lunes, 13 de junio de 2016

TODO POR UN BESO

El padre del asesino de Orlando siente mucho que su hijo haya cometido el grave error de asesinar a 50 personas, entre otras cosas porque, en sus propias palabras, hubiera sido mejor dejar a Dios el castigo de esos pecadores, pero en la historia de su hijo también está él y las excusas que ofrece son más un intento de salvaguardar su futuro que muestras de pesar verdadero por las víctimas.
Decir, como ha dicho que “esto no tiene nada que ver con la religión” es un torpe intento de negar la evidencia: no hace falta ser muy religioso para infectarse con prejuicios de raíz dogmática. Son más bien las personas que conocen mal su propia religión las que suelen quedarse con una versión casi caricaturesca de la misma y los que a veces compensan sus frustraciones con alguna barbaridad asesina como atajo al paraíso prometido.
La culpa la tuvo un beso, una demostración de afecto entre dos hombres que puso de los nervios a su hijo porque lo veían su ex-mujer (maltratada) y su hijo. A la primera seguramente le gustaría ver cualquier clase de afecto en la práctica y el segundo es un niño tan pequeño que ni vería ni comprendería.
La idea de que un simple beso puede ser el origen de la muerte de 50 personas, la simple idea de que esto se pueda presentar como excusa, es una prueba del odio, la irracionalidad y la criminal estulticia que subyace tras la repetición machacona de catecismos cuyo único fin es el de controlar la mente de individuos y sociedades mediante miedos, amenazas, prohibiciones y exclusiones.
Las razones inmediatas del crimen tienen más que ver seguramente con el descontento, la baja autoestima y el sentimiento de fracaso de un individuo mal adaptado que cree convertirse en héroe cuando es sólo un delincuente, pero ¿cuántas veces oiría hablar de la impureza, el pecado, el supuesto plan divino y los infieles? ¿Cuántas muestras de afecto ajeno pondrían de relieve la privación del propio?…. La religión y los prejuicios están detrás de sus actos, aunque no aparezcan inmediatamente vinculados.
Las armas de fuego matan, especialmente cuando se venden sin control como en los Estados Unidos, pero las palabras también lo hacen y más duraderamente, porque su efecto puede durar toda una vida, una vez que se han instilado cuidadosamente en las cabezas adecuadas. Lo que se propala desde campanarios y alminares puede oler a incienso, pero la mayor parte de los humos son tóxicos. 

sábado, 9 de abril de 2016

EL PLAN DE DIOS

El lenguaje y las formas pueden cambiar, pero el fondo no, y el fondo supone desprecio y etiquetas negativas, por mucho que se pretexte lo contrario. Las personas LGTB “no están en el plan de Dios”, como se dice en el último documento vaticano.
“Amoris Laetitia”, que así se llama el texto, está hecho con buenas intenciones, es decir, se aleja del tono inquisitorial normal de los decretos morales católicos, con el fin de acercarse, de no excluir totalmente a la gran mayoría post-católica a la que le es imposible cumplir las imposibles normas impregnadas de obsesión sexual que se hacen pasar como lógicas, racionales y “naturales”, cuando no son nada de esto.
La idea de que una persona, grupo o institución conoce perfectamente el “Plan de Dios” es ya de por sí bastante arrogante, por no decir completamente soberbia, pero también enteramente increíble, a la vista de los errores, conducta y delitos cometidos por las mismas personas que dicen conocer tan bien el famoso plan.
En realidad no hay mucho que objetar a que una iglesia publique escritos orientadores para sus fieles, siempre que no aspire, como la Católica hace, a detentar el monopolio moral de la sociedad, y que no mantenga, como también hace, posiciones anti-científicas, como la supuesta “antinaturalidad” de orientaciones e identidades inescapables para los individuos que las tienen y que, por lo mismo, están en el plan de algún dios, tal vez no el del Vaticano, pero sí en los de la naturaleza que les han dado origen.
No es fácil continuar como fiel en una iglesia que excluye a los que sienten que su cuerpo no corresponde a su mente, a los que aman de modo diverso y a los que pretenden gozar de los mismos derechos no estando incluidos en el “plan”. Es fácil alejarse y casi imposible volver, especialmente cuando se vive en sociedades libres en las que las diferencias han dejado de ser delito hace tiempo.
Aunque se exhorte al respeto y la comprensión, resultará bastante difícil que estos se practiquen por los que sienten y aman de modo ortodoxo, porque sabiéndose parte del “plan” tenderán a sentirse superiores y sentirán pena, desprecio o repugnancia por los desgraciados que excluidos por su naturaleza practican el amor de forma antinatural. De la repugnancia al odio sólo hay un paso y no todos son moderados y se contienen.
¿Pueden Dios y la naturaleza ser opuestos? Si se analizan los textos vaticanos, sí, aunque esto se niegue de formas más o menos sofisticadas, pero tampoco nos debe importar tanto a los no-fieles. Exhortemos a la comprensión de los creyentes en religiones varias, siempre que nos reservemos la facultad de criticar sus creencias y de negarnos a que se nos impongan directa o indirectamente.

