viernes, 2 de octubre de 2009

¿Efebófilo o pornógrafo?


Apenas dichas las tonterías del cardenal Tomasi citadas en el post anterior, he aquí, que pocos días después de que se emitiera una orden de busca y captura contra él, se entrega a la policía canadiense Raymond Lahey, obispo católico de Antigonish, Nueva Escocia, que dimitió recientemente al ser acusado de posesión e importación de pornografía infantil, encontrada por casualidad en su ordenador, en ocasión de una comprobación de seguridad en el aeropuerto de Ottawa. El prelado había mediado recientemente en un acuerdo por valor de 15 millones de dólares para compensar a las víctimas de abusos sexuales perpetrados por sacerdotes de su diócesis.
El ex obispo queda ahora a la espera de juicio en Noviembre, confinado en un monasterio trapense de Rogersville.
Es interesante notar que este señor solía predicar contra la pedofilia y también contra la homosexualidad… ¿pero sería él uno de esos gays infiltrados en la iglesia?... haz lo que digo, no lo que hago.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

¡Y tú más!


Ahora resulta que los abusos a niños en la Iglesia Católica no son para tanto, por una parte ya dijo un obispo español que la mayor parte de la culpa es de los supuestos abusados, que son arteros provocadores, pero es que, además, “sólo” entre un 1 y un 5 por ciento de clérigos son pedófilos… perdón, efebófilos, que es menos grave porque elimina a los menores de once años. Para acabar la exculpación hay que considerar que en otras iglesias y sinagogas se abusa más… y tú más… y tú más.

La iglesia no es culpable, aunque haya procurado tapar los innumerables escándalos, proteger a sus causantes e ignorar a la víctimas durante decenios. Los verdaderos culpables son… los homosexuales, naturalmente, puesto que se han infiltrado en la santa institución para satisfacer su efebofilia ¿o acaso usted ignoraba que todo homosexual es un corruptor de menores? Consúltelo entre los “expertos” vaticanistas y ya verá lo que le dicen.

A este paso es posible que un futuro santoral exista San Abusón, probo varón que tentado por demonios en forma de niño cayó en las garras de un malvado juez gay que condenó a la iglesia a pagar una buena suma… ¡Lo que hay que oír!

lunes, 24 de agosto de 2009

Si eres gay... ¡no practiques!


Esta ridícula proclama es seguro que les suena familiar, puesto que no otra cosa se dice desde posiciones eclesiásticas desde hace algún tiempo, es decir, desde que comenzaron a aceptar de mala gana que la homosexualidad podía no ser elegida, sino una tendencia innata que pone en solfa la supuesta “ley natural” a la que, según la iglesia católica, se pliega su estrecha moral sexual.

Las noticias científicas hace mucho que no dan ninguna alegría a los prejuicios religiosos que tienen demonizado el sexo y a la homosexualidad como especial perversión, de aquí que se agarren como a clavo ardiendo a cualquier letra pequeña para justificar posturas represivas y que tanto daño hacen a mentes débiles. En este caso a la comunicación de la APA (Asociación americana de Psiquiatría) que niega cualquier validez científica a las supuestas terapias de “conversión” y reafirma que la homosexualidad NO es una enfermedad.

Para el Abc la homosexualidad sigue siendo una taraTodos los homosexuales deberían conocer esta declaración (ver post anterior), que ha caído como una bomba en los círculos que ustedes suponen, pero que es de especial importancia, puesto que a partir de ella va a ser extraordinariamente difícil justificar la represión por motivos científicos, así como presentar como válidas supuestas terapias que no son sino engaños.

¿Cómo, pues, puede dar un balon de oxígeno a los que siguen viendo la homosexualidad como pecado? Porque la declaración también dice que en el caso de personas que mantengan un gran conflicto entre su fe y su inclinación, en vez de recomendarles cambios imposibles se les debe recomendar un cambio de religión o que se mantengan célibes.

