lunes, 24 de enero de 2022


RECHAZO AL CAMBIO


Estamos en un gran cambio de era, en una transición que está transformando la Tierra, la forma de vivir en ella, y que abre nuevos horizontes de exploración y colonización interplanetaria. El problema es que hay una gran número de humanos que no lo entienden, que no lo aprecian y que no lo aceptan. Conceptos políticos, religiosos y económicos están siendo también transformados y muchas de las ideas o razones aducidas en el pasado no tienen ahora sentido o cambian hasta hacerse irreconocibles.

Esta transición produce sobre todo miedo y en muchos casos rechazo, pero es que este rechazo es no querer reconocer la realidad, porque el tiempo y su evolución no se adaptan a doctrinas, creencias o deseos, son los humanos los que tienen que adaptarse a los inevitables cambios.

Justo por este rechazo, hay mucha gente que se deja llevar de supersticiones, ideas conspiranoicas y diferentes fábulas, que no hacen sino despistar y dar más miedo todavía, porque el problema de estas creencias es que parece que no se tiene control alguno sobre la evolución, lo que en parte es verdad, pero en parte también una exageración.

La diosa de la razón, Atenea o Minerva, según la nombremos en griego o en latín, no suele estar presente en estos grupos de gente que cree que hay una élite malvada que dirige todos los cambios, o que Hillary Clinton es una sacerdotisa de Satán, en cuya existencia creen por ser la encarnación del mal y el que lleva a todo lo que no gusta....aunque algunos sean ateos.

domingo, 26 de julio de 2020

EL ODIO QUE SE DISFRAZA DE "CRISTIANO"

En los últimos años tenemos en España una serie de organizaciones inspiradas en otras de Estados Unidos especialmente, que se denominan “cristianas” de una u otra manera, pero que a lo que se dedican es a fomentar el odio, es decir, a practicar el cristianismo de la Inquisición contra los acusados de herejes o contra los “judaizantes", de los que quemaban vivas a pobres mujeres acusándolas de brujería, o de los que expulsan demonios de personas que no tienen ninguno.
Los “abogados cristianos”, son una de estas organizaciones que no pierden ocasión de llevar a los tribunales a instituciones o particulares por cualquier causa, incluso la más nimia; la última la de denunciar la bandera del arco iris en un ayuntamiento, hazaña que va a salvar a la ciudad y al país de la corrupción y el contagio. Las afinidades de estas organizaciones con la ultraderecha y sus organizaciones políticas son evidentes y sus objetivos los mismos, es decir, la imposición de una armadura ferrea a la sociedad, en la que la diversidad racial y sexual permanezca oculta y se castigue más o menos atrabiliariamente cuando se vea.
El ideal de estos enemigos de los derechos humanos y de la verdadera libertad es la Rusia de Putin, la Turquía de Erdogan o la Polonia del presidente Duda, es decir, una vuelta a un pasado poco glorioso, opresivo e hipócrita, en el que lo que no se ve no existe, o se hace como si no existiera, para mantener unos “valores” teóricos que hacen caso omiso de la ciencia, que ha demostrado una y mil veces que la orientación sexual no se aprende, no se contagia y es incambiable, valores que para nada tienen en cuenta la felicidad individual y que van orientados a mantener el patriarcalismo más rancio, con las mujeres en teoría respetadas y en realidad sometidas.
Cristo fue muy criticado por los fariseos porque se sentaba a comer con prostitutas, con publicanos (agentes tributarios) y demás ralea detestada por las élites de su tiempo, pero él, que era en gran parte un revolucionario, no rechazaba a nadie y no se le oye predicar el odio más que contra el odio mismo. Resultaría cómico, si no fuera trágico, que muchos de los que dicen ser sus agentes ahora se comporten exactamente igual que los fariseos del evangelio.
¿Qué le puede importar a un ciudadano cualquiera que ondee la bandera del arco iris durante unos días? A no ser que odie, nada. Los no católicos, no cristianos o no creyentes tienen que soportar las siniestras procesiones kitsch de la Semana Santa con sus vírgenes llorosas y enjoyadas, y a nadie se le ha ocurrido llevarlas a los tribunales, cuando para no pocos ciertas devociones “cristianas" son realmente ofensivas.
Como siempre en la historia, los reaccionarios intentan volver a tiempos pintados como maravillosos que no fueron tales, como siempre en la historia, es una batalla perdida por múltiples razones, de las que la más importante en la actualidad es el despego progresivo de una gran parte de la población de la religión dogmática y autoritaria, tan lejana ella del “amor” que se dice la califica.

viernes, 14 de febrero de 2020

FALSO LIBERALISMO

Es curioso que los que se autodenominan liberales lo sean sobre todo en cuestiones económicas, pero no en lo que se refiere a la libertad individual. No hay partido de derechas que no se diga “liberal”, pero esto se hace siempre en contra de una izquierda a la que se tilda de dirigista e intervencionista en cuestiones económicas, además de acusarla de malgastadora, pero en cuanto se habla de establecer derechos de la persona la idea de libertad desaparece para ser sustituida por la imposición más clara.
Tiene mucho que ver que estos partidos a veces se denominan cristianos y siempre han tenido una relación con ideas dogmáticas, pero la izquierda en general, que también ha sido en ocasiones dogmática y autoritaria, ha aprendido que la libertad individual es algo valioso y respetable, entre otras cosas porque dar derechos no significa quitárselos a nadie ni, como hacen los contrarios, obligar a hacer cosas que no se desean.
Basta ver que el reflejo inmediato de todos los partidos conservadores ha sido oponerse a los derechos LGTBIQ, con argumentos especiosos de “decadencia”, “corrupción" y “degeneración”, que obviamente no se han materializado en nada, y negarse a una mínima información con “pines parentales” y otros instrumentos, con el fin de mantener una apariencia social monolítica en la que no cabe la diversidad natural real.
Resulta indignante que se acuse a la diversidad de ser artificial e inducida, cuando no hay nada más falso que la imagen social que se cultiva, aplastantemente binaria y extraordinariemante hipócrita, pero esto también tiene mucho que ver con los deseos de conservar el patriarcado, con menos derechos para las mujeres y ningún derecho para los “diversos”… pobres, porque los ricos siempre han podido hacer los que les ha venido en gana.
El automatismo se ha vuelto a producir con motivo de la presentación de la ley de eutanasia. una ley bastante timorata y llena de cautelas, con afirmaciones que lindan con el ridículo y claramente con la mala fe, como que se trata de “ahorrar en pensiones”, como si fuera mandado eliminar a las personas a partir de cierta edad, aunque a nadie se le va a obligar ahacer uso de la ley y más bien va a ser difícil y requerir mucha voluntad el poner fin con fecha a la propia vida.
Algo que tiene amplia aceptación social en una sociedad muy secularizada debe regularse de forma racional y no dependiente de creencias dogmáticas impuestas, esta vez sí, por la religión mayoritaria, aunque hoy día sólo la practica una minoría.
No puede llamarse liberal quien no acepta el libre albedrío de los demás, de modo que haremos bien en pensar que el liberalismo de estos señores se reduce a la conservación de sus privilegios económicos y sociales y poco más, es decir a su libertad particular, pero no a la de sus conciudadanos.
En cuanto a los argumentos eclesiásticos más vale no hablar, porque son completamente irracionales.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

