Mostrando entradas con la etiqueta Identidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Identidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de junio de 2018

FALSOS AMIGOS

Al aprender idiomas los profesores siempre avisan sobre la importancia de distinguir a los falsos amigos, es decir a palabras que pueden sonar igual o provenir de la misma raíz, pero que han adquirido significados diferentes y con las que hay que tener cuidado al hablar. Lo mismo sucede en la vida y la sociedad con personas a las que todo debería hacer afines a nosotros, pero que resultan ser lo contrario de lo que se supone en teoría: adversarios, indiferentes o claramente enemigos.
Ya me he referido en estas entregas al “síndrome Lagerfeld”, es decir a la actitud de ciertas personas LGTB a despreciar a otros congéneres por pobres, militantes o no de su gusto, además de aliarse con el bando contrario a los derechos LGTB, que ellos interpretan más bien como privilegio propio y no generalizable. Podríamos seguir definiendo muchos más síndromes patológicos identificables en una gran variedad de individuos egoistas, insolidarios, reprimidos o permanentemente asustados, pero haría falta un grueso volumen para semejante taxonomía.
Sin llamarlo síndrome, hay una tendencia en las personas de edad, es decir, las que nacieron hasta los años 60 aproximadamente, a reaccionar en contra de personas, situaciones o derechos que les parecen mal por un sinnúmero de confusas razones aparentes, pero en realidad por una única causa: la visibilidad y, peor aún, cuando a la visibilidad acompaña la normalización, es decir, una cierta asimilación a la mayoría.
Pudo comprobarse esto cuando se reclamaba el matrimonio igualitario y se atacaba este tanto desde ingenuas posiciones revolucionarias utópicas como retrógrado, burgués, “copia de los heterosexuales”, etc., como desde el más viejo conservadurismo que solo veía posible una familia modelo de papá, mamá, parejita de niños y perro. A estas posturas se sumaba una con apariencia de modernidad, pero realmente  muy antigua, la de los gais que separaban su vida claramente en dos mitades: la sexual y la otra.
Estos individuos no se distinguían de la mayoría durante el día, no hablaban de su “vida privada”, odiaban la pluma y criticaban los desfiles del orgullo, mientras que por la noche frecuentaban clubs de alterne gay, compraban sexo y hasta se permitían una cierta confraternización con otros gais. Puede que por genética, pero más probablemente por homofobia interiorizada, la sola idea del amor entre dos hombres (no tanto entre dos mujeres) les parecía ridícula a la luz de su machismo. De aquí la “risa” que le entraba al Sr. Alvaro Pombo, por ejemplo, al oír hablar de matrimonio igualitario.
Hay pioneros gais del pasado, como André Gide, que tenían una actitud similar, pero a ellos hay que comprenderlos en su época, mientras que a los actuales no se les debe excusar las bombas de profundidad que a veces lanzan contra los derechos LGTB, más peligrosas por ser ellos mismos parte de la minoría. Es mejor que permanezcan callados y recogidos en su particular doble vida, en su negación del amor y en su particular fantasía: que a ellos los respetan más por más afines a la gente “respetable”, ignorando voluntariamente que esto está solo en su imaginación porque, a pesar del odio, la valentía siempre impresiona más que la vergüenza.

domingo, 31 de diciembre de 2017

EL SÍNDROME LAGERFELD-GABBANA

Ya he hablado en post anteriores del Sr. Lagerfeld y sus salidas de tono con respecto a los gais y su movimiento, también de los señores Dolce y Gabbana, de opiniones parecidas. ¿Como? se pregunta uno, ¿pueden hablar individuos claramente homosexuales contra otros que también lo son y se dedican a defender los derechos de todos?
La respuesta es que están aquejados de un curioso síndrome psicológico que merecería pasar a los manuales de la especialidad, así como a los de sociología. ¿En qué consiste el síndrome? Lo definimos en pocas palabras:
Homofobia interiorizada que hace ver la propia orientación sexual como privilegio y la de los demás como defecto que debe ocultarse o criticarse por demasiado visible, ordinario o no ajustable a los patrones sociales conservadores aprobados por la mayoría política y religiosa.
Este síndrome suele atacar a personajes como los que le dan nombre, es decir a homosexuales triunfadores, orgullosos, ricos y famosos que viven en su torre de marfil, muy lejos de las necesidades y preocupaciones del vulgo.
Para el Sr. Gabbana es irritante que lo etiqueten de gay, puesto que él es ante todo un hombre, como si no lo fueran todos los demás que también son etiquetados quieran o no. Para el Sr. Lagerfeld es igualmente irritante y ambos coinciden en denostar cualquier movimiento pro igualdad de derechos puesto que ellos ya los tienen y no necesitan más, porque su riqueza los aísla y los pone en una élite social en la que estas pequeñas diferencias carecen de interés.
Efecto secundario no menos importante del síndrome es la idea de que belleza, apariencia y estatus están por encima de cualquier otra consideración, lo que hace decir al Sr. Lagerfeld que el amor es más o menos una tontería para pobres, ya que él puede pagarse a los guapos que desee, mientras que la masa debe contentarse con la pornografía. No sé lo que piensa el Sr. Gabbana, pero rodeado como está de modelos de lujo, es lógico que pueda satisfacer sus necesidades sin las trabas que dan los sentimientos.
Lo más deletéreo del síndrome es que, por ser afirmaciones que provienen de homosexuales, cargan las armas de la reaccion (a la que ellos mismos pertenecen) con falsas razones que parecen más sólidas por venir de quien vienen.
Lo más irritante para los homosexuales mentalmente sanos es que estos personajillos se aprovechan de la normalización y la tolerancia conseguidas por otros para que su “defecto” no se vea como se hubiera visto hace unos pocos decenios, lo que sin duda beneficia sus negocios y su vida personal, sin las consecuencias que hubiera tenido en el pasado. Es decir, que el síndrome puede también reducirse a egoísmo extremo y clasista

domingo, 25 de septiembre de 2016

MASCULINISMOS

Estamos tan acostumbrados a un mundo binario, dividido en géneros nítidamente separados por límites precisos, que a veces nos parece natural lo que no es sino convención, costumbre, herencia cultural o prejuicio. Ni siquiera el sexo biológico es tan claro como algunos creen y, si se dan intermedios en él, más aún en algo que es un constructo social, variable entre épocas y culturas.

