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domingo, 8 de octubre de 2017

IDENTIDADES

En estos tiempos confusos en los que muchas personas pierden puntos de referencia conocidos, hay quienes gustan de refugiarse en el nacionalismo, especialmente en el nacionalismo identitario y, cuando se critica esta actitud, se defienden con una sinrazón que parece razonable, pero que no lo es: “tenemos derecho a nuestra identidad”, para a continuación añadir que ésta está amenazada y que por ello deben hacerse independientes o expulsar a los que de alguna manera no son como ellos…. si no se adaptan absolutamente a los moldes identitarios predefinidos.
El problema ético y político es que confunden voluntariamente identidad individual e identidad colectiva y que encierran a la segunda en unos límites exactos y obligatorios. La identidad individual es hasta cierto punto electiva; no se es libre realmente para elegir dónde se nace, en qué familia y qué educación laica o religiosa se recibe. Tampoco se es realmente libre para elegir una orientación sexual, por ejemplo, pero origen étnico y lingüístico, genético y educativo se mezclan en cada individuo y éste puede optar por resaltar más unos aspectos que otros e identificarse más o menos con lo que le viene dado y lo que él mismo se construye a lo largo del tiempo.
En este sentido la identidad individual es libre y no es tampoco extraño que haya individuos que adopten varias identidades simultánea o sucesivamente. Familia y sociedad han tendido a imponer a todos modelos precisos con los que identificarse para ser aceptado, bien visto y adquirir buena reputación, pero los individuos siempre han sido y son variados y hasta bajo tiranías muy extremas han podido lucir identidades varias o refugiarse en ellas para no ser aplastados.
La identidad colectiva, en cambio, es más bien difusa cuando no es obligatoria y se ve como conjunto de características hasta cierto punto variables, pero si se eleva a doctrina y fetiche se transforma en una armadura artificial que no sólo intenta ahogar la identidad individual, sino acabar con cualquier posibilidad de elección personal. Las identidades colectivas obligatorias no son compatibles ni con la libertad ni con la democracia, aunque a veces se pretexten ambas para presuntas “liberaciones nacionales” que no son tales.
Toda tiranía se basa en estas identidades cerradas y predefinidas por los popes que las han creado y que se erigen en sus administradores, puede ser la “raza aria”, los “verdaderos finlandeses”, los “auténticos proletarios” o cualquier otra abstracción semejante que hace tabula rasa de la mezcla, la variedad y la opción individual. En algunos casos se subraya la raza, en otros la religión, en otros la lengua, generalmente se mezcla más de un elemento, pero siempre se ponen unos límites muy claros a lo que “no es” la identidad deseada, en todos los casos opuesta a uno o varios “enemigos” a los que también se identifica identitariamente por lo contrario: “no tienen nuestra religión”, “no son de nuestra raza”, “no hablan nuestra lengua”, al tiempo que la característica propia preferida, la lengua, por ejemplo, se eleva a la categoría de fetiche absoluto, símbolo sagrado y no discutible de la identidad obligatoria.
Las identidades colectivas convertidas en obligatorias son siempre exclusionarias y tienden a ser asesinas, no sólo de la libertad individual , sino del ser humano completo: un “puro musulmán” del ISIS no tendrá empacho en masacrar supuestos infieles apoyado en su pura identidad, aunque los asesinados sean tan musulmanes como él. No hay que fiarse ni un poco de los que no usan en principio policías y guillotinas, porque a lo mínimo que aspiran es a callar a todos los que no son como ellos y a lo máximo a la eliminación de los mismos tal vez geográfica, echándolos del territorio sagrado, tal vez física mediante métodos más drásticos.
Otra característica del identitarismo colectivista es que nunca ha estado ni estará abierto al diálogo, puesto que una fe dogmática no puede aceptar la herejía. Puede ponerse como ejemplo histórico la conferencia de Munich en 1938, en la que Hitler se burló de las democracias occidentales y ganó tiempo para la agresión un año más tarde. A estos señores hay que enfrentarlos constantemente a sus mentiras, exageraciones y tergiversaciones con datos, oponerse a ellos con la misma fuerza que ellos emplean y, si acceden a sentarse a una mesa, será con las condiciones del interlocutor, porque cualquier concesión será interpretada como debilidad ajena y victoria propia, un peldaño más en la consecución del infernal paraíso al que aspiran.

lunes, 3 de julio de 2017

INTOLERANCIAS

Siempre me sorprende la estrechez de miras de muchos que se consideran luchadores por la libertad o víctimas de la opresión, pero que sólo desean que ellos o “los suyos” impongan su dominio sobre “los otros”, los que se consideran “enemigos” con razón o sin ella, es decir, más bien sin razón, porque en los países con niveles razonables de libertad y seguridad no hay, no puede haber verdaderos “enemigos” a los que destruir, sino adversarios a los que vencer con razones o en las urnas, no con insultos, descalificaciones y prohibiciones.
Viene esto a cuento porque me he enterado con retraso que hubo gente, gentecilla, que estaba en contra de que la cantante Alaska, icono gay desde hace mucho, participara en la lectura del pregón del Orgullo Mundial porque “es amiga de gente del PP” y había partcipado en programas de la emisora de radio de un destacado derechista.
Esta clase de boicot puritano-fundamentalista es propio de fanáticos seguidores de la “línea del partido”, de esos que se autodenominan de izquierdas, cuando son simplemente autoritarios con deseos de imponer su ideario sin tener en cuenta el de los demás. ¿Es imposible tener amigos del PP? Uno puede no coincidir con las ideas, actitudes o conductas de ese partido, pero no excluir a los que votan o militan en él como si fueran apestados, porque también son seres humanos y hasta nos aprecian como amigos. Disentir y criticar no es odiar ni excluir, que de eso los diversos sabemos mucho.
Igualmente me llega la noticia de que durante el desfile del Orgullo al paso por el Paseo de Recoletos hubo gente que silbó y gritó contra la carroza de Ciudadanos, para a continuación jalear y dar vivas a la carroza de Podemos… ¿Es eso lógico? Ciudadanos ha dado muestras de defender los derechos LGTB+ en numerosas ocasiones y, de acuerdo con eso, da igual que estemos de acuerdo o no con su programa político, porque si están en la manifestación por los derechos de todos tenemos que agradecérselo; no tenemos porqué aplaudirlos, pero tampoco silbarlos ¿o es que sólo hay un partido posible para diversos?
Esto, como la tonta polémica sobre si se invitaba o no al PP, aunque este partido hubiera dejado claro que ya no se opondría a la ley nacional anti-discriminación o que su presidenta regional suscribía todas las condiciones de las asociaciones LGTB+, demuestra que en muchas personas todavía hay una intolerancia básica contra todas las opiniones contrarias, como si pertenecer a una tendencia o partido fuera como ser miembro de una iglesia con artículos de fe y los demás fueran herejes. Peor aún, no se reconoce que personas y partidos pueden rectificar y reconocer que se han equivocado, que sea de grado o por fuerza da igual porque, queridos míos, el 100% de la población nunca jamás va a estar de nuestra parte, es decir, del partido o tendencia al que nos afiliamos o con el que nos identificamos, siempre va a haber mucha gente que no piense como nosotros, y la democracia supone el acatamiento de las decisiones de la mayoría, pero también el respeto de las minorías.
Lo contrario es imposición, dictadura (aunque se llame del proletariado) y finalmente y sobre todo mala educación. Ninguna de estas cosas hará un mundo más feliz o más justo.

jueves, 16 de febrero de 2017

NOT CRAZY BUT....