OBSESIÓN ANTI

Los reaccionarios diversos siguen en España y en otros países dale que dale con las condenas a la diversidad sexual, intentando revertir derechos y procurando que lo diverso sea invisible, que es la mejor manera de demonizarlo. Quieren que el sexo esté obligatoriamente aliado a la reproducción y que la sociedad siga siendo machista, es decir, patriarcal, con las mujeres como seres de segunda clase, lo que sin duda creen que ennoblece a los machos que no tienen nada más para enorgullecerse que sus genitales.
Si exceptuamos a los malvados que propalan estas ideas para conseguir poder personal, los cretinos que las siguen o bien son machos frustrados, o ignorantes supinos o fanáticos de algún color, cuando no las tres cosas a un tiempo, porque el hecho es que la diversidad y su reconocimiento no amenazan a nadie, y que la igualdad de derechos sólo suma no resta, mientras que en un mundo superpoblado la reproducción porque sí es sólo una idea antigua, muy alejada de la verdadera necesidad de menor población, mejor educada y menos saqueadora de los recursos naturales.
Se siguen leyendo noticias sobre ataques de machos enfebrecidos a personas LGTB o que son percibidas como tales, sin que haya mediado ninguna provocación personal, lo que demuestra que, aparte de tontos y brutos, estos energúmenos siguen recibiendo la propaganda de iglesias y fascistas de diferente marca, que aún ven a la sociedad como era hace cien años o más, y que siguen sorprendiéndose de que haya “tantos” diversos, con la visibilidad actual, lo que les hace suponer que es algo que “está de moda” o a lo que se han convertido jóvenes incautos captados por homosexuales aviesos, porque no se creen que identidades y orientaciones sean innatas e incambiables, sino que las consideran “elecciones”, malas por supuesto, de perversos o descarriados.
La realidad es que cuando la ciencia ha dejado claro que las minorías sexuales son algo plenamente natural y no “contra natura”, como se decía antes, la vuelta atrás plena es imposible, lo que no quita que se pueda hacer sufrir mucho a muchas personas por la maldad de unos pocos y la ignorancia de muchos.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

LIBERALES INTOLERANTES

Es sorprendente la cantidad de tonterías que los extremistas chillan contra la diversidad sexual, cuando desde el punto de vista científico no hay duda de que es “natural”, es decir, que no se la ha inventado nadie para fastidiar, como parecen creer los republicanos en Estados Unidos, los fundamentalistas católicos y protestantes y los inenarrables miembros de Vox, que por ser locales y hablar en español resultan aún más irritantes.
Claro que, para estos señores y señoras, los derechos individuales han presentado siempre problemas y que, desaparecido en la práctica el sovietismo, puesto que Corea del Norte y Cuba no son más que fósiles, la izquierda en general ha aceptado la realidad, a veces con bastante dificultad, todo hay que decirlo, porque para los machos recalcitrantes de cualquier ideología y las hembras que los veneran, la idea de que un hombre pueda querer a otro es un insulto.
Hasta el Papa, con su cambio de actitud, ha advertido contra la mentalidad de odio, aunque poco puede hacer contra los innumerables obispos y párrocos que braman contra los diversos y siguen creyendo que homosexualidad y transexualidad son contagiosas y deben ocultarse, aunque luego sus costumbres privadas y bien ocultas dejen mucho que desear.
Por eso es tan oportuna la declaración de la AMA, asociación de médicos de los Estados Unidos, que recomienda la prohibición de las mentirosas y peligrosas “Terapias reparativas”, que nunca han cambiado la orientación de nadie, pero que si han llevado a muchos al suicidio después de sacarles sustanciosas cantidades de dinero.
Lo que siempre me sorprenderá, especialmente de los que abusan de la palabra “libertad” para discriminar e imponer sus prejuicios, es la evidente intolerancia que muchos supuestos liberales lucen contra la diversidad, que parece ser les irrita sobremanera, lo que desmiente su supuesto liberalismo, puesto que nada ni nadie los obliga a cambiar de orientación, identidad o gustos. ¿Por qué no pueden respetar lo que no les gusta o lo que no entienden?
La respuesta es que en realidad no son liberales más que para ciertos asuntos, especialmente económicos, pero no para el resto, puesto que tienen aún una visión del mundo y de la sociedad metidos en un patrón que ellos creen “eterno” e incambiable, aunque todo esté evolucionando aceleradamente y cada vez tenga menos sentido el modelo único en el que creen.

martes, 5 de noviembre de 2019

CON VISTAS A LAS ELECCIONES

He encontrado este artículo mío de 2016 que es bien actual ahora
.

En estos días de votaciones en toda Europa y en el mundo, no está de más recordar que es conveniente votar con la cabeza y no dejarse llevar por las emociones empujadas por eslóganes tan fáciles como engañosos.
No son elecciones sin importancia ni en Gran Bretaña, ni en España ni en los Estados Unidos, se trata más bien de momentos decisivos en los que se juegan muchas cosas básicas y, en tiempos de inflexión, desperdiciar el voto o utilizarlo negativamente se puede tildar de irresponsable.
Llamo voto negativo al que se lanza como piedra contra algo o alguien sin reparar en las consecuencias, como el que muchos ingleses se preparan a hacer contra una EU que les han hecho ver como el coco con mentiras o medias verdades, sin considerar los daños que hacen a su propio país o a la economía mundial, ni apreciar que una EU desestabilizada es un peligro general, pero muy especialmente para el Reino Unido.
Negativo es también optar por extremismos varios con ánimo iconoclasta: “elijamos al más exagerado para dar una bofetada a los que gobiernan”, “¡Que ven lo que es humillación!”…. Pero los votos vengativos pueden abrir la puerta a gobiernos que en realidad no se desean por bisoños, irresponsables o irracionales.
Es una pena que las campañas políticas de los partidos se basen más en despertar la emoción que la razón, pero una lectura cuidadosa de programas y de las críticas de los mismos puede dar una idea mucho más clara de lo que pretenden hacer los elegidos, aunque tampoco se ajusten nunca al 100% de lo programado.
Votar con la cabeza requiere a veces no hacerlo por lo que sería ideal, sino por lo que es más posible, porque los grandes cambios históricos nunca son repentinos sino que se producen más bien por pequeños incrementos que se suman. Un conocimiento superficial de la historia puede convencer de que una gran revolución supuso una transformación total, pero un conocimiento profundo revela que siempre tras las revoluciones hubo una larguísimo período de ajuste con numerosos retrocesos y considerables sacrificios, porque una sociedad compleja no puede dar un salto en el vacío sin pagar un alto precio por ello. Y esto cuando la revolución en cuestión triunfó de verdad aunque fuera parcialmente, porque ha habido otras que, como la soviética en Rusia, sólo trajeron sufrimiento y opresión para acabar en un caudillismo nacionalista sin libertades reales al que nadie envidia.
La democracia es un sistema delicado, lento y contradictorio, pero en eso residen justamente sus garantías y la base de las libertades de las que goza la mayoría, pretender “que ganen los míos” se puede, pero siempre que se sepa que “los otros” también van a estar allí, que no son eliminables, aplastables o despreciables… y que pueden ganar en otra elección más tarde.
En una democracia caben todos y los verdaderos demócratas saben que también tienen que defender y dejar su sitio a los grupos e ideas que no son de su agrado, porque lo contrario sólo lleva tarde o temprano a la tiranía.

