (no a la gula, la avaricia, o la soberbia), para que una vez muertos su espíritu vaya a un paraíso eterno donde el dios que los ha creado y puesto a prueba los divertirá por los restos. En caso contrario, este mismo dios, que es todo amor, se verá obligado a enviarlos a indescriptibles tormentos sin fin por toda la eternidad. Los que padecen esta peculiar enfermedad creen deber abstenerse de todo sexo, menos en los casos en que está autorizado, es decir, en el matrimonio celebrado por los mismos señores con ropas raras, que por su parte no pueden casarse ni tener hijos de ninguna manera lícita. A esto lo llaman "ley natural" y no aceptan lo que dicen sobre ello científicos, psiquiatras, filósofos y personas corrientes con espíritu crítico.

Yo exhorto a la compasión para con estos pobres afectados por el desorden de la creencia, aunque también advierto que la compasión no debe excluir la precaución, porque pueden ser violentos de palabra y obra, directamente o por medio de agentes. Una de las manifestaciones más persistentes de la patología es el empeño en obligar a todos a creer en ella o a doblegarse a las normas dictadas por los de traje talar. En el pasado hasta mataban por ello, en el presente sienten mucho no hacerlo.

jueves, 22 de agosto de 2013

ESQUIZOFRENIA

El 15 de agosto, fiesta católica por excelencia, un grupo de esos católicos franceses que reconocen a Frigide Barjot como líder publicó una carta abierta a los obispos de Francia que puede sorprender a los que no están acostumbrados a la extraña lógica de los que no quieren ser simplemente creyentes, sino también ajustarse a la ortodoxia, es decir, al integrismo...  ¡siendo gays!

En la carta piden que la Iglesia reconozca sus esfuerzos "en pro de la familia" y con un tono lastimero se quejan de la falta de señales positivas de los obispos hacia los homosexuales católicos. Pueden leerse también algunas frases que dejan ver cierto arrepentimiento por haber colaborado al resurgimiento de la homofobia con sus actos, aunque al mismo tiempo insisten en subrayar la diferencia con los homosexuales laicos, a los que describen de una forma que muestra que se sienten superiores a ellos espiritualmente.

Esta carta es un documento que muestra tan perfectamente lo que es el autodesprecio que podría utilizarse como ejemplo en un curso de psicología. ¿Cómo pueden estos desgraciados pensar que una iglesia que ni siquiera reconoce el concepto de orientación sexual puede hacer algún gesto favorable hacia los fieles "aquejados" de atracción por el mismo sexo? Si se reconocen como sus fieles deben obedecer, callarse, superar sus tentaciones, permanecer castos y arrepentirse cuando caen. Deben saber que son seres nacidos con o afectados por un "desorden", una desviación que los condena a no tener amor, a refugiarse en las sombras, a controlarse en todo momento... si no quieren ser expulsados, perderse para siempre entre los paganos... Pero como algunos hijos de madre desnaturalizada siguen sufriendo al saberse despreciados, sospechosos, castigados y piden un pequeño gesto de reconocimiento, una pequeña señal de que los aceptan al menos un poco por los servicios prestados en la lucha contra los verdaderos malvados.

Tendrán que esperar mucho tiempo, si no se deciden a abandonar una institución que utiliza sus considerables poderes para torturarlos y convencerlos de que son seres esencialmente peores que los demás, sospechosos, disminuidos y condenados al sufrimiento por decreto divino.


A veces los compadezco, pero cuando pienso en lo que han colaborado y en lo que hay detrás, es decir, integrismo, superstición, fascismo, homofobia legalizada, amenazas al laicismo, etc., concluyo que se merecen sus sufrimientos y que están en el infierno que han ayudado a crear.

miércoles, 31 de julio de 2013

ONDAS DE VIOLENCIA

Hay personas poco conscientes y muy amantes del deporte que se enfadan cuando se anuncian boicots a juegos y eventos por "razones políticas", porque "deporte y política no tienen nada que ver." Esto es, por supuesto, falso: no hay tiranía que no haya hecho del deporte un medio de propaganda, ni país que no vea en él un modo de prestigiarse, a veces de manera muy infantil. La sociedad actual es esclava de la imagen, el marketing y los mitos; lo era ya hace mucho tiempo y eso no va a cambiar.