El inenarrable Abc, periódico clerical, ultraconservador y en gran parte extraterrestre, cree ver el cielo abierto: la gran solución es que los homosexuales NO PRACTIQUEN, algo realmente muy fácil y al alcance de cualquiera.

Huelgan excesivos comentarios, porque quien cree que hay un dios que crea homosexuales para castigarlos desde su nacimiento con un instinto que no pueden ejercer, que los hace culpables de sus sentimientos y que los dirige hacia parejas heterosexuales a las que no pueden realmente amar tiene una fe rara en verdad… cuando no un desarreglo piscológico.

¡Qué bien!... si los gays fueran todos invisibles, avergonzados de su “defecto” y no hicieran esos desfiles tan provocadores… Predica el celibato que siempre habrá alguien que se sienta culpable.

jueves, 6 de agosto de 2009

La APA condena las "terapias reparativas"


Por si no lloviera bastante sobre mojado, la Asociación Americana de Psicología (APA en siglas en inglés) ha adoptado una nueva resolución el pasado miércoles que confirma que los profesionales de la salud mental no deben decir a sus clientes que pueden cambiar su orientación sexual mediante terapias u otros tratamientos.

Esta resolución aconseja también a los padres, tutores y jóvenes que huyan de los tratamientos que presentan la homosexualidad como una enfermedad mental o como un desorden del desarrollo y que busquen en cambio apoyos “que proporcionen información adecuada acerca de la orientación sexual y la sexualidad, que aumenten el apoyo de la escuela y la familia y que reduzcan el rechazo de los jóvenes pertenecientes a la minoría sexual.”

Contra las afirmaciones de los defensores y practicantes del cambio de orientación sexual, falta evidencia suficiente para apoyar el uso de medios psicológicos para este cambio”, afirmó Judith D. Glassgold, doctora en psicología y presidenta del grupo de trabajo. “Los estudios científicos rigurosos más antiguos sobre este tema ya hallaron que la orientación sexual no cambiaba mediante los métodos propuestos para este fin y los estudios más recientes no proporcionan evidencia alguna de que se hayan producido cambios en la orientación, puesto que los métodos de investigación aducidos no son adecuados para determinar la efectividad de estas intervenciones.”

Glassgold añadió: “Como máximo, algunos estudios sugieren que ciertos individuos aprenden a ignorar o a no actuar de acuerdo a su atracción homosexual. Pero no indican para quién es esto posible, cuanto tiempo dura o sus efectos a largo plazo para la salud mental. El resultado es nulo en individuos atraídos en exclusiva por su propio sexo.”

El grupo de trabajó examinó un total de 83 artículos científicos contrastados sobre este tema en inglés desde 1960 hasta 2007. La mayor parte anteriores a 1978, puesto que sólo unos pocos se han realizado durante los últimos diez años. El grupo también revisó la literatura científica más reciente acerca de la psicología de la orientación sexual.

Desgraciadamente una gran parte de la investigación en el área del cambio de la orientación sexual tiene graves errores de planteamiento”, dijo Glassgold. “Pocos estudios pueden ser considerados metodológicamente sólidos y ninguno evalúa los daños potenciales.”

Glassgold dijo que: “sin esta información los psicólogos no pueden pronosticar el impacto de estos tratamientos y deben ser muy cautos, puesto que hay estudios específicos que sugieren sus daños potenciales. Los profesionales pueden ayudar a los clientes con terapias que no pretendan cambiar su orientación, sino que más bien supongan aceptación, apoyo y exploración y desarrollo de la propia identidad, sin imponer como resultado una identidad concreta.”


Glassgold concluyo: “en otras palabras, recomendamos que los psicólogos sean completamente honrados al describir las probabilidades de cambio de orientación sexual y que ayuden a sus clientes a explorar sus convicciones, objetivos y conflictos respecto a religión y sexualidad
.”