lunes, 4 de noviembre de 2019

NO HAY QUE CREERSE LAS RAZONES DE LOS QUE ODIAN

Una de las cosas con las que hay que lidiar ahora es con el hecho de que   muchos odiadores no quieren aparecer como tales, y protestan inocencia cuando se los acusa, aunque esté muy claro que detestan virulentamente a gente de otras razas, otras orientaciones sexuales u otras tendencias políticas. Así los de VOX dicen no tener nada contra los homosexuales, pero dicen también que “no deben publicar su orientación”, que esto es algo privado que nadie tiene porqué saberlo, lo que significa que ellos creen que está mal, muy mal, que es un defecto a esconder, porque la sociedad es sólo de una manera determinada, que es, por supuesto, la que ellos dicen.
Como esta gente también está en contra del matrimonio igualitario, de las marchas del orgullo y de las mujeres en general, no sé a quien pretenden engañar, puesto que lo que quieren de verdad es que todo el mundo vuelva al armario, que lo que se salga del catecismo no se vea, o aparezca como algo monstruoso y anormal, que los adolescentes que se reconozcan diferentes se avergüencen de sí mismos y se encuentren tan a disgusto que se suiciden, con lo que su “perfecta” sociedad no pierde nada, ya que son gente que no vale nada, en comparación con los machos que cazan, juegan al fútbol, van a los toros y violan mujeres igualmente sin valor, puesto que ya se sabe que una fémina que aduce violación es una embustera sinvergüenza que no ha resistido bastante, por o decir nada de las que pretextan malos tratos, cuando si el marido les da bofetadas es porque seguramente se lo merecen, sin entender que la mujer está para servir al hombre y permanecer calladita, como se les recomienda en todas las sagradas escrituras de religiones varias desde que el mundo es mundo.
No hay que hacer caso de las protestas de inocencia de semejantes individuos y grupos; cuando se manifiestan en contra de los inmigrantes es porque los odian, no por otra razón. Los odian porque son más oscuros de piel, o porque son musulmanes o porque son pobres.
Se ve en Francia, con la ridícula polémica que resurge periódicamente sobre las mujeres que llevan velo. Que se trate de un país laico no quiere decir que la gente no pueda llevar signos de su religión o de sus costumbres, puesto que no se le imponen a nadie; que haya ciertas normas sobre no llevar la cara cubierta en sitios públicos no quiere decir que no se pueda llevar el pelo tapado.
En realidad estamos ante el odio que se siente por musulmanes a los que una buena parte de la población no considera franceses, aunque fueron ellos los que los trajeron a trabajar, pensando que siempre se quedarían como semi-esclavos a los que se podría manejar o incluso expulsar.
No nos engañemos: los que odian no pueden disimularlo y jamas debemos hacer caso de sus protestas de inocencia, ni aceptar sus excusas, porque nadie los malentiende sino que está muy claro lo que realmente quieren, es decir, expulsar, maltratar o denigrar a ciertas minorías, sólo eso.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

EDADISMO ESTÚPIDO

La obsesión de muchos políticos españoles de todos los partidos, jaleados por una tanda de periodistas y tertulianos más o menos irresponsables o ignorantes, es la de dar toda clase de ventajas a la juventud en abstracto, voceando e inflando constantemente las altas cifras de paro juvenil y propugnado toda clase de medidas, incentivos y desgravaciones fiscales para que los jóvenes encuentren empleo, pero sin analizar las causas profundas de un paro estructural, siempre elevado, que se agudiza en tiempos de crisis y que tenderá a hacerse peor en el futuro super-técnico que se avecina.
Esta obsesión subraya un problema olvidando otro: el de las muchas personas mayores de 45 años que han perdido un empleo y que no son de fácil colocación, pero para las que no se dan facilidades ni incentivos de ninguna clase y que parecen no existir para los “preocupados” comentaristas y gurús que se rasgan las vestiduras. Es como si ya hubieran tenido su oportunidad y la hubieran perdido, sin que a nadie le importen las consecuencias.
Las causas del desempleo en España y concretamente del juvenil son complejas, pero uno de sus principales factores es la deficiente formación, con lo que no quiero decir hoy día analfabetismo absoluto, pero sí algo que se le aproxima en el casi 30% de alumnos que no terminan la ESO y que son los más castigados por el paro. Junto a ellos hay un número considerable de otros chicos que estudiaron más, pero cuyas habilidades no tienen simplemente demanda; muchos sociólogos, historiadores o licenciados en políticas han salido de las múltiples universidades creadas en todas las ciudades de alguna importancia, para encontrarse que su salida son unas reñidas oposiciones a escasos puestos administrativos o trabajar de cualquier otra cosa.
Hay que decir que estos licenciados tienen, sin embargo, la oportunidad de estudiar más y seguir formándose para adaptarse a otros puestos y que muchos lo hacen, mientras que los que se aproximan al analfabetismo no la tienen por falta de ambición y costumbre.
La emigración es otra posibilidad, pero la posibilidad de hacerlo es más reducida de lo que la gente piensa, despistado el público nuevamente por las grandes proclamas y los siniestros titulares de periódicos. Hoy día, la emigración tipo años 60 de trabajadores españoles a fábricas del extranjero es prácticamente nula, porque no hay demanda, excepto de personal para restaurantes en algunos países; hay alguna demanda de personal sanitario bien formado, y mucha demanda de ingenieros y técnicos, pero estas dos categorías tienen también mucha más posibilidad de encontrar trabajo en España y las anécdotas que se cuentan de desempleo entre sus filas suelen ser de casos individuales o están bastante exageradas en cuanto al número.
El paro juvenil resistente es sobre todo el de los chicos mal formados o con una formación desajustada a la demanda en un mundo cada vez más técnico, en el que los sectores que necesitan mucha mano de obra necesitan cada vez menos.
Las soluciones no son ni fáciles ni a corto plazo, pero tienen mucho que ver con tomarse en serio la educación y formación práctica de todos, incluyendo los más desfavorecidos, y no discutir sobre el sexo de los ángeles y la religión en la escuela, por ejemplo.
¿Y los mayores? porque en ellos no se piensa, cuando muchos tienen experiencia acumulada y también son capaces de aprender…¿o se cree que a partir de los 45 años se tienen obstáculos insalvables? La formación continua es una de las condiciones del mundo presente y muchos mayores pueden aprender, menos impedidos por hormonas y calores juveniles, lo que se les quiera enseñar.
En vez de esto se plantean estupideces como la “jubilación obligatoria” a toda costa y a una edad fija, como si la salida del trabajo de unos fuera a dejar la puerta abierta a otros, lo que no tiene porqué ser así en ningún caso, además de privar a la empresa u organismo de personas con conocimientos y experiencia y cargar aún más los gastos de pensiones que más pronto que tarde van a ser impagables, porque ¡ay! Resulta que cada vez hay más personas mayores y menos jóvenes, y la solución no es fomentar familias numerosas en un mundo superpoblado, sino plantearse seriamente nuevos equilibrios socioeconómicos.
Mientras tanto dar gritos, mesarse los cabellos y hacer juvenil-populismo ni arregla problemas ni posiblemente da votos, porque los mayores también votan más.

