sábado, 7 de mayo de 2011

Edad, sexo y afecto

La edad ha sido siempre considerada un obstáculo mayor para las relaciones amorosas y aún lo es en este tiempo nuestro tan obsesionado con la juventud. Es como si a partir de un límite bastante moderado, los cuarenta, por ejemplo, se perdieran los derechos a amar y ser amado y solo fuera posible el arreglo de conveniencia o el sexo mercenario, entre otras cosas porque se sigue confundiendo amor con sexo, ambos con matrimonio o relaciones similares y se sigue insistiendo en un modelo estético único que hace "deseables" exclusivamente a jóvenes modelos de tipos determinados.

La edad, sin embargo, no es obstáculo más que en la cabeza de los que lo interiorizan como tal. La mala salud, la falta grave de medios, la opresión familiar o el fanatismo ideológico son obstáculos mucho más reales y determinantes para no poder amar cómo y a quién uno desee.

Tampoco hay tanta diferencia real entre personas de diversa orientación sexual, pero tradicionalmente se ha tendido a imaginar a los héterosexuales cumpliendo roles precisos en cada edad y a los homosexuales como jóvenes alocados o viejos frustrados y solitarios, carentes de rol y de familia.

La realidad es por supuesto mucho más rica, pero las ideas falsas hacen daño a todos los que se las creen y las hacen propias, aunque a veces ni se dan cuenta de ello. Amar es posible a cualquier edad, siempre que se acepte que también requiere poner bastante de parte del que ama, salir de uno mismo y renunciar a cierta independencia. Hay gente que desea y es deseable también a cualquier edad, pero esto supone abandonar ideas preconcebidas, relajarse y aprender a ver la belleza propia y la ajena fuera de modelos prestados.

Hay muchos que se consideran infelices sin amor, pero no sabrían ser felices con él.

lunes, 11 de abril de 2011

Homosexualidad y decadencia

El vicepresidente del CNR italiano, equivalente al español CSIC, es decir, la institución de investigación más importante, es un ultracatólico y como tal se ha permitido decir que "la decadencia del Imperio Romano se debió más que nada a la homosexualidad", aunque no hay estudio alguno sobre el tema y se conozcan muy bien todas las complejas causas externas e internas, políticas y económicas que causaron la desaparición del imperio en occidente, entre las que la homosexualidad no ha sido nunca citada.

Una afirmación así no solo carece de seriedad sino que hay que tildarla de pura propaganda malévola, es decir, de un ejemplo más de la difusión del odio a la que se dedican tantos miembros de la supuesta religión del amor.

Es vieja la unión de sexo y decadencia: los historiadores moralistas del pasado han recurrido siempre a ello, ya desde la época clásica. La versión barata de Hollywood, en la que los viciosos y paganos romanos pierden moralmente ante los virtuosos cristianos la hemos visto en múltiples películas "de romanos", aunque prácticamente ninguna de ellas tenga la menor autenticidad histórica. La imagen que nos ha transmitido es que la "corrupción" consistía en ridículas orgías de gente tumbada comiendo uvas o viendo morir gladiadores, mientras los mártires ponían los ojos en blanco y morían con coros angélicos de fondo.

Estas tonterías no son inocentes, son imágenes que se quedan en la mente, emociones sembradas irracionalmente que producen otras emociones, no son razones ni explicaciones, y eso lo sabe muy bien el señor De Mattei y los demás propagandistas que repiten frases que parecen tener sentido, aunque no son más que sloganes destinados a demonizar grupos enteros. Por eso no hay que creer que estas afirmaciones no importan por muy tontas que parezcan, porque su objetivo es hacer daño, meter miedo a gente timorata y supersticiosa para que no pierdan su capacidad de discriminar y odiar.

No hay que callarse nunca ante semejantes maldades.







viernes, 25 de marzo de 2011

Progreso y evidencia


La reciente aprobación de la resolución de las Naciones Unidas que recomienda la descriminalización de las relaciones homosexuales es un gran paso adelante, a pesar de que ni sea vinculante ni impida que en muchos estados haya absurdos delitos que sigan en el código.

Es un progreso porque los derechos LGTB son reconocidos a nivel mundial. A partir de ahora será mucho más difícil sostener que una orientación sexual determinada es enfermedad o delito, mientras que será más fácil reconocer que alguien que es perseguido por estos conceptos tiene más derecho a la protección o el asilo.