La reseña íntegra en inglés puede verse aquí

martes, 21 de julio de 2009

La "normalidad" del Sr. Pombo


Parece que cuando escribí los dos posts anteriores me estaba adelantando a las peculiares sinrazones de Alvaro Pombo que con gran delicia expone “La Razón”, periódico poco sospechoso de simpatías homosexuales que, como es natural, utiliza a un personaje tan contradictorio como este señor para arrimar el ascua a la sardina de la homofobia.

El truco es viejo: utilícese al miembro de una minoría a la que se quiere desprestigiar contra ella misma.

Tampoco es difícil: las minorías no son homogéneas y algunos de los que se supone que pertenecen a ellas se niegan sistemáticamente a que los encuadren en las mismas, como si fueran casos especiales, inclasificables e intocables.

El Sr. Pombo ya ha expuesto algunas o todas estas ideas previamente, desde su resistencia al encasillamiento sexual hasta su disgusto por el movimiento (y por el término) gay, pasando por su negativa a la palabra y al hecho del matrimonio entre personas del mismo sexo. Que el lo envuelva en su particular versión de progresismo le viene de perlas a la mentalidad inequívocamente reaccionaria del diario de marras, que pretende asi reforzar su bien conocida doctrina eclesiástica de deslegitimación de los homosexuales y de fomento de su invisibilidad.

Las opiniones no ofenden, aunque no tengan un buen fundamento Aunque, como también decía en mis posts anteriores, sería perder el tiempo enredarse en discutir lo indiscutible. Parece que el Sr. Pombo se contenta con una modesta despenalización de la homosexualidad, con que ya no se amenace directamente con la cárcel o la “reeducación”, pero que, como los voceros más conservadores de la gazmoñería, desearía que los agradecidos bujarrones fueran a partir de ese momento por completo invisibles, “normales” que se limitaran a practicar su vicio en las catacumbas y sin ofender los delicados sentimientos de los heterosexuales, que sufren lo indecible con la indecencia de las cabalgatas y la cursilería de las bodas.

Esto de cursi tiene su gracia, entre otras cosas por ser una calificación poco adecuada a una época que puede pecar de vulgaridad, pero no de los rasgos de “quiero y no puedo” que caracterizaban a la pequeña burguesía en generaciones anteriores, especialmente en las pequeñas ciudades de provincia. Creo que el Sr. Pombo, como muchos españoles de su edad, califica de cursis ceremonias y manifestaciones de sentimientos de las que él se avergonzaría, pero esto es su problema, puesto que la cursilería sólo ofende a quien se deja.

Afirmaciones como las del Sr. Pombo son hijas de la equivocada idea de que la discreción y la invisibilidad son garantías de tolerancia, pero esto es como decir que si los negros en América hubieran sido muy muy buenos y se hubieran resignado a su suerte los blancos les hubieran dado los derechos civiles. Sólo la lucha, la reivindicación y la visibilidad garantizan a una minoría un cierto respeto, pero es difícil respetar lo que no existe o lo que no se sabe que existe.

Como en el caso de las opiniones de la Reina Sofía, propaladas por una autora bien conocida por su integrismo, no demos demasiada importancia a las de este señor publicadas en un diario tan próximo a la ortodoxia católica. Este es un país libre y se puede disentir de lo que piensan unos y otros, aunque con estos amigos no nos hagan falta enemigos.

martes, 7 de julio de 2009

Prendidos en los términos... interesadamente


Parecería, de tomárselo literalmente, que la gente pierde el tiempo en discutir el sexo de los ángeles cuando se habla de matrimonio y se une a “de personas del mismo sexo”. La polémica de si se debe llamar así o no ha contagiado a los homosexuales mismos, algunos de los cuales, sin saber muy bien lo que dicen, hacen afirmaciones contrarias, contradictorias y confusas, sin darse cuenta de que están cayendo en la trampa de los que se niegan a la igualdad de derechos para las minorías, en este caso sexuales, es decir, fundamentalmente las iglesias y los grupos afines.