sábado, 2 de abril de 2016

LA TIRANÍA DE LA UTOPÍA

A lo largo de la historia siempre ha existido una tensión entre teoría y práctica, ética y política, utopía y realidad. No es que estos conceptos sean completamente opuestos, porque a menudo se conjugan en diferentes proporciones, pero nunca hay que perder de vista que, cuando se tiene la cabeza en las nubes, se puede tropezar y caer en un precipicio.
Ya desde Platón e incluso antes ha habido proyectos de sociedades ideales con la pretensión de garantizar la abundancia, la justicia y la felicidad para todos, pero un somero análisis de estos proyectos muestra siempre su profunda inhumanidad. Si los seres humanos  fuéramos homogéneos, de inteligencia igual o similar y absolutamente racionales tal vez pudieran ponerse en práctica proyectos utópicos, pero la humanidad es básicamente lo contrario: desigual, variada, irracional y, por lo mismo, tan contradictoria como creativa. Los sistemas que han pretendido hacer ingeniería social en gran escala, incluso con las mejores intenciones, han producido sólo grises (y muy sangrientas) tiranías sofocadoras de la libertad, la creatividad y hasta la belleza, sometida ella misma a ridículas normas a gusto de funcionarios.
Esto no desalienta a los amantes de las utopías, que suelen ser gentes de gran fe, firmes convicciones y enemigos de cualquier contemporización, aunque la realidad les esté demostrando cotidianamente lo impracticable, absurdo o injusto de sus creencias. Los comunistas franceses, por ejemplo, aceptaron sin rechistar la ocupación alemana en 1940 como un simple contratiempo, porque la “línea del partido” así se lo dictaba en los tiempos del pacto germano-soviético y sólo se lanzaron a la resistencia cuando la URSS fue invadida en 1941 y la línea que apuntaba a la derecha se fue a la izquierda.
La utopías suelen estar impregnadas de “buenísmo”, como el que practicaba Bertrand Russell cuando propugnaba el desarme atómico unilateral en los tiempos de la Guerra Fría, o el que se practica también ahora cuando se propugna una indiscriminada e ilimitada entrada de refugiados en Europa pensando sólo en el drama humano de los mismos y no en las inevitables consecuencias negativas que se producirán en las sociedades receptoras más pronto que tarde. Un utopista típico puede en realidad aceptar ideas opuestas como si tuvieran un entramado lógico, sin apreciar que se excluyen mutuamente en todo o en parte, del estilo de: “aceptemos refugiados, pero no intervengamos en Siria” o “derrotemos al ISIS, pero desarmemos al ejército."
El utopista no suele ver que sus absolutos no sólo son teóricos y por ende inhumanos, sino que suelen ir en contra de la libertad individual y a menudo producen opresión de personas, grupos y sociedades enteras. El feminismo ha traído grandes beneficios no sólo a las mujeres, sino a toda la sociedad, pero ciertas versiones radicales del mismo parecen más bien caricaturas post-soviéticas de imposiciones en el lenguaje y las leyes a las que aspiran. La negativa a contemplar siquiera una regulación de la prostitución o de la gestación subrogada son ejemplos recientes de este tipo de absolutismo ideológico que en nombre de una libertad teórica la suprime en la práctica.
Tengo una conocida que se enfada mucho cuando oye hablar de la exploración del espacio porque “no se puede perder el tiempo con estas extravagancias hasta que no haya una Tierra completamente en paz, sin guerras, sin pobreza y….” un largo etcétera, y yo siempre le pongo el ejemplo de Zheng He, el gran navegante chino que exploró las costas de África en el siglo XV y que pudo haber convertido a la China Imperial en la gran colonizadora y descubridora del mundo, pero la cobardía de los emperadores Ming y la mentalidad confuciana utópica que buscaba justamente lo que mi conocida desea, cerraron China al mundo y permitieron que unos estaditos insignificantes para los chinos, como los europeos occidentales, fueran los que cambiaran la tecnología, la economía y la historia.
La humanidad es a veces cruel, pero en el fondo son más crueles los que quieren pararla en su evolución parapetándose tras grandes pancartas de justicia sin pensar en las consecuencias y sin respetar a sus individuos. Pocos saben que Tomás Moro acuñó la palabra Utopía del griego y que ésta significa “En ninguna parte”.