Las personas de más de 60 crecimos en una sociedad en la que el género ni siquiera se discutía, sino que se daba por supuesto con una carga determinada: la mujeres eran o debían ser todas delicadas, sensibles, maternales, caseras, sumisas, castas, perfumadas, bien vestidas, interesadas en el matrimonio y esforzadas en hacerse atractivas para un hombre que se quisiera casar con ellas, mantenerlas y darles hijos a los que dedicarse plenamente. Claro que había algunas que se salían de la regla y que, por tanto, eran “malas”, aunque fueran muy frecuentadas por varones que se sentían más atraídos hacia ellas que hacia las buenas.
El hombre ideal, en cambio, y sin caer en las imágenes fascistoides del “medio monje, medio soldado”, que nadie se creía, debía ser más bien hirsuto, agresivo, austero, de pocas palabras, no demasiado cuidado, amante de los deportes, poco interesado en la ropa o la estética en general, pero sí en su carrera u oficio y en las mujeres como objetos o como futuras madres de sus hijos. Había muy poco más y, en consecuencia, los que se ajustaban plenamente al modelo eran unos seres bastante aburridos y nada interesantes.
Lo curioso es que podía haber malas mujeres, fatales vampiresas que hacían perder la cabeza a los impreparados machos que caían en sus redes, malas, pero muy mujeres, y nada similar en los varones, porque un chico atildado, perfumado, cuidado, de buena conversación, interesado en las artes y poco o nada en los deportes… ¡no era un hombre! Era sólo un remedo, una perversión, con independencia de que se sintiera atraído o no hacia las mujeres, la mayoría de las cuales lo despreciarían por no ser bastante hombre, sin contar con la burla de los verdaderos machos, cuando no la agresión por atentado a los valores masculinos.
No es de extrañar, pues, que casi todos los hombres intentaran adaptarse al máximo al modelo y que los que se salían de la norma fingieran cumplir con ella a vistas, y que incluso interiorizaran un cierto desdén por los “poco masculinos”, en flagrante traición a sus compañeros de sufrimiento.
La desaparición o reblandecimiento de estos rígicos códigos conformadores del género debe verse como liberación, no como confusión, porque los que de verdad tienen “ideología de género” son los que lo defienden como categoría fija e inmutable, no los que intentan disolverlo en el cúmulo de convencionalismos que lo constituyen, es decir, que lo que se ha dado en atacar como ideología es más bien invento de los atacantes, no de los que consideran el género norma social fluida y variable.

sábado, 2 de julio de 2016

ORGULLOSOS SIN DESPRECIO

En este día, 2 de julio de 2016, en que las calles de Madrid se llenan de alegría, color y solidaridad, apoyados plenamente este año por las instituciones, hay que volver, como siempre antes, sobre el significado que tiene esta gran fiesta de la igualdad: las personas LGTB+ no somos mejores, ni más guapos, ni más listos que otros, somos simplemente miembros del género humano, iguales a los demás, lo que quiere decir que tampoco somos peores, más feos o más tontos. Somos LGTB+, eso sí, lo que quiere decir que somos diferentes de la mayoría, pero también diferentes entre nosotros mismos, tan diferentes como son todos los individuos que componen la humanidad y, por lo mismo, tan respetables como cualquier otro sujeto con su defectos y cualidades. No despreciamos a nadie por nuestra diferencia, pero tampoco queremos ni aceptamos que nos desprecien.
Tenemos conciencia de nuestra humanidad y de nuestra diferencia y las aceptamos, entre otras cosas porque no tenemos otra opción más que ser lo que somos y, si lo aceptamos todo: humanidad y diferencia, también nos vemos obligados a lucirlas, a no esconderlas, a no sentir vergüenza alguna por una condición tan humana como cualquier otra y, si no sentimos ni culpa ni vergüenza significa que estamos orgullosos de ser lo que somos, igual que lo están los otros, pero nos vemos forzados a recordarles a muchos, que no lo entienden del todo y que por tantos años y siglos nos han oprimido, marginado o despreciado, que estamos aquí, que reivindicamos nuestra dignidad, nuestra diferencia y nuestra básica humanidad… y que en eso consiste nuestro orgullo, no en desprecio, altanería o marginación de otros que no son como nosotros.
Mientras haya homofobia, aunque sea en forma de rescoldo, la gran fiesta del orgullo tendrá un sentido, y aún más allá, igual que se recuerdan otros hechos históricos largamente pasados, y los ataques a la misma no tendrán más sentido que el odio, porque el mayoritario, el “normal”, el que se supone inevitable no tiene nada que reivindicar, ya que costumbres, leyes, tradiciones y leyendas le dan la absoluta preeminencia y es el diferente, el minoritario el que tiene que recordar a los demás que existe, que es una persona tan respetable como las otras.
Ya son minoría los que arremeten contra nuestra gran fiesta directa o indirectamente pero, cuando lo hacen, etiquetémoslos como lo que son: dogmáticos que quieren devolvernos al silencio, a la invisibilidad y a la vergüenza, y no hay nada de que avergonzarse y si no hay nada de que avergonzarse nos sentimos orgullosos de ser lo que somos.
¡Feliz Orgullo 2016!

jueves, 6 de agosto de 2015

HUMANIDAD

“Con la Iglesia hemos topado” es la famosa frase de Cervantes por boca de Don Quijote, y se repite cada vez que alguien se encuentra con algún obstáculo levantado por la institución contra lo que le disgusta como tal o lo que enfada a sus jerarcas.
Viene esto a cuento del joven transexual gaditano a quien se impide ser padrino de bautizo de su sobrino por ser, en boca del obispo local, algo así como casi no humano, además de “estar impedido para las leyes del amor”, por definición del obseso obispo de Alcalá.
Todos sabemos que el bautizo es hoy día sobre todo una ocasión festiva tradicional, que ser padrino del mismo apenas tiene obligaciones, y que el joven en cuestión las tiene de todos modos por ser tío carnal del bebé….Es decir, que no importaría mucho, además de pasar desapercibido, que el padrino nació con el sexo biológico equivocado.
¡Pero qué magnífica ocasión para entrar al trapo y recordar a todos que la institución cree absolutamente en la “ideología de género” inventada por ella misma! Biología, ciencia y evolución social son cosas que se pueden ignorar cuando se ha erigido un castillo dogmático basado más en prejuicios medievales y machistas que en escrituras supuestamente divinas, puesto que en éstas no se preveían cosas como la transexualidad.
Una prueba más de que, a pesar del amor que se pretexta, el sufrimiento individual no es importante cuando se trata de defender altos principios, aunque éstos sean crueles y absolutamente inhumanos.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

