sábado, 23 de enero de 2010

El Cardenal recomienda la discriminación


Leo en Dos Manzanas (www.dosmanzanas.com) que en el último número de la revista “Alfa y Omega” se vuelve al ataque contra las personas LGTB, esta vez por causa de la Ley de igualdad de trato y no discriminación que prepara el gobierno. Para los jerarcas católicos está mal (ahora) discriminar a las mujeres, por ejemplo, pero sigue estando muy bien negar un trabajo, una vivienda o simplemente el buen trato a cualquier persona que ellos consideren “desordenada”, según sus criterios dogmáticos, es decir, que el pre-juicio moral justifica la inhumanidad dirigida contra una minoría, por desobediente y rebelde.

Más claro agua. La homofobia está bien, porque todas las personas supuestamente decentes, que sólo son las cristianas, deben tener un santo odio hacia los que no se conforman a sus mandamientos, aunque éstos no interfieran en absoluto en sus devociones y creencias. Su misma existencia es un insulto, una falsedad, puesto que sólo hay hombres y mujeres creados por Dios con los instintos adecuados. Los homosexuales son enfermos o viciosos, los transexuales aún más enfermos y los que se niegan a aceptar una “terapia” sanadora de las desarrolladas por personajes como Nicolosi pecadores rebeldes a los que castigar sin hogar, sin empleo o directamente con una paliza antes de que empiecen a violar niños y atraer a otros a sus vicios.

La culpa de estos males la tiene…. ¡la corrección política! Imbuida de la falsa y herética “ideología de género”, invento de masones y descreídos que van contra la doctrina eclesiástica…. Ahora ya no se pueden usar palabras tan justas como “invertido”, “maricón” y “bollera”, que tan bien representan la realidad…. ¿Homofobía? ¿Qué es eso?.... sólo otro invento de la antedicha corrección.

Pregúntense Vdes. qué diferencia hay entre esta actitud y la predicación contra judíos y luteranos que se hacía en los gloriosos tiempos de la Inquisición. Pregúntense Vdes. qué pasaría hoy si aún existiera esta bendita institución sangrienta….

lunes, 18 de enero de 2010

Viejos y residencias I


Varios artículos periodísticos, entrevistas en la radio y algún que otro apunte en televisión han sacado a la palestra la posibilidad de que se hagan residencias especiales para mayores gays. No hay ni que decir que el tratamiento del tema ha sido más que superficial, con el aditamento populista de preguntas a transeuntes sin información alguna que responden lo primero que se les ocurre, a veces en términos irremediablemente homófobos.

En España hay una grave carencia de residencias públicas para mayores, igual que falta una adecuada red de guarderías similares para niños, un hecho mucho más influyente en la bajísima natalidad que otros de índole moral muy publicitados por la iglesia y los medios conservadores.

Los problemas de los mayores y los pequeños están íntimamente relacionados: la sociedad y el estado que la representa apenas han advertido los grandes cambios económicos y sociales que han alterado los viejos esquemas familiares; no hace tantos años que niños y ancianos podían convivir y ser atendidos sin problemas por las mujeres de la familia, que generalmente se quedaban en casa. En las clases medias (que son las que los bienpensantes toman siempre como referencia) se disponía además de servicio doméstico abundante y barato, proporcionado por las mujeres de las clases más humildes, verdaderas esclavas que si tenían familia propia no sabían lo que era el descanso. Hoy la mayor parte de las mujeres trabaja, el servicio doméstico es un lujo y, por si fuera poco, los ancianos viven casi veinte años más que antes, aunque no siempre en buena salud.

Los mayores actuales, es decir los que se encuentran en torno a los sesenta, aún activos y sin grandes problemas, sólo excepcionalmente pueden contar con un futuro de atención familiar. Las expectativas y la paciencia de los jóvenes son muy diferentes de las del pasado, pero también las suyas: están más acostumbrados a la independencia y no siempre están dispuestos a hacer de niñeros o a vivir en el mínimo espacio disponible. Lo normal es que prefieran quedarse en su casa hasta que la salud les obliga a buscar otro lugar, que es cada vez menos el domicilio de un familiar.