I worry when people dismiss the shenanigans of politicians saying they are silly. crazy or the like. I’ve heard similar things about evil figures of the past like Hitler or Stalin, and it’s really to worry that people don’t realize that the so called “insane” people of the present can be just as damaging as those butchers were in the past.
President Trump is often described as crazy in the media, when they don’t have or they don’t dare to use the right adjectives for his actions, but it’s easier to pretext insanity when you should write populist, non democratic, racist, male chauvinist, and other terms which have been considered derogatory or plainly insulting until now. Crazy is better than ultra-conservative, but Mr. Trump is trying to implement the radical policies of the Republican Party, or better, the policies of the most extreme section of the same, and that’s far from insanity. He and his cronies have a clear purpose, they are pursuing all their goals and they will go on as far as they are allowed to.
Some crazy people harm others because they are delusional and misinterpret reality, but most psychiatric patients only harm themselves and hardly ever arrive to positions of power. When somebody like Mr. Trump is in the White House is because he has cleverly striven to be there, helped by a considerable group of people like him, and elected by millions of voters who are not always as stupid as the other believe; many Trump voters are just as racist, white male supremacist and conservative as he is, even worse, and they have elected him to do exactly what he is doing.
Ignorance in the case of presidents is a combination of arrogance and irresponsibility, certainly not craziness: they don’t want to take advice from the experts who fill universities and think tanks, and act according to their close flatterers or supporters. They cannot excuse their political misconduct claiming ignorance, because in most cases they knew too well the consequences or possible dangers of their decisions.
Trump is not crazy, he’s a vulgar populist politician fighting for his and his cronies own benefit, and just like other figures of the past he has managed to convince a few millions of disgruntled voters to believe he is their savior. Unfortunately they will take a long time to realize he’s just the opposite.

martes, 7 de febrero de 2017

LIBERTAD

Todas las palabras pueden manipularse y, como hemos aprendido en el profético “1984” de George Orwell, pueden convertirse exactamente en lo contrario de lo que significan. La actual “posverdad” no es más que la eterna mentira, pero sin llegar a tanto se puede pretextar libertad para imponer opresión, del mismo modo que algunos se confiesan seguidores de códigos morales que subvierten la ética, como los obispos que ocultan o disminuyen los pecados de pederastia de párrocos y monjes para salvaguardar el “bien supremo” de la autoridad de la Iglesia.
Ser libre es ser autónomo, decidir lo que se quiere hacer, siempre que no se ataque la libertad de otro ser, y libres somos los homosexuales conscientes que estamos contentos con nuestra naturaleza y que nos relacionamos con otros individuos como nosotros. Nadie tiene derecho alguno a coartar nuestra libertad, aunque sí a considerar que no nos ajustamos a un código ético determinado. Pero no comportarse como otros consideran moral, si nuestro comportamiento no les afecta, no es problema suyo ni de la sociedad en su conjunto, es sólo problema individual de cada uno.
Se puede pretextar “libertad” para imponer una ideología nacionalista obligatoria a un colectivo de personas, como se hizo en el País Vasco por ETA y se hace ahora en Cataluña, pero esta supuesta libertad de pueblos teóricos y autodefinidos no tiene para nada en cuenta la verdadera libertad de elección de los individuos que componen ese fantasmagórico “pueblo”, concepto vago e indefinido que se ajusta a lo que los manipuladores de turno deciden en cada momento.
La libertad es un bien precioso que sólo aprecia el que no la tiene, pero decir que se salvaguarda la libertad de un pastelero porque es “libre” de no hacer una tarta para una boda homosexual, o que un juez es “libre” para no casar a dos personas del mismo sexo porque su moral confesional se lo impide es una posverdad evidente, porque ni el pastelero ni el juez tienen que aprobar lo que otros hacen, el primero vende un producto y el segundo cumple una función legal. Ninguno de los dos tiene porqué estar de acuerdo con los contrayentes, del mismo modo que un católico no está de acuerdo con un luterano o con un cismático, pero no pueden negarse a cumplir su función.
La palabra es magnífica, pero los que la usan de este modo no la aprecian, lo que quieren es imponer un dogmatismo que supone exactamente todo lo contrario, la opresión, la condenación y la falta de libertad de los que ellos consideran diferentes, irritantes, adversarios o, aún peor, enemigos o minorías a discriminar, eliminar o destruir.

domingo, 26 de junio de 2016

EUROIGNORANTES, EURORREACCIONARIOS Y EUROTONTOS

Tras el Brexit y el aluvión de opiniones desatado, conviene calmarse un poco, mirar con cierta lejanía y no dejarse llevar por excesivos pesimismos. Lo que han votado los ingleses (especialmente ellos y no tanto los escoceses, por ejemplo) está muy mal, pero son los más desaventajados de entre ellos, justamente los que más han creído las mentiras populistas del UKIP, los que lo pagarán caro, pero tal vez esto sirva para que los líderes y los votantes europeos se den cuenta de que las alternativas a la EU simplemente no existen y que sus más feroces críticos lo son justamente porque pretenden medrar en río revuelto y encerrar a Europa en fronteras, alambradas, orgullos nacionales y ensoñaciones soviéticas. Muy útil para determinados partidos, muy peligroso y empobrecedor para los ciudadanos.
Los enemigos de la unidad europea (FN, FPÖ, AfD, 5 STELLE,  IU) cultivan la ignorancia de los más, achacando a una imaginaria Bruselas los problemas  cotidianos de cada país, sin distinguir entre lo común y lo local, pero no hay que disculpar a los que “no saben”, porque la información está en todas partes y los que no saben es porque no se quieren enterar. Que los reaccionarios típicos: fascistas, neofascistas, racistas, ultranacionalistas, etc. odien a la UE y lo que significa no es novedad, pero con frecuencia se pasa por alto que hay también reaccionarios que se apuntan a la “izquierda”, con el ambiguo significado que esta palabra adquiere más cada día, porque sabemos perfectamente lo que es “derecha”, pero lo contrario está desdibujado y hay más de un ingenuo que apenas se da cuenta de que la manipulación del lenguaje no le deja ver más allá. Comunistas, neocomunistas y nuevos populistas de otras siglas, repiten viejos eslóganes de la época soviética, como si se pudieran aplicar ahora, critican la “falta de democracia” de la UE, su base en el capitalismo y otras generalidades sin mucho análisis, para atacar al euro, a la comisión europea, al BCE ya lo que se tercie, aunque no ofrecen alternativa viable alguna, ni explican que podrían ellos ofrecer: ¿la economía soviética? un régimen dictatorial, tiránico, de escasez y racionamiento, fracasado y enterrado. ¿Los populismo latinoamericanos? ensayos aún más primitivos de algo muy parecido a la economía franquista. En realidad no ofrecen nada porque se trata de reaccion contra algo que molesta y que se odia, igual que muchos ingleses han votado contra Londres y la élite financiera internacional de la capital. 
La UE es imperfecta, burocrática, lenta y a veces desesperante, pero su alternativa es la de economías más pobres, más cerradas, menos competitivas, con más paro, pobreza y escasez y, peor aún, con renovados peligros de militarismos, imperialismos y guerras… ¿Queremos realmente esto? ¿o preferimos quedarnos como estamos y luchar por una reforma de las instituciones europeas, mayor unidad y mayor solidaridad?
En Europa, como en todas partes, hay muchos tontos y no hay nada peor que un tonto leído y resentido,es decir alguien que odia algo que le supera, que no entiende o a lo que se siente inferior, y que lee lo que le interesa para demostrar lo que cree sin pruebas. No dejemos a los eurotontos aprovecharse de la situación.