El término debe ser igual si el contrato es igualEvidentemente lo que importa es el derecho y no el nombre, pero si los derechos deben ser iguales para todos, el nombre con el que se denominan debe ser también igual.

El matrimonio civil (el único que existe a efectos jurídicos) es un contrato con unos derechos y obligaciones específicos de los que se derivan otros. Sólo hay un tipo de matrimonio en el derecho moderno, a diferencia de tiempos pasados en los que podían darse diferentes tipos con diferentes derechos (en el derecho romano, por ejemplo). Si sólo hay un tipo de matrimonio no hay razón alguna para que este contrato adquiera otro nombre a causa del sexo de los contrayentes… a no ser que se quiera reducir o limitar su alcance.

La lucha emprendida por la palabra no es inocente sino que trata, una vez más, de descalificar desde las creencias a los que no se ajustan a una determinada norma, tenida por la única “canónica”, con el fin de hacerlos aparecer como claramente diferentes e “inferiores”, puesto que no reúnen los requisitos de “normalidad” que se predican como los únicos aceptables.

Un estado aconfesional y laico no debe entrar a considerar tales disquisiciones, sino proteger del mismo modo a mayorías y minorías extendiéndoles los mismos derechos con el mismo nombre.

No es verdad que:

El matrimonio sólo sea “verdadero” o socialmente aceptable cuando la pareja pueda ser fértil. En este caso habría que prohibirlo para los heterosexuales estériles y para todos a partir de cierta edad.

El matrimonio haya sido eternamente igual. Basta con repasar la historia para ver la evolución de la institución. Basta leer la Biblia para darse cuenta de que los patriarcas practicaban la poligamia y otras supuestas “aberraciones”.

El matrimonio no pueda variar. Todas las instituciones humanas lo hacen, la esclavitud, los derechos humanos, los de propiedad y un sinfín de otros han cambiado y siguen evolucionando.

El matrimonio de personas del mismo sexo amenace al de los heterosexuales. El aumento de la inestabilidad matrimonial tiene múltiples causas, pero carece de toda relación con la homosexualidad como tal.

El matrimonio de personas del mismo sexo fomente la promiscuidad o la infidelidad. La segunda es una vieja plaga de las parejas heterosexuales, la primera no suele ser la característica principal de las personas del mismo sexo que quieren contraer matrimonio y con él las obligaciones del mismo.

Las verdaderas razones de la inquina religiosa a la palabra hay que buscarlas en la supuesta superioridad moral, la intolerancia y la homofobia que caracterizan a tantas iglesias, así como a la increíble hipocresía con la que aceptan la realidad social, siempre que no afecte a sus privilegios.

martes, 16 de junio de 2009

La cofradía del Arco Iris


Siempre que se acercan las fechas del Orgullo Gay se reproducen hueras discusiones sobre el sentido de las mismas, su terminología y la forma de celebrarlas. ¿Para qué están? ¿Por qué hablar de orgullo? ¿No deberían ser más serias?

A estas alturas semejantes preguntas sólo sirven para sacar a relucir enfrentamientos entre facciones o para repetir los tópicos anti-gays de los que no se apean talibanes religiosos y homófobos de diversos pelajes.

Orgullo es no sentirse inferiorMuchos se olvidan de que actos y manifestaciones, por muy lúdicos que sean, tienen un sentido reivindicativo, como aún se ve en los países en que se prohíben o dificultan. Nacer homosexual es un delito, una enfermedad, una ridiculez o una vulgaridad en muchos lugares y para muchas personas, incluyendo muchos españoles a los que las leyes no curan los prejuicios. Pero en Europa occidental y en América luchas y desfiles convertidos ya en tradicionales han sacado a la luz la injusticia prevalente y acostumbrado a la presencia de una minoría a la que antes se ignoraba.