domingo, 2 de septiembre de 2018

PURITANISMOS INÚTILES

Hay temas que molestan mucho a una cierta progresía autoritaria con tendencias puritanas selectivas y que, por tanto, o no se discuten o se discuten mal porque se parte de bases viciadas. En estos momentos son especialmente dos: la prostitución y la gestación subrogada. Las dos tienen una fuerte carga emocional y las dos afectan a un cierto tipo de feminismo que prefiere la utopía a la realidad.
El que se haya formado un sindicato de trabajadoras y trabajadores del sexo en Barcelona, que haya sido aprobado por la administración y que esto haya hecho sonar las alarmas de la misma administración y de la ministra del ramo, cuando se dieron cuenta de lo que habían aprobado, ha traído a primer plano una discusión que generalmente se rehuye y ha dejado claras las posiciones de unos y de otros.
Se trata esencialmente de proteger a una profesión generalmente desprotegida y abandonada a su suerte en el limbo administrativo de algo que no está ni prohibido ni legalizado, pero eso ha despertado la furia de una especie de feministas que sólo ven la prostitución como explotación (e insulto) y que piden su completa erradicación.
Vayan por delante dos postulados: la prostitución se presta a la explotación y trata de mujeres, de eso no hay duda… Pero, la prostitución es imposible de erradicar, de eso tampoco hay duda. Una prohibición absoluta con persecución de profesionales, clientes e intermediarios tendría como resultado el mismo juego del raton y el gato que sigue pasando con las drogas ilegales, que se consumen a toneladas, llenan las cárceles de los desgraciados que tratan con ellas en el último escalón y suponen un pingüe negocio para mafias diversas y corruptos varios.
Los amigos de la prohibición o prohibiciones nunca aprenden la lección de la Ley Seca de los Estados Unidos, que duró de 1920 a 1933. y causó uno de los más grandes florecimientos del crimen organizado de la historia, sin resolver el problema del alcoholismo que había sido su pretexto. Los prohibicionistas prefieren ignorar siempre una realidad aplastante: si hay demanda habrá oferta.
Los prohibicionistas aducen que la regulación, allí donde se ha hecho, no acaba con la explotación, y seguramente tienen razón, pero si la regulación sirve para disminuirla y permite a muchas mujeres y algunos hombres ganarse la vida y tener una cierta seguridad es sin duda mejor que la prohibición.
Muchas personas no son conscientes que en estos temas, en los que se mezclan problemas morales, emocionales y sociales, hay más visceralismo y menos racionalidad de lo que parece. Algunos y algunas aplican un puritanismo selectivo a lo que les parece una humillación sin límites de los que prestan el servicio y un delito de los seres  que ellos y ellas consideran repugnantes que lo demandan, con lo que hacen lo que todos los puritanos, despreciar en el fondo a Tirios y Troyanos y sentirse superiores por estar radicalmente en contra de algo a lo que tildan de mal absoluto.
Que la regulación de algo como la prostitución es complicada no me cabe duda, como tampoco de que será siempre imperfecta, pero si es tan imposible de erradicar como el gusto por el alcohol, haremos bien en tratar el asunto sin prejuicios y con la idea clara de que si ayudamos al 50%, ya estaremos haciendo algo mejor que crear una nueva Ley Seca del sexo, que sin duda fracasará como todas las que han sido y serán.

lunes, 27 de agosto de 2018

LLÉVENLOS AL PSIQUIATRA

Cuando uno está avergonzado, a veces no se sabe qué decir, de modo que se balbucean excusas mezcladas con lo primero que a uno se le ocurre distraer la atención de algún modo, pero a menudo se dicen tonterías no demasiado meditadas, llevado por el apuro de estar expuesto a la vergüenza.
Supongo que eso es lo que le ha pasado al Papa Francisco, después de la humillación sufrida en Irlanda, país antes tan católico y ahora tan crítico con el catolicismo romano, especialmente después del nuevo escándalo de Pennsylvania, porque no de otra forma se puede entender que haya recomendado a los padres que, si tienen hijos pequeños y detectan tendencias homosexuales, “harían bien en llevarlos al psiquiatra”.
Soy de los que cree que Francisco tiene sólo otra actitud más respetuosa con la diferencia, pero no un deseo auténtico de reformar teología y dogmas, que siguen siendo los mismos e impidiendo cualquier evolución positiva de su Iglesia, pero una tal recomendación no deja de ser un claro paso atrás incluso en la actitud, porque si considera que la homosexualidad es una enfermedad, va en contra de todo el consenso científico actual y, si lo que pretende es aconsejar alguna clase de “terapia de conversión”, esta proponiendo algo claramente inútil y nocivo.
Creo que es más lo primero que lo segundo, pero esto sólo demuestra la imposibilidad que tiene la Iglesia Romana de aceptar el sexo en general como algo positivo, con las consecuencias que se derivan para su esquizofrénico código moral, cada vez más separado de la sociedad, el conocimiento y el mero sentido común.
¿Quién debería ir al psiquiatra? No creo que los niños pequeños todavía inocentes, aunque tengan una orientación no concorde con el dogma oficial, pero sí muchos de los clérigos y jerarcas que siguen propalando doctrinas morales que sólo culpabilizan, excluyen y condenan por seguir los instintos más naturales, negando a sus víctimas la capacidad de amar y ser amados y condenando a sus ministros a la neurosis por privación, cuando no a la pedofilia por desesperación.
Entre moral imposible y machismo arraigado, la Iglesia Romana se queda hoy sin sacerdotes, sin fieles y sin prestigio en una decadencia imparable en sus antiguos territorios de base. Esto no siempre es bueno, como se ve por la conquista de América Latina por evángelicos fanáticos, pero podría revertirse en parte si se suprimiera el absurdo celibato y se abriera el camino a las mujeres en el sacerdocio.
También, y aunque suene a herejía, si se reconociera que el amor entre personas del mismo sexo no es “desordenado”, puede ser moral y va de acuerdo con la naturaleza, como demuestran la ciencia y el sentido común. Pero para esto lo primero es desmontar el castillo de prejuicios que convierten el placer físico en algo malo, menos cuando es reproductivo, negando la verdadera naturaleza humana, que no se hace mejor ni más elevada por la privación constante y absoluta, sino por la administración consecuente de lo que es un regalo más de la naturaleza (¿Dios?).