Los mayores gays tienen los mismos problemas de los otros, pero a menudo agravados, especialmente porque no suelen tener hijos y el alejamiento de los demás miembros de su familia suele haber sido mayor y más temprano. A eso se añade el pequeño gran detalle de que su orientación sexual suele verse con considerable prejuicio por sus coetáneos, crecidos todavía en el más absoluto oscurantismo, por una parte del personal profesional, nada educado para tratar con ellos, y por instituciones confesionales de las que dependen muchos centros. No es extraño, pues, que no pocos de ellos se vean obligados al entrar en una residencia a hacerlo simultáneamente en el armario.

Los gobiernos central y autonómicos, que aún no se han dado por enterados de las dificultades de los mayores en general, es muy difícil que se preocupen de una minoría gay, privada completamente de glamour y eco mediático por su edad.

domingo, 27 de diciembre de 2009

La familia no peligra, los privilegios sí


Con un cierto retraso, como es habitual, nos está llegando al sur de Europa el eco de lo que en los Estados Unidos se viene denominando “Culture Wars”, pero que aquí deberíamos tildar más castizamente de “Reacción” sin paliativos, puesto que no se trata de otra cosa cuando se convoca a los convencidos a una manifestación multitudinaria tras otra cuyo sentido es político, antidemocrático y antihistórico aunque se disfrace de religioso.

El pretexto es la “defensa de la familia”, supuestamente amenazada por leyes como las del divorcio, las de extensión de derechos civiles a los homosexuales, el aborto o la asignatura de Educación para la ciudadanía.

No tiene lógica alguna que se culpe a determinadas leyes de efectos deletéreos cuando no tienen relación alguna con el objeto de que se trata: a nadie se le obliga a divorciarse o a abortar, son simples posibilidades electivas y la regulacón de las mismas suele ir muy por detrás de la realidad social en todos los casos. Sensu contrario, no es mínimamente creíble que un divorcio más difícil fuera a mejorar las relaciones matrimoniales, ni que la prohibición del aborto consiguiera otra cosa que enviarlo a un siniestro mercado negro. En ningún caso la desaparición de estas leyes serviría para hacer parejas sólidas, aumentar la natalidad o convencer a los homosexuales de que lo son por gusto y de que deben acudir a “terapias” de conversión.

Los mensajes catastrofistas que se lanzan en estas ocasiones parten del dogma, no de la razón: la “familia” a la que se hace referencia no es más que una abstracción teórica, imaginada como el grupo familiar predominante entre las clases medias de los años 50 y 60, descrito con colores favorecedores, sin las tensiones, los problemas y las hipocresías que han disuelto más tarde muchos de ellos. ¿Hay que decir que sólo se hace referencia a una familia católica (o cristiana integrista) idealizada?
La realidad es otra: hay muchos tipos de familia porque ha desaparecido la antigua rígida división de papeles, el sometimiento de la mujer y muchos de los prejuicios que rodeaban al sexo, la maternidad puede elegirse y regularse, no hay diferencia entre hijos legítimos e ilegítimos y el matrimonio es una opción no obligatoria para la respetabilidad social. Es decir, que son las leyes las que se acomodan a una realidad, no las que la producen.

El repunte de la maternidad en los países escandinavos, en los que no se casa más del 50% de la población y en los que leyes similares están vigentes hace mucho tiempo, desmiente las predicciones negativas. Un buen sistema de guarderías públicas y horarios laborales más racionales son mucho más decisivos para la felicidad familiar que el restablecimiento de prohibiciones basadas en anacrónicos modelos teóricos.
Hace mucho tiempo que la cúpula de la iglesia católica vive de espaldas a una realidad que se le escapa, de aquí que, como poder fáctico que sigue siendo, intente hacer presión reuniendo multitudes donde puede… que no es en Estocolmo, por ejemplo, pero no olvidemos que una plaza llena no es una mayoría electoral, sino una minoría, aunque esté compuesta por mucha gente. No olvidemos tampoco que los católicos practicantes que van quedando son en una elevada proporción cada vez más afines al Opus Dei, los Kikos, los Legionarios de Cristo, etc., es decir, cada vez más integristas.