La actual campaña de boicoteo del Vodka Ruso y de los Juegos de Sochi el 2014 ha sido atacada por los habituales "neutrales" como exagerada, fuera de lugar, porque "¿qué pueden importarnos las leyes rusas?", después de todo ya se sabe que Rusia es un país menos civilizado y que, de todos modos los visitantes no serán molestados en general, a no ser que se empeñen en "hacer política", manifestarse o mostrar banderas del arco iris. Decir a estas personas que su indiferencia es racista, homófoba e incitadora a la violencia cae en oídos sordos, porque no hay mejor sordo que el que no quiere oír.

Las leyes rusas contra la "propaganda homosexual" (casi cualquier cosa), legitiman la violencia, del mismo modo que las manifestaciones en Francia contra el matrimonio igualitario han abierto una puerta que se creía cerrada. Si las personas LGTB resultan nuevamente sospechosas de algo, aunque sea de forma vaga y poco precisa, todos los energúmenos a los que mueven frustraciones, inseguridades, nacionalismos y odio genérico tienen un perfecto chivo expiatorio al que atacar. Como la piedra que cae en el estanque, el resultado puede ser mayor o menor, pero las ondas que se ensanchan llegan hasta la orilla y afectan a todos.

El COI es culpable si mantiene los juegos en un lugar tan hostil, pero también lo son todos los neutrales a quienes nada importa lo que les pase a los rusos, LGTB o no.

domingo, 21 de julio de 2013

IDEOLOGÍA, REALIDAD Y CIENCIA

Voy a hacer una afirmación inicial y tajante: oponerse hoy día a las personas LGTB, calificarlas de básicamente desordenadas, desviadas, inmorales y negarles derechos de protección e igualdad es un problema ideológico y dogmático, es siempre irracional, homófobo y absolutamente acientífico, a lo que podría añadirse también que denota mezquindad y crueldad gratuita.

Viene esto a cuento porque desde las habituales posiciones integristas se ha acuñado el concepto de "ideología de género", como si se tratara de una doctrina o corriente de opinión teórica que contradice las "verdades" de la "ley natural", mantenida por algunas iglesias como regla de oro desde Alberto Magno y Tomás de Aquino. Parece que si se niega la validez de lo que a fin de cuentas no es más que una escuela filosófica que sirve de apoyo a una teología particular, se está proponiendo una escuela contraria, perfectamente articulada e igualmente teórica. Se quiere hacer aparecer así para indicar que los proponentes de la doctrina son un lobby, partido, grupo de presión, etc., que intentan imponer su ideología (antinatural) a la sociedad y que los que se les oponen no lo hacen solo por razones de dogma, sino porque así defienden una sociedad amenazada de decadencia y degeneración en su misma base.

En una entrevista al obispo de San Sebastián, Munilla, publicada hace unos días en El País, éste, que parece un hombre más abordable y menos arrogante que otros, aunque tan integrista como todos, vuelve a incidir en el ritornello y a repetir lugares comunes que no tienen en realidad ni pies ni cabeza: los gays que se manifiestan en el orgullo no son todos, solo los que están imbuidos de la "ideología de género", hay muchos que quieren ser castos y buscan ayuda... eclesiástica, el amor entre dos personas del mismo sexo "se limita" al afecto, pero el amor de verdad es otra cosa... y demás vaciedades repetidas hasta que parecen tener sentido, cuando la verdad es que no lo tienen más que si se está dispuesto a obedecer sin rechistar, odiarse a sí mismo, humillarse pidiendo perdón por haber nacido con los instintos equivocados y malvivir negándose todo afecto.

No existe ninguna ideología de género más que en la fantasía reaccionaria y dogmática de los que niegan los avances que demuestran que sexo, género, identidad y orientación son más complejos, fluidos y difíciles de clasificar de lo que se aprendía en las sociedades campesinas precientíficas. Ideológico es en cambio definir la castidad como virtud absoluta, convencer a individuos asustados de que lo que sienten está mal y someterlos a lavados cerebrales disfrazados de terapia para que se sientan aún peor, pero sigan siendo seres obedientes y aterrorizados, cuando no retorcidos que sacien sus frustraciones con sadismo, masoquismo y otras prácticas susceptibles de tratamientos psiquiátricos más auténticos.