jueves, 16 de agosto de 2018

AL DELITO POR LA OBSESIÓN

Siempre he considerado que el monopolio moral que se arroga la Iglesia Católica se basaba en presupuestos más que dudosos: las Sagradas Escrituras son documentos provenientes de hace miles de años y de una sociedad o sociedades muy distintas de las nuestras, pero, además, la interpretación que se ha hecho de los supuestos mandatos divinos desde hace dos milenios ha tenido menos que ver con la ética que con la autoridad de la jerarquía, la reacción ante diversos fenómenos y la voluntad de mantener una autoridad omnímoda e indiscutible en las sociedades civiles en las que podía hacerlo.
Esta Iglesia no es la única en predicar unas normas sexuales de casi imposible cumplimiento, pero se ha distinguido siempre por una fijación obsesiva con el sexto mandamiento, retorcido hasta los límites de la razón en un ejercicio que tiene más que ver con una cierta patología anti-sexual que con la inexistente “ley natural” que se pretexta para prohibir toda actividad sexual no reproductiva y mantener a los fieles en constante estado de pecado con necesidad de confesarse, ser perdonados y autodespreciarse por su debilidad, lo que los hace más dóciles y maleables, si no se rebelan.
Que los mismos clérigos que tanto reprimen hayan caído en inconfesables y graves abusos a personas indefensas como niños y adolescentes, sólo es noticia porque ahora se sabe lo que durante siglos se ha hecho a escondidas o no tanto, porque en épocas sin derechos nadie se atrevía a protestar y mucho menos a llevar a los tribunales a hombres privilegiados. Pero es sólo la consecuencia lógica de una falsa moral que ensalza la negación de un poderoso instinto como virtud y no lo pone sólo como ideal, sino que obliga a su represión desde el primer momento.
Sólo desde el pensamiento mágico y acientífico se puede creer que la virginidad o la castidad son virtudes por sí mismas, que hacen mejores a las personas y que el creador que ha puesto allí la pulsión lo haya hecho para torturar a sus criaturas.
La idea de que el sexo sólo y exclusivamente debe ir orientado a la reproducción y dentro de un matrimonio perfectamente monógamo e indisoluble no tiene, desde luego, nada que ver con “ley natural” alguna y sí mucho con las regulaciones de las que la jerarquía se ha valido para mantener su control social. Pero el reducirlo a semejante caricatura castiga a los propios clérigos que lo propalan a caer constantemente en el “vicio” y no con parejas lógicas, sino con los seres más desvalidos que tienen delante.
El sexo en los animales superiores, y el ser humano tiene muchas más funciones que las reproductivas y es un medio indispensable para el amor y la compañía, al negarlo, reprimirlo y culpabilizarlo se convierte algo bello en delito y, al no poder renunciar a él, se pasa fácilmente de casto a violador.
La Iglesia debe pasar por muchas revoluciones si quiere subsistir en el próximo milenio y la sexual puede que sea la más importante.

domingo, 1 de julio de 2018

A VUELTAS CON EL ORGULLO

Todos los años al llegar estas fechas se levantan los mismos fantasmas, en una celebración que se ha hecho tan grande que da lugar a facciones y divisiones, lo que no es indicio de debilidad sino de la importancia alcanzada.
Recuerdo haber desfilado hace cuarenta años en la primera manifestación en Madrid en pro de los derechos LGTB+ por la Avenida de Menéndez Pelayo, un lugar decidido entonces por las autoridades que ni se imaginaban que pudiera pasar por algún sitio más céntrico. Éramos muchos para la época, pero teníamos miedo, tanto de posibles ataques de la ultraderecha, como de ser fotografiados y demasiado visibles cuando aún podíamos recibir represalias en nuestros trabajos.
También, aunque a muchos les cueste reconocerlo, los partidos políticos de entonces no lo tenían tan claro. Por supuesto que AP, madre del PP, lo tenía clarísimo en contra, pero en la izquierda del PCE o del PSP o del PSOE tampoco había unanimidad a favor; Tierno Galván, por ejemplo, era bien homófobo, y los derechos LGTB+ no despertaban excesiva simpatía en una izquierda aún impregnada de la idea de que se podía hasta tratar de un “vicio burgués”, porque, por supuesto, en una sociedad justa y perfecta no debería haber “desvíos”. Pasarían todavía algunos años hasta que se estableciera un mayor respeto y se difundieran ideas más ilustradas.
Cuarenta años más tarde vivimos realmente en otro mundo: la batalla cultural está ganada, aunque siga habiendo resistencias eclesiásticas y ultraconservadoras, pero biología, psicología y sociología han dejado claro que las minorías sexuales son un hecho, que lo han sido siempre y que no tienen nada que ver con vicios, maldades o conspiraciones. Las leyes han evolucionado para adaptarse a las diferencias y el armario es una elección, no una necesidad. La igualdad real es otra cosa, sin embargo, pero se van consiguiendo triunfos paso a paso y hay que ser optimista al respecto.
Que el orgullo se haya convertido en una celebración masiva, sin duda la más importante de todo el año en Madrid, por ejemplo, es otro indicio de la aceptación de la sociedad, de la laicización de la misma y de la  creatividad y simpatía de nuestro colectivo, pero parece ser que esto es algo que molesta a algunos, en ciertos casos porque se quieren celebrar orgullos pequeños en los barrios y en otros porque desde una óptica estrecha se ve como “comercial” o “típico de la clase alta y media”.
Sinceramente no comprendo que la comercialización sea un problema si ayuda a la normalización y aceptación generales, y aún comprendo menos que se hable de clases sociales cuando nadie es discriminado ni como participante ni como espectador. Me parece más bien que estamos ante la típica reacción anti, en este caso anti-sistema, porque desde ciertos puntos de vista tirando a los extremos, hay que ser anticapitalista, anti-establisment, y un poco anti todo, como si el éxito en sí mismo fuera sospechoso.
En un país libre pueden coexistir orgullos críticos, de barrio y masivos, afortunadamente, pero que nadie piense que existe una ortodoxia a imponer, que hay que acabar con la celebración fiestera e imponer una bien austera, seria y procesional, el orgullo es también alegría y fiesta y eso debe seguir siendo.