viernes, 25 de marzo de 2016

LAS SINRAZONES EPISCOPALES CONTRA LA TRANSEXUALIDAD

La aprobación de la nueva Ley Integral de Transexualidad por la Asamblea de la Comunidad de Madrid ha sido bien recibida por los colectivos interesados, pero ha desatado las críticas habituales de algunos jerarcas católicos, los de siempre, que se empeñan en la negación de la evidencia y se repiten en la denigración constante de todo lo que excede su ramplona moral de manual, fundada en presupuestos acientíficos y una visión de la naturaleza y “lo natural” prefabricada y alejada de la objetividad.
Todo el mundo tiene derecho a sus opiniones, incluso cuando éstas son absurdas o arbitrarias, pero cuando estas se emiten desde posiciones de autoridad e influencia con el ánimo de soliviantar a fieles y seguidores, estamos ante operaciones de “agitprop” en nada diferentes de las que llevan y han llevado a cabo grupos políticos en los márgenes de la legalidad.
La ortodoxia defendida por estos personajes ignora voluntariamente los progresos de la investigación biológica, psicológica y psiquiátrica, las posibilidades médicas y, lo que es más grave, la moderna comprensión y el desarrollo de los derechos humanos, en un intento de retrotraer la sociedad a una imagen teórica, cuya aplicación práctica supondría considerables mermas en las libertades generales y la estigmatización de todas las personas LGTB como desviados, pecadores y, finalmente, delincuentes.
Los obispos de marras consideran que la aprobación de la ley es un hecho “grave e injusto”. Es posible que sea grave para ellos, pero injusto ¿para quién? Puesto que recurrir a ella es algo meramente voluntario, no es injusta para los que no la necesitan y sí es justa para los que la han solicitado. La idea de que algo que va contra el dogma defendido es “injusto” significaría de ser aceptada que es injusto todo lo que no aprueba la Iglesia Católica Romana, como en los mejores tiempos del “Nacionalcatolicismo”.
El texto se pierde después en un magma de disquisiciones confusas lindantes con la más rampante cursilería en el que se mezclan ideas tomistas (precientíficas) de la naturaleza con conceptos dogmáticos como el abstruso “pecado original”. Analizar sus conceptos uno a uno resultaría tedioso, baste decir que tras la aparente complejidad de razonamiento la idea central que se transparenta es bien simple: solo hay varones y hembras, definidos desde el nacimiento por sus genitales y estos deben acoplarse siempre con el sexo opuesto con el único y exclusivo fin de reproducirse.
Este “simplismo” busca reducir toda diferencia a “malos comportamientos” condenables moralmente: no hay orientación sexual sino “comportamientos sexuales”, todos perversos fuera de la posición del misionero: un homosexual es sólo un ser que cede a sus desviadas pasiones, no tiene entidad propia, un transexual es una persona equivocada que se deja dominar por sus perturbadas fantasías y mutila indebidamente su cuerpo, un intersexual una aberración de la naturaleza que debe ser inmediatamente corregida, etc.
Las explicaciones científicas, psicológicas y filosóficas modernas de la diversidad sexual, no siempre coincidentes y lejos de constituir un conjunto armónico, son calificadas de “ideología de género” y condenadas en bloque como heterodoxas y, retorciendo el lenguaje, como “absolutistas”, “contrarias a la libertad” y ¡hasta “antiecológicas”! (Papa Francisco dixit).
Lo más hiriente es que se tilden de antiliberales medidas que van a ampliar la libertad individual, porque resulta que para estas creencias la “verdadera libertad” consiste en no ser libre, sino someterse a la obediencia dogmática, lo contrario es la absolutización de la voluntad que pretende ser la única creadora de la propia persona y la absolutización de la técnica transformada también en un poder prometeico e ideológico.
Es evidente el disgusto que se siente por los progresos médicos que permiten la cirugía de reasignación de sexo, pero es sólo una parte de la aversión demostrada a la ciencia en general que tantos y tan sacrosantos principios religiosos ha puesto en cuestión.
La cuestión ecológica iba oculta en la última encíclica del Papa Francisco y pasó casi desapercibida para la mayoría, pero el razonamiento es el mismo: se ha nacido con un cuerpo y unos genitales y cambiarlo es tan “contrario a la naturaleza” como cortar las selvas amazónicas, sobrepescar el mar o producir demasiado CO2 .
Según este primitivo concepto tampoco habría que operar las malformaciones congénitas que han aparecido porque así es la voluntad divina.
Como es habitual, se acusa de la aprobación de la ley a un siniestro plan de ingeniería social dictado por ocultos poderes antirreligiosos para terminar con la única fe verdadera (otras fes dicen lo mismo).
Lo más grave de todo es la llamada que hacen a la desobediencia y la rebelión porque “una ley injusta no obliga en conciencia”. Dado que a nadie se obliga a ser transexual ¿a quien va dirigida esta perla? A los transexuales cierto que no, sino a los odiadores varios que pueden seguir considerándolos como seres degenerados y perversos y a las personas LGTB en general como perchas de golpes físicos o de otra clase.
Un texto como este, redactado en términos algo más respetuosos de la diferencia, puede ser útil para los creyentes, pero tal y como está lo que pretende es sublevar a los fieles sumisos e intentar, contra viento y marea, reconquistar el perdido monopolio moral que llevó en el pasado a las quemas de herejes, porque un pecador es, a fin de cuentas, sólo un delincuente.