lunes, 20 de junio de 2016

EMOCIÓN CONTRA RAZÓN

En estos días de votaciones en toda Europa y en el mundo, no está de más recordar que es conveniente votar con la cabeza y no dejarse llevar por las emociones empujadas por eslóganes tan fáciles como engañosos.
No son elecciones sin importancia ni en Gran Bretaña, ni en España ni en los Estados Unidos, se trata más bien de momentos decisivos en los que se juegan muchas cosas básicas y, en tiempos de inflexión, desperdiciar el voto o utilizarlo negativamente se puede tildar de irresponsable.
Llamo voto negativo al que se lanza como piedra contra algo o alguien sin reparar en las consecuencias, como el que muchos ingleses se preparan a hacer contra una EU que les han hecho ver como el coco con mentiras o medias verdades, sin considerar los daños que hacen a su propio país o a la economía mundial, ni apreciar que una EU desestabilizada es un peligro general, pero muy especialmente para el Reino Unido.
Negativo es también optar por extremismos varios con ánimo iconoclasta: “elijamos al más exagerado para dar una bofetada a los que gobiernan”, “¡Que ven lo que es humillación!”…. Pero los votos vengativos pueden abrir la puerta a gobiernos que en realidad no se desean por bisoños, irresponsables o irracionales.
Es una pena que las campañas políticas de los partidos se basen más en despertar la emoción que la razón, pero una lectura cuidadosa de programas y de las críticas de los mismos puede dar una idea mucho más clara de lo que pretenden hacer los elegidos, aunque tampoco se ajusten nunca al 100% de lo programado.
Votar con la cabeza requiere a veces no hacerlo por lo que sería ideal, sino por lo que es más posible, porque los grandes cambios históricos nunca son repentinos sino que se producen más bien por pequeños incrementos que se suman. Un conocimiento superficial de la historia puede convencer de que una gran revolución supuso una transformación total, pero un conocimiento profundo revela que siempre tras las revoluciones hubo una larguísimo período de ajuste con numerosos retrocesos y considerables sacrificios, porque una sociedad compleja no puede dar un salto en el vacío sin pagar un alto precio por ello. Y esto cuando la revolución en cuestión triunfó de verdad aunque fuera parcialmente, porque ha habido otras que, como la soviética en Rusia, sólo trajeron sufrimiento y opresión para acabar en un caudillismo nacionalista sin libertades reales al que nadie envidia.
La democracia es un sistema delicado, lento y contradictorio, pero en eso residen justamente sus garantías y la base de las libertades de las que goza la mayoría, pretender “que ganen los míos” se puede, pero siempre que se sepa que “los otros” también van a estar allí, que no son eliminables, aplastables o despreciables… y que pueden ganar en otra elección más tarde.
En una democracia caben todos y los verdaderos demócratas saben que también tienen que defender y dejar su sitio a los grupos e ideas que no son de su agrado, porque lo contrario sólo lleva tarde o temprano a la tiranía.

sábado, 21 de noviembre de 2015

40 AÑOS DESPUÉS

La historia no se revive, aunque se olvide o se ignore; esto no deja de ser una bella frase para consumo de historiadores aficionados, pero tiene un ribete de verdad: pueden cometerse errores similares en circunstancias parecidas. Nada es igual, pero todo se parece porque la humanidad es siempre la misma con sus virtudes y defectos.
En 1975 yo tenía 31 años, había regresado hacía poco del Extremo Oriente y llegué justo para asistir a la larga agonía, tan interminable como su dictadura, del siniestro personajillo que encarnó durante tanto tiempo lo más negativo de los estereotipos autoflagelantes con que los españoles se denigran a sí mismos. Tanto duró su reinado que muchos creyeron y algunos todavía creen que los clichés eran las fotos reales y siguen cambiando los positivos a negativos en cuanto surge la menor crisis, pero la memoria tiene la función de recordar el pasado, no de teñir el presente de pesar o melancolía, como si la historia fuera insuperable o hubiera que vivir eternamente en ella.
El olvido forzado no funciona, y uno de los numerosos errores de la derecha tradicional española ha sido el de intentar enterrar, junto a los fusilados en las cunetas, su esencial colaboracionismo en el encumbramiento, duración y crímenes del dictador. De este modo ha conseguido que perdure una cierta división guerracivilista en la población, deslegitimar símbolos nacionales y hasta hacer sospechoso un patriotismo normal, dificultado por la mezquindad que ha prodigado y que sería muy útil ahora y en el futuro para contrarrestar los etnicismos esencialistas y retrógrados de los caudillos frustrados de la periferia. Reconocer que el padre o el abuelo se portaron mal o muy mal puede ser doloroso para algunos, pero cuesta poco y hubiera dado buenos réditos.
Igualmente, desde la atalaya de mis 71 años soy muy consciente de que los traumas del pasado no justifican victimismos permanentes ni explican pasividades inaceptable. Individuos y sociedades pasan por épocas buenas y malas en el constante devenir, pero no todo puede explicarse o debe excusarse por la historia, porque ésta no tiene más objetivo o dirección que los que nosotros le demos en un mundo complejo y cambiante. Con la edad crece el escepticismo sobre fórmulas mágicas, taumaturgos y supuestos paraísos, pero también permite ver que aplicando remedios se consiguen resultados, igual que ayuda a identificar el resentimiento y la mala fe que hay tras muchas críticas “objetivas”.
Poetas, literatos y artistas en general cultivan con frecuencia la depresión individual o colectiva porque crea bellas imágenes, figuras del lenguaje y ayuda a criticar efectivamente injusticias o fealdades, pero el arte es un reflejo de la vida, no la vida misma, y caer en una contemplación morbosa de nuestras propias obsesiones tomando metáforas como realidades sólo nos aísla del mundo que nos rodea y nos deja inermes ante peligros ni vistos ni imaginados.
No nos olvidemos del pasado, pero miremos siempre hacia adelante porque ni España ni el mundo se parecen a lo que eran en 1975 y aún menos a lo que fueron en 1936. No nos dejemos embaucar por revisionistas históricos o económicos de varios pelajes que cortan patrones a medida y nos quieren hacer mirar por anteojos con filtros hacia el pasado o el futuro, el centro o la periferia. Somos bastante mayores para analizar lo que nos rodea y decidir qué hacer. Los muertos están en pinturas, fotos y tumbas, no son ni siquiera los fantasmas en los que creen los simples.