No hay ni qué decir que con motivo de esta resolución se han puesto en evidencia los de siempre: estados retrógrados, socialmente atrasados o dominados por oligarquías teocráticas, y el Vaticano, que por boca de su observador permanente en la ONU, Silvano Tommasi, ha afirmado que esto equivale a persecución religiosa, puesto que a partir de ahora será menos aceptable el hostigamiento católico a las personas LGTB, aunque éste se revista de pretextos varios, como que "los estados tienen derecho a regular los comportamientos sexuales", o que "los comportamientos sexuales tienen una dimensión moral", algo evidente que la jerarquía debería haberse aplicado a sí misma en comportamientos reprensibles, pero que el sexo tenga una dimensión moral no quiere decir que ésta tenga que ser católica.

sábado, 5 de marzo de 2011

Educación y sexo


Desde la Tercera Edad y lejos de inundaciones hormonales es más fácil mirar el sexo sin apasionamientos. A algunos esto les sirve para decir que no es para tanto, que no hay que darle tanta importancia, a otros para difundir moralina y ajustarse (por fin) a estrechas morales religiosas antes de imposible cumplimiento, a otros para lamentar las facultades perdidas o buscarlas de nuevo mediante píldoras mágicas. Lo que ninguno duda es que es algo importante, connatural al ser humano y que condiciona amor, relaciones y equilibrio mental, por eso es tan sorprendente que en la educación de España y otros países se ignore o se pase por alto. Lo que no es insólito es que las iglesias intenten utilizarlo para seguir sometiendo a incontables individuos a su influencia, aunque sea a costa del sentido común.

Se suele pretextar que los padres tienen un derecho exclusivo a educar a sus hijos según sus convicciones, pero este "principio" es en realidad de aplicación muy selectiva: en todos los estados civilizados se "obliga" a los padres a enviar a los hijos a la escuela o similar, porque se supone que el derecho de los hijos a la educación prevalece sobre una posible voluntad de los padres de mantenerlos en la ignorancia. Una vez en la escuela deben aprender un programa determinado so pena de no obtener la titulación requerida y la cosa va aún más lejos, puesto que un padre que educara a sus hijos para el crimen o el delito acabaría por perder la custodia de éstos por una simple lógica de defensa social.

Los padres no tienen en realidad este derecho absoluto de educación, son los individuos, padres e hijos, los que en una sociedad libre deben tener el derecho a creer y pensar lo que quieran siempre que respeten la libertad de los demás, de aquí que en los estados democráticos se programen materias de ciencia y ética generales que tienden a fomentar el conocimiento, la convivencia y la salud públicas, materias "neutras" que tienden a limar diferencias, educar en tolerancia, eliminar prejuicios y dar una información lo más científica y práctica posible sobre sexo, leyes, costumbres etc.

La neutralidad y cientifismo de estas materias es lo que molesta a las iglesias, puesto que ellas quieren mantener un monopolio ideológico que imponga exclusivamente su punto de vista, es decir, condicionar a las mentes infantiles antes de que puedan pensar por sí mismas. Con una táctica tan vieja como la civilización, no hay nada mejor que acusar de "sesgo ideológico" o "indoctrinación política" a materias que harían dudar de sus presupuestos, para desviar la atención de enseñanzas que como las suyas son por definición sectarias, cuando no intolerantes y exclusionarias, como es la de reducir a la inmoralidad todo sexo no reproductivo.

Una educación sexual científica debería ser obligatoria en todas las escuelas, puesto que es beneficiosa para el conjunto de la sociedad por las enfermedades que evita, los embarazos no deseados que previene y la información que difunde. Miedo y oscurantismo nunca han impedido nada de lo anterior ni facilitado la espiritualidad, aunque ayuden a conservar la influencia de determinadas estructuras.

jueves, 10 de febrero de 2011

Hay gente que no entiende nada


O más bien deberíamos decir que no quieren entender, puesto que parten de posiciones dogmáticas y de intolerancia totales que excluyen cualquier intento de aproximación. Los recientes insultos groseros de Intereconomía a Carla Antonelli, famosa y educada activista transexual, no pueden sorprender a quien se moleste en oír o ver lo que sale de ese reducto de la ultraderecha, empeñado en difundir el odio a casi todo e imponer una ideología cerrada y cerril de ortodoxia tridentina y machismo sin filtros.