Los obispos, que no se sienten nada a gusto con la democracia, no defienden a las familias reales sólo a sí mismos con sus privilegios.

domingo, 18 de octubre de 2009

La Sharia Católica


De un tiempo a esta parte, y según la sociedad se seculariza cada vez más, la Iglesia Católica y sus acólitos nos tienen acostumbrados a sus marchas multitudinarias cada vez que una ley civil no les gusta. A la prensa beata le encanta expresar grandes números de manifestantes que finalmente nada significan, puesto que si esos son todos los fieles católicos practicantes o simplemente la cuarta parte siguen siendo una pequeña minoría en España, pero a veces se interpreta como si el sistema político democrático debiera plegarse a las más altas exigencias de la religión y la mayoría parlamentaria no significara nada frente a los dogmas de la única religión verdadera.
Imponer sin convencerViendo fotos de la manifestaciónes sorprende observar la enorme cantidad de niños y adolescentes que asisten a la fiesta sin apenas saben de qué se trata, así como la pasión con que ellos y sus mayores afirman completos absurdos de fuerte contenido emocional: “se destruye la familia”, “se asesinan niños”, en vez de razonamientos con mínimos grados de convicción.
Es comprensible que los católicos se opongan al aborto desde sus creencias, pero no es aceptable que pretendan imponérselas al resto de la población como si de talibanes se tratara, dado que se trata de una opción y no de una obligación. ¿Cuántas de las jovencitas ingenuas que daban gritos se pueden encontrar mañana ante una situación límite? ¿Cuántas pueden tener que optar por algo que ahora ignoran?
Los grandes principios suenan muy bien, pero se tienen que defender en la práctica con coherencia: si no se desea el aborto hay que dar una buena educación sexual, que generalmente se interpreta como iniciación a la perversión por los mismos señores bienpensantes, promover una buena política de guarderías y ayudas familiares, reconocer sin paliativos todos los tipos de familia… y facilitar los elementos de planificación familiar que son tabú para el Vaticano.
De todos modos se trata una vez más de hacer mucho ruido porque una completa ilegalización del aborto supondría hoy la criminalización de miles de mujeres, especialmente de las más desfavorecidas, de turismo abortista a otros países y de un siniestro mercado negro de practicantes clandestinos. Pero ya se sabe que si se salvan los grandes principios el sufrimiento individual les importa poco a los salvadores de almas.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La Arrogancia del clero


Un excelente resumen de las razones por las que es necesario oponerse a los nuevos aquelarres que nos preparan los jerarcas en España y otros países, siempre en contra de cualquier progreso social.

viernes, 2 de octubre de 2009

¿Efebófilo o pornógrafo?


Apenas dichas las tonterías del cardenal Tomasi citadas en el post anterior, he aquí, que pocos días después de que se emitiera una orden de busca y captura contra él, se entrega a la policía canadiense Raymond Lahey, obispo católico de Antigonish, Nueva Escocia, que dimitió recientemente al ser acusado de posesión e importación de pornografía infantil, encontrada por casualidad en su ordenador, en ocasión de una comprobación de seguridad en el aeropuerto de Ottawa. El prelado había mediado recientemente en un acuerdo por valor de 15 millones de dólares para compensar a las víctimas de abusos sexuales perpetrados por sacerdotes de su diócesis.
El ex obispo queda ahora a la espera de juicio en Noviembre, confinado en un monasterio trapense de Rogersville.
Es interesante notar que este señor solía predicar contra la pedofilia y también contra la homosexualidad… ¿pero sería él uno de esos gays infiltrados en la iglesia?... haz lo que digo, no lo que hago.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

¡Y tú más!


Ahora resulta que los abusos a niños en la Iglesia Católica no son para tanto, por una parte ya dijo un obispo español que la mayor parte de la culpa es de los supuestos abusados, que son arteros provocadores, pero es que, además, “sólo” entre un 1 y un 5 por ciento de clérigos son pedófilos… perdón, efebófilos, que es menos grave porque elimina a los menores de once años. Para acabar la exculpación hay que considerar que en otras iglesias y sinagogas se abusa más… y tú más… y tú más.

La iglesia no es culpable, aunque haya procurado tapar los innumerables escándalos, proteger a sus causantes e ignorar a la víctimas durante decenios. Los verdaderos culpables son… los homosexuales, naturalmente, puesto que se han infiltrado en la santa institución para satisfacer su efebofilia ¿o acaso usted ignoraba que todo homosexual es un corruptor de menores? Consúltelo entre los “expertos” vaticanistas y ya verá lo que le dicen.

A este paso es posible que un futuro santoral exista San Abusón, probo varón que tentado por demonios en forma de niño cayó en las garras de un malvado juez gay que condenó a la iglesia a pagar una buena suma… ¡Lo que hay que oír!