jueves, 3 de septiembre de 2015

FASCISMOS CON CARETA

En estos días dramáticos en los que se ahogan y son maltratados miles de refugiados, en los que Europa se juega su futuro y se replantea su estructura y su razón de ser, cuando es evidente que el cambio climático está aquí para quedarse y que mares y océanos suben de nivel y amenazan las costas, con una China cada vez más poderosa, más en crisis y por tanto más agresiva, con la democracia en cuestión en todas partes y cambios tecnológicos y económicos difíciles de entender y de asimilar, resulta que la gran solución para todos los problemas, al menos para los catalanes, es…. ¡la independencia! o, con otras palabras, más nacionalismo y más de lo mismo. Resultaría ridículo si no añadiera un problema gratuito a una situación europea y mundial con pocas soluciones evidentes. Aunque lo más evidente es que los nacionalistas de las barras no quieren solución alguna alternativa, será sí o sí con mayoría, con minoría o por la fuerza, sin que pueda atisbarse el mínimo indicio de respeto por normas democráticas que se invocan pero que no se obedecen porque todo debe someterse al principio indiscutible de que Cataluña debe ser independiente.
Mucha gente ingenua aún se cree que fascismo es sólo lo que se confiesa como tal y se reviste de camisas negras, pardas o azules, pero los hay con muchas apariencias y en diferentes grados, aunque lo que caracteriza a todos es la falta de elección real: ponemos urnas, pero sólo puedes votar lo que nosotros digamos. En algunos te juegas la vida o la cárcel, en otros la exclusión social, en todos la libertad real desaparece para ser sustituida por un simulacro o por algo peor.
Hay también numerosos crédulos y bienpensantes que intentan hacer equilibrios, repartir culpas y establecer simetrías, pero estos ejercicios no valen de nada contra el nacionalismo, especialmente si éste es cada vez más étnico, excluyente y atado al dogma como la religión. Muchos de estos bienpensantes culpan al presente gobierno de España de la “situación” y algo de culpa tienen éste y agunos anteriores, pero no por lo que se suele decir sino por todo lo contrario, es decir, por haber contemporizado excesivamente y no haber dado importancia a lo que siempre ha sido un objetivo claro de un nacionalismo con mezcla de complejos de superioridad e inferioridad, enteramente impermeable a casi cualquier razonamiento, bien diferente del exagerado enemigo, que lleva muchos años intentando ser inclusivo y respetuoso hasta con los que  le insultan.
Poner fronteras donde no las hay es hoy completamente irresponsable, especialmente cuando se disfruta de libertad, elevado nivel de vida y reconocimiento de la diferencia. Dice muy poco de un supuesto europeismo del que tanto se ha presumido en el pasado para despreciar al vecino, pero dice mucho de los futuros proyectos de un pueblo, una lengua y un proyecto obligatorios, porque con él no hacen falta camisas de colores y los que queden excluidos de él tendrán que callarse o marcharse.
Los dioses castigan a veces concediendo lo que más se desea. Es posible que tras las nuevas fronteras los patriotas se encuentren con que tienen que gastar mucho más recursos en cosas en las que antes ni pensaban, que ciertas industrias prefieran otros pagos menos aislados y que los sueños de convertirse en la Dinamarca de la fábula se transformen en pesadillas de déficits, desempleo, divisiones y un enorme aburrimiento solipsista.
Es hora de que los que creen en el progreso y la evolución superen el atasco ideológico y salgan de la trampa sectaria de pensar que unos nacionalismo son mejores que otros sólo por el hecho de haber estado contra la dictadura en el pasado. Muchos todavía no se dan cuenta de que la mayor debilidad de la verdadera izquierda es seguir instalada en ideas y símbolos antifranquistas, cuando esto ya no tiene utilidad alguna y pone anteojeras para reconocer las nuevas tiranías que se pergeñan o que ya están aquí con caretas diversas.

domingo, 9 de agosto de 2015

LIBERTAD, BOICOT Y CRÍTICA

Una de las libertades más preciadas de la democracia es la de expresión. Sin libertad de palabra, obra, creación artística etc., no hay posibilidad de ejercer una libertad real. Pero esto quiere decir que la tienen todos, tanto los de nuestra tendencia como los de la contraria.
Yo creo que esos desagradables obispos que hablan contra derechos y personas deben tener la libertad de expresar sus reaccionarias ideas, y los que las defienden de atacar sus sinrazones. Prohibir una idea, por mala que sea, es peligroso, porque se sabe donde se empieza, pero no donde se termina, de aquí que las exageraciones de la corrección política puedan suponer a veces autenticas camisas de fuerza que reprimen expresiones que no por reaccionarias dejan de ser legítimas.
La creación artística debe ser también libre, incluso cuando se hace una película o se escribe un libro que interpreta hechos históricos. Se puede discutir la obra y su interpretación del pasado, pero lanzar un boicot contra ella sólo porque no nos gusta o porque pensamos que es una interpretación errónea supone en la práctica contraponer un dogmatismo a otro.
Viene esto a cuento de la reciente tormenta desatada por el trailer de la película “Stonewall”, que narra los hechos de la famosa rebelión de 1969 en Nueva York. Parece que ha producido mucho enfado en algunos sectores que no se ponga como exclusivos protagonistas a varios transexuales de piel oscura, y que la figura central parezca ser un chico blanco, personaje más o menos de ficción.
La película no es un relato totalmente histórico porque falta documentación detallada sobre hechos y personas de aquellos días, es absolutamente favorable a la causa LGTB y pretende hacer entender cómo y porqué la comunidad LGTB se concienció y comenzó a actuar políticamente. Seguramente no es exacta, seguramente es una interpretación de su autor…. ¿pero eso quiere decir que hay que boicotearla porque no ensalza suficientemente a varias drag queens de piel oscura?
Estamos nuevamente ante reacciones excesivas y enfados que conducen a muy poco. Es meritorio que un autor haya hecho algo así y, desde luego, podemos discutir lo que ha hecho, pero entre discutir y derribar hay una gran diferencia.