Muchas personas aún no se dan cuenta de que virginidad, castidad o santidad son conceptos que se aprenden con una carga cultural cristiana o postcristiana de tal magnitud que no deja pensar que debajo puede haber frustración, neurosis, psicosis, hipocresía, represión, envidia y hasta retraso mental. Son conceptos de una ideología dogmática muy concreta y debemos valorarlos desde nuestro punto de vista racional, no como lo hace el dogma al que pertenecen.


jueves, 20 de junio de 2013

LA SALUD NO SE CURA

Alan Chambers, figura principal de "Exodus International", organización cristiana dedicada al "tratamiento" y "cura" de la homosexualidad, pasará a los anales de nuestra época como figura controvertida, pero finalmente como persona honrada y ética, puesto que después de numerosas vacilaciones ha acabado por reconocer que las "terapias reparativas" no son tales, que no funcionan, que causan graves daños psicológicos y que lo más que consiguen es una especie de castración mental. De acuerdo a estas conclusiones ha decidido disolver la organización como era hasta ahora y ha pedido públicamente perdón por los perjuicios causados a muchos individuos.

El Sr. Chambers ha lanzado así una carga de profundidad contra la idea de "corrección de la desviación" (o la "degeneración") mantenida contra viento y marea por religiosos y machistas de diversas convicciones que, naturalmente, han reaccionado con la habitual cerrazón y se han precipitado a fundar otras organizaciones o a incidir en las propias, como hace el obispo de Alcalá (véase post anterior). Pero mientras la posición del Sr. Chambers es razonada, ética y humanitaria, la de sus opositores se basa solo en los prejuicios, frases hechas, negación de la ciencia y de los derechos humanos a que nos tienen acostumbrados.

No hace tanto tiempo que se encerraba en manicomios a personas con neurosis leves o sospecha de tales, como a una conocida mía, cuyo feroz padre envió a una institución en los años 50 por haberse atrevido a enamorarse de un hombre "no aprobado". Él autoritario y machista progenitor la suponía loca, puesto que se había atrevido a desafiarlo. En la URSS se enviaba a los disidentes políticos a sanatorios mentales, puesto que había que estar loco para no reconocer la gran superioridad del sistema soviético sobre el capitalista. Salvando las distancias esto es lo mismo que se practica con las víctimas a las que se quiere forzar a cambiar de identidad u orientación sexual.

Las pruebas y el consenso científicos reconocen hoy día una variedad de identidades y orientaciones sexuales y huyen de una consideración demasiado estrecha de la "normalidad", en este como en otros campos. Pero lo más importante es que en una sociedad libre los derechos del individuo son primordiales y que las prácticas que van contra ellos no solo son aconsejables sino que deben ser prohibidas, por larga tradición que a veces tengan, especialmente cuando se aplican a menores indefensos. Muchas familias conservadoras, fanáticas o mal informadas obligan o chantajean a sus miembros para que se sometan a estas falsas terapias y muchas organizaciones hacen un gran negocio prometiendo cumplir imposibles, como hasta hace poco también hacía "Exodus".

Lo que ha hecho el Sr. Chambers es negar la validez de estas malas prácticas desde adentro, lo que hará mucho más difícil su justificación en el futuro y calificará a sus defensores como lo que son: obsesos y obtusos fanáticos.

miércoles, 12 de junio de 2013

REIG RACA RACA

¡Vaya! ¡Resulta que el buen papa Francisco no puede mejorar su iglesia porque se ha dado de bruces con una mafia gay en el Vaticano!... Esta estúpida noticia, aireada hasta el vómito, no significa lo que parece significar, puesto que la orientación sexual de cardenales y jerarcas es lo de menos. Lo que estas palabras quieren decir es que un grupo de malvados y ambiciosos, sinónimo de gays, corrompe las altas instancias apostólicas. ¿Que puede esperarse de personas que niegan la "ley natural"?

Al rescate viene el inefable obispo de Alcalá con la publicación de un resumen de la mal llamada "doctrina" eclesiástica sobre el tema. En posts anteriores he hecho referencia a la falta de rigor científico  y a las peligrosas conclusiones de todo este galimatías que pretende pasar por "visión integral de la sexualidad", cuando no es más que una colección de tópicos apoyados en un dogma medieval. El Sr. Reig, cuya obsesión antihomosexual da que pensar, está convencido de que todo es una maquinación... del "lobby gay" naturalmente, infiltrado desde el Vaticano a China y manipulando los hilos de la sociedad. Estos malvados han inventado la "ideología de género" y su insidiosa propaganda corrompe las almas juveniles que, confusas, se lanzan a la prostitución y se hacen homosexuales, se casan entre ellos, impidiendo así que los héteros se tomen el matrimonio en serio, predican el divorcio y dejan a los niños sin padre y madre.