domingo, 17 de junio de 2018

FALSOS AMIGOS

Al aprender idiomas los profesores siempre avisan sobre la importancia de distinguir a los falsos amigos, es decir a palabras que pueden sonar igual o provenir de la misma raíz, pero que han adquirido significados diferentes y con las que hay que tener cuidado al hablar. Lo mismo sucede en la vida y la sociedad con personas a las que todo debería hacer afines a nosotros, pero que resultan ser lo contrario de lo que se supone en teoría: adversarios, indiferentes o claramente enemigos.
Ya me he referido en estas entregas al “síndrome Lagerfeld”, es decir a la actitud de ciertas personas LGTB a despreciar a otros congéneres por pobres, militantes o no de su gusto, además de aliarse con el bando contrario a los derechos LGTB, que ellos interpretan más bien como privilegio propio y no generalizable. Podríamos seguir definiendo muchos más síndromes patológicos identificables en una gran variedad de individuos egoistas, insolidarios, reprimidos o permanentemente asustados, pero haría falta un grueso volumen para semejante taxonomía.
Sin llamarlo síndrome, hay una tendencia en las personas de edad, es decir, las que nacieron hasta los años 60 aproximadamente, a reaccionar en contra de personas, situaciones o derechos que les parecen mal por un sinnúmero de confusas razones aparentes, pero en realidad por una única causa: la visibilidad y, peor aún, cuando a la visibilidad acompaña la normalización, es decir, una cierta asimilación a la mayoría.
Pudo comprobarse esto cuando se reclamaba el matrimonio igualitario y se atacaba este tanto desde ingenuas posiciones revolucionarias utópicas como retrógrado, burgués, “copia de los heterosexuales”, etc., como desde el más viejo conservadurismo que solo veía posible una familia modelo de papá, mamá, parejita de niños y perro. A estas posturas se sumaba una con apariencia de modernidad, pero realmente  muy antigua, la de los gais que separaban su vida claramente en dos mitades: la sexual y la otra.
Estos individuos no se distinguían de la mayoría durante el día, no hablaban de su “vida privada”, odiaban la pluma y criticaban los desfiles del orgullo, mientras que por la noche frecuentaban clubs de alterne gay, compraban sexo y hasta se permitían una cierta confraternización con otros gais. Puede que por genética, pero más probablemente por homofobia interiorizada, la sola idea del amor entre dos hombres (no tanto entre dos mujeres) les parecía ridícula a la luz de su machismo. De aquí la “risa” que le entraba al Sr. Alvaro Pombo, por ejemplo, al oír hablar de matrimonio igualitario.
Hay pioneros gais del pasado, como André Gide, que tenían una actitud similar, pero a ellos hay que comprenderlos en su época, mientras que a los actuales no se les debe excusar las bombas de profundidad que a veces lanzan contra los derechos LGTB, más peligrosas por ser ellos mismos parte de la minoría. Es mejor que permanezcan callados y recogidos en su particular doble vida, en su negación del amor y en su particular fantasía: que a ellos los respetan más por más afines a la gente “respetable”, ignorando voluntariamente que esto está solo en su imaginación porque, a pesar del odio, la valentía siempre impresiona más que la vergüenza.

miércoles, 28 de marzo de 2018

LA EDAD NO ES UNA ENFERMEDAD

A estas alturas, y cuando tanto se ha luchado por suprimir discriminaciones diversas, resulta sorprendente que aún permanezcan en disposiciones legales o meramente administrativas un sinnúmero de normas que plantan obstáculos impasables por motivos de edad. Puede ser un límite arbitrario para presentarse a oposiciones, la obligatoriedad de jubilarse (sin júbilo) en cuanto se cumplen unos años, la exclusión de determinados tratamientos por vejez, etc. Nunca se criticará bastante esta peculiar ceguera legal y administrativa que introduce una rigidez más en una sociedad no exenta de ellas, una dificultad más que contribuye no poco a la infelicidad colectiva.
Estas medidas pueden haber sido pensadas en su momento bien para proteger intereses corporativos, bien porque en tiempos de mucha menor expectativa de vida y peor salud general se vieran como favorables, pero hoy resultan simplemente discriminatorias sin grandes razones que las justifiquen.
Resulta que mientras la vida y la salud se alargan de forma espectacular, la edad parece ser tratada como una enfermedad indeseable e incurable. Esto no deja de ser una absurda contradicción, cuando se dice al mismo tiempo que la demografía pone en peligro los sistemas tradicionales de pensiones y que no es justo cargar sobre las espaldas de los jóvenes el mantenimiento de jubilados que pueden durar hasta cuatro décadas.
También se suele traer a colación el elevado paro juvenil como excusa para obligar a los mayores a dejar su trabajo, sin consideración por la pensión que puedan alcanzar, pero estamos, de nuevo, ante otra falacia. El paro juvenil es más elevado de lo que debiera, pero no se debe en absoluto a los puestos que ocupan los obligados a retirarse. En estos momentos obedece a una serie de causas concomitantes: escasa formación de una parte importante de la juventud en medio de un cambio total de paradigma que exige buena educación técnica, desempleo estructural en países como España, por falta de puestos de trabajo de baja cualificación e intermedios, sobreabundancia de titulados en ciertas carreras que nunca encontrarán trabajo en su especialidad etc. 
No se trata, como dicen algunos, de una ruptura del pacto social entre generaciones, sino de una considerable transformación de los medios de producción, anticuados sistemas educativos y la readaptación social a las aceleradas transformaciones de la economía. Cierto que nada de esto tiene una fácil solución, pero pretender arreglarlo creando más jubilados es como intentar tapar una vía de agua con una rejilla, es decir, de modo absurdo.
Podría empezarse por eliminar la jubilación obligatoria, por ejemplo, pero habría que continuar eliminando todos los obstáculos artificiales a oposiciones y en general haciendo que la edad no sea una condición oficial para nada, como no lo es el sexo, la raza o cualquier otra característica. Sabemos que habrá personas y entidades que intentarán seguir discriminando por estas causas, pero lo peor es cuando pueden hacerlo legalmente como ahora.
La edad no es enfermedad, es sólo una característica más y en la mayor parte de los casos positiva, no negativa. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