jueves, 23 de julio de 2015

EL COSTE

Equivocarse es de sabios, incidir en el error es de tontos, y el PP lo ha vuelto a hacer al votar en contra del cambio de nombre de la Plaza de Vázquez de Mella para dedicársela, muy merecidamente, a Pedro Zerolo.
No soy de los que se apasiona con la idea de dedicar espacios públicos a personajes famosos por una razón o por otra, pero ya que es una costumbre arraigada me parece que se puede entrar a discutir quién se lo merece, quién no, quién lo desea y cómo se decide y, si entramos en esto ¿quién mejor que Pedro Zerolo para tener un espacio dedicado en Chueca? Un hombre dedicado a la defensa de los derechos LGTB, popular, querido, concejal del ayuntamiento por un tiempo, muerto antes de tiempo habiendo conseguido medidas de progreso que hace sólo veinte años parecían imposibles…. ¿Cómo no darle un espacio en medio del barrio insignia para las personas LGTB? Cuando, además, miles de personas lo habían solicitado expresamente.
El anterior ayuntamiento dedicó una plaza a Margaret Thatcher, gesto único en Europa, donde no se la recuerda más que por sus recortes, su homofobia y su antieuropeísmo. Incluso en el Reino Unido los conservadores hablan de ella con la boca pequeña, pero los destronados regidores debían considerarla su santa protectora de los recortes y pusieron el nombre sin que nadie se lo pidiera.
Que el anterior ayuntamiento era homófobo tampoco se discute, pues de ello hay innumerables pruebas, y en esa homofobia, incluida en una actitud más amplia de clasismo y falta de consideración hacia lo débil y lo diverso, está una de las causas de su derrota electoral.
¿Les hubiera costado mucho un detalle, un gesto sin gravamen para empezar a congraciarse con uno de los varios colectivos distanciados?… Evidentemente sí, porque sus reflejos siguen condicionando, pero no lo han hecho por homofobia, ¡no!… la verdadera razón es que cambiar unas cuantas placas ¡cuesta dinero! Es decir que no es contra los gais sino por el ahorro.
Tener gais sale muy caro, entre la basura que hay que limpiar después del orgullo y los cambios de placas… Lo mejor es no tener gais o que sigan en el armario.
¿Cuándo aprenderán nuestros conservadores que estas actitudes no son sólo retrógradas sino autodestructivas?

lunes, 29 de junio de 2015

HUBIERA COSTADO POCO, PERO...

España es el país más tolerante con la diversidad sexual, de acuerdo al Pew Research Center, organización norteamericana dedicada a hacer encuestas sociológicas. Hay homófobos porque es inevitable, pero la mayoría de la población o simpatiza o es indiferente con identidades, orientaciones y conductas sexuales, mientras no le afecten personalmente, lo que no es el caso, salvo que se trate de fanáticos u obsesos.
En un país tan tolerante y en una capital como Madrid, más tolerante todavía, resultaba anómalo que su gobierno municipal se comportara de forma esquizofrénica: deseando que el turismo foráneo fuera atraído por la tolerancia hacia la diversidad entre otras cosas, mientras ponía toda clase de trabas, multas y cambios de ubicación a organizaciones y celebraciones LGTB, con el deseo de que éstas fueran invisibles.
En un país tan tolerante y que también es mayoritariamente de centro-izquierda, la mayoría obtenida en las pasadas elecciones no debía haber hecho creer al Sr. Ruiz Gallardón y a la Sra. Botella que tenían patente de corso para imponer aún mayores restricciones, pero es evidente que en su limitada visión los principios ultramontanos de una jerarquía religiosa aún más cegata les empujaban al hostigamiento y la mezquindad.
Hubiera costado muy poco poner una bandera arcoiris en el balcón durante menos de una semana; hubiera costado muy poco poner buena cara y dar facilidades para un desfile que es cuestión de un día y enormemente popular; hubiera costado muy poco aparecer como modernos y tolerantes para seguir la imparable ola del mundo occidental, pero prefirieron el dogmatismo y ahora tienen los resultados.
El ondear de las banderas arcoiris en muchos ayuntamientos este año es otro paso adelante en la normalización y el respeto y no se debe en grado alguno al partido de la Sra. Botella, en el que también hay individuos diversos que, como la Sra. Cifuentes, se han aprendido la lección y ha puesto la bandera en el balcón de la sede de la Comunidad. Un poco tarde, pero le ha costado poco y corregir es de sabios… no de tontos.

jueves, 18 de junio de 2015

LAICISMO

Creo que es importante en estos tiempos de cambio que vivimos, el gesto de varios alcaldes gallegos de no asistir a ceremonias religiosas en sus funciones institucionales. El hecho contrasta con las burlas, insultos y amenazas recibidas por un concejal de IU en el pueblo toledano de Argés, cuando pidió que se le retiraran los símbolos religiosos en su juramento.
Durante demasiado tiempo se ha permitido a la Iglesia Católica una situación de privilegio injustificada en una sociedad plural. Resulta difícil de aceptar que una confesión determinada sea sostenida por los impuestos de todos, creyentes y no creyentes, en un estado sin religión oficial en teoría. Tampoco es de recibo la injerencia de una organización semejante en la educación y la política como poder fáctico, sin que tenga en realidad apoyo alguno en leyes y reglamentos.
Muchos ciudadanos que están en contra de esta situación no se dan cuenta, sin embargo, de que la injerencia empieza por la invasión y monopolización del espacio público, las celebraciones y el mantenimiento de ritos y costumbres que pueden ser ancestrales, pero que justo por esto deben ser cambiados para adaptarse a la pluralidad y al hecho incontrovertible de que una parte considerable de la población no cree ni practica esa religión.
“Siempre se ha hecho así” es la frase habitual de excusa, pero también la que ni explica nada ni puede ser admitida. “Es una muestra de intolerancia rechazar la costumbre establecida”, es el ataque utilizado contra los que protestan cuando se les impone el rito, para fingir que los que lo imponen son “víctimas de persecución”, cuando son justo lo contrario.
Ningún cargo público debería nunca asistir a ceremonias religiosas como tal cargo. Lo que se hace con esto es dar una oficialidad y una autoridad sancionadora a la iglesia sin base legal o racional. Un alcalde puede ser muy católico e ir a una procesión, pero como un ciudadano más, no como alcalde. El que algunos se hayan atrevido a rebelarse es una buena noticia y semilla de un comportamiento que sin duda se extenderá.

lunes, 15 de junio de 2015

EN CONTRA Y A FAVOR

Estar en contra de algo no supone automáticamente estar a favor de una idea contraria; la vida es un poco más complicada. Del mismo modo, estar a favor de algo no significa aprobar por sistema todo lo que se hace en pro de una idea, porque estilo, estrategia, táctica y métodos pueden no ser los adecuados o con los que estamos de acuerdo.
Viene esto a cuento por el problema de los tuits del que iba a ser Concejal de Cultura de Madrid con Manuela Carmena, porque si estos tuits eran realmente suyos lo descalifican absolutamente para ocupar un puesto en un gobierno municipal que supuestamente está en contra de segregaciones, racismos, clasismos, etc. Me enfada aún más que se pretexte que esto es “humor”, porque el humor es algo que también se utiliza con excesiva frecuencia para herir.
No me sorprende que algunos se hayan tomado esto como un ataque y que hasta se hable de “manejos de Esperanza Aguirre”. Insisto en que si los tuits son reales da igual quien los denuncie, porque son impresentables y demuestran la catadura moral de un individuo capaz de reirse del holocausto o de que una chica pierda las piernas en un injustificado (siempre) acto de violencia.
¿Cuándo nos daremos cuenta de que no podemos ni debemos defender lo que está mal en ningún caso? Todavía con mayor razón cuando lo hacen “los nuestros”, porque su mal nos contamina a todos y difícilmente podemos acusar a otros de lo que no corregimos en casa. El PP está aprendiendo lo que es ignorar la corrupción de los suyos y el desprecio a los otros; los que están en su contra no pueden ni deben excusar dichos y hechos que vulneran principios básicos de convivencia porque acabarán volviéndose contra ellos.
Una persona capaz de hacer gala de “humor” con judíos y víctimas del terrorismo ¿por qué no se va a reír también de feministas, maricones, lesbianas, transexuales…? De todo se puede uno reír, especialmente si se ignoran los sentimientos del objeto de la burla. En España se ha justificado demasiadas veces el “humor negro”, un tipo de burla que a menudo se ha cebado en personas y grupos desfavorecidos o discriminados; un humor cruel, grosero y machista más veces que no. El humor es algo muy subjetivo y hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y a quién.
Hay que estar siempre en contra del mal nunca a favor, aunque el causante milite en nuestro equipo.