Pero los hombres de la categoría intelectual del Sr. Reig saben que, pese a lo que digan médicos, biólogos y psiquiatras, la homosexualidad es una enfermedad mental perfectamente curable con "terapias reparativas" que pueden incluir desde descargas eléctricas a encierros prolongados, aparte de dejar a la persona tarada.... pero quien algo quiere algo le cuesta.

Además, en España no se está discutiendo este problema... muy al revés que en Francia, país en el que la discusión alcanza grandes alturas, aunque algunos exaltados entiendan por discutir el dar mamporros, amenazar con sangre y desobedecer la ley.

Ante el abandono de muchos y la indiferencia de la mayoría, parece ser que obispos y congéneres han decidido poner a los gays como verdaderos chivos expiatorios de algo que se les va de las manos, aunque las personas LGTB no tengan relación alguna con la falta de convicciones religiosas que, por otra parte, por si no lo sabe el obispo Reig, pueden ser un síntoma de enfermedad mental, puesto que creer en una serie de principios extraños, seres invisibles e improbables paraísos, pretender imponer el absurdo a los demás y arrogarse autoridad por ello, reúne paranoia, esquizofrenia, síndrome bipolar y otras irregularidades que seguramente se curarían con la terapia adecuada.

domingo, 2 de junio de 2013

EL VALOR DEL SR. WERT

¿Sabían Uds. que WERT significa "valor" en alemán?... Es interesante subrayarlo en el doble sentido que la palabra tiene en castellano: valía y valentía, porque en ambos brilla poco el actual ministro de educación español, empeñado en hacer retroceder la enseñanza a épocas pretéritas, por obediencia a sus amos eclesiásticos. El único valor del Sr. Wert es que, por fin, ha puesto en primer plano algo que por ignorancia, desidia y abandono ha sido olvidado durante demasiado tiempo: la Iglesia Católica sigue teniendo privilegios incompatibles con la constitución en lo que equivale de hecho a una confesionalidad vergonzante.

La Iglesia C. Española no se ha distinguido nunca por su brillantez intelectual. Como he dicho en algún post anterior, no le ha hecho ninguna falta, protegida siempre como parte de la administración pública. Sin grandes capacidades de análisis, su jerarquía tampoco tiene un alto sentido de la realidad, de la oportunidad y de la acción política, de modo que no es de extrañar que actúe como un elefante en una tienda de porcelana y ataque indiscriminadamente sin mirar las consecuencias, en este caso poniendo al Sr. Wert y otros miembros de este gobierno de meapilas como arietes. Tal vez con la falsa creencia de que como la gente está muy preocupada con la crisis y los recortes no se van a dar cuenta de que los quieren someter de nuevo a los dogmas de la única y verdadera fe.

Los obispos y el Sr. Wert se equivocan de medio a medio, porque una "victoria" como la que se anuncia es más bien pírrica y su único efecto auténtico ha sido el de levantar la liebre: a partir de ahora no puede haber ningún partido o tendencia del centro a la izquierda que no se ponga como objetivo no solo eliminar la religión de la escuela pública, sino denunciar los anticonstitucionales tratados entre España y el Vaticano y poner a la Iglesia C. en el lugar que le corresponde, que no es desde luego el que ahora ocupa.

Es bastante dudoso, por no decir fantástico, que una asignatura sin valor, aunque sea evaluable, permita recuperar creyentes a una creencia tan desgastada, mal dirigida y poco atractiva, mientras que no es de dudar que su imposición forzada cause disgusto y rechazo en una mayoría de la población bastante harta de oficialismos y abusos varios. PP y jerarquía se equivocan: apoyándose mutuamente no se refuerzan, se debilitan... y es aquí donde reside el valor del Sr. Wert.

jueves, 11 de abril de 2013

MALVADOS, CRETINOS Y CON MITRA


El obispo de Alcalá está obsesionado negativamente con la homosexualidad, igual que otros prelados católicos, pero al contrario de los que se limitan a condenar, demonizar e inventar maldades, el Sr. Reig profiere estupideces más grandes que catedrales con sus extrañas afirmaciones de niños "que se prostituyen para probar su orientación sexual" o majaderías semejantes, de las que hace culpables a oscuras instancias que pueden sospecharse afines al poderoso, secreto y maléfico "lobby homosexual", organización semejante a la "Spectra" de las películas de James Bond por su enorme maldad y su categoría puramente imaginaria.