martes, 9 de febrero de 2016

MUTILADOS

Se está desarrollando en todo el mundo y también en España una meritoria campaña para erradicar la mal llamada circuncisión femenina, una práctica que con diferentes grados de ensañamiento persiste en Egipto, donde se practicaba desde la antigüedad, y el África subsahariana, y para la que se dan pretextos religiosos, aunque su verdadero fin siempre ha sido la desexualización de la mujer y su sometimiento al patriarcalismo más absoluto.
No hay nada que decir y poco que explicar al respecto, puesto que el consenso general científico, médico y hasta religioso es que se trata de una costumbre bárbara, absurda y peligrosa, sin beneficio alguno para las mujeres que la sufren, pero ya que hablamos de mutilaciones ¿por qué no incluir la circuncisión masculina en una lista negra de prácticas a eliminar?… Más de uno se quedará sorprendido y pensará que es esta una posición extrema o que se trata de antisemitismo, islamofobia o fetichismo, pero ¿no se dice que se hace por razones médicas? ¿Que es más sano? ¿Que previene el VIH?
La verdad es que los varones que necesitan absolutamente una circuncisión por razones médicas son poquísimos y que los supuestos beneficios para la salud de la operación no se han demostrado en ningún caso, mientras que son cada vez más evidentes los daños causados por el brutal corte y subsiguiente cicatrización en una zona tan sensible: pérdida de sensibilidad, mal control del orgasmo, orgasmo con dolor y otros problemas no son inventos sino realidades.
Hay todavía personas a las que he oído decir que se trata de una práctica “higiénica”, porque el pene se puede mantener más limpio, pero esto no tiene sentido alguno si se mantienen buenas costumbres que pueden enseñarse a los chicos desde niños. Si hubiera que eliminar todas las comisuras, pliegues e irregularidades del cuerpo todo el mundo circularía sin varios trozos.
Hay que decir que en España y en el continente europeo en general la circuncisión nunca fue una práctica sistemática ni extendida a la mayoría, aunque yo creo que se practicó bastante durante los años 50 (me gustaría que alguien investigara este punto), pero especialmente en Estados Unidos y en Canadá la mayoría de los varones fueron sistemáticamente circuncidados a los pocos días de nacer y aún lo siguen siendo desde finales del siglo XIX, hasta el punto de que hay mujeres que se quedan tan sorprendidas cuando ven un pene completo que se creen que se trata de una malformación.
Las razones de semejante práctica son, no hay que decirlo, supersticioso-religiosas. Para judíos y musulmanes se trata de una obligación entendida como sacrificio que vincula a la divinidad, pero en su versión moderna anglosajona proviene de la obsesión antisexual y del horror a la masturbación, vista tras el prisma deformante de la moral victoriana como una práctica que llevaba a la degeneración, la ceguera, la locura y la muerte temprana.
No hay ni que decir que en una sociedad laica el mantenimeinto de estos absurdos va contra los derechos de la persona. La circuncisión de niños no es solo innecesaria y peligrosa, sino un atentado contra la integridad de un ser indefenso, una mutilación y, como tal, debe ser prohibida o desaconsejada, a no ser que haya razones médicas de peso para ella.
Si algún adulto quiere cortarse un trozo de su anatomía es otra cuestión, pero incluso a él debería hacérsele reflexionar informadamente sobre el asunto.