La visibilidad es ya un paso adelante, puesto que lo que parece que no existe no se considera, pero ¿qué actitud deberían adoptar los homosexuales una vez en la calle? Algunos parecen pensar que deberían desfilar humildes, agradecidos, modestos, silenciosos y sin pluma, arrodillados ante una mayoría que tiene la deferencia de tolerarlos, con la idea de que cualquier otra cosa es una “imposición”, pero esto no hace sino prolongar la discriminación de otro modo, como si se dijera que son leprosos que deben ocultar sus llagas para no repugnar a los sanos, anormales que no pueden decir qué son sino avergonzarse de serlo.

Las personas LGTB, ni enfermas ni delincuentes, pueden enorgullecerse legítimamente de ser quienes son, es decir, de mostrarse con sus cualidades propias, como otros se jactan de su familia, su nación, su pueblo o su religión y no aceptan que se les avergüence por ello. Enorgullecerse no significa sentirse superior, sino no sentirse inferior.

Una manifestación puede adquirir muchas formas y no hay ninguna más ortodoxa que otra. El mundo LGTB es variado, multiforme, político, comercial, lúdico y también transgresor de ciertas normas rígidas e hipócritas. Cuando se le acusa de provocar e imponer se hace con un doble rasero: los miembros de asociaciones religiosas y hasta de grupos integristas pueden cortar el tráfico, pasear sus imágenes y exhibir pancartas exageradas, acusadoras y sesgadas. Ciertamente tienen un derecho amparado en la constitución y las leyes, pero el mismo derecho tienen los contrarios, entre los que se cuenta la cofradía del Arco Iris.

viernes, 5 de junio de 2009

Europa y el miedo


Una de las razones por las que se hacen simulacros de incendio y evacuación en escuelas, hospitales y otros edificios públicos, es la de evitar el pánico, si algún día hay una catástrofe real. Las personas no avisadas pueden en caso de urgencia caminar hacia las llamas en su confusión y perecer, en vez de huir de ellas y salvarse.

Es importante votar por EuropaLa presente situación en Europa se parece algo a la de una casa llena de vecinos condenados a vivir juntos, pero que se ignoran mutuamente y carecen de un plan de urgencia en caso de accidente. Políticos y ciudadanos rivalizan en irresponsabilidad a la hora de ignorar los verdaderos problemas, acusándose mutuamente de los mismos y esperando que éstos se resuelvan de algún modo mágico… sin tener que pagar el coste de la improvisación.

La U.E. es hoy por hoy imprescindible, la causa de la prosperidad europea y no de la mayor parte de sus problemas, pero muchos parecen creer que es algo lejano, sin importancia y sin consecuencias para ellos. Peor aún, en época de incertidumbre y cambios globales se desata el reflejo de refugiarse en lo conocido, de blindar la puerta de la propia vivienda creyendo que esta es una garantía segura de que los cambios no nos afectarán. Los populismos que ahora corren por una Europa que pierde importancia día a día, son como los gritos de los alocados vecinos que sin plan corren en diferentes direcciones y acaban cayendo en las llamas que tanto temen.

Ciertos euroescepticismos pueden explicarse, pero no justificarse con visión realista y a largo plazo. Es imperdonable que se utilicen las elecciones al parlamento europeo para ajustar cuentas dentro de los estrechos límites nacionales o facilitar el triunfo de candidaturas antieuropeístas como “voto de castigo”. Los que así hacen se castigan a sí mismos, puesto que sólo una política de más unión y menos nacionalismo puede garantizar que nosotros como europeos podamos tener una voz en el mundo y mantener nuestra prosperidad.

Los que no ven que esto afecta también a sus derechos como personas es que están particularmente ciegos.

Votemos todos y hagámoslo conscientemente, sin prestar atención a los gritos de los que aumentan el miedo. Europa es importante para todos.