miércoles, 1 de abril de 2009

Agitprop antigay


La Iglesia Católica no deja de tener que hacer frente a escándalos sexuales, es decir, a claros casos de abusos generalmente con menores, aunque hay también casos con adultos. Dada la imposibilidad de ocultarlo, que era lo que se podía hacer en el pasado, al Vaticano se le ha ocurrido ahora la no-solución perfecta: prohibir que los homosexuales puedan ser sacerdotes.

Esta no-solución tiende a desviar el problema y conseguir alguna ventaja. Para empezar parece que la iglesia hace algo en asunto tan delicado, aunque sea dudoso y a largo plazo, en segundo lugar la idea implica que todos los que abusan de menores son homosexuales, ergo, la homosexualidad es una desviación, es equiparable a la pedofilia y, naturalmente es incompatible con el ministerio sagrado. Hay incluso algunas diócesis, como la de Melbourne en Australia, que quieren poner en vigor un sistema para "filtrar" homosexuales y adaptarse así a la nueva norma.

El Vaticano pretende culpar a los homosexuales de los abusos del cleroPero no nos engañemos, la no-solución vaticana es sobre todo propagandística, una cortina de humo que trata de ocultar que la verdadera causa de los abusos reside en un celibato forzado elegido a edades tempranas y sin verdadera conciencia de sus efectos. La mayor parte de los abusadores pueden ser acusados de pedófilos, pero la abrumadora mayoría de los homosexuales ni son pedófilos ni se entregan a un imposible "proselitismo" para cambiar la orientación sexual de nadie -una fantasía heterosexual digna de análisis psicológico-

La realidad es que el abusador eclesiástico puede ser pedófilo y también -¿por qué no?- homosexual, pero creo que en muchos casos se comporta como el preso que se orienta hacia el único objeto sexual que tiene a su alcance, niños, sordos, discapacitados, novicios etc. Es la imposición de normas imposibles de cumplir lo que lleva a cometer violencia física o mental contra seres indefensos.

Por otra parte ¿cómo se puede "filtrar" a los homosexuales? ¿por el aspecto? ¿por la pluma? ¿por lo que se excitan al ver fotos de Beckham? Supongo que más de un investigador se sentirá interesado por los métodos a emplear y sus resultados prácticos. Pero tampoco hay que creerse que esto es serio, lo más seguro es que los "filtradores" sean de la catadura científica de Aquilino Polaino, Joseph Nicolosi y otros "curadores" de gays.

Mientras tanto no olvidemos que se sigue lanzando el mensaje "los gays son malos, pedófilos y abusadores".

sábado, 14 de marzo de 2009

Armario, leyes y homofobia


Hace poco que un amigo me ha recordado con mucha razón que el veredicto de un jurado popular de Vigo que declaró inocente al asesino de dos gays a los que propinó 57 puñaladas(!) demuestra la homofobia existente en la sociedad, a pesar de la avanzada legislación española en la materia. El sujeto en cuestión alegó ¡miedo insuperable a ser violado!... aunque había pasado el día anterior en un bar gay y consumió drogas y se emborrachó con las víctimas durante horas.

Salir del armario favorece al individuo y a la sociedadEfectivamente no hay que engañarse al respecto: hay amplias zonas sociales en las que el machismo y los prejuicios sociales y religiosos siguen considerando a los homosexuales como “diferentes peligrosos” a los que achacar comportamientos asociales que van desde la corrupción de menores al forzamiento de varones contra su voluntad. La percepción es lo que importa, no la realidad, de modo que el hecho real de que sean los homosexuales las víctimas no cambia la idea ignorante de que son culpables.

La mayoría de la gente que sigue pensando así no conoce homosexuales de cerca, sólo los mitos y estereotipos que sobre ellos corren. Si supieran que su sobrino, hijo, vecino, padre, profesora, médico, etc., se cuentan entre ellos, verían que son como todas las personas y, aunque a bastantes pudiera no gustarles demasiado, su implicación personal les haría obrar y hasta pensar de otro modo.

De aquí que, como decía Harvey Milk, sea tan importante salir del armario… una idea que aún aterroriza a no pocos gays mayores que aún no se han dado cuenta que justamente ellos son los que menos tienen que temer… porque todos lo saben ya.

sábado, 7 de marzo de 2009

Gays y sexo


El sexo define la homosexualidad, pero un homosexual no es sólo sexo. Esta verdad de perogrullo no es siempre clara para muchos gays mayores demasiado acostumbrados a vivir en un mundo subterráneo en el que casi todas las actividades giraban alrededor del ligue y en el que éste todo lo explicaba y excusaba.