sábado, 13 de junio de 2015

ADVERSARIOS SÍ, ENEMIGOS NO

Una de las cosas que enseña la edad a las personas bien educadas es que insultar está muy mal y que retrata más al que profiere el insulto que al insultado. Se puede caer en el error cuando se es joven, inmaduro y falto de control, pero cuando el insulto proviene de seres ya avanzados en edad y supuestamente responsables se está en presencia de frustrados, malvados, tontos o una mezcla de lo anterior.
Me viene esta reflexión a la cabeza con motivo del triste acontecimiento de la muerte de Pedro Zerolo, un hombre que, aparte sus numerosos méritos, era ante todo una buena persona que nunca perdía las formas, al revés que todos los personajillos que se han complacido en insultarlo directa o indirectamente. Para su vergüenza eterna, Pedro pasará a la historia como figura altruista, decente generosa y significativa de este período y de la consecución de derechos evidentes, mientras que de ellos no se acordará nadie, porque pertenecen a la caterva de deslenguados, maleducados y otras gentes de odio, cuya principal misión es procurar que los demás se sientan mal, seguramente porque también se odian a sí mismos.
En política se pueden tener muchas opiniones, porque mientras la realidad no lo demuestre todas las ideas son opiniones necesitadas de pruebas, pero en una sociedad democrática sin verdades absolutas el oponente político es sólo un adversario con el que se debe discutir y al que hay que oponerse, pero al que no hay que tratar como enemigo a aplastar, envilecer y destruir.
Aparte de los bulos, exageraciones y mentiras, nada caracteriza mejor a muchos seres innobles que los insultos, los desprecios y la mala baba que dirigen contra los contrarios. Pueden ser de raíz fascista y perfil físico: “enano”, “cretino”, “deforme”, pero también de orígenes varios que suenen mal, especialmente si el agresor quiere poner de relieve la falta de “masculinidad”, virtud suprema, del contrario al que se quiere empequeñecer.
La valentía y la valía, sin embargo, no tienen nada que ver con las hormonas, la estatura, los músculos o el miembro viril, sino con algo mucho más sutil, espiritual y profundo de lo que parecen creer las víboras maldicientes que se refugian en el insulto para suplir la razón.

miércoles, 25 de marzo de 2015

ÉTICA, POLÍTICA Y ESTÉTICA

Hay muchos escépticos que piensan que ética y política son cosas incompatibles, especialmente en épocas en las que salen a relucir múltiples escándalos que hacen hasta dudar de la democracia o descalificarla, pero los críticos fáciles se olvidan de que sin prensa libre y libertades los abusos simplemente no saldrían a la luz y, como mucho, se quedarían en rumores nunca demostrados. No es malo que haya políticos procesados, sino una muestra de que con todas sus imperfecciones las leyes se aplican y la justicia, aunque tardía y renqueante cumple con su función. En Rusia o en China cuando alguien es condenado por “corrupción” se está ante la venganza política de un gerifalte contra otro, sin que pueda creerse nada más.
Lo malo es que la política no puede reducirse a ética, porque por su propia naturaleza requiere precaución, desvío, táctica y discreción. Un buen político puede intentar ser ético y hasta puede conseguir acercarse a ello, pero alguien que siempre dice toda la verdad, incluso lo que piensa realmente de los demás, que nunca hace favores a nadie y que se comporta como un severo maestro con justicia perfecta tiene muy poco futuro político, si es que llega a empezar. Los votantes se quejan mucho cuando les mienten, pero se quejan igual cuando les dicen la verdad con todas las letras, porque en general les gusta que les digan sólo lo que quieren oír.
También se puede pensar que estética y política no tienen nada que ver, pero en nuestro mediatizado mundo es más que evidente que tienen mucha relación. Es antiestético mostrar el obsceno enriquecimiento de algunos mientras otros se empobrecen, pero también lo es tener mala imagen, no dar bien en la pantalla o difundir el mal gusto vestimentario, económico e intelectual, que no es único, puesto que lo que a algunos parece exquisito a otros les puede parecer repugnante.
Sería erróneo creer que el ciudadano medio es muy racional y vota siempre meditadamente en las democracias, porque la visceralidad puede con frecuencia más que la razón y los sentimientos son guiados por imágenes, sonidos y otros estímulos bastante pavlovianos contra los que cifras y razonamientos pueden poco. Es decir, que la estética es más importante de lo que parece, aunque también se equivocaría quien igualara estética con belleza, porque a veces lo que se elige es justo lo contrario, la fealdad que parece ética, aunque sea antiestética.

lunes, 2 de marzo de 2015

DEMOCRACIA E IGUALDAD

Libertad, Igualdad, Fraternidad es el viejo lema de los revolucionarios franceses, aún muy atractivo para algunos, pero siempre mal comprendido. La palabra “libertad”, por ejemplo, puede entenderse de formas más variadas de lo que se piensa y aplicarse a objetivos muy diferentes. No se les cae de la boca a algunos nacionalistas, aunque lo que quieren decir con ello es que desean privilegios especiales y poder discriminar a otros, también abusan de ella los que quieren seguir persiguiendo a minorías sexuales y de otras clases mediante leyes injustas que les den la “ ibertad" de rechazar y sentirse superiores.
La fraternidad es aún más general, pero su uso legal es muy limitado y no tiene importancia política.La igualdad es otra cosa, porque de ella se habla constantemente, directa o indirectamente, especialmente al tratar de la desigualdad, creciente según algunas medidas en la globalizada economía moderna y, por tanto, una amenaza para la democracia y sus valores.
Efectivamente, una desigualdad excesiva puede ser un problema cuando una gran parte de la población está descontenta y se hace desafecta a un sistema de libertades del que no ve las ventajas. Pero muchas democracias han vivido y medrado con considerables grados de desigualdad, como los Estados Unidos, por ejemplo, siempre que se ha visto como posible una posibilidad de ascenso social, aunque ésta haya sido más teórica que real.
El problema de los países menos afectados por principios calvinistas es que se tiende a poner igualdad y libertad al mismo nivel, se confunden ambos términos y se pone a la igualdad como condición sine qua non de la democracia. Graves errores todos porque la libertad auténtica supone siempre desigualdad. Igualar a todos por abajo es lo que se ha hecho a menudo en regímenes totalitarios, sin que ello haya supuesto mayor libertad, sino todo lo contrario.
Solidaridad y atención a los menos favorecidos no quiere decir igualación obligatoria, aspiración de envidiosos, frustrados y enemigos de una libertad que ven con la enemistad del que no la sabrá usar. La “Egalité” de los revolucionarios franceses significaba que no habría privilegios de nacimiento, que se abolía la división artificial entre nobles y plebeyos y que todos serían ciudadanos; nada más y tampoco nada menos.

domingo, 8 de febrero de 2015

EL PUEBLO COMO ENTELEQUIA

En una de las muchas manifestaciones a las que asistí durante la Transición pasamos por delante de un hotel de cierto lujo y oí a uno de los manifestantes una frase antológica: "¡que se den cuenta los que están en el hotel de la fuerza del pueblo!", lo que traducido quería decir: "que todos los que pueden alojarse en este hotel, y que por lo mismo son ricos y pertenecen sin duda a la clase opresora y franquista, empiecen a tener miedo de nosotros, los pobres, que vamos a hacer una revolución y les vamos a obligar a...." El pueblo para este sujeto se identificaba con el proletariado marxista, el resto no era pueblo, en una clasificación social automática que indica lo limitativo y peligroso de utilizar conceptos vagos, de significado cambiante y manipulable a voluntad.