miércoles, 27 de enero de 2016

VIEJO Y ANTIGUO

Todos sabemos que hay significados que se parecen sin ser iguales y las palabras que encabezan este artículo son un ejemplo perfecto. Viejo suele tener connotaciones negativas: lo viejo se tira, se reemplaza, se renueva etc., mientras que lo Antiguo está rodeado de un aura de clasicismo, respetabilidad, belleza y otros conceptos positivos. Esto no quita que ambas palabras, como todas, cambien y se maticen con la percepción subjetiva y su uso en determinados contextos: “mi viejo”, puede ser un término cariñoso para algunos, mientras que “es demasiado antiguo” generalmente indica que la antigüedad puede no ser una cualidad recomendable.
El lenguaje es multiforme y el coloquial está lejos de la exactitud seca de los textos legales, de la simpleza de lo políticamente correcto o de la calculada ambigüedad de algunas declaraciones políticas, pero, sin embargo, casi siempre transmite lo que se quiere con amor, odio, indiferencia, desprecio, etc. De aquí que sea tan inútil insistir en ciertas fórmulas lingüísticas que estropean la gramática en intentos inclusivos, para uso de convencidos que no las necesitan.
Cuando “viejo” se aplica a personas puede hacerse de forma insultante o despectiva, pero la realidad es que los seres humanos envejecen y que sólo en sentido figurado se les puede aplicar el adjetivo “antiguo". Reconocerse en la edad y sus limitaciones es una virtud, un sano ejercicio de realismo contra la depresión que puede causar la huida sistemática del inevitable paso del tiempo. Los eufemismos que embellecen como “tercera edad”, “mayores” no ocultan lo que hay detrás, pero ayudan a no verlo como inevitablemente negativo.
En realidad sólo los simples o los neuróticos ven siempre connotaciones negativas en lo viejo, tanto en cosas como en personas. Paciencia, experiencia, comprensión y ecuanimidad son virtudes pocas veces presentes en los jóvenes, cuya capacidad de disfrutar plenamente de cada momento, de cada cosa y de cada persona es también mucho más reducida.
A veces sorprende aún más la afirmación de que lo viejo y gastado puede ser bello, pero es un hecho que hay muebles, ropa y personas que adquieren flexibilidad, pátina, estilo y una gracia que no tenían cuando estaban nuevos y rígidos. No ver la belleza propia de cualquier edad es una grave limitación de sujetos sin imaginación, posiblemente obsesionados con su propia decadencia. El que no se deja encerrar en angostos límites estéticos tendrá una capacidad casi infinita para apreciarse a sí mismo y a otros, para percibir la belleza no inmediatamente aparente y para ver a los mayores, a los viejos, con la misma aura que si fueran “antiguos”.