No es tan raro encontrarse con individuos que echan de menos la época de la represión "porque durante ella se ligaba mejor", "los tíos no eran tan escrupulosos", "había más compañerismo y solidaridad", etc. Me recuerdan frases similares oídas a héteros en países ex-comunistas sobre su triste pero "seguro" pasado. En ambos casos no es que los que así hablan quieran volver a la opresión, sino que idealizan hechos de cuando eran más jóvenes, aunque basados en la realidad: el que tiene que fingir, ocultar y disimular su condición en todos los aspectos de la vida, se desata en cuanto tiene ocasión, necesita desatarse para poder seguir viviendo. El mismo individuo puede ser un hombre retraído, convencional y conservador durante el día, para transformarse en aventurero, experimentador y sin freno durante la noche, pero sólo en los garitos y círculos cerrados en los que sacia su particular necesidad, alrededor de la cual todo gravita y todo se permite.

La orientación sexual no es sólo sexo"En el caso de los gays, la imposibilidad o los problemas que causaba la visibilidad para la mayoría traslada esta esquizofrenia a los afectos: se pueden tener relaciones sexuales con otro hombre, pero no ser su amigo, amarlo, vivir con el, ser reconocido como pareja etc. Algunos pueden llegar a creer que "amar a otro hombre es imposible" porque los gays "siempre buscan sexo, hablan de él, quieren cambiar, son promiscuos" y demás expresiones de una sexualidad exclusiva o desatada.

Demasiadas veces la cultura gay predominante ha aceptado esto como un hecho incontrovertible, incluso en los cambiantes tiempos actuales, pero en una situación legal y social mucho más favorable, de visibilidad creciente, ciertos comportamientos y actitudes no tienen el mismo sentido.

Es posible que naturalmente todos los hombres sueñen con ser promiscuos y que algunos lo sean, pero la mayoría habla mucho y hace poco, se enamora, se casa, se divorcia, es infiel, es fiel, buen o mal marido, padre dedicado o distraído, etc. Como aparte de su orientación sexual los gays no son diferentes del resto de la humanidad, pueden plantearse una existencia igual o muy parecida a la de sus compañeros héteros, sin hacerse demasiadas cábalas respecto a su especialidad. Los jóvenes experimentarán más, pero no cerrarán la puerta al amor, la estabilidad y hasta a la paternidad, sin necesidad de comprometer a una mujer inocente.

Esta "normalidad" no es siempre bien aceptada o comprendida por gays mayores cuya psiquis es una complicada mezcla variable de viejos temores, homofobia internalizada y explicaciones románticas sobre lo "especial" o lo "liberal" de su condición. La normalidad les fue hurtada y no pocos siguen viviendo en un gueto mental en el que todo se define por el sexo ocasional y se reduce a él. Hace falta una cierta valentía para salir de lo trillado y ver que hay otras posibilidades, que empiezan por ver el mundo y su condición sin los anteojos casi exclusivamente sexuales del pasado.

martes, 10 de febrero de 2009

Integrismo


En nuestros días se da la aparente paradoja de que mientras la Iglesia Católica pierde fieles e influencia sus dirigentes y muchos de sus creyentes se vuelven más agresivos e intolerantes. Digo aparente porque el creciente integrismo de la jerarquía es una consecuencia de la indiferencia religiosa de una gran parte de la sociedad. La Iglesia es ahora consciente de su pérdida de influencia y su reflejo es retirarse a posiciones tradicionales, sostenidas por el pequeño número de incondicionales, en vez de adaptarse a la rápida evolución de la ciencia y las sociedades democráticas.

Contra integrismo laicismoEsta actitud está alcanzando tales límites que los no creyentes y los católicos menos integristas no pueden quedarse callados o pensar que a ellos no les afecta. Como demuestran el caso de Eluana Englaro en Italia, o los ataques a los derechos de las personas LGTB en España y en muchos otros estados, la jerarquía católica participa activamente en política como un grupo de presión no reconocido, con el fin de imponer a toda la sociedad sus normas morales, es decir traducir el catecismo católico en leyes civiles, como era el caso en tiempos predemocráticos.