"Pueblo" ha sido utilizado por ideologías bien diferentes con significados precisos: el "Pueblo Alemán" para los nazis eran los arios de raza pura, lengua germánica y libres de contaminaciones de judíos, gitanos, etc., y el pueblo decidía lo que quería hacer y a quien quería eliminar a través de su caudillo, guía e intérprete de sus verdaderos deseos, ya que la discusión sobraba cuando todo era tan claro. Lo mismo sucedía con el proletariado/pueblo de Lenin, que actuaba a través del partido único, aunque los malvados reaccionarios dirían que era el partido el que conducía al pueblo, y los aún más malvados que era el líder del partido el que tiranizaba a todos.

Recuerdo tambien un titular del inenarrable Abc, periódico nada sospechoso de neutralidad alguna, que decía: "La opinión pública reclama...." No me acuerdo exactamente qué reclamaba, pero sin duda era algo que quería el periódico de marras, pero que también sin duda no era la opinión de la mayoría de los votantes que habían elegido al gobierno del momento.

"Lo quiere el pueblo", "Lo ha dicho el pueblo" y otras frases semejantes pueden emplearse cuando se habla sin exactitud o simbólicamente, pero para tomarlas en serio hay que entender que el pueblo de la Revolución Francesa, el pueblo soviético o el pueblo alemán de Hitler son cosas completamente distintas. Por eso es sospechoso y peligroso hacer invocaciones a un pueblo teórico sin procedimientos, reglas y plazos.

Hay gente que no entiende o no quiere entender que las libertades y garantías de un estado de derecho, con toda su imperfección, sólo son posibles en un marco legal concreto con reglas, plazos, límites y organización, mientras que fiarlo todo a invocaciones a un pueblo abstracto, mientras se burlan o se ignoran procesos y procedimientos es una vía segura hacia la tiranía. La democracia es un camino perpetuamente inacabado y, por lo mismo, nunca puede satisfacer a todos al máximo en todo momento, pero cualquier otro sistema es peor, como saben todos los que han tenido y tienen la desgracia de experimentar la falta de ella.

domingo, 31 de agosto de 2014

SOCIEDAD Y LEYES

El derecho es conservador ya desde que Hammurabi, rey de Babilonia, decidió promulgar su código, uno de los primeros que plasmaron las leyes por escrito, con el resultado de hacerlas más fijas, seguras, mejor conocidas y de mejor cumplimiento, pero también un poco más lentas en cambiar y adaptarse a la evolución social. Que duda cabe que hay una relación mutua entre leyes y cambios sociales: éstos generan nuevas normas y las normas , por razones éticas, políticas y económicas, influyen en la conformación de la sociedad. Lo que no es posible es un choque absoluto entre leyes y sociedad, lo que suele suceder cuando las primeras se quedan viejas o la segunda se aleja de la estructura y costumbres que una vez tuvo.

Un artículo en "El País" de hoy saca a relucir el desfase entre las leyes españolas de la herencia, bastante similares a otras de la Europa continental, y la evolución de la familia. Resulta absurdo que hoy se obligue aún a dejar a los hijos los dos tercios de la herencia y sólo un tercio sea de libre disposición, medida reforzada por una fiscalidad que grava más cuanto menor sea la consanguinidad. En el artículo se explica muy bien cómo los cambios en longevidad y relaciones familiares hacen esta legislación injusta y absurda en un marco de familias recompuestas, hijos casi ancianos y parentescos mal llevados. Se trata de un esquema adecuado a la sociedad de antaño, en gran parte agraria, de herencias campesinas y familias extensas afincadas en un lugar, pero poco concorde con una post-industrial de mayor movilidad, desafección parental y riqueza mobiliaria. No se comprende muy bien por qué no se establece una completa libertad de testar, con ciertas salvaguardas para vástagos todavía menores o en situaciones de necesidad, como es ya la norma en los ordenamientos legales anglosajones. Sólo la inercia mantiene una norma que podría cambiarse con poco esfuerzo y escasa oposición.

Lo contrario es lo que pretende el Sr. Ruiz Gallardón con su absurda ley anti-aborto, engendro alumbrado para satisfacer a personajes ya obsoletos para la misma Iglesia Católica, como el Cardenal Rouco: sustituir una ley de acuerdo con las creencias y la práctica social por una legislación retrógrada que recorta los derechos de la mujer y obliga a la desobediencia práctica, bien sea con trampas legales, viajes al extranjero o clandestinidad. Una ley de estas características que pretende conformar la sociedad en contra de la corriente hace sufrir, pero no tiene posibilidades de durar mucho.

Lo mismo podemos decir de los límites artificiales a las formas de procreación modernas al alcance de todos los que desean ser padres: selección de embriones, fecundación in vitro, madres de alquiler, etc. Las prohibiciones y super-reglamentación de estas soluciones crean infelicidad, complicados problemas legales y ventajas para los más ricos, pero no impiden que se haga algo que es posible hacer y que satisface un deseo que es más una necesidad para bastantes individuos. Las legislaciones nacionales están llenas de diferencias, trabas y excepciones, pero una vez que matrimonio, sexo, fertilidad y maternidad son asuntos independientes y separados por la ciencia y la práctica, las leyes deben adaptarse a la realidad y no al revés.

miércoles, 30 de julio de 2014

EL NACIONALISMO COMO TRAMPA

No creo equivocarme al decir que el mayor peligro que acecha a la idea de Europa y a la muy necesaria reforma y mejora de la UE es el nacionalismo. La creencia en que las fronteras nacionales protegen de todo lo que no se desea, es decir, inmigrantes, globalización, crisis económicas y calentamiento global es evidentemente absurda y tan ridícula como suena, pero hay politicastros y gentecilla diversa que juega con sentimientos viscerales de odio y miedo mientras fomenta la ignorancia y echa tinta de calamar sobre las causas de los mayores problemas actuales y sus posibles soluciones. No hay ni milagros ni soluciones mágicas para ningún problema humano, pero el nacionalismo los complica todos al colocar enormes anteojeras que distorsionan, dividen y despistan, especialmente cuando se presenta como una panacea redentora y salvífica aprovechando el vacío de otras ideologías.