El Sr. Reig disfrazará su innegable homofobia con palabras edulcoradas, igual que hacen los prelados de su secta en otros momentos y países, pero nunca querrá reconocer que su actitud es básicamente violenta, que equivale al racismo genocida que su iglesia practicó contra judíos y herejes y que anima o disculpa las agresiones que sufren muchas personas en España, en Francia y en muchos otros lugares. El rostro de Wilfred de Bruijn, agredido hace pocos días en París, es el espejo en el que puede mirarse este antipático personaje a modo de retrato de Dorian Grey, porque aunque él no haya sido el que propinó los golpes también es responsable del tipo de odio que los originó.

lunes, 25 de febrero de 2013

EL ALGUACIL ALGUACILADO

La rápida y forzada dimisión del cardenal Keith O'Brian, primado católico de Escocia, es una nueva vergüenza para una institución cuyos escándalos se parecen bastante a los de los políticos que nos rodean; otra indicación más de que estamos en un cambio de era de grandes proporciones y deriva desconocida. Si la Iglesia estaba ya mal adaptada al siglo XX, parece que en el XXI sus dificultades no hacen más que aumentar, sobre todo porque cada vez resulta más difícil ocultar la hipocresía, la falsedad, los privilegios y la miseria moral de una jerarquía que predica una cosa y practica otra, bien sea moral sexual, honradez económica o simple decencia.

El Cardenal O'Brien se ha distinguido por sus ataques feroces y sin tregua contra la homosexualidad y los proyectos actualmente en curso en el Reino Unido para establecer la igualdad matrimonial para todos. No es momento de sacar a relucir todas sus afirmaciones, bien guardadas en las hemerotecas para el futuro, pero es interesante que, una vez más, uno de los personajes más homófobos resulte ser un homosexual secreto, aunque evidentemente no tan reprimido.

Puede que se trate solo de acusaciones, pero esto no resulta muy creíble cuando los acusadores son también sacerdotes católicos y el prelado se ha apresurado a dimitir y desaparecer en huida vergonzante, aunque haya negado todo... ¡faltaría más!

¿Cómo creer en estos señores y en lo que predican?

lunes, 11 de febrero de 2013

NO ESPEREN GRAN COSA

La abdicación del Papa Benedicto XVI es una sorpresa, porque ningún papa lo ha hecho desde el siglo XV, pero solo relativa porque él ya había dado alguna indicación en este sentido. Lo que tampoco cabe esperar son grandes cambios en la Iglesia Católica. En cuanto se ha difundido la noticia hay muchos que se han puesto a conjeturar qué puede pasar y si la iglesia cambiará su actitud respecto a muchos temas de costumbres, incluyendo su permanente condena de las personas LGTB y su alineación con los más reaccionarios en todas las batallas por la igualdad de derechos. Basta haber estudiado un poco la historia de esta poderosa organización para darse cuenta de que un cambio radical es imposible y que ni siquiera es probable una pequeña reorientación, al menos a corto plazo.

Se suele pintar al Papa actual como particularmente homófobo, pero creo que no lo es más que los anteriores, puesto que no ha hecho más que mantener la enseñanza tradicional mil veces repetida. La lucha por la igualdad de derechos de homosexuales y demás nunca antes había alcanzado las cotas que ahora alcanza, de modo que los pontífices apenas tuvieron que pronunciarse sobre ello, puesto que las autoridades civiles negaban ya toda igualdad. La mayor aceptación social y los cambios legislativos que han ido con ella es lo que ha obligado a todos los jerarcas, papa incluido, a lanzar sus condenas, inevitables, puesto que les obliga una larga tradición y les presiona aún más la considerable decadencia de la institución y el deseo de mantener una influencia social cada día menos evidente. 

En la situación de crisis que vive el cristianismo en general y el católico en particular, se puede optar por un aggiornamento como el que proponía Juan XXIII, cuyo resultado natural hubiera sido una profunda revisión de doctrinas, dogmas y normas de disciplina y organización para adaptarlos al cambio social y los descubrimientos científicos, o por un enrrocamiento en posturas ultramontanas. La primera postura tenía como peligro la disolución de la iglesia en la sociedad, como ha pasado de hecho con muchas denominaciones protestantes moderadas, que conservan hoy núcleos muy reducidos de fieles practicantes. La segunda tendencia es la que ha ido adoptando progresivamente la Iglesia Católica, aún a sabiendas de que pierde seguidores en gran número: parece ser que prefiere quedarse con menos fieles pero más fanáticos.

Basta un somero examen del clero actual y de los jerarcas para darse cuenta de que la gran mayoría no se aparta un ápice del camino trazado, de modo que poco cabe esperar, aparte de algo más de diplomacia, palabras más sibilinas o estrategias más laberínticas y desviadas... y aún esto es dudoso.