lunes, 11 de enero de 2016

GÉNERO E IDEOLOGÍA

Siguen lloviendo las prédicas del lado confesional más o menos integrista que afirman y reafirman el “desorden intrínseco” de cualquier comportamiento que se desvíe unos centímetros de la estrecha senda marcada por la tradición y los prejuicios. Los más comprensivos llegan a admitir que la diversidad sexual es o puede ser no elegida, los menos la siguen considerando  perversión voluntaria, pero todos se siguen negando a aceptarla de verdad y desearían que nadie hablara de ella, que retornara al armario del que nunca debió salir para subvertir de forma tan clara el supuesto monopolio moral que se arrogan gurús varios.
Los enemigos de la diversidad parten del postulado de que la puesta en cuestión del código moral por ellos considerado único se debe a una bien articulada “ideología de género”, sostenida por poderosos grupos de presión sociales y mediáticos que van desde Hollywood hasta la universidad, cuyo fin último no es otro que la destrucción de la familia y la difusión del ateísmo. La tal ideología es una creación contraria a la naturaleza humana que, como todo el mundo sabe se divide en dos sexos/géneros contrarios, invariables y destinados a la reproducción sin fin de la especie, único pretexto para la práctica de actos sexuales, por completo inmorales y contrarios a la naturaleza en cualquier otro contexto.
Las prédicas son variadas, pero todas giran en torno a la naturalidad o antinaturalidad del comportamiento denostado, calificativo que automáticamente convierte cualquier acción en lícita o ilícita, por ajustarse o no al plan divino, tan evidente y tan visible en la naturaleza perfecta que se cree percibir.
Estas prédicas se pueden denunciar como ataques, a veces bastante insultantes, contra individuos y minorías molestos para los que se erigen en ortodoxos, pero la discusión y el entendimiento con los que las profieren es imposible porque se parte de premisas diferentes y se hablan lenguajes mutuamente ininteligibles. Desde un punto de vista científico la naturaleza es contradictoria, llena de excepciones aparentes y muy lejos de ser benévola, pero no existe contradicción alguna en el hecho de que la función sexual sirva para la reproducción y también para muchas otras cosas. Desde un punto de vista dogmático la naturaleza es una máquina perfecta creada o inspirada por un ser aún más perfecto y los que no la vean así son intrínsecamente desordenados, desobedientes y pecadores al practicar acciones definidas a priori más que como malas, como prohibidas por el ser superior del que los gurús se erigen en intérpretes y representantes.
La identificación entre sexo biológico, orientación sexual, identidad sexual y rol de género es parte de ese dogma y, cuando se usan los términos anteriores, lentamente alumbrados por la investigación científica y sociológica se cae en la “ideología de género”, porque lo ortodoxo es hablar de hombre y mujer, masculino y femenino sin sombras ni dudas. Es decir, que informar y educar se iguala a pervertir a jóvenes y adultos que antes no distinguían y desconfiaban y ahora distinguen y comprenden.
Lo curiosos es que los predicadores se molestan cuando se los acusa de oscurantistas y difusores del odio… !Ellos que son todo amor!

jueves, 3 de diciembre de 2015

HOMOFOBIA, MACHISMO Y CORRUPCIÓN

El homófobo, retrógrado, machista y desagradable cardenal Nicolás de Jesús, de la República Dominicana, ha tenido la ocurrencia de “recomendar” al embajador de los Estados Unidos James Brewster, que “se dedique a labores caseras, ya que está casado con un hombre”. El embajador, abiertamente gay y efectivamente casado, había tenido el atrevimiento de criticar la generalizada corrupción de los altos cargos en este país del Caribe, corrupción que recae con frecuencia en los inversores y hombres de negocios norteamericanos que allí invierten, obligados a pagar sobornos, expropiados sin razón de ley y otras indignidades.
Este señor ya se había hecho notar antes por sus ataques al embajador, objeto particular de sus odios, ya que ataca sus creencias dogmáticas sobre género y sexo y, aún más, sus prejuicios machistas sobre roles de género, lo que demuestra una vez más que moral religiosa y ética son dos cosas distintas y frecuentemente opuestas. Para este espécimen de macho rancio la corrupción que cuesta millones, que impide el progreso y que castiga a los más débiles no es nada importante, especialmente si la denuncia un “maricón”, calificativo lanzado por él mismo contra el embajado con anterioridad. Ya se sabe que los maricones no tienen derecho a nada, y mucho menos a criticar a machos de verdad (o de mentira) que tienen poder, mandan y se aprovechan, pero que son (o fingen ser) heterosexuales y se inclinan ante el cardenal. A fin de cuentas, si uno se arrepiente y no discute los dogmas siempre puede ser perdonado… pero si se es “maricón” y además orgulloso de ello…¡al infierno con él! Em pezando por el insulto.
Este sujeto ni siquiera entiende que las mujeres pueden ser profesionales de todas clases y que no están obligadas a limitarse a labores caseras o a ser simple excrecencia de sus maridos, para él las mujeres son evidentemente seres inferiores condenados a trabajos secundarios y el embajador como “maricón” es, en su perturbada percepción, igual a una de esas mujeres que él ve con indisimulado desprecio.
El Cardenal Nicolás de Jesús es un mal cardenal, un mal cristiano y un individuo sectario, peligroso, maleducado y obsceno. Cualquier clase de contemporización con semejante comportamiento está fuera de lugar, pero hay que ir más lejos: una igesia que permite semejantes afirmaciones no es digna de respeto y no puede sorprenderse de que se la ataque como organización que fomenta el odio, la persecución y la discriminación. No basta con pretextar que se ama, también hay que demostrarlo; muchos maltratadores dicen querer a las víctimas que torturan, pero quien los cree acaba por morir a sus manos.