Es posible que subjetivamente los obispos piensen que la negativa de gobiernos y parlamentos a seguir sus indicaciones es una “persecución”, pero es la sociedad civil la que es objetivamente acosada por una minoría que pretende imponerle normas medievales sin pararse en los medios para conseguirlo.

Más que discutir con la Iglesia sobre sus dogmas, que son sólo problema suyo, hay que luchar porque lo religioso no invada ni se mezcle nunca con lo civil. La ley es producto de la voluntad de la mayoría en los estados democráticos y no puede someterse en ningún caso al criterio moral de un grupo de presión, por muy tradicional que éste sea, especialmente cuando se respeta el derecho de las minorías a no valerse de la ley si la consideran contraria a sus creencias.

Como la experiencia demuestra, tratar con la iglesia de estos temas es inútil, porque parte de presupuestos de un absolutismo y de una insolencia antidemocrática tales que impiden cualquier acuerdo. No creo que al resto nos quede más opción que la oposición frontal al deseo de predominio eclesiástico y a luchar porque efectivamente los eclesiásticos se queden en sus templos y sacristías, además de predicar lo que les parezca bien, es decir, al “laicismo”, horrible vocablo para vaticanistas, clericales y demás. Yo personalmente añadiría el adjetivo “radical”, especialmente cuando nuestro colectivo está en el punto de mira de todos los fanáticos para ser objeto de represión en caso de ganar la suficiente influencia.

lunes, 26 de enero de 2009

El ambiente puede ser peligroso para la salud 2


La atmósfera que reina en la casi totalidad de los bares de ambiente no es sana: humo, alcohol, ruido, aseos imposibles, iluminación para lechuzas y una decoración tan fea y barata que estropea el gusto. Pero como a todo se acostumbra uno, los largos años en que estos lugares fueron los principales para la socialización de los gays crearon hábitos y éstos resultan difíciles de cambiar.

Los mayores que viven solos y sin pareja son los que pueden sentirse más impulsados a acudir a ellos con excesiva frecuencia: pueden encontrarse con conocidos y, aunque todos dicen que no van a eso (¡Ah, yo sólo vengo a tomar la copa!), siempre queda la esperanza (débil) de hallar un acompañante de corta o larga duración.

Los bares gays han perdido glamour y utilidadAcudir de vez en cuando a un bar puede ser hasta divertido, pero caer en el hábito hasta convertirse en parte del mobiliario tiene efectos negativos. En primer lugar, si hasta los no habituales ven a alguien como un objeto de la decoración, la invisibilidad aumenta y con ella la imposibilidad de que alguien le tome a uno en serio. A esto hay que añadir otros efectos secundarios peores cuanta más edad se tiene: aire tóxico, tentaciones alcohólicas, peligro de sordera inducida por exceso de decibelios, alteraciones del sueño por horarios imposibles y ropa arruinada por la suciedad imperante o los fluidos químicos y fisiológicos fuera de lugar.

Es decir, que quien haga de un bar o disco gay el centro de su ocio, único o preferente, aumenta los riesgos para su salud y, paradójicamente, es posible que también se encuentre más aislado: los amigos de bar no pasan de conocidos y la amabilidad de los camareros está en relación directa con el consumo del cliente. Si el bar es de jóvenes la invisibilidad está garantizada, a no ser que se vaya a comprar profesionales del sexo, si es de personas de más edad (hay poquísimos) la clientela está formada por habituales que parecen vivir allí.

Pocos mayores de dan cuenta de que fue el armario, aunque estuviera semiabierto, el que nos empujó a toda una generación a frecuentar estos lugares con más frecuencia de la debida y que sigue siendo el armario lo que evita la corrección del hábito para la mayoría, puesto que hoy día se puede socializar de formas diferentes y no siempre dependientes del ambiente.

¿Pero qué puede hacer el gay mayor casado con una mujer, el que vive con familiares con los que no se atreve a hablar, el que se oculta de compañeros de trabajo y de amigos héteros?... Pasar una puerta cerrada y sentirse a resguardo, rodeado de congéneres.

Claro que no son éstos los únicos clientes, también los hay que acuden por otras razones, pero si no lo hemos hecho ya todos deberíamos pensar si nos gustan realmente estos lugares, examinar qué sacamos de ellos y si no podríamos sustituirlos. En sus tiempos el bar fue un refugio, hoy es más bien un corral en el que algunos se confinan sin ver más horizonte.