MASCULINO, FEMENINO Y NEUTRO

Una cosa son los géneros gramaticales, aparecidos a lo largo de la evolución como puros mecanismos del lenguaje, y otra las características supuestas por culturas y sociedades en lo que antes eran rígidas clasificaciones de las que era muy difícil o imposible zafarse. Muchos individuos, criados en este ambiente han absorbido estas categorías culturales como si se tratara de hechos biológicos y todavía hoy tienen serios problemas para darse cuenta de que confunden cultura con biología y que dividen el continuo natural en una dicotomía antinatural en la que se oponen crudamente yin y yang, masculino y femenino, como si se tratara de algo que debe ser siempre opuesto y al mismo tiempo lo único complementario.

Las desfasadas creencias del cristianismo mayoritario, así como las de otras religiones aún menos evolucionadas, mantienen contra viento y marea esta visión falsamente natural, tan en contra hoy de los conocimientos científicos como el creacionismo bíblico, conservado aún contra toda evidencia por los literalistas. Tienen que hacerlo para sostener dogmas y reglas morales en los que basan su decreciente influencia, porque el reconocimiento de que sus tradicionales tabúes sexuales no tenían demasiado sentido les quitaría la poca autoridad moral que aún les queda.

Esta visión se impone hasta a los que deberían reconocerse distintos, pero que no lo hacen por el respeto supersticioso a su jerarquía, por condicionamiento educativo y la deformación del miedo. Es posible por esto ver a "Ex-Gais" que afirman imposibles curaciones o que confiesan su atracción prohibida y predican la castidad como si fuera una virtud y no una negación a menudo  perversa de la verdadera naturaleza.

Paralelamente se hacen disquisiciones sobre la radical diferencia de los sexos, se confunden con el género y se afirma que la orientación sexual es "una creación cultural", cuando son ellos los que intentan condicionar la naturaleza para que obedezca a su artificio. ¿Dónde sucede esto? En el Vaticano,por supuesto, donde ahora hay una conferencia sobre estos temas y donde habrá muchas más para incidir en lo mismo, favorecer movimientos como los de la regresiva Francia del presente e intentar sabotear en lo posible la tendencia a la igualdad.

domingo, 17 de agosto de 2014

EL SÍNDROME DE PETER PAN

Envejecer no es tan malo como algunos piensan. Si no se padecen graves males o un deterioro imparable, algo de lo que no se está libre a ninguna edad, pero que es más probable cuanto más se avanza en años, la tercera edad también tiene sus ventajas: mayor tranquilidad de espíritu, mejor conocimiento del mundo y de su fauna, humanos incluidos, poca o ninguna necesidad de competir o demostrar nada, etc. De todos modos, más vale acostumbrarse porque se trata de un proceso inevitable.... aunque algunos se empeñen en negarlo infantilmente hasta que el tiempo los pilla y los convierte en viejos resentidos y amargados que cuentan batallitas de juventud sin ningún interés para sus escasos oyentes.

Los negacionistas abundan especialmente entre una cierta clase de varones gais que en algún momento se acostumbraron a brillar, ligar, ir de bares y discotecas o por lugares mucho más sórdidos y hacer de esto el centro de su vida, con menor atención a profesión, pensión y futuro.

El negacionismo puede ejercerse de formas variadas: grandes esfuerzos en el gimnasio, dispendios en ropa de moda, uso de cosméticos japoneses a €300 el bote, una combinación de todo esto y, en los casos más extremos, carísimos estiramientos de quirófano. Lo más normal es que el negacionista no se mire al espejo y aborde a los "chulazos" con los que ligaba una vez y que ahora parecen ciegos y sordos, a pesar de que el maduro de turno sale de noche y hasta ha aprendido a manejar el smartphone para encontrar planes en Grindr. Ceguera y sordera son parcialmente curables con una buena aportación económica, pero la mayor parte no dispone de finanzas lo suficientemente saneadas para cimentar relaciones interesadas con los que a él le interesan.

Es una pena, porque negarse a crecer, como Peter Pan o el protagonista del Tambor de Hojalata, es receta segura de ridículo, frustración e infelicidad y seguramente también de problemas económicos en la edad en que estos son más peligrosos y menos solucionables, lo que quiere decir también de resentimiento y amargura.

El ambiente gay, que tan útil puede ser para salir del armario, encontrar congéneres y divertirse a veces, también tiene algunos efectos secundarios, entre los que se cuenta el de fomentar este tipo de "peterpanismo" para los que no disponen de vacunas, y hay que decir que es una enfermedad insidiosa y mala porque en cualquier medio y en todas las circunstancias madurar es bueno y defiende de muchos males. Ni se gana nada permaneciendo en una juventud imposible, ni por supuesto se encuentra amor alguno.

jueves, 3 de julio de 2014

DESFILAD ORGULLOSOS

Un año más se celebran desfiles del orgullo en todos los países libres, con las habituales discusiones sin sentido sobre si deben ser menos comerciales, más reivindicativos, lo que no deberían ser, etc. Como si el hecho de poder celebrarlos fuese algo ganado y sin alternativa, cuando en realidad no lo es. No hay más que ver las zancadillas, la mezquindad y la estupidez del actual ayuntamiento de Madrid, con una alcaldesa beata, homófoba y de demostrada incompetencia a la que gustaría que vinieran muchos turistas al acontecimiento y que gastaran mucho dinero, pero que éste fuera silencioso e invisible. Lo que demuestra, por si hiciera falta, que ella y su partido no son automáticamente buenos para los negocios, como algunos simples piensan.

La ridícula Botella no es única; no hay más que mirar al mundo para darse cuenta de que las personas LGTB siguen siendo perseguidas, encerradas, aprisionadas, "tratadas" con descargas eléctricas o simplemente asesinadas por el solo hecho de su condición. Son en realidad minoría los estados en los que hay igualdad de derechos, una igualdad que ni siquiera es total y sin enemigos en ninguno de ellos.

