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domingo, 1 de julio de 2018

A VUELTAS CON EL ORGULLO

Todos los años al llegar estas fechas se levantan los mismos fantasmas, en una celebración que se ha hecho tan grande que da lugar a facciones y divisiones, lo que no es indicio de debilidad sino de la importancia alcanzada.
Recuerdo haber desfilado hace cuarenta años en la primera manifestación en Madrid en pro de los derechos LGTB+ por la Avenida de Menéndez Pelayo, un lugar decidido entonces por las autoridades que ni se imaginaban que pudiera pasar por algún sitio más céntrico. Éramos muchos para la época, pero teníamos miedo, tanto de posibles ataques de la ultraderecha, como de ser fotografiados y demasiado visibles cuando aún podíamos recibir represalias en nuestros trabajos.
También, aunque a muchos les cueste reconocerlo, los partidos políticos de entonces no lo tenían tan claro. Por supuesto que AP, madre del PP, lo tenía clarísimo en contra, pero en la izquierda del PCE o del PSP o del PSOE tampoco había unanimidad a favor; Tierno Galván, por ejemplo, era bien homófobo, y los derechos LGTB+ no despertaban excesiva simpatía en una izquierda aún impregnada de la idea de que se podía hasta tratar de un “vicio burgués”, porque, por supuesto, en una sociedad justa y perfecta no debería haber “desvíos”. Pasarían todavía algunos años hasta que se estableciera un mayor respeto y se difundieran ideas más ilustradas.
Cuarenta años más tarde vivimos realmente en otro mundo: la batalla cultural está ganada, aunque siga habiendo resistencias eclesiásticas y ultraconservadoras, pero biología, psicología y sociología han dejado claro que las minorías sexuales son un hecho, que lo han sido siempre y que no tienen nada que ver con vicios, maldades o conspiraciones. Las leyes han evolucionado para adaptarse a las diferencias y el armario es una elección, no una necesidad. La igualdad real es otra cosa, sin embargo, pero se van consiguiendo triunfos paso a paso y hay que ser optimista al respecto.
Que el orgullo se haya convertido en una celebración masiva, sin duda la más importante de todo el año en Madrid, por ejemplo, es otro indicio de la aceptación de la sociedad, de la laicización de la misma y de la  creatividad y simpatía de nuestro colectivo, pero parece ser que esto es algo que molesta a algunos, en ciertos casos porque se quieren celebrar orgullos pequeños en los barrios y en otros porque desde una óptica estrecha se ve como “comercial” o “típico de la clase alta y media”.
Sinceramente no comprendo que la comercialización sea un problema si ayuda a la normalización y aceptación generales, y aún comprendo menos que se hable de clases sociales cuando nadie es discriminado ni como participante ni como espectador. Me parece más bien que estamos ante la típica reacción anti, en este caso anti-sistema, porque desde ciertos puntos de vista tirando a los extremos, hay que ser anticapitalista, anti-establisment, y un poco anti todo, como si el éxito en sí mismo fuera sospechoso.
En un país libre pueden coexistir orgullos críticos, de barrio y masivos, afortunadamente, pero que nadie piense que existe una ortodoxia a imponer, que hay que acabar con la celebración fiestera e imponer una bien austera, seria y procesional, el orgullo es también alegría y fiesta y eso debe seguir siendo.