De modo aparentemente más (pseudo) científico y culto es la conferencia que se prepara en Pamplona sobre "Ideología de Género", a la que parece asistirán luminarias bien asociadas al Vaticano y sucursales, con la colaboración de alguna figura no católica pero con los mismos prejuicios. Se trata, claro, de atacar todo lo que la biología, la antropología, la psicología y la sociología vienen descubriendo y elaborando desde hace más de 100 años sobre intersexualidad, identidad y orientación sexual.

Para estos caballeros y señoras un hombre es un hombre y una mujer es una mujer y lo demás son paparruchas, engaños del demonio o del PSOE, IU, Obama y demás progres (criptonazi-comunistas-islámicos) empeñados en la destrucción del mundo y de los buenos españoles o italianos.

Ya se sabe que, como ha dicho un obispo peruano, no hay "gays", sólo maricones, y que ellos y los transexuales están todos enfermos y hay que curarlos como sea, aunque la cura incluya descargas eléctricas.

lunes, 24 de enero de 2011

La verdadera contaminación


Sorprende la diligencia con la que la Sra. Botella tramita la denuncia por exceso de ruido de la fiesta del Orgullo Gay y la falta total de la misma cuando se trata de combatir la grave contaminación de Madrid denunciada por la UE, máxime cuando la fiesta dura un par de días y la suciedad del aire casi todo el año. Que detrás de todo esto hay ideología no puede dudarse, puesto que ni el ayuntamiento ni la ciudad pueden esperar ventajas reales de avergonzar al Orgullo, aparte de las intangibles espirituales en las que cree la Sra. Botella, mientras que si podrían suponerse mejoras en salud y habitabilidad si se limpiara un poco el aire, lo que implicaría reducir el tráfico y con él igualmente el ruido.

Algún día habrá que analizar por qué una fiesta reivindicativa se convirtió en pocos años en la más multitudinaria, divertida y popular de la capital de España, con mucha ventaja sobre cualquier otra. Tal vez porque hacía falta una, dado que las tradicionales verbenas son hoy día poco más que fiestas de barrio decadentes, San Isidro unas cuantas corridas de toros, el Carnaval algo artificial y, pese a los esfuerzos integristas, las siniestras celebraciones religiosas del estilo de las de Semana Santa nunca han prendido verdaderamente en Madrid.

Ese éxito ha contribuido a la normalización y aceptación de la diferencia más que muchas otras actividades y eso también es lo que molesta en determinados estamentos y despachos. Los medios reaccionarios llevan mucho tiempo haciendo campaña contra lo que ven como inaguantable provocación, que no otra cosa es para ellos que se pueda ser gay y "normal". Los pretextos que se usen para ponerle sordina o expulsarla a los márgenes son lo de menos.

La fiesta trae a Madrid mucho turismo y difunde una imagen cosmopolita y moderna de la ciudad, lo que no puede sino beneficiar a todos sus habitantes, mientras que la elevada contaminación del aire, también muy conocida fuera, da mala fama y retrae a visitantes y empresas, pero ya se sabe que el reino de algunos no es de este mundo sino de otro al que solo se puede llegar muerto.... tal vez por contaminación.

lunes, 10 de enero de 2011

Hipocresía y expedientes


Para quien aún se crea que la derecha española es benevolente con la evolución social, el expediente lanzado contra COGAM y el Orgullo Gay (a quien se reclaman € 35.000 ¡por ruido!) debería demostrarles lo contrario. La concejalía dirigida por Ana Botella, esposa de Aznar y vinculada a grupos integristas, ha demostrado su clara hostilidad a cualquier clase de visibilidad LGTB, por no decir nada de cualquier clase de igualdad. El presente acoso contra una manifestación en gran parte festiva es sólo el principio de algo más, especialmente ahora que el PP cree tener el poder al alcance de la mano. Que todo el PP se incline en la dirección del integrismo está por ver, pero que el "Agitprop" de la ultraderecha hace todo lo posible para que así sea es evidente.