La idea de que hay nacionalismos "buenos" y "malos" es tan tonta como si se aplicara al cáncer, por ejemplo. Cierto que algunos son más agresivos que otros, pero ninguno es exactamente deseable, y en la Europa actual las células malignas empiezan por la división, la desconfianza y la falsa doctrina de la "vuelta a las esencias" patrias propias, como predican el UKIP en el Reino Unido o el Frente Nacional en Francia. No creo que nadie en estos países piense que estos partidos son "progresistas", ni siquiera sus propios partidarios, enemigos de la modernidad, los cambios sociales y deseosos de regresar al pasado imaginario de sus mitologías de pureza racial, por eso resulta tan chocante que en España aún haya pazguatos que se dejen llevar por el marketing de los nacionalismos periféricos y los vean como mejores o excusables, sólo por el hecho de oponerse al estado central o a un gobierno que no les gusta: poner nuevas fronteras, buscar privilegios económicos e imponer pensamientos únicos no es ni será progresista jamás; buscarlo "pacíficamente", es decir, sin actividad terrorista manifiesta, es mejor que hacerlo de forma violenta, pero si al final se quiere imponer de una forma o de otra, sin dejar otra opción, es igualmente inmoral y evidentemente antidemocrático.

En un artículo claro y conciso en "El País" de hoy, Francesc de Carreras expone con crudeza cómo se ha impuesto en Cataluña una forma de pensar que no permite opciones y que identifica cualquier crítica a personas, políticas e instituciones nacionalistas con anticatalanismo, lo que quiere decir que al final nadie puede hablar y que todo lo que no sea la solución única, es decir, la independencia, está mal, es "españolista" y ya se sabe que España es mala, inferior, ladrona etc....

Hay que admirar el marketing hecho a lo largo de tantos años para no dejar ver que este nacionalismo, como todos, es reduccionista hasta el extremo: todo lo de aquí es bueno, lo de fuera es malo o peor; no estamos mal, pero solos estaríamos mejor, nos queremos separar, pero somos "más" europeos que "ellos", y así hasta el aburrimiento. No se explican ni se quiere hacer los enormes problemas políticos y económicos a los que se enfrentarían y los que crearían a los demás, el hecho de que cualquier división en la Europa actual resta, complica y no suma y, más aún, las imposiciones étnicas y culturales que se derivan de cualquier nacionalismo triunfante convertido en religión única. La idea de que al día siguiente la vida continuaría igual para todos los habitantes del nuevo estado es tan beata como falsa. El postulado de que "esto es lo que quieren los catalanes" es igualmente falso, puesto que prácticamente no se les deja otra opción.

Hablar está bien, pero hay que partir de una base común y dejar las cosas muy claras. Yo soy absolutamente partidario de la unidad, de toda Europa a ser posible, pero hay muchos en España (o en "El Estado", como les gusta decir a algunos) que nos estamos cansando de tanta acusación de "incomprensión", del desprecio manifiesto y de la búsqueda constante de "especialidad", porque al final resulta que hay territorios que parecen tener más derechos que otros y personas de más valía que otras por el solo hecho de haber nacido en un lugar concreto... aunque se demuestre una y otra vez que todos tienen la misma tendencia humana a burlar la ley y a defraudar por muy "honorables" que sean. Además, con o sin independencia los territorios tienen una molesta tendencia a quedarse donde están, no pueden ser trasladados a otros sitios, de modo que sin posibilidad de lindar con la perfecta Suecia, por ejemplo, habrá que seguir entendiéndose con los imperfectos vecinos, y que me digan que país puede ser completamente autárquico hoy día para agua, energía y hasta el aire que se respira, especialmente si sus iluminados "líderes" practican un derecho a decidir unilateral y traumático.

miércoles, 4 de junio de 2014

CREER EN LA MAGIA

Soy republicano por convicción, igual que demócrata, aunque vea con toda claridad los problemas y defectos de la democracia, pero lo que NO es democracia es siempre peor, aunque ésta sea imperfecta y perfectible. Sin embargo me pongo nervioso cuando con el menor pretexto se invoca a la República como si se tratase del hada madrina capaz de solucionar todos los problemas y se esgrime la bandera tricolor de la república del 31 a modo de talismán.

La historia no es el fuerte de muchos protestatarios, si lo fuera, sabrían que intentar empezar todo de cero cada 30 o 40 años no sólo causa más problemas que soluciona, sino que fue la tónica de 1814 a 1936, con el resultado final de la peor dictadura conocida en España, la más larga y la que más retraso produjo. La Transición, tan denostada ahora por algunos, tomó en cuenta este hecho para juntar extremos y pasar pacíficamente la página. Con claroscuros, la evolución española desde 1975 hasta la fecha ha sido la más democrática, próspera y progresista habida desde 1814. Y tengo que decir, aunque me pese, que esto se ha hecho bajo una monarquía.... que voluntariamente se olvida, ES constitucional.

Los mayores defectos del actual sistema ni se deben ni son imputables a la monarquía que, además, no es más cara para el contribuyente de que lo que cuestan las presidencias de repúblicas europeas diversas. El rey de España realmente no gobierna en el presente, así que no se le pueden exigir responsabilidades por el desempleo, el déficit y similares, aunque sí por no haber sabido dar ejemplo en ocasiones o no haber vigilado y cortado el mal comportamiento de miembros de su familia... ¿pero eso significa que un régimen republicano sería radicalmente distinto?

La izquierda española, especialmente la menos parlamentaria, aún no entiende que las continuas invocaciones a la II República y el continuo ondear de banderas tricolores ha permitido a la derecha apoderarse de TODOS los símbolos nacionales y aparecer como más legítima y más española, que esta continua deslegitimación de lo nacional legitima los destructivos, insolidarios y antieuropeos nacionalismos periféricos y que, aunque no nos guste a muchos, la bandera de España sólo es la oficial y nos representa a todos, incluyendo a los que la niegan.

Es posible y yo deseo que un día se termine la monarquía, pero hay una constitución, unas leyes y un proceso democrático y en las sociedades maduras y verdaderamente respetuosas de la voluntad de la mayoría esto se respeta. Pedir referéndums inmediatos no sólo es antidemocrático, aunque parezca lo contrario, sino profundamente irresponsable porque pone nuevamente en cuestión todo el entramado constitucional existente sin proponer alternativas reales QUE SÓLO PUEDEN SER EN GRAN MEDIDA PACTADAS O CONSENSUADAS. La idea infantil de que estamos en la peor de las situaciones posibles y que, por lo tanto, todo da igual, sólo cabe en las cabezas de personas muy ignorantes del pasado y del presente en otros países y/o muy sectarias.

Es una desgracia histórica que la II República fuera brutalmente interrumpida por Franco y sus secuaces, pero idealizarla como el régimen perfecto y hacer continua referencia a sus símbolos es sectarismo romántico sin ninguna relación con la realidad de entonces o de ahora.

Además ¿Saben lo que pasaría de haber un referéndum realmente bien organizado?... que la monarquía ganaría por amplio margen en todas partes, con muy pocas excepciones. Los de las banderas tricolores viven entre ellos, se calientan mutuamente y apenas se dan cuenta de que son una minoría que invoca a la República como si se tratase de una palabra mágica, pero ¿han pensado que Egipto, Siria y Venezuela son también repúblicas?... Una palabra no es un ensalmo y no significa nada sin un contenido concreto.