Más aún, aunque la Iglesia Romana cambiara mucho su actitud, la nuestra no debe cambiar: tenemos que seguir exigiendo que la religión, cualquier religión, sea completamente separada del estado y que la iglesia no pueda ejercer una autoridad y tutela indebidas de la sociedad civil. Si esto se consigue, lo que pueda hacer o decir un papa futuro solo importará a los que creen en él.

jueves, 7 de febrero de 2013

¿DESHIELO?

Tomen un mapa de Europa y coloreen de rojo los países en donde el derecho al matrimonio incluye a las parejas del mismo sexo o donde está a punto de incluirlas: Islandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo España, Portugal, Reino Unido y Francia. Coloreen luego de rosa los estados en los que hay uniones civiles o similares: Alemania, Austria, Chequia, Eslovenia, Hungría, Finlandia, Irlanda... Vayan a América y pongan rojo sobre Canadá, Argentina y los estados de Massachusetts, Maine, Vermont, New Hampshire, New York, Connecticut, Maryland, Iowa, Washington D.C., y Washington State, a los que pronto se sumarán Rhode Island, Delaware, Illinois y posiblemente California... De rosa hay muchos más en los Estados Unidos. En México se reconoce en el Distrito Federal, pero todos los demás estados mexicanos deben reconocer los matrimonios allí celebrados; en el enorme Brasil una serie de sentencias judiciales están legalizando el matrimonio entre personas del mismo sexo y en Uruguay se votará pronto una ley en el mismo sentido, en Sudáfrica es legal... y así podríamos seguir.

Hay todavía muchos territorios en que esto no es posible y donde las personas LGTB son perseguidas y asesinadas, pero la evolución de las leyes muestra que en la progresiva conquista de derechos civiles en occidente las variantes sexuales y de género no pueden ser ignoradas, discriminadas o criminalizadas en base a viejos prejuicios religiosos y machistas.

Las creencias más irracionales y conservadoras se han opuesto y se siguen oponiendo a este movimiento, igual que se oponen a los derechos de las mujeres, a la ciencia y hasta a la democracia, en nombre de un dios del terror al que presumen representar y de sus viejas escrituras también presuntamente divinas, pero hasta ellas se dan cuenta de que en occidente al menos es una batalla perdida y que pueden retrasar, pero no impedir. El Vaticano es de las instancias que más se ha opuesto a cualquier reconocimiento, incluyendo la cesación de la persecución o discriminación, como demostró cuando en la ONU se presentó en 2010 una recomendación para que todos los estados miembros dejaran de perseguir a los homosexuales como delincuentes: el representante del Papa se negó a avalar la propuesta.

En el coloreado mapa de Europa Italia aparece como un gran bloque vacío: el único gran estado de Europa occidental en el que no hay ningún reconocimiento de parejas del mismo sexo. No es una coincidencia que el Vaticano se encuentre allí y que sea muy influyente en la disfuncional política italiana, pero la sociedad también cambia en la bota y ante la evidencia del derrumbe parece que la diplomacia del microestado macroinfluyente teocrático se orienta hacia posturas algo más conciliadoras. El Cardenal Vincenzo Paglia acaba de declarar para asombro de ingenuos "que los derechos de los homosexuales deben ser respetados y que se pueden buscar fórmulas jurídicas para garantizar herencias, derechos de visita, etc..." siempre, claro está, que se convenga que el matrimonio solo puede ser entre un hombre y una mujer... de acuerdo a las normas de la Santa Madre Iglesia. Es decir, que a partir de ahora no se opondrán, o se opondrán menos, a que se reconozcan derechos con el nombre de uniones de hecho, uniones civiles, etc, allí donde es inevitable, con la intención de poner barreras para que no se llamen matrimonio y no se llegue a ninguna igualdad real.

¿Por qué digo para asombro de ingenuos? Porque se trata evidentemente de una táctica dilatoria más que la hábil diplomacia vaticana puede usar donde le interese, para seguir aplicando la máxima rigidez en donde sea posible. Muestra un cierto deshielo válido para Italia, en la que las nuevas elecciones parecen indicar una subida de la izquierda después de muchos años de gobiernos increíbles, mezcla de beatería, corrupción e ineficacia, pero no aplicable a África y otros lugares en los que seguir manteniendo contra viento y marea que las personas LGTB son solo pecadores que se niegan a "curarse" de su enfermedad, porque en realidad nadie nace así... que lo dice la Biblia.