EL SÍNDROME LAGERFELD-GABBANA

Ya he hablado en post anteriores del Sr. Lagerfeld y sus salidas de tono con respecto a los gais y su movimiento, también de los señores Dolce y Gabbana, de opiniones parecidas. ¿Como? se pregunta uno, ¿pueden hablar individuos claramente homosexuales contra otros que también lo son y se dedican a defender los derechos de todos?
La respuesta es que están aquejados de un curioso síndrome psicológico que merecería pasar a los manuales de la especialidad, así como a los de sociología. ¿En qué consiste el síndrome? Lo definimos en pocas palabras:
Homofobia interiorizada que hace ver la propia orientación sexual como privilegio y la de los demás como defecto que debe ocultarse o criticarse por demasiado visible, ordinario o no ajustable a los patrones sociales conservadores aprobados por la mayoría política y religiosa.
Este síndrome suele atacar a personajes como los que le dan nombre, es decir a homosexuales triunfadores, orgullosos, ricos y famosos que viven en su torre de marfil, muy lejos de las necesidades y preocupaciones del vulgo.
Para el Sr. Gabbana es irritante que lo etiqueten de gay, puesto que él es ante todo un hombre, como si no lo fueran todos los demás que también son etiquetados quieran o no. Para el Sr. Lagerfeld es igualmente irritante y ambos coinciden en denostar cualquier movimiento pro igualdad de derechos puesto que ellos ya los tienen y no necesitan más, porque su riqueza los aísla y los pone en una élite social en la que estas pequeñas diferencias carecen de interés.
Efecto secundario no menos importante del síndrome es la idea de que belleza, apariencia y estatus están por encima de cualquier otra consideración, lo que hace decir al Sr. Lagerfeld que el amor es más o menos una tontería para pobres, ya que él puede pagarse a los guapos que desee, mientras que la masa debe contentarse con la pornografía. No sé lo que piensa el Sr. Gabbana, pero rodeado como está de modelos de lujo, es lógico que pueda satisfacer sus necesidades sin las trabas que dan los sentimientos.
Lo más deletéreo del síndrome es que, por ser afirmaciones que provienen de homosexuales, cargan las armas de la reaccion (a la que ellos mismos pertenecen) con falsas razones que parecen más sólidas por venir de quien vienen.
Lo más irritante para los homosexuales mentalmente sanos es que estos personajillos se aprovechan de la normalización y la tolerancia conseguidas por otros para que su “defecto” no se vea como se hubiera visto hace unos pocos decenios, lo que sin duda beneficia sus negocios y su vida personal, sin las consecuencias que hubiera tenido en el pasado. Es decir, que el síndrome puede también reducirse a egoísmo extremo y clasista

domingo, 8 de octubre de 2017

IDENTIDADES

En estos tiempos confusos en los que muchas personas pierden puntos de referencia conocidos, hay quienes gustan de refugiarse en el nacionalismo, especialmente en el nacionalismo identitario y, cuando se critica esta actitud, se defienden con una sinrazón que parece razonable, pero que no lo es: “tenemos derecho a nuestra identidad”, para a continuación añadir que ésta está amenazada y que por ello deben hacerse independientes o expulsar a los que de alguna manera no son como ellos…. si no se adaptan absolutamente a los moldes identitarios predefinidos.
El problema ético y político es que confunden voluntariamente identidad individual e identidad colectiva y que encierran a la segunda en unos límites exactos y obligatorios. La identidad individual es hasta cierto punto electiva; no se es libre realmente para elegir dónde se nace, en qué familia y qué educación laica o religiosa se recibe. Tampoco se es realmente libre para elegir una orientación sexual, por ejemplo, pero origen étnico y lingüístico, genético y educativo se mezclan en cada individuo y éste puede optar por resaltar más unos aspectos que otros e identificarse más o menos con lo que le viene dado y lo que él mismo se construye a lo largo del tiempo.
En este sentido la identidad individual es libre y no es tampoco extraño que haya individuos que adopten varias identidades simultánea o sucesivamente. Familia y sociedad han tendido a imponer a todos modelos precisos con los que identificarse para ser aceptado, bien visto y adquirir buena reputación, pero los individuos siempre han sido y son variados y hasta bajo tiranías muy extremas han podido lucir identidades varias o refugiarse en ellas para no ser aplastados.
La identidad colectiva, en cambio, es más bien difusa cuando no es obligatoria y se ve como conjunto de características hasta cierto punto variables, pero si se eleva a doctrina y fetiche se transforma en una armadura artificial que no sólo intenta ahogar la identidad individual, sino acabar con cualquier posibilidad de elección personal. Las identidades colectivas obligatorias no son compatibles ni con la libertad ni con la democracia, aunque a veces se pretexten ambas para presuntas “liberaciones nacionales” que no son tales.
Toda tiranía se basa en estas identidades cerradas y predefinidas por los popes que las han creado y que se erigen en sus administradores, puede ser la “raza aria”, los “verdaderos finlandeses”, los “auténticos proletarios” o cualquier otra abstracción semejante que hace tabula rasa de la mezcla, la variedad y la opción individual. En algunos casos se subraya la raza, en otros la religión, en otros la lengua, generalmente se mezcla más de un elemento, pero siempre se ponen unos límites muy claros a lo que “no es” la identidad deseada, en todos los casos opuesta a uno o varios “enemigos” a los que también se identifica identitariamente por lo contrario: “no tienen nuestra religión”, “no son de nuestra raza”, “no hablan nuestra lengua”, al tiempo que la característica propia preferida, la lengua, por ejemplo, se eleva a la categoría de fetiche absoluto, símbolo sagrado y no discutible de la identidad obligatoria.
Las identidades colectivas convertidas en obligatorias son siempre exclusionarias y tienden a ser asesinas, no sólo de la libertad individual , sino del ser humano completo: un “puro musulmán” del ISIS no tendrá empacho en masacrar supuestos infieles apoyado en su pura identidad, aunque los asesinados sean tan musulmanes como él. No hay que fiarse ni un poco de los que no usan en principio policías y guillotinas, porque a lo mínimo que aspiran es a callar a todos los que no son como ellos y a lo máximo a la eliminación de los mismos tal vez geográfica, echándolos del territorio sagrado, tal vez física mediante métodos más drásticos.
Otra característica del identitarismo colectivista es que nunca ha estado ni estará abierto al diálogo, puesto que una fe dogmática no puede aceptar la herejía. Puede ponerse como ejemplo histórico la conferencia de Munich en 1938, en la que Hitler se burló de las democracias occidentales y ganó tiempo para la agresión un año más tarde. A estos señores hay que enfrentarlos constantemente a sus mentiras, exageraciones y tergiversaciones con datos, oponerse a ellos con la misma fuerza que ellos emplean y, si acceden a sentarse a una mesa, será con las condiciones del interlocutor, porque cualquier concesión será interpretada como debilidad ajena y victoria propia, un peldaño más en la consecución del infernal paraíso al que aspiran.