También están las saunas, pero de ellas hablaré otro día.

sábado, 24 de enero de 2009

No hay cura para el oscurantismo


Es interesante que al tiempo que se descubre un nuevo asunto de pederastia en una escuela católica de Italia, los poderosos medios de la poco santa alianza Berlusconi-Vaticano alienten la victoria en San Remo de una canción acerca de un "ex-gay", interpretada por otro "ex-gay", que viene a afirmar la conocida idea retrógrada de que la homosexualidad es una "desviación curable".

El origen y variaciones de la orientación sexual es objeto de estudio científico, como todo lo que se refiere al comportamiento humano en general, pero todo indica que tiene orígenes biológicos en elevada proporción, que no es por tanto "elegida" por el individuo y que no es corregible sino algo que pertenece a su más profunda naturaleza. Biólogos, psiquiatras y psicólogos no consideran hoy día la homosexualidad ni desviación ni enfermedad y existe un consenso científico general sobre la imposibilidad, extremada dificultad o malos efectos secundarios de los intentos por hacerlo.

Se cura antes la estupidez que la homosexualidadLa ciencia se topa una vez más en este caso con los prejuicios religiosos y sociales que pretenden mantener una moral arcaica, más propia de supersticiosos campesinos y ganaderos neolíticos obsesionados por la reproducción, que de una sociedad urbana y científica moderna. Pero, como los que de antemano condenan lo que se niegan a entender no pueden echar mano de conjuros o inquisiciones, presentan ahora sus creencias como ciencia y afirman que "los gays se pueden curar". Algo así como si se dijera que uno se puede curar de que no le gusten los garbanzos y de que sí le gusten las lentejas.

Hay muchos aprendices de brujo, como un tal Joseph Nicolosi (en la foto) que ha desarrollado toda una supuesta terapia "reparativa" de la homosexualidad, que captan a pobres víctimas, previamente reblandecidas con fuertes complejos de culpa, les hacen padecer sesiones (nada baratas) de condicionamiento que ponen en peligro su salud mental y las sueltan tan homosexuales como antes, pero con más inhibiciones y confusión. Ninguno de ellos ha demostrado nunca "curaciones" reales, digan lo que digan los propagandistas del Opus Dei entre otros, pero muchos adolescentes son obligados por sus católicos y crueles padres a sufrir hasta descargas eléctricas, y no pocos adultos acuden a estos curanderos para poder continuar bien reprimidos en su armario.

No hay "cura" para algo que no es una enfermedad, pero tampoco para la superstición que tan de la mano va con la estupidez. De ambas se aprovechan "listos" como Nicolosi.

domingo, 18 de enero de 2009

Malas amistades


No cabe duda de que la última obsesión de la Iglesia Católica es la homosexualidad, que es sacada a relucir en todo momento, venga o no a cuento. Ahora ha sido en el "Encuentro de las Familias" en Méjico, una de esas ocasiones multitudinarias, a modo de Woodstock en versión pía, a las que el Vaticano es tan aficionado para que se vea en televisión el poder de sus masas.

Con un lenguaje artero, pero bien transparente, el cardenal Antonelli ha repasado la bien conocida doctrina de que familia es sólo la compuesta por hombre y mujer, unidos en matrimonio y con hijos. Las fuentes no citan si añadió el adjetivo "indisoluble". Es posible que no lo hiciera para no asustar, aunque por supuesto se sobreentiende que para la Iglesia todos lo son... menos cuando los disuelve ella misma.

No contento con excluir el enorme número de familias que no entran en tan estrecha definición, cargó a continuación contra las relaciones homosexuales, a las que definió como "de simple amistad", para añadir que se puede pensar bien o mal sobre ellas (mal para la iglesia), pero que nunca pueden equipararse a la verdadera familia y que los estados no deben darles el menor reconocimiento jurídico, sino que deben permanecer como algo puramente privado.

El Vaticano quiere a los gays en el armario y criminalizadosLos que no se fijan en la letra pequeña, algo de lo que todos somos culpables más de una vez, especialmente cuando nos engañan en el banco, puede que no aprecien lo que esto significa: no es que la Iglesia se oponga sólo a la palabra "matrimonio" para las relaciones entre personas del mismo sexo, es que se opone a cualquier clase de reconocimiento, llámese unión civil, pareja de hecho u otro término, porque los gays deben ser discretos, esconderse, desaparecer de la vida pública, es decir, avergonzarse de lo que son y volver plenamente al armario.