Que esto coincida con recientes declaraciones papales y con las constantes y permanentes de la tridentina jerarquía española corrobora lo anterior. Para estos señores la homosexualidad es enfermedad psíquica o moral, vergüenza para quien la profesa y amenaza directa contra el abstracto modelo teórico de familia que se pone como único posible, aunque con la hipocresía habitual se diga que "no se debe perseguir al homosexual", si bien no otra cosa se hace al negarle igualdad jurídica o exponerle a la discriminación.

Las religiones suelen negar validez a cualquier ética laica, puesto que insisten en afirmar la imposibilidad o inferioridad de moral alguna sin base en principios religiosos. La negación se reviste de un florido lenguaje con el que se intenta demostrar que la "recta razón" coincide con la religión, si bien semejante identificación no resiste el más somero análisis.

Religión (no sólo la católica) y machismo aliados se sienten insultados por la visibilidad de lo que les molesta o por la neutralidad de enseñanzas como las de Educación para la Ciudadanía. Instrucción y visibilidad eliminan prejuicios, muestran que las personas LGTB existen y que son como todas las demás, algo muy poco deseable cuando se quiere imponer una moral dogmática que excluye o demoniza a determinadas minorías.

Hay que estar atentos porque estamos ante una reacción de onda larga e imprevisibles consecuencias que puede causar considerable sufrimiento. Es bastante improbable una restauración nacional-católica, pero es muy posible perder derechos adquiridos cuando hay poderosos lobbies que así lo quieren.

domingo, 2 de enero de 2011

Perseguidos y privilegiados


Me molesta tener que volver a hablar de la Iglesia Católica a principios de año, pero es que esta institución, como todo el neoconservadurismo cristiano de diversos colores, sigue fomentando una reacción que va de lo político a lo científico pasando por lo social, interfiriendo directa o indirectamente en las sociedades en que puede hacerlo y difundiendo odio y prejuicios cuando la dejan. Mucha gente puede creerse que yo odio a mi vez, pero tal vez no se den cuenta de que se trata de legítima defensa, porque de triunfar en toda regla su particular integrismo los que desaparecen son la libertad individual y la igualdad de derechos.

Está en lo cierto el Papa Benedicto (¡yo dándole la razón!) cuando se alarma por el acoso a los cristianos en países musulmanes, porque eso es prueba del bajo nivel de libertad y del alto de intolerancia que aqueja a sociedades aún poco evolucionadas en materia democrática y de derechos, pero mi simpatía desaparece en cuanto oigo a otros jerarcas equiparar laicismo con persecución, como si el voluntario abandono de la religión fuera un insulto o como si las leyes civiles tuvieran que conformarse a los mandamientos de una iglesia concreta.

A este respecto la reacción de la jerarquía española y sus plataformas mediáticas, alineadas unánimemente en las posiciones más ultramontanas, resulta ofensivo y demuestra, una vez, más, que no han aprendido nada, que siguen considerando el país como una finca privada que se les ha arrebatado injustamente y que sólo están esperando el momento adecuado para volver a la carga y obligar a todos a someterse a su moral por las buenas o por las malas, es decir, sin progreso alguno desde la era inquisitorial: la religión como coerción y no como convicción.
Actitudes como ésta dicen poco acerca de la fe en las capacidades espirituales de su creencia, pero mucho sobre sus ambiciones de poder terrenal, privilegio económico y deseos de control indirecto del estado.

No es imposible que consigan mantener su influencia como grupo de presión e incluso aumentarla durante un tiempo, pero si esperan una reconquista real están fuera de época. El abandono de la iglesia se debe a la imposibilidad de creer en sus dogmas y a la falta de prestigio moral, intelectual y social de sus dirigentes, no a conspiraciones siniestras. Si menos de cuarenta años han bastado para que la sociedad española se secularice hasta el punto de causarles alarma, a pesar del monopolio antes ejercido, es más que cierto que su decadencia continuará, pero que no se tratará de persecución alguna sino de simple abandono por cansancio o indiferencia.

La iglesia española sigue sin entender que cuanto más política sea su postura más insostenible y precaria se hace su posición, más sujeta a avatares impredecibles, pero recordemos que a muchos de sus mejores teólogos se les ha callado la boca, un signo más de que nunca ha confiado en su poder espiritual y de convicción. En estos momentos pueden sentirse seguros en las filas del "tea party" a la española, pero la política y el favor de los votantes son tan variables como el viento.