Por eso hay que seguir desfilando, siendo visibles, exigiendo la visibilidad y normalidad que se quieren negar desde los prejuicios patriarcales y las instituciones que pretenden imponer su dogma a todos, incluso a los que no creen en él. Hay que seguir desfilando sin miedo, exponiéndose a las miradas de los indiferentes y de los que no captan el sentido del orgullo porque... ¿Cómo se puede sentir orgullo por ser diferente? Hay que decirles que sí, que ellos se sienten orgullosos todos los días tácitamente, satisfechos en su mayoría, sin que nadie les discuta sus características, pero que a nosotros nos siguen regateando las nuestras y que estamos bien orgullosos de ser como somos, que somos felices así y que no queremos cambiar.

No olvidemos igualmente que nuestra lucha no es especial ni aislada, que va unida a la lucha por la autonomía individual  de los hombres, de las mujeres y las minorías raciales, religiosas y de otras clases, y que las mismas instancias patriarcales y dogmáticas se oponen y se opondrán siempre a cualquier progreso, como se ve con el proyecto actual que pretende negar en la práctica a las mujeres la posibilidad de acabar con un embarazo no deseado. Cuando reivindiquemos nuestros derechos debemos recordar siempre que las libertades no se recortan de golpe sino una a una, para que se note menos, pero que el fin de todos los que las niegan es negarlas todas.

Desfilad con alegría, buen humor, paciencia y vista a largo plazo, porque aquí hemos llegado después de muchos años de pequeños logros que se han acumulado en lo que ahora tenemos, y faltan más años de progreso gradual para que llegue un momento en el que el Desfile del Orgullo sólo sea un carnaval que recuerde las luchas del pasado. Pero ese momento aún está lejos, de modo que hay que desfilar sin bajar la guardia, sabiendo que también nos miran los cavernícolas.

Desfilad sabiendo que nuestro espectáculo no es del gusto de todo el mundo, pero que eso tampoco es tan importante, porque la homofobia nunca se extinguirá, lo que hay que conseguir es que la sociedad la considere como lo que es, una enfermedad como el racismo, la violencia o el terrorismo.

Desfilad orgullosos.

sábado, 24 de mayo de 2014

TRANSGRESIONES

Edmund White, escritor de ficciones gais en parte autobiográficas, se ha sumado a las filas de los que critican, desprecian o se muestran incrédulos ante la normalización de las personas LGTB, con una extraña nostalgia de los tiempos de armario, idealizados por algunos también como los tiempos pre-SIDA y de la promiscuidad alegre y sin prejuicios. Frente a la nueva respetabilidad de gays que se casan, adoptan niños y fundan familias, el Sr. White se muestra reticente y dice que muchos de estos son hipócritas que ligan por teléfono mediante GRINDR y que solo mantienen una apariencia para comportarse de forma bien diferente.

Con ciertos amigos no hacen falta enemigos. Afirmaciones como ésta son agua para el molino de los homófobos, más que nada por su inoportunidad, porque sin duda son verdaderas, es decir, hay gente que finge un comportamiento cuando en realidad tiene otro, pero ¿sólo los hombres gais? Porque un buen número de héteros aparentan moralidad convencional y se dedican a actividades menos santas en sus horas libres.

Es como si todos los no LGTB estuvieran destinados genéticamente a la fidelidad y al aburrimiento y todos los LGTB, especialmente los varones gais, tuvieran la inclinación o hasta el deber de transgredir continuamente para llevar la vida "alegre" que gay significa. Algunos falsos progresistas inciden en esta apolillada idea constantemente, como si una orientación sexual determinada obligara a un comportamiento fijo. Los hay que hasta se enfadan si se pone mala cara ante determinados excesos e imprudencias o si se demuestra aburrimiento ante sus obsesiones, pero hay que decir que los que así hablan son en general obsesos, del mismo modo que lo son los héteros que día tras día tienen como único objetivo anotarse éxitos con mujeres diferentes... o viceversa.

Ayer, sin ir más lejos, una chica joven y mona iba a mi lado en el metro absorbida en la pantalla de su teléfono, como es habitual en estos tiempos. Una mirada de reojo me hizo ver que no leía correos ni se entretenía con un juego: tenía una amplia colección de fotos muy indecentes de hombres muy atractivos y se recreaba en cada uno con gran placer. ¿Criticaría yo a esta chica? Desde luego que no, pero ¿Diría yo que esto es lo que tienen que hacer todas? Desde luego que tampoco.

miércoles, 14 de mayo de 2014

EL NACIONALISMO COMO ENFERMEDAD

Las personas medias saben poca historia y la poca que saben suele estar reducida a unas pocas fechas, unos cuantos personajes y unos pocos mitos manipulados para aparecer como hechos incontrovertibles, aunque sean más que dudosos. Una de las ventajas de estudiar historia en serio, tal vez la única, es que introduce un escepticismo muy sano sobre hombres grandes y pequeños y las hazañas reales o supuestas que se les atribuyen.

Es preocupante ver cómo la historia solo se ha utilizado y se sigue utilizando cuando y como conviene para justificar las realidades políticas existentes, como si hubiera tendido a un fin concreto, o para justificar secesiones, identidades y victimismos con objetivos claros para sus manipuladores, pero voluntariamente oscurecidos para las verdaderas víctimas de la manipulación, es decir, la masa de medio ilustrados a los que se fanatiza en una dirección determinada con eslóganes, mitos y verdades a medias, dirección que siempre es el nacionalismo identitario más estrecho posible, con ánimo revanchista y excluyente.

Quien crea que esto solo pasa en Cataluña se equivoca: Escocia, Flandes, Hungría y un largo etcétera, por no hablar de la destrozada Yugoslavia, son ejemplos relevantes en nuestros días, pero tampoco hay que echar en saco roto los reverdecimientos nacionalistas en Francia, Holanda, Finlandia, Dinamarca, etc. Es como si los europeos estuvieran olvidando que de lo que se trata es de eliminar fronteras no de crearlas, de superar el localismo y de unirse por encima de mezquindades varias.

No se trata solo de evitar las terribles guerras del pasado, sino de una pura cuestión de supervivencia; Europa como mosaico de naciones-estado no puede competir con las grandes unidades mundiales ni política ni económicamente. La Federación Rusa, con muchos menos habitantes y riqueza, puede lanzar un órdago sin respuesta a una congregación de gobiernos confusos, divididos y en perpetua contradicción. Si Rusia lo puede hacer ¡qué no podrán los otros!