sábado, 2 de julio de 2016

ORGULLOSOS SIN DESPRECIO

En este día, 2 de julio de 2016, en que las calles de Madrid se llenan de alegría, color y solidaridad, apoyados plenamente este año por las instituciones, hay que volver, como siempre antes, sobre el significado que tiene esta gran fiesta de la igualdad: las personas LGTB+ no somos mejores, ni más guapos, ni más listos que otros, somos simplemente miembros del género humano, iguales a los demás, lo que quiere decir que tampoco somos peores, más feos o más tontos. Somos LGTB+, eso sí, lo que quiere decir que somos diferentes de la mayoría, pero también diferentes entre nosotros mismos, tan diferentes como son todos los individuos que componen la humanidad y, por lo mismo, tan respetables como cualquier otro sujeto con su defectos y cualidades. No despreciamos a nadie por nuestra diferencia, pero tampoco queremos ni aceptamos que nos desprecien.
Tenemos conciencia de nuestra humanidad y de nuestra diferencia y las aceptamos, entre otras cosas porque no tenemos otra opción más que ser lo que somos y, si lo aceptamos todo: humanidad y diferencia, también nos vemos obligados a lucirlas, a no esconderlas, a no sentir vergüenza alguna por una condición tan humana como cualquier otra y, si no sentimos ni culpa ni vergüenza significa que estamos orgullosos de ser lo que somos, igual que lo están los otros, pero nos vemos forzados a recordarles a muchos, que no lo entienden del todo y que por tantos años y siglos nos han oprimido, marginado o despreciado, que estamos aquí, que reivindicamos nuestra dignidad, nuestra diferencia y nuestra básica humanidad… y que en eso consiste nuestro orgullo, no en desprecio, altanería o marginación de otros que no son como nosotros.
Mientras haya homofobia, aunque sea en forma de rescoldo, la gran fiesta del orgullo tendrá un sentido, y aún más allá, igual que se recuerdan otros hechos históricos largamente pasados, y los ataques a la misma no tendrán más sentido que el odio, porque el mayoritario, el “normal”, el que se supone inevitable no tiene nada que reivindicar, ya que costumbres, leyes, tradiciones y leyendas le dan la absoluta preeminencia y es el diferente, el minoritario el que tiene que recordar a los demás que existe, que es una persona tan respetable como las otras.
Ya son minoría los que arremeten contra nuestra gran fiesta directa o indirectamente pero, cuando lo hacen, etiquetémoslos como lo que son: dogmáticos que quieren devolvernos al silencio, a la invisibilidad y a la vergüenza, y no hay nada de que avergonzarse y si no hay nada de que avergonzarse nos sentimos orgullosos de ser lo que somos.
¡Feliz Orgullo 2016!

viernes, 3 de julio de 2015

ORGULLO Y SATISFACCIÓN

Este 4 de julio de 2015 no es una fecha cualquiera: se cumplen 10 años de la instauración del matrimonio igualitario en España, son ya 23 los estados que lo reconocen y los Estados Unidos en su totalidad se han sumado a la tendencia, ya dominante en todos los países occidentales, aunque quede mucho por hacer en el resto del mundo.
En España también soplan vientos de renovación que han conseguido que cambien muchos gobiernos regionales y municipales y que en la capital de España, sede de uno de la mayores y más festivos desfiles LGTB del mundo, el ayuntamiento deje de ser la rareza que era y se sume con símbolos y personas a la gran celebración, la más multitudinaria y realmente popular de la ciudad.
Satisfactorio resulta que, según muchos estudios, España resulte ser el país donde la diversidad sexual es más aceptada y menos juzgada, al tiempo que la diversidad cultural y racial es también más tolerada y da lugar a menos problemas que en otras latitudes.
Todo esto es positivo y motivo para sentirse modestamente orgullosos, sin altanería ni desprecios a nadie, pero este progreso no nos debe hacer olvidar que lo que se gana se puede perder y que aún hay mucho por lo que esforzarse en Europa y en el mundo, por eso se sigue desfilando, se siguen escribiendo pancartas y llegando más lejos en las reivindicaciones.
¡Feliz día del orgullo!… ¡y a seguir!

jueves, 3 de julio de 2014

DESFILAD ORGULLOSOS

Un año más se celebran desfiles del orgullo en todos los países libres, con las habituales discusiones sin sentido sobre si deben ser menos comerciales, más reivindicativos, lo que no deberían ser, etc. Como si el hecho de poder celebrarlos fuese algo ganado y sin alternativa, cuando en realidad no lo es. No hay más que ver las zancadillas, la mezquindad y la estupidez del actual ayuntamiento de Madrid, con una alcaldesa beata, homófoba y de demostrada incompetencia a la que gustaría que vinieran muchos turistas al acontecimiento y que gastaran mucho dinero, pero que éste fuera silencioso e invisible. Lo que demuestra, por si hiciera falta, que ella y su partido no son automáticamente buenos para los negocios, como algunos simples piensan.