miércoles, 23 de agosto de 2017

LOS VALORES DE LA RESERVA

Todos sabemos que cuando sucede una tragedia inmediatamente saltan los que se quieren aprovechar de ella para darse la razón, jalearse mutuamente y aportar un granito de arena a su programa. Un ataque terrorista como el de Barcelona, que no es el primero ni será el último, merece sin duda ser analizado en sus causas y objetivos, pero hay que soportar que ex ministros, párrocos y otros seres indefinidos, pero no precisamente santos, salgan a la palestra a simplificar burdamente el problema y echar las culpas a quien no las tiene.
Coinciden sus toscos pronunciamientos con los de los obispos católicos australianos, en un momento en que se avanza mal que bien hacia el matrimonio igualitario en nuestros antípodas y resurgen los viejos y manidos tópicos utilizados en contra.
Se trata de descalificar el progreso social, la extensión de derechos  y la diversidad en general, siempre tabú para los inmovilistas, presentando una imagen negativa de las sociedades libres y adoptando una visión “moralista” de la historia, que simplifica hechos complejos y los sustituye con explicaciones facilonas del estilo “el Imperio Romano decayó por la degeneración de las costumbres”. Deducción que ataca lo que dice defender, puesto que en teoría la moral romana había mejorado mucho desde que el Imperio se hizo cristianísimo a partir del siglo IV.
Las dictaduras del siglo XX en Alemania, Italia y España hicieron mucho énfasis en una “regeneración moral” para defender valores supuestamente eternos, que no les impidió cometer crímenes horribles y excusar una considerable corrupción dentro de sí mismas. Diferentes traducciones de la “reserva espiritual de occidente”, versión española, se vendieron en la Francia de Vichy (Travail, Famille, Patrie) y en otros muchos lugares para amparar y fomentar el conservadurismo social más estrecho, que incluía sexismo, clasismo, racismo, antisemitismo y machismo, y no incluyo la homofobia en la lista porque se deriva de lo anterior y a aquellos señores ni les hubiera entrado en la cabeza el concepto.
Es relativamente fácil atacar una sociedad libre y al amparo de la libertad es también fácil criticarla y denostarla como débil, enferma o degenerada, pero el ideal que se esgrime es siempre tramposo, falso y estereotipado, porque la sociedad de hace cincuenta años era más injusta, más desigual, menos libre y muchísimo más hipócrita. Es sencillo y siempre interesado presentar una postal coloreada a gusto del que la blande, para concluir que el feminismo y los  derechos LGTBI, entre otras cosas, han “debilitado” Europa, y que ésta es una de las causas de los ataques de los yihadistas, sin citar la desunión política, los problemas económicos, los militares y un largo etcétera.
La libertad siempre molesta a los fanáticos, pero es paradójicamente una de las fortalezas de las sociedades avanzadas; basta observar el número de los que querrían vivir en Europa o en los Estados Unidos, incluso con Trump, y los contados individuos que desearían emigrar a Arabia Saudita o a Cuba, por poner dos ejemplos.
Las sociedades no son más débiles por dar mayores derechos a los que las componen, al revés de lo que les gustaría a los autoritarios se hacen infinitamente más humanas y mucho más atractivas.  

jueves, 17 de agosto de 2017

TURISMOFOBIA Y NACIONALISMO

Si alguien tuviera alguna duda sobre la naturaleza intrínsecamente reaccionaria del nacionalismo identitario, las violentas acciones de sus más estultos representantes contra autobuses y visitantes deberían descorrer el último velo de sus ojos, si no se es tan sectario y fanático como ellos. Es normal plantearse qué modelo turístico se busca y cómo limitar los efectos secundarios indeseados en algunos lugares concretos, pero no lo es clamar por limitaciones sin plan alguno o emprender acciones violentas contra cosas y personas.
No nos engañemos, los pretextos ecologistas y populistas que se blanden son en gran parte incoherentes y contradictorios, porque la verdadera razón del dislate es nuevamente el nacionalismo en su peor encarnación, es decir, el nacionalismo identitario. Lo demuestran los grupos que a los ataques se dedican, punta de lanza de los solemnes popes de la clerecía nacionalista, reencarnación de los clérigos carlistas justamente en las mismas regiones (como bien decía un inteligente artículo de Víctor Lapuente en El País del 15/8/17).
Igual que los retrógrados del siglo XIX, que deseaban volver a los fueros medievales con la monarquía absoluta, los nacionalistas actuales, pero no modernos, han creado una fantasía más pseudomedieval que la de “Juego de tronos” en la que sus regiones están purificadas de elementos alógenos: una sola lengua, una sola bandera, un solo folclore obligatorio y unos mitos propios exclusivos y excluyentes. En este esquema, inmigración, turismo, cosmopolitismo e internacionalismo son conceptos molestos cuando no claramente subversivos.
El turismo trae dinero, pero también muchos trabajadores “forasteros” indeseados por no pertenecer a la que se quiere definir como etnia aparte, obliga a adaptarse, a contemporizar y a encontrarse con muchas personas a las que la clerecía nacionalista detesta, abre puertas, enfín y esto molesta a los que las quieren cerrar para dejar dentro a su grey soñada, pura, incontaminada y participante al 100% de su credo nacionalista.
Carlos Espinosa de los Monteros lo deja claro en El País de hoy: sólo 50 días al año en media docena de sitios concretos sufren los peores efectos de la masificación, lo que desde luego no es bastante para empezar a pensar en reducciones drásticas y soluciones más o menos arbitrarias, pero esto tampoco importa a muchos nacionalistas que han hecho método del cuanto peor mejor. Todo tiene que estar mal para que se predique el evangelio independentista, de modo que, si algo funciona, hay que cargárselo, dar sensación de caos y desastre.
El turismo no es un problema sino una indudable fuente de riqueza que, como todas, tiene que ser sometida a regulación, pero resulta cada vez más molesto para los que quisieran restaurar su brillante pasado étnico-racial-lingüístico que nunca existió y que nunca existirá en un mundo cada vez más mestizo… afortunadamente.