Me hace reír por ridícula y llorar por sus consecuencias, la idea de que la identidad es algo sagrado que debe defenderse al máximo, subrayarse y respetarse, porque solo desde una identidad perfecta se puede colaborar con los demás. Algunos que se las dan de progresistas caen en esta trampa, sin darse cuenta de que esas identidades están predefinidas por cenáculos de santones políticos y culturales y de que no describen lo existente sino que fabrican un molde al que la población castigada debe ajustarse mediante una educación sin alternativas o mediante la violencia física o psíquica cuando hace falta.

La estupidez de Dª Esperanza Aguirre descrita en el post anterior tiene su perfecta correspondencia en las airadas reacciones al escepticismo independentista de alguien tan poco sospechoso de anticatalanismo como Raimon, porque ya se sabe que si se es catalán (o se habla catalán) hay que ser catalanista, anti-español, anti-lengua castellana y pro derecho a decidir, que solo quiere decir independencia, porque si no es, por supuesto, inválido ... lo contrario se considera imposible.

Los nacionalistas son como los 3 cerditos del cuento, que se hacían su casita de juncos y otros materiales endebles, pensando que esto los protegería del lobo, pero cuando llegan los resoplidos del cambio climático, con la subida del nivel del mar, la globalización, los enormes cambios tecnológicos, las migraciones, etc., esas endebles construcciones no resuelven ningún problema serio, solo el de élites y partidos que mantienen así su monopolio... mientras puedan, que no será siempre.

¿Y las sagradas identidades?... Siento decir que hay muchas en el cementerio de la historia y que habrá muchas más, porque otra de las cosas que se aprenden si se estudia de verdad es que ninguna es ni fija ni eterna.

jueves, 1 de mayo de 2014

DEFINICIONES NACIONALISTAS

La inenarrable señora Aguirre, látigo de policías municipales, lideresa de la derecha de la derecha y no tan culta, aunque hable inglés bastante bien, ha tenido una de sus ocurrencias habituales al decir que no se quiere ser español si se ataca la tauromaquia. Reanuda con esto la vieja tradición de sus correligionarios de considerar que los españoles son solo ellos y que los demás pertenecen a la "anti-España", de la que tanto oímos durante nuestra infancia franquista los que alcanzamos ya una cierta edad.

Nada puede poner más contentos a los nacionalistas periféricos que se empeñan igualmente en definir las características raciales y culturales de sus etnias reales o imaginadas, y que hacen símbolos sagrados de levantar piedras o bailar en corro. "El que no haga X... no es de los nuestros, es de los otros." Es como si nacer y crecer en un lugar determinado obligara a amar unas cosas, odiar otras y comportarse exactamente como se decreta en algún catecismo redactado por un comité de santones y beatos patrióticos que definen lo que es propio de la nación y lo que debe considerarse herético y extranjero.

Siento decir a la señora Aguirre que en esto, como en tantas otras cosas, se le ve el plumero de la intransigencia dogmática que tanto afecta a una gran parte de sus amistades y compañeros de tendencia y que desmiente una y otra vez la profesión de "liberalismo" de la que tanto abusa y que tan mal entiende.

Hay muchos españoles muy decentes, buenos ciudadanos, trabajadores, pagadores de impuestos y hasta no pertenecientes a minorías sospechosas o que votan al PP a los que no gustan los toros ni el flamenco, ni la Iglesia Católica, ni la caza, ni el chorizo o la paella, porque ninguna de estas cosas juntas o por separado califican, definen o excluyen. No se es menos español por considerar los toros  éticamente reprobables y un espectáculo más bien repetitivo y aburrido, del mismo modo que no se es mejor español por ser aficionado al flamenco.

No es posible definir una nación, ninguna nación, por mucho que se lo crean o quieran creérselo los nacionalistas, pero es aún menos posible poner marcas a los ciudadanos individuales, como si de ovejas de un rebaño se tratara. El DNI y el pasaporte indican una pertenencia jurídica exacta, pero sobre gustos, tendencias e inclinaciones no hay nada escrito y tanto derecho tiene un taurófilo como un abolicionista a considerarse español.

Siento decirle a la lideresa que los toros tienen poco futuro. La sensibilidad está cambiando y las dificultades y costes del sangriento espectáculo aumentando, pero eso no afecta en absoluto a la existencia de España o de los españoles.

miércoles, 30 de abril de 2014

GAYS, HUMOR Y GROSERÍA

Hay mucha gente que disfruta con un tipo de humor grosero, insultante, lleno de tópicos: el mariquita afeminado, la maruja cretina, el niño maleducado, etc. No sé cómo alguien se puede reír con bromas evidentes y burlas muchas veces crueles, pero hay gente que también se regodea torturando animales y lo llaman arte. Asumir que uno se tiene que reír forzosamente con ciertas cosas, que no hace tantos años incluían racismo, machismo y cosas peores, me hace sentir como marciano entre personas que lanzan grandes carcajadas mientras yo me pregunto dónde está la gracia.

Lo mismo me sucede con un tipo de gay, bastante abundante entre los mayores de 50 años, que da por supuesto que la orientación sexual implica estar obsesionado con jóvenes generosamente dotados a los que mirar, conquistar o describir con todos sus atributos. Algunos añaden el insulto a la ofensa con una narración pormenorizada de lo que vieron, sintieron o ligaron, ayer o hace veinte años, como tristes remedos de Don Juan Tenorio leyendo la lista de sus conquistas.

Nada más aburrido que oír hazañas ajenas, casi siempre inventadas o muy exageradas, que se reducen siempre a lo mismo, es decir, a la descripción de la fantasía obsesiva del narrador, que se da importancia ante sí mismo y los demás con el cuento de su potencia real o imaginada.

Estos tipos no se diferencian nada de los machistas tradicionales que lanzaban piropos groseros, en realidad insultos, a las mujeres que les pasaban por delante, que describían a las hembras como cosas y consideraban un triunfo el haber engañado a alguna para algún placer furtivo. Recuerdo que me disgustaban cuando los oía y consideraba que eran en realidad unos frustrados, porque o estaban casados con alguna que no correspondía a sus fantasías húmedas o no tenían acceso a las super-féminas de los cuentos. En cualquier caso, el convertir a personas en cosas me producía un profundo rechazo.