Decir después que no se desea ningún mal a los gays es una contradicción en los términos, puesto que la aplicación de semejante doctrina en la sociedad supondría el colgar directamente un sambenito de anormales, desviados, inmorales y viciosos a todos los homosexuales, que quedarían criminalizados de hecho, aunque el código penal no incluyera en sus artículos la sodomía. Muy coherentemente la Iglesia se opone a toda ley antidiscriminación cuando se proponen.

Este encarnizameinto no es comprendido por la mayoría que no entiende en qué perjudican los homosexuales y sus derechos a la abrumadora mayoría heterosexual. Contra lo que dice la doctrina no causan ningún perjuicio, la hostilidad eclesiástica proviene de su negativa a reconocer la homosexualidad como pecado o como antinatural. Una afirmación semejante pone en cuestión la doctrina y la moralina sobre la que se basa una iglesia que sólo con dificultad ha aceptado la evolución científica, pero que es cada vez más hostil a la investigación biológica que demuestra falsos muchos de sus presupuestos morales. Es un hecho que la homosexualidad tiene raíces genéticas y biológicas, aunque no sean las únicas; una verdad muy molesta para los que la quieren convertir en vicio.

jueves, 15 de enero de 2009

El ambiente puede ser peligroso para su salud I

Recuerdo que cuando yo era niño las señoras decentes no entraban en los bares con cortinas al exterior, como era entonces el celebérrimo "Chicote" de Madrid, porque en ellos se trapicheaba y había mujeres de mala fama que podían contagiar a todas las que entraban.

Por razones obvias, los primeros bares gays, medio clandestinos y sujetos a redadas antes de 1978, y los que vinieron después, fueron y son en su mayoría invisibles desde el exterior, lo que no dejaba de tener su morbo cuando eran casi la única institución en la que encontrar y encontrarse en relativa seguridad. Ninguno de los que entraba podía aducir creiblemente que "se había equivocado", mientras que todos los que allí se exhibían con seguridad buscaban algo y eran buscados. Los bares eran, junto a las saunas, "el ambiente" y la peregrinación por los favoritos se convirtió en un ritual, diario para algunos, que ayudaba y fortalecía la identidad, permitía encontrar amigos y parejas, sentirse entre iguales y hasta relajarse.

También desde el principio los bares y sus hermanas las discotecas tuvieron, unos más que otros, muchos problemas: mal alcohol, precios abusivos, aire tóxico, musica mala y/o ensordecedora, horarios absurdos, decoraciones cutres, deficiente seguridad etc.... Pero al final había que aguantarse porque eran lo único que había y por ellos desfilaban todos, altos y bajos, jovenes y viejos, guapos y feos.

El "ambiente" actual es hostil para los gays de cierta edadEn los últimos veinte años, sin embargo, las cosas han cambiado mucho: internet, asociaciones, mayor tolerancia social, el envejeciemiento de toda una generación de gays total o parcialmente fuera del armario y su relevo por nuevas generaciones de jóvenes mucho más desinhibidos han transformado el ambiente hasta hacerlo mucho más grande y variado, pero también menos acogedor y bastante menos recomendable, especialmente para los viejos.

Hoy hay decenas de bares, discotecas, pubs y tiendas, todos altamente especializados en una determinada clientela, generalmente joven o muy joven, pero apenas cumplen la antigua función identitaria en una sociedad más abierta y aún menos la de búsqueda de pareja, actividad arrebatada casi en su totalidad por internet (o por las saunas) y no limitada al ambiente. Son ciertamente lugares de encuentro, pero de determinados grupos que acuden a ellos más como tribu urbana (los "osos" por ejemplo) que porque les haga realmente falta acudir allí. Los bares y discotecas son hoy día pasarelas de modelos profesionales, semiprofesionales y aficionados; los primeros se venden, los segundos se alquilan y los terceros desfilan para colocarse con las miradas de admiración. La impersonalidad se ha impuesto sobre la antigua familiaridad y las personas de edad son en la gran mayoría de ellos objetos invisibles, cuando no claramente molestos e indeseados.

¿Por qué ir a un lugar generalmente feo, caro, impregnado de humo, ruidoso, sin lugar donde sentarse y en el que la única actividad es sostener un vaso apoyado en una esquina?

De eso hablaremos en el próximo post