La ridícula Botella no es única; no hay más que mirar al mundo para darse cuenta de que las personas LGTB siguen siendo perseguidas, encerradas, aprisionadas, "tratadas" con descargas eléctricas o simplemente asesinadas por el solo hecho de su condición. Son en realidad minoría los estados en los que hay igualdad de derechos, una igualdad que ni siquiera es total y sin enemigos en ninguno de ellos.

Por eso hay que seguir desfilando, siendo visibles, exigiendo la visibilidad y normalidad que se quieren negar desde los prejuicios patriarcales y las instituciones que pretenden imponer su dogma a todos, incluso a los que no creen en él. Hay que seguir desfilando sin miedo, exponiéndose a las miradas de los indiferentes y de los que no captan el sentido del orgullo porque... ¿Cómo se puede sentir orgullo por ser diferente? Hay que decirles que sí, que ellos se sienten orgullosos todos los días tácitamente, satisfechos en su mayoría, sin que nadie les discuta sus características, pero que a nosotros nos siguen regateando las nuestras y que estamos bien orgullosos de ser como somos, que somos felices así y que no queremos cambiar.

No olvidemos igualmente que nuestra lucha no es especial ni aislada, que va unida a la lucha por la autonomía individual  de los hombres, de las mujeres y las minorías raciales, religiosas y de otras clases, y que las mismas instancias patriarcales y dogmáticas se oponen y se opondrán siempre a cualquier progreso, como se ve con el proyecto actual que pretende negar en la práctica a las mujeres la posibilidad de acabar con un embarazo no deseado. Cuando reivindiquemos nuestros derechos debemos recordar siempre que las libertades no se recortan de golpe sino una a una, para que se note menos, pero que el fin de todos los que las niegan es negarlas todas.

Desfilad con alegría, buen humor, paciencia y vista a largo plazo, porque aquí hemos llegado después de muchos años de pequeños logros que se han acumulado en lo que ahora tenemos, y faltan más años de progreso gradual para que llegue un momento en el que el Desfile del Orgullo sólo sea un carnaval que recuerde las luchas del pasado. Pero ese momento aún está lejos, de modo que hay que desfilar sin bajar la guardia, sabiendo que también nos miran los cavernícolas.

Desfilad sabiendo que nuestro espectáculo no es del gusto de todo el mundo, pero que eso tampoco es tan importante, porque la homofobia nunca se extinguirá, lo que hay que conseguir es que la sociedad la considere como lo que es, una enfermedad como el racismo, la violencia o el terrorismo.

Desfilad orgullosos.

jueves, 15 de mayo de 2014

EN LA BOCA NO

Que la homofobia existe nadie puede negarlo, especialmente cuando mañana es el día mundial contra la LGTB-fobia en general y cuando ayer el PP se volvió a negar a considerar una ley comprensiva de transexualidad en la cámara madrileña. Sólo el desprecio y el odio de raíces confesional-machistas puede cerrarse ante la evidencia de que los transexuales sufren, pero ya se sabe que los padecimientos individuales no entran en la consideración de los mantenedores de altos principios abstractos e inhumanos disfrazados de morales.

Lo que sí se niega con más frecuencia de la debida, sin embargo, es la condición homófoba de muchos individuos que se las dan de tolerantes, pero que se traicionan a cada momento con sus salidas de tono y sus reflejos menos pensados. Hay personajes muy mediáticos cuyas ideas reaccionarias son bien conocidas , pero que fingen evoluciones o adaptaciones para no aparecer como los dinosaurios que son, hasta que algún suceso los pone de nuevo en evidencia.

En los Estados Unidos ha resonado estos días un acontecimiento cuyos rebotes aún perduran: Michael Sam, jugador del deporte más duro posible, es decir, de fútbol americano, salió del armario hace poco y, contra los augurios de los más pesimistas, consiguió ser contratado por un equipo importante de San Luis, en el Estado de Missouri. Estaba ante las cámaras cuando consiguió el contrato y emocionado se besó apasionadamente con su novio, Vito Cammisano, algo que se ve hacer diaria y constantemente a gran cantidad de parejas de diferente sexo en cualquier momento y ocasión... Pero al ser una pareja del mismo sexo y verse en la televisión la tormenta estaba garantizada.

"Yo no tengo nada contra los gays..¡pero besarse en público!"... mal gusto, atrocidad, falta de educación, mal ejemplo para los inocentes niños ante la pantalla, fueron los calificativos menos vitriólicos. Es decir, que sean gays, pero que no se note y que desde luego no se vea. Como diría la Sra. Botella a la que gustaría que vinieran miles a Madrid para El Orgullo, pero que enviaría a celebrar la manifestación-desfile a algún bulevar de un barrio periférico en construcción a las 6 de la mañana.

Ver a dos personas besándose no es un mal ejemplo para nadie, es solo un acto de afecto, pero la homofobia latente y aún la internalizada por muchos gays hace que se vea como poco presentable, incluso como "agresión" contra los delicados sentimientos de los bienpensantes, un ejemplo más de lo mucho que hay que hacer aún en la educación social para la normalización.

¡Y todavía hay algunos que se creen que todo está ya conseguido y que las protestas y las manifestaciones sobran!... Desde luego que sobran cuando se es hombre, blanco, católico (o protestante en América) y del PP.

miércoles, 21 de agosto de 2013

MADRID 2020

Crece la campaña internacional (en occidente) para que el COI tome como punto positivo la aceptación de la diversidad. Un aspecto más en el que todas las minorías sin excepción deben estar agradecidas a la combatividad de las organizaciones que luchan por sus derechos, entre las que se incluyen las LGTB. Lo que sorprende es que se haya tardado tanto en reconocer que las medidas discriminatorias y exclusionarias van en contra del espíritu olímpico y califican a una sociedad que las acepta y fomenta como injusta y arcaica. Si la mayoría de la población participa de prejuicios basados en información defectuosa, acientífica e irracional, el deber del gobierno de turno es favorecer la educación y difundir valores de tolerancia, no ceder al populismo y desviar la atención de sus fallos hacia un enemigo imaginario, sin considerar las consecuencias seguras de ataques contra individuos a los que se percibe y se califica como "degenerados".

Muchos activistas han tomado Madrid como punto de referencia y hacen campaña a su favor, puesto que de las tres ciudades posibles, Estambul, Tokio y Madrid, esta es con mucho la que se halla en el país con la legislación más avanzada y donde las personas LGTB pueden vivir y circular más abiertamente y con mayor seguridad. La situación en Turquía, aparte de la inestabilidad actual, no es muy diferente de la de Rusia, aunque no haya una ley concreta que atacar y, si bien en el Japón no hay verdadera hostilidad, tampoco hay verdadera aceptación.

Esto no se debe desde luego al actual partido de gobierno en España y aún menos a la alcaldesa de la capital, de cuyo integrismo, prejuicios y homofobia tenemos amplias pruebas, pero una de las servidumbres de los puestos políticos es tener que tragarse grandes sapos de vez en cuando, si se quiere conseguir lo que se desea, y hace solo unos meses, cuando la Sra. Botella se lanzó a promover la candidatura, no tenía ni idea de lo que iban a suponer las protestas actuales y de la cantidad de puntos que iba a ganar Madrid por algo que ella intenta disminuir o al menos ignorar. Si al final es Madrid la que triunfa, algo que todos debemos desear por simbolismo e interés, pero no seguro, dado el conservadurismo y falso apoliticismo del COI, la Sra. Botella se verá en la esquizofrénica posición de tener que dar las gracias a organizaciones que detesta y obligada a cambiar de actitud hacia celebraciones que odia, pero esto es lo que les pasa a todos los que no quieren ver que el mundo cambia y las creencias con él, no al revés.

sábado, 2 de marzo de 2013

DE NUEVO EL SILENCIO

"El País" es el mejor diario de España, pero eso no quiere decir que sea excelente, porque a veces informa mal... y no me refiero a su tendencia política, porque todo parecido con la prensa totalmente sectaria es pura coincidencia, me refiero a que no siempre los artículos de ciencia o de sociedad están bien escritos por las personas adecuadas y dan la impresión de descuido, a que a menudo se cuelan gazapos muy gordos, como en una entrevista reciente a una pintora que afirmaba gustarle una galería por su excelente "luz genital", y a que en ocasiones los redactores dan la impresión de casi no saber escribir en castellano correcto. 

Lo que más me molesta, sin embargo, es la profunda reticencia con la que trata la homosexualidad. Algo ha cambiado en los últimos años, pero no lo suficiente, y esto queda una vez más demostrado por la reseña biográfica sobre el pianista Van Cliburn, fallecido hace unos días. El New York Times publicó una muy parecida en la que se hablaba de su carrera musical, su éxito en la antigua URSS... y de que su compañero de larga duración le había puesto un pleito para indemnización cuando se rompió la relación. El excelente periódico americano, antiguamente muy homófobo, ha dado un giro de 180º y es uno de los que mejor informa sobre todas estas cuestiones, siempre de un modo correcto, equilibrado y con la terminología debida.

Nuestro mejor periódico, sin embargo, no indicaba en ningún momento que el famoso pianista tuviese vida privada alguna, de un modo muy español que consiste en no mencionar nada sobre la familia o la enfermedad de la persona y en callar lo que al redactor de turno le parece polémico, y sin duda la homosexualidad lo sigue siendo para "El País". Cuando el que hace la reseña es amigo del muerto suele ser una loa a todas las buenas cualidades que la muerte embellece, cuando no lo es tiende más bien a ser una seca relación de su trayectoria. Pero descubrir la orientación sexual de personas importantes en las artes, las ciencias y la cultura es algo que ayuda a normalizar, integrar y aceptar, callarlo demuestra nuevamente prejuicio.

¡Ah! y a estas alturas aún aparecen titulares sobre las "bodas gays", como si se tratara de un matrimonio diferente del de los demás, en titulares que podrían ser iguales en "La Razón" o el inefable y catolicón "Abc".

domingo, 15 de julio de 2012

LA MALDAD DEL ARMARIO

Uno de los objetivos de los reaccionarios, especialmente de los que se inspiran y amparan en supersticiones/religiones, es el de devolver la homosexualidad a la invisibilidad. Tratan de presentar una visión teórica de la sociedad en la que todos son héterosexuales, monógamos, padres y madres de familia y con género acorde a su sexo biológico. Todo lo que no se ajuste a este patrón debe ser considerado "anormal", "patológico" o ser simplemente silenciado, ignorado y, por supuesto, despreciado. Esta ideología es la que alienta las descalificaciones de los desfiles del orgullo, los insultos públicos a transexuales y la oposición a cualquier clase de igualdad o protección legal de minorías sexuales o de cualquier otra clase.

No cabe duda de que que estas actitudes son ideológicas, de que estas ideologías provienen de dogmatismos religiosos y de que estos dogmatismos inspiran y se alían con ideologías políticas reaccionarias próximas al fascismo sociológico o al fascismo puro. Los intentos de diálogo con personas mantenedoras de semejantes posturas son inútiles, porque la intolerancia no es conducente a ninguna clase de entendimiento, lo que no quiere decir que los intolerantes sean tontos o estén confusos sino que tienen unas metas muy claras y concretas: la conformación de una sociedad conservadora ajustada a sus normas.

Una sociedad como la que ellos patrocinan tendría también homosexuales, prostitución y pornografía, como sucedía en los reprimidos tiempos del pasado, pero todo bajo cuerda, en silencio y tras las bambalinas, con ventajas para los ricos y poderosos y con desventaja para los demás. Una sociedad represiva como esta, con armario para todos, da grandes privilegios a los que pueden utilizar cualquier característica "negativa" para chantajear o adelantar a otros, al tiempo que permite casi cualquier cosa a los que disfrutan del poder suficiente.

La visibilidad es un insulto directo a la hipocresía y el machismo de las sociedades católicas mediterráneas, en las que la mentira se considera una virtud porque lo que no se nombra o no se reconoce simplemente no existe. Es mejor "no hablar" de algunos temas para "no herir" la susceptibilidad de personas que pueden ser hasta los mismos padres y familiares de los interesados, que así no tienen obligación alguna de darse por enterados y pueden continuar viviendo felices y fingir ante vecinos y amigos que sus hijos o hijas siguen solteros por no haber encontrado la persona adecuada o con cualquier otro pretexto, pero que de ninguna manera son "anormales", con todos los problemas de contagio y culpa que tal cosa traería para progenitores y otros parientes.

Todas las personas LGTB deben darse cuenta de que el armario, la ocultación y a veces hasta las buenas formas que les quieren imponer con diferentes excusas son solo cadenas, grilletes físicos y mentales para que no puedan expresarse, sentirse como los demás seres humanos, trabajar, amar y vivir la vida de la forma que cada uno elige. El armario no solo oculta la realidad de la diversidad social y sexual a la mayoría sino que destruye la dignidad y la autoestima de los individuos forzados a vivir en él.

No se puede ser complaciente y ni siquiera educado con prelados, políticos, periodistas y cualquier persona que insista en el silenciamiento, la descalificación o la opresión. Hay que denunciarlos como lo que son: reaccionarios, sectarios, fascistas, integristas y violentos, puesto que sus posturas, muchas veces de hipócrita dulzura, justifican la violencia de otros.


jueves, 28 de junio de 2012

MACHISMO CONTRA DERECHOS

Hay bastantes estados en el mundo, especialmente en países atrasados de África y del Medio Oriente, en el que los derechos de las mujeres, los niños y las personas LGTB son ignorados, violados y ridiculizados con pretextos varios, generalmente religiosos. Sin perder de vista que las religiones son también ciertamente culpables de estos abusos, hay que reconocer que las creencias se suman y se adaptan a culturas patriarcales en las que los derechos de los machos predominan sobre cualquier otra cosa, de modo que las hembras y los varones que por orientación sexual "se comportan como hembras", son despreciados y se convierten en objetos de aversión y odio.

Es difícil que en estas sociedades cambien los conceptos mientras las mujeres y los jóvenes en general sigan sometidos y sin posibilidad de independizarse económica y socialmente, lo que no sucederá sin desarrollo económico, aunque este no es suficiente por sí mismo, como puede verse en lugares como Arabia Saudita.

Esta es una realidad incómoda en el mundo en el que vivimos, en el que unos países están en el siglo XXI y otros aún en el XV, pero el respeto cultural por la diferencia no debe confundirse con la aquiescencia a la barbarie. Nadie en Europa, América o incluso entre la élites educadas de África considera que la mutilación genital femenina sea una práctica aceptable, aunque tenga una larga tradición cultural y, del mismo modo, hay que repetir siempre que haya ocasión que el tratamiento legal y práctico de los derechos de las mujeres, niños y personas LGTB en estos países es simplemente incivilizado y brutal, que deben avergonzarse de él y "aprender" de la evolución de los estados de Europa y América.

Es cierto que muchas de las absurdas leyes contra personas LGTB vigentes en África, por ejemplo, fueron inspiradas por legislaciones coloniales victorianas en sociedades que hasta entonces habían sido menos represivas, pero hay que reconocer que el fuerte machismo predominante antes y ahora no garantizaba en ningún caso una verdadera tolerancia, una vez desaparecidas las condiciones precoloniales.

El machismo implica siempre sexismo y con frecuencia racismo, puesto que se rechaza o desprecia lo "débil", lo diferente, lo que no se conforma a las arbitrarias normas del machismo de cada lugar. Los "valores tradicionales" que a veces se predican son con frecuencia pantallas tras las que se oculta la más cruda barbarie que obliga a las mujeres a someterse y a muchos varones al disimulo permanente, lo que no quiere decir, claro está, que desaparezcan comportamientos homosexuales que tienen lugar en la clandestinidad, sin nombre ni calificación; son los países donde no hay gays, solo hombres que se acuestan con otros hombres, mientras que se ignora a las mujeres, que por pasivas pueden ser violadas, usadas o repudiadas.

Denunciémoslo siempre y sin paliativos.

miércoles, 27 de junio de 2012

UTILIDAD DEL ORGULLO

Las polémicas que se desatan regularmente sobre el sentido y la forma de organizar las manifestaciones del orgullo me causan una cierta desazón y considerable aburrimiento, porque casi todas las posturas son válidas en parte y no veo por qué un patrocinio comercial tiene que impedir una reivindicación política ni tampoco lo contrario. En mi opinión la gran fiesta gay se ha convertido en "la gran fiesta", especialmente en Madrid, y esto tiene más importancia de la que algunos piensan por varias razones.

Como acto de afirmación de derechos y de postura política que sobrepasa los límites de partidos y sindicatos. Solo el PP mantiene una postura reticente, con algunos de sus miembros apoyando lo básico de las reivindicaciones y otros virulentamente en contra, pero incluso en este partido el lenguaje se ha moderado y la homofobia descarnada es rara. El PP debería darse cuenta de que su electorado integrista no tiene otros a quienes votar y que le sería poco práctico fundar otro partido. Los conservadores españoles deberían modernizarse definitivamente y seguir los caminos del verdadero liberalismo, muy lejanos de la servil obediencia a una jerarquía católica ávida de privilegios y con escaso eco social.

Como gran fenómeno normalizador e integrador. Las fiestas del orgullo atraen a muchísima gente de todas clases, edades y procedencias que se lo pasan bien juntos y codo con codo con las personas LGTB. No hay mejor antídoto contra prejuicios e ideas preconcebidas que alternar con lo diverso y esto es algo que se consigue plenamente. La idea de que la exhibición de pluma y folclore en los desfiles es negativa creo que no tiene en cuenta el hecho de que el público distingue bastante bien entre espectáculo festivo y realidad cotidiana, los que se escandalizan de ciertos atuendos y actitudes lo hacen farisaicamente y desde posturas bien meditadas como ataque, en ningún caso se trata de espectadores inocentes.

Como una gran celebración cívica. Pocas fiestas en España tienen un origen laico, ciudadano y esencialmente festivo; la inmensa mayoría son de origen religioso, muchas de ellas francamente siniestras o crueles, casi todas localistas y reducidas a unos pocos actos oficiales. El orgullo se ha convertido en algo que ilumina toda la ciudad, que atrae muchos visitantes y que da fama y prestigio regularmente y sin grandes gastos públicos; las tontas polémicas sobre la basura que se genera y lo que cuesta limpiarla provienen siempre de los mismos que desearían que no se celebraran

¿Y quién desearía su supresión?... Los mismos de siempre, los que siguen diciendo que las personas LGTB lo son por elección propia, que llevan vidas inmorales, que son un mal ejemplo para todos, que corrompen menores y destruyen "la familia" (¿cuál?). Para estos grupos de dogmáticos fanáticos deberían ser invisibles, avergonzarse de su propia existencia y ser ignorados por todos los demás... en el mejor de los casos, porque en el peor desearían la criminalización y persecución que se usaba antiguamente y que aún se usa en otras partes del mundo.

Los demás pueden discutir detalles de la fiesta, pero sin dejar de reconocer su indudable importancia.