El mismo rechazo siento cuando veo que algunos gays llenan paredes con fotos sugerentes como decoración esencial, dan por supuesto que todas las parejas son infieles y que el máximo deseo de cada uno es fornicar con todo lo que se pone por delante. Si ellos son así no los juzgo, pero me molesta que piensen que somos todos iguales. Afortunadamente la diversidad es múltiple y se aplica a todo, también dentro de las minorías, y algunos damos mucha más importancia al afecto, las buenas formas y, desde luego, al buen gusto.

miércoles, 16 de abril de 2014

HEDONISMO

Uno de los problemas de los LGTB hasta hace unos años era la falta de modelos. No es que los modelos para los demás fueran siempre positivos, pero había unos estándares más o menos fijos de lo que hacían los padres, las madres, los militares, los ingenieros o los gángsteres, ninguno de los cuales estaba jamás afectado de "desviación" alguna: a todos los varones les gustaban las hembras, éstas se pirraban por los machos y ¿para qué seguir contando?

Los chicos "especiales" crecíamos en un limbo extraño que, si se era un poco consciente, aparecía inmediatamente como una vía muerta, un lugar del que sólo se podía salir fingiendo, ajustándose al comportamiento de la mayoría, aunque éste fuera enteramente contrario a los propios instintos. Por supuesto que de puertas afuera, porque en la adolescencia o la juventud rápidamente se descubría otro mundo secreto, subterráneo, de encuentro furtivos y de placeres que podían ser frecuentes e intensos. Un mundo al que uno podía acostumbrarse, ver como propio y hasta hacerse adicto.

Los que tanto critican ahora la visibilidad LGTB son los mismos que antes reducían la diversidad al sexo y obligaban a este hedonismo oculto, vía de escape y al mismo tiempo obstáculo de envergadura para una vida emocional y afectiva más plena o simplemente elegida. Hacía falta valor y tener una situación determinada para poder vivir en pareja sin ser excluido por sociedad y familia, mientras que nadie se daba por aludido si el "desviado" practicaba sus vicios sin publicidad en un mundo invisible para los "normales".

El problema resultante es que, del mismo modo que muchos LGTB interiorizaban los prejuicios ambientes y se minusvaloraban, también llegaban a aceptar una conducta impuesta como si fuera propia, y acababan creyendo que la homosexualidad era sinónimo de hedonismo, entendido éste como una sucesión de ligues, "clubbing", saunas y otras cosas menos sanas.

No todo el mundo vale para llevar una vida tan intensa y autodestructiva, aún en el caso de que se disponga del cuerpo y dinero adecuados, y hasta el más dotado debe retirarse o disminuir el ritmo con la edad y los achaques, pero convertir esta caricatura en algo deseable y envidiable, cuando para la mayoría es una conducta excepcional y forzada, ha sido y sigue siendo un error común nunca bastante criticado por miedo a ser considerado conservador, aguafiestas y "reproductor de modelos heterosexuales".

Hay que darse cuenta de que la normalización de la diversidad sexual tiene entre otros efectos positivos el de permitir llevar la vida que uno quiere y ni para mí ni para muchos otros, en realidad para la mayoría, tiene nada de envidiable ese tipo de hedonismo pobre de sauna, bar y discoteca, porque el que disfrutan los millonarios es otra cosa, aunque yo tampoco lo envidie.

lunes, 10 de febrero de 2014

UNA GENERACIÓN DE ARMARIO

El grupo de edad de los que ahora tienen entre 60 y 70 es el primero que tuvo en España y el resto de occidente la posibilidad de salir del armario total o parcialmente. Era aún muy arriesgado a fines de los 70, pero las circunstancias cambiaron durante los 80 y los 90 y para fin de siglo no suponía ninguna hazaña particular. Los avances en la normalización de la diversidad sexual en las dos últimas décadas dejan todavía una igualación incompleta, pero más en detalles y para minorías dentro de las minorías que en general. Mal que les pese a los ultras, resulta que la sociedad española está entre las más tolerantes del mundo en cuestiones de vida privada y de las que más se aleja de dogmas religiosos, incluso entre los que se confiesan católicos.

Sin embargo, una buena proporción de LGTB mayores nunca ha salido del armario, aunque se ha ido aprovechando del ambiente favorable social y legal para vivir mejor. Pertenecen a este grupo individuos visceralmente conservadores, incluso fascistas, que viven contradictoriamente su orientación o identidad, personas que vivieron o siguen viviendo situaciones particularmente difíciles de opresión familiar y cobardes esenciales que desconfían de la realidad y tienen miedo de su propia sombra.

No hay que buscar a ninguno de estos sujetos en manifestaciones reivindicativas, asociaciones (a las que a veces asisten sin nunca ser miembros) o listas de firmas en pro de los derechos de todos: ellos se suben al barco, pero no reman, y se bajan a la menor dificultad. A veces los compadezco, pero en general me indignan, especialmente cuando no son demasiado tontos. Algunos aún viven en la fantasía del "nadie lo sabe", aunque a estas alturas nadie tenga la menor duda, no pocos se siguen escandalizando de la "desvergüenza" de los que se manifiestan y reivindican, y los hay que están en contra del matrimonio igualitario por razones que van desde la beatería a la estupidez.

Hablar con ellos no es fácil, convencerlos de que colaboren o cambien de actitud imposible. Tampoco hay que buscar aliados entre ellos, porque bastantes prefieren aliarse con el enemigo por sectarismo o porque el miedo les hace creer que así se defienden mejor.

Son la parte oculta del colectivo que solo solo es visible en los lugares de sombra, de ligues anónimos, profesionales o de vidas transcurridas entre la penumbra y el fingimiento. Es de esperar que las próximas generaciones no sean así, porque los aún armarizados de ésta ya no tienen remedio.

martes, 24 de septiembre de 2013

FIESTAS ABSURDAS

A toro pasado, y nunca mejor dicho, vuelvo sobre un tema que siempre me interesa, aunque no como parece impresionar a otros. Se trata del folclore en general y de ciertas fiestas tradicionales en particular, como la muy bárbara del "Toro de la Vega" de Tordesillas, ejemplo vivo de la completa falta de sensibilidad humana y estética de la que hacen gala algunos pueblos y personas, con independencia de las ideologías políticas al uso. Demostración palpable de que sigue sin entenderse en qué consiste lo político, es decir, el gobierno  de la Polis, la administración de la ciudadanía, vivir en comunidad con armonía. Hay muchos habitantes del planeta que aún piensan que se trata solo de una cuestión de poder, de impuestos y de confianza o, peor aún, de a ver "quién da más", sin consideración alguna por cuestiones éticas, de derechos humanos o de buen trato a la naturaleza y a los seres que la comparten.
Si la falta de sensibilidad se une a los complejos de identidad se padece el "síndrome folclórico", es decir, la idea de que una celebración particular, una música o un baile son sagrados, irrenunciables y eternos, so pena de ofender a los dioses telúricos, de modo que la fiesta o fiestas de marras se convierten en monstruos sagrados no criticables, especialmente por los forasteros "que no entienden de qué va", o que simplemente no tienen derecho alguno a opinar, sea sobre la tortura gratuita de animales, las plúmbeas danzas en corro, las flautas chirriantes o las imágenes de ídolos enjoyados paseadas por las calles entre la beatería y la superstición.
Poca gente sabe que una gran parte del folclore más popular considerado milenario es en sus  formas actuales relativamente reciente y que, de todas formas, tenía sentido en sociedades pobres, tradicionales y relativamente aisladas en las que la diversión era escasa y la abundancia excepcional, por no hablar del analfabetismo dominante. La machada de perseguir y matar un toro a lanzazos tal vez tuviera sentido cuando había que seleccionar guerreros, pero hoy día, cuando se ve hacerlo a un señor que normalmente trabaja de camionero, es solo una barbaridad peligrosa, un mal ejemplo y una muestra del peor gusto estético posible.

El folclore auténtico de nuestros tiempos es la música pop, las modas urbanas y las costumbres reales de la sociedad, no unas vestimentas raras, que solo breve y excepcionalmente se llevaron de verdad, una música arqueológica y unos ritos extraños y crueles que han perdido todo sentido. Está bien que lo estudien los peritos para guardarlo en los archivos, pero creer que en él reside la "cultura" local, regional o con complejo de persecución es solo falta de interés por la cultura viva y adoración por fetiches casi siempre de dudoso gusto.

jueves, 22 de agosto de 2013

ESQUIZOFRENIA

El 15 de agosto, fiesta católica por excelencia, un grupo de esos católicos franceses que reconocen a Frigide Barjot como líder publicó una carta abierta a los obispos de Francia que puede sorprender a los que no están acostumbrados a la extraña lógica de los que no quieren ser simplemente creyentes, sino también ajustarse a la ortodoxia, es decir, al integrismo...  ¡siendo gays!

En la carta piden que la Iglesia reconozca sus esfuerzos "en pro de la familia" y con un tono lastimero se quejan de la falta de señales positivas de los obispos hacia los homosexuales católicos. Pueden leerse también algunas frases que dejan ver cierto arrepentimiento por haber colaborado al resurgimiento de la homofobia con sus actos, aunque al mismo tiempo insisten en subrayar la diferencia con los homosexuales laicos, a los que describen de una forma que muestra que se sienten superiores a ellos espiritualmente.

Esta carta es un documento que muestra tan perfectamente lo que es el autodesprecio que podría utilizarse como ejemplo en un curso de psicología. ¿Cómo pueden estos desgraciados pensar que una iglesia que ni siquiera reconoce el concepto de orientación sexual puede hacer algún gesto favorable hacia los fieles "aquejados" de atracción por el mismo sexo? Si se reconocen como sus fieles deben obedecer, callarse, superar sus tentaciones, permanecer castos y arrepentirse cuando caen. Deben saber que son seres nacidos con o afectados por un "desorden", una desviación que los condena a no tener amor, a refugiarse en las sombras, a controlarse en todo momento... si no quieren ser expulsados, perderse para siempre entre los paganos... Pero como algunos hijos de madre desnaturalizada siguen sufriendo al saberse despreciados, sospechosos, castigados y piden un pequeño gesto de reconocimiento, una pequeña señal de que los aceptan al menos un poco por los servicios prestados en la lucha contra los verdaderos malvados.

Tendrán que esperar mucho tiempo, si no se deciden a abandonar una institución que utiliza sus considerables poderes para torturarlos y convencerlos de que son seres esencialmente peores que los demás, sospechosos, disminuidos y condenados al sufrimiento por decreto divino.


A veces los compadezco, pero cuando pienso en lo que han colaborado y en lo que hay detrás, es decir, integrismo, superstición, fascismo, homofobia legalizada, amenazas al laicismo, etc., concluyo que se merecen sus sufrimientos y que están en el infierno que han ayudado a crear.

lunes, 15 de julio de 2013

CONTRADICCIONES DE MARCA

Los franceses tienen muchos defectos, de algunos de los cuales me he hecho eco en posts anteriores, pero tienen una gran virtud: Francia es un concepto cuasi-sagrado, no discutible y alrededor del cual se unen todos, sea cual sea el gobierno de turno. La "Marca Francia" es obra de todos los franceses. Esto también puede ser un problema cuando se exagera, pero me caben pocas dudas de que la actitud de los españoles es más problemática, porque en este extraño país se cultiva la desafección como una virtud, cuando se trata más bien de una neurosis autodestructiva que se regodea en el pensamiento de que si aplasto (o solamente humillo) a mi enemigo todo vale, aunque yo también acabe perjudicado y arruinado. La desafección incluye banderas, formas de gobierno, himnos y, sobre todo, personas e individuos odiosos u odiables, pero a menudo no peores que sus críticos.

Es normal que bastantes individuos se sientan identificados exclusivamente con un equipo, pero no de fútbol, sino de gobierno, y que si no gobiernan los suyos ataquen indiscriminadamente el país, casa común, sin pararse a pensar si la destrucción del edificio no los va a dejar también sin hogar. El Sr. Aznar se hizo tristemente famoso por esto mientras gobernaba el Sr. Zapatero, pero ni es el único ni su partido tampoco, aunque cae en las mismas contradicciones.

¿Cómo puede ser que la web de la "Marca España" (patrocinada por el gobierno y a cargo de personalidades vinculadas al PP) presuma del esplendor de las fiestas del orgullo gay de Madrid, como ejemplo internacional de tolerancia y apertura, cuando un ayuntamiento que la capital no se merece, bajo una alcaldesa reaccionaria, integrista y muy poco profesional, ha hecho todo lo posible por obstaculizarlas, oscurecerlas (literalmente) y desprestigiarlas?... Queda muy bien presumir ante los de fuera ¿pero cuando se van a poner las peras al cuarto a los de adentro? Me consta que la mayoría del PP no comulga con las ideas retrógradas de Los Legionarios de Cristo, el Opus Dei o los Kikos, pero ¿cuándo, entonces van a llamar la atención a su sector ultramontano?... Porque si no lo hacen tienen tanta culpa como ellos, lo que se demuestra cuando la Asamblea de Madrid se niega a contemplar el acoso a los alumnos LGTB en las escuelas, cuando se vuelve a poner la religión como evaluable o cuando se presenta una ley del aborto impresentable.

No se puede querer un país a imagen y semejanza de los propios prejuicios, enteramente alineado a la ideología que nos gusta, porque eso es patrimonio exclusivo de dictadores. El PP presume de liberal, pero si realmente lo fuera se parecería más al Partido Conservador británico o al FDP alemán y menos a un tentáculo del Vaticano. La marca-País es importante, pero no se puede fomentar solo con anuncios. Una buena percepción es difícil de crear y se puede destruir en un momento; si se quiere recibir en Madrid el World Gay Pride en 2017 y las olimpiadas en 2020 más vale que se actúe con coherencia y no con el asco que demuestra una derecha que no puede liberarse aún de su pasado. En un país libre se puede ser muy católico sin obligación alguna de ser gay, de contraer un matrimonio homosexual o de abortar, además de poder educar a sus hijos en el integrismo si así se desea. Todo lo que se diga en contra es visceral, no racional.

domingo, 26 de mayo de 2013

LA HISTORIA COMO REFUGIO

Fui profesor de historia durante muchos años y, tal vez por eso, no creo en las virtudes taumatúrgicas que a a veces se le achacan. La idea de que la historia enseña los errores del pasado para no volver a repetirlos es bastante simple, porque como las circunstancias nunca son las mismas es imposible cometer el mismo error. Lo más que puede hacer la historia es explicar cómo se ha llegado a un punto determinado, pero las teorías que se montan sobre causas, tendencias y fines son siempre muy inexactas, cuando no pura elucubración. Por otra parte, como cualquier otra rama del conocimiento, el estudio superficial o sectario de la historia confunde a muchos o justifica lo que se se quiere creer a priori, es decir, los prejuicios de los que se parte.

No hay épocas perfectas. Ni siquiera cuando se cree estar en la cima del mundo esto satisface a todos o garantiza felicidad, prosperidad y seguridad. La historia es un continuo devenir en la que lo único seguro es que todo cambia, pero esto es justamente lo que rechazan los que hacen del pasado fetiche y construyen los elaborados mitos identitarios que forman parte imprescindible del pensamiento reaccionario. El Estado-Nación europeo, tan bien representado por Francia, proviene de la monarquía autoritaria de la baja Edad Media y alcanza su cenit en el siglo XIX. Las historias "nacionales" explicaban esto como evolución necesaria, decretada por el destino, querida por Dios o por alguna clase de fantasmagórico y mágico espíritu de un pueblo que, al modo mesiánico, había sido elegido de alguna manera por la divina providencia. Una historia de esta clase puede convertirse fácilmente en fe, creencia u obsesión y tenemos muchos ejemplos pasados y presentes.

El sr. Dominique Venner (en la foto), que decidió suicidarse hace unos días en la catedral de París para intentar así que alguien le hiciera caso, era uno de estos reaccionarios presos en un bucle temporal de su propia creación: primero se idealiza un pasado perfecto, en gran parte embellecido o inventado, después se lo compara con el presente imperfecto, y esta comparación sirve para aumentar la desesperación y la crítica, según el modelo va quedando más atrás y la realidad se aleja hasta de lo que se criticaba al principio.

A los que son como el sr. Venner les gustaría refugiarse en ese pasado, en esa "Edad de Oro" mítica en la que a tantos hombres han creído desde que el mundo es mundo. No en vano aparece el Paraíso Terrenal en la Biblia, igual que cosas parecidas en otros mitos de creación, pero el paraíso de la Francia perfecta, libre de inmigrantes, poder colonial e hija preferida de la Iglesia Católica está ya cerrado y guardado por el ángel que sostiene la espada flamígera de la globalización. Como el refugio es imposible, el suicidio-espectáculo se convierte en grito desesperado de alguien que, de todos modos, estaba ya al final de la vida... ¡A ver si así!...

Lo siento por el sr. Venner, pero si bien el nacionalismo, el racismo, la homofobia y otros prejuicios siguen vivos y pueden dar mucha guerra,  su Francia mítica no se materializará y el estado-nación, como todas las estructuras humanas, desaparecerá o se transformará más allá de todo reconocimiento, porque la historia no tiene fin temporal o definido, más allá del inevitable del universo o de la raza humana.


jueves, 11 de abril de 2013

MALVADOS, CRETINOS Y CON MITRA


El obispo de Alcalá está obsesionado negativamente con la homosexualidad, igual que otros prelados católicos, pero al contrario de los que se limitan a condenar, demonizar e inventar maldades, el Sr. Reig profiere estupideces más grandes que catedrales con sus extrañas afirmaciones de niños "que se prostituyen para probar su orientación sexual" o majaderías semejantes, de las que hace culpables a oscuras instancias que pueden sospecharse afines al poderoso, secreto y maléfico "lobby homosexual", organización semejante a la "Spectra" de las películas de James Bond por su enorme maldad y su categoría puramente imaginaria.


El Sr. Reig disfrazará su innegable homofobia con palabras edulcoradas, igual que hacen los prelados de su secta en otros momentos y países, pero nunca querrá reconocer que su actitud es básicamente violenta, que equivale al racismo genocida que su iglesia practicó contra judíos y herejes y que anima o disculpa las agresiones que sufren muchas personas en España, en Francia y en muchos otros lugares. El rostro de Wilfred de Bruijn, agredido hace pocos días en París, es el espejo en el que puede mirarse este antipático personaje a modo de retrato de Dorian Grey, porque aunque él no haya sido el que propinó los golpes también es responsable del tipo